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Al son de: Rosi Golan & William Fitzsimmons, Hazy

¿Cuántas veces nos hemos topado con alguna referencia glamurosa a las orquídeas?

Que, en general, suelen ser apelaciones a una especie de orquídea platónica indefinida, como en los champús o geles de ducha con “extracto de orquídea”, o perfumes y tratamientos cosméticos cuyo ingrediente secreto es una “orquídea”. Es el caso, por ejemplo, de la línea Orchidée Impériale de Guerlain:

(…)“tres variedades de esta planta—gold orchid, vanda teres y vanda coerulea– fueron la base sobre la que se elaboró (…)”, además del perfume, un tratamiento de peeling “ultratecnológico que promete la tersura de esta flor, el ser más evolucionado y diverso del mundo vegetal”.

orchideemilagrosa

Ay, ay, ay.

Cuánto inculto botánico hay suelto por el mundo. Bien, ataquemos estas lagunas de desconocimiento aclarando lo siguiente:

LA ORQUÍDEA NO EXISTE.

No, señores y señoras. Existen LAS orquídeaS, en plural.

Un plural espatarrante, según qué autores: la cantidad de especies en esta familia vegetal, Orchidaceae, podría oscilar entre las 20.000 y las 26.000, con integrantes en todos los continentes (salvo la Antártida, si no me equivoco). Hablar de “la orquídea” es como hablar de “el felino”: podría referirme a un tigre de Bengala, a un lince ibérico o a un gato doméstico igual de bien.

Nuestra historia cultural con las orquídeas, bastante escasa salvo raras excepciones, ha creado este super-término aglutinante que funciona de maravilla en nuestro lenguaje común. Pero que lo único que indica es una serie de características, en general visuales y referentes a la flor, que suelen presentar las orquídeas; por lo demás, es una palabra bastante vacía de significados concretos.

Tampoco son “los seres más evolucionados” del planeta, sin con ello interpretamos que son los más jovencitos y por tanto más novedosos y cool. No, al parecer la familia (o sus precedentes) existe desde el Mesozoico (tiempo de dinosaurios, para que nos entendamos), siendo mucho más viejecita que la familia de, pongamos por ejemplo, la berenjena o las petunias (Solanaceae).

En España tenemos 26 géneros de orquídeas (según Anthos.es, el servicio de información de flora ibérica que (estúpidamente, en mi opinión) me ha hecho hacer un recuento manual, y no me permite ver la distribución en el mapa de la familia Orchidaceae entera, sólo de géneros individuales… será posible).

Como la mayoría de las integrantes de esta familia de zonas templadas, no viven colgadas de los árboles de cualquier manera, como sus primas tropicales. No, tiene los pies en el suelo: o, mejor dicho, los pseudobulbos en el suelo, cuyo parecido con un par de testículos les confirieron su nombre. Pues en griego, orchis significa(ba?) eso: testículos.

22-testiculines! Icones stirpium, seu, Plantarum etc-1

Este rasgo, por cierto, les confería un cierto estatus como remedios afrodisíacos en la antigüedad y el medioevo. Pero, a parte de éste, usos, lo que se dice usos… bastante pocos.

Sólo cuatro orquídeas aparecen en el Dioscórides de Salamanca (manuscrito del s. XV): Orchis sp., Orchis morio L., Serapias cordigera L., y Serapias lingua L.  (como comparación, la familia de las umbelíferas, donde se encuentran la cicuta de Sócrates, la zanahoria o el perejil, puede jactarse de 51 especies).

De la primera, se dice que

“la raíz mayor comida por un hombre hace que engendre varón, mientras que la menor comida por mujeres hace engendrar hembra. Se cuenta además que las mujeres de Tesalia beben el renuevo tierno con leche de cabra para provocar deseo sexual, mientras que el seco sirve para la contención y disminución del deseo sexual”.

De la tercera, identificada como Serapias cordigera L., se

“cuenta de ella que también excita el deseo del coito como el escinco. Su raíz se divide en dos partes, la corteza es delgada, de color fuego, y la parte interior blanca, de buen paladar y dulce en el sabor. Crece en lugares de mucho sol y montañosos. Se cuenta que incluso cogida con la mano excita para el acto sexual y todavía más si se bebe con vino.”

Las otras dos tienen propiedades un poco más aptas para todos los públicos, según el manuscrito: anti-inflamatorias, adecuadas para limpiar llagas y úlceras, diuréticas, etc.

Tienen, pues, relativamente poca tradición medicinal en nuestras tierras. Tampoco las usamos mucho para otras cosas, lo que podría haber contribuido a que hayan pasado tan desapercibidas e indiferenciadas en el lenguaje común y corriente: no hemos necesitado demasiado hablar de ellas.

Hay algunas excepciones al respecto, siendo una de ellas la vainilla: Vanilla planifolia Andrews, la principal especie originaria de Mesoamérica, pero también está la vainilla de Tahití, V. tahitensis Moore (entre otras muchas; pero éstas son las que usamos). Esta es una de las pocas con nombre y apellidos para la que hemos reservado una palabra toda suya, que la separa del resto informe e indiferenciado de las otras “orquídea”.

Otra (pseudo?)excepción son las orquídeas orientales olorosas, algunas de las cuales también han sido utilizadas para la elaboración de perfumes—pero no en el mercado occidental sino japonés: al parecer, Shiseido ha desarrollado un perfume, Tentatrice, que evoca el perfume de las especies de Cymbidium más apreciadas en la tradición oriental (siendo “la orquídea”, lan hua en chino, ran en japonés, uno de los Cuatro (Nobles) Caballeros en la tradición de los literatos chinos—precisamente por su perfume).

Pero estas nos caen muy lejos, al igual que las orquídeas utilizadas en Turquía para el salep, componente fundamental en los helados turcos que tuve el placer de probar en el aeropuerto de Istambul (bien a propósito, por cierto… ¿cómo no iba a probar helado de orquídea?).

En general, admitamos que las orquídeas no tienen una individualidad en nuestra mente ni en nuestro lenguaje cotidiano. En sí, esto no es nada malo.

Pero, por favor, seamos conscientes de que no existe una “variedad gold orchid”, ni tampoco una “variedad vanda teres” o “vanda coerulea”; en el primer caso, se trata de un nombre común (y no sé si inventado y todo…), y en los otros dos casos, de ‘variedades’, nada: son especies, Vanda teres Lindl., y Vanda coerulea Griff. ex Lindl. Y muy bonitas, por cierto:

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Muchas orquídeas son preciosas, y fueron deseadas por las clases altas europeas durante la orquideomanía del s. XIX. Sus flores nos embelesan; sus mecanismos para atraer a sus polinizadores son de lo más variopinto y original que hay, desde falsas abejas con las que los machos intentan copular, hasta alcobas de perfumista que ofrecen a sus visitantes, siempre de un solo sexo, un eau de parfum irresistible para el sexo contrario.

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Orquídea silvestre (Ophrys cf fuciflora), de las que tienen testíc–digoo, pseudobulbos (o eso imagino, porque no la arranqué para comprobarlo).

Sus semillas son diminutas, sus embriones tan poco pertrechados para la vida moderna, que tienen que viajar con niñera: hongos simbióticos que les procuran el alimento necesario para germinar en salud, aun sin picnic prenatal materno.

Las orquídeas son todo eso, y más.

Pero no son una.

Y cualquiera que os intente hacer creer lo contrario yerra vilmente, y quizás aprecie que lo iluminéis al respecto para empezar así a hablar con propiedad botánica.

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Referencias

La apoteósica referencia a LA “Orquídea milagrosa” de Guerlain me la tropecé en el número del 13 de Julio de 2013 de Yo Dona, p. 22 (firmado P. B.).

Sobre las edades respectivas de las familias Orchideaceae y Solanaceae (así como de cualquier otra familia del reino vegetal), basta dirigirse a la web Angiosperm Phylogeny Website, más concretamente aquí para las Orquídeas, y aquí para las Solanáceas.

Sobre la validez de los nombres de nuestras Vanda y demás, IPNI  siempre es un buen recurso al que acudir.

La versión del Dioscórides de Salamanca interactiva, que siempre es un placer ir a consultar, en http://dioscorides.eusal.es/ (para las orquídeas en cuestión que salen mencionadas, buscar según “área botánica”, por “familia botánica” – Orchidaceae)

También hablo de ellas en el capítulo 22 de La Invención del Reino Vegetal, ¡pues claro que sí! (y en el 23, si mal no voy).

Para saber más sobre la vainilla, el libro que he leído al respecto es el de Tim Ecott, Vanilla. Travels in Search of the Luscious Substance, de Penguin Books (2005). Sin embargo, hay otros artículos científicos que hablan de su historia agro-cultural; si alguien está interesado, que me contacte.

Sobre el salep, Tentatrice, y los Cymbidium orientales, la mejor fuente a mi alcance es el libro de Eric Hansen, Orchid Fever: A Horticultural Tale of Love, Lust and Lunacy (Methuen, 2oo1).

El proyecto Anthos  está alojado en la web del Real Jardín Botánico de Madrid.

Ilustraciones

La foto del artículo en al revista habla por sí misma; la última foto (Ophrys cf fuciflora) está tomada en el sureste sardo, en abril 2014.

La orquídea testicular antigua está sacada de la obra de Matthias de L’Obel (1538-1616), Icones stirpium, seu, Plantarum tam exoticarum, quam indigenarum :in gratiam rei herbariae studiosorum in duas partes digestae : cum septem linguarum indicibus, ad diuersarum nationum vsum (Antuerpiae: Ex officina plantiniana: Apud Viduam et Ioannem Moretum, 1591). No consigo aclarar de qué orquídea se trata exactamente, parece estar indicado que pertenece al género Orchis pero no he logrado descifrar la especie (y como tampoco sé en qué momento se hizo el garabato, no estoy segura de que no se haya movido de género, ej. a Anacamptis. En fin). La obra puede consultarse en línea desde la Biodiversity Library.

La ilustración de la Vanda coerulea está sacada de la obra de Émile de Puydt, Les orchidées, histoire iconographique, organographie, classification, géographie, collections, commerce, emploi, culture, avec une revue descriptive des espèces cultivées en Europe; ouvrage orné de 244 vignettes et de 50 chromolithographics (Paris, J. Rothschild, 1880). Es una obra del dominio público cuyas imágenes pueden consultarse en la página de Flickr de Biodiversity Library; la obra puede consultarse en línea aquí, así como descargar el documento en PDF correspondiente.

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Un comentario en “Quien dice “orquídea”, no dice (casi) nada

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