(Montanari, Editori Laterza 2009)

Al son de: Jimmy Fontana, Il Mondo

En los últimos tiempos, estoy leyendo muchos textos sobre gastronomía, historia gastronómica, y demás cuestiones alrededor del pan nuestro de cada día.

Quizás sea porque se ha convertido en un tema de moda, y en consecuencia logro encontrar mucho más material, a precios asequibles —sobre todo en Italia—. De entre todos los autores italianos que hablan de historia gastronómica, un nombre destaca en el panorama internacional*: Massimo Montanari.

*De hecho, incluso tiene títulos traducidos al castellano (aunque a precios que casi duplican los italianos; es a la vez un misterio para mí, así como un drama).

Sin embargo, no había encontrado el tiempo para leerme tranquilamente una de sus obras hasta hace unas semanas, cuando por fin la situación cambió, por culpa de una croqueta.

Bueno, no. Para ser más exactos, una albóndiga.

Dejadme que os lo explique.

Estaba yo tan tranquila paseando por una librería, sintiendo cómo me crecían los incisivos entre tanto volumen apetecible, y al agacharme para cotillear en el apartado de historia gastronómica, leo un título espléndido.

Il riposo della polpetta.

Que, traducido, significa: El descanso de la albóndiga.

O su reposo, mejor dicho.

(… iba a seguir explicando lo que pasó, pero creo que, una vez dicho el título, sobran motivos para justificar su compra, ¿no?)

Baste decir que voy a leer todos los tomos de Montanari que caigan en mis manos tras esta experiencia, que me ha en-can-ta-do. No está traducido al castellano, pero si alguien del mundo editorial está leyéndome, consideradlo, de verdad. Ni aunque sea sólo por el título.

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  • Title: Il riposo della polpetta e altre storie intorno al cibo
  • Author: Massimo Montanari
  • Editorial: Laterza
  • Año: 2009

El libro, en tres líneas:

Es un maravilloso popurrí de reflexiones alrededor de la comida. Aunque está estructurado en varios bloques, en realidad lo componen reflexiones breves, de dos o tres páginas, sobre un aspecto gastronómico concreto, que cubren lo filosófico y lo mundano, los aspectos más simbólicos y los más concretos de la comida, la historia pasada y sucesos actuales.

Si fuese de las lectoras que subrayan los libros, lo tendría lleno de tinta y fosforito.

I loved:

Los títulos. Qué se le va a hacer, tengo debilidad por títulos sugerentes, graciosos, intrigantes. Desde la albóndiga que lo preside todo, Montanari regala reflexiones encabezadas con frases como “Morir por un melón”, “Quinientas peras”, “La forma y la sustancia (razonando alrededor de un plato de pasta)”, “Dulce como un higo”, “La invención de las patatas fritas”, o “La llamada del bosque (alrededor de la barbacoa)”.

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Montanari escribe bien. Entretenido, didáctico, proporciona datos eruditos sin perderse en ellos, siempre utilizándolos para dar cuerpo a una idea que resulta ser aplicable a tantas otras cosas. Las lentejas de Esaú sirven como reflexión sobre los cazadores-recolectores vs los agricultores; los melocotones de messer Lippo hablan de frutas como símbolo de distinción entre clases sociales (¡hola, capítulo 23 de La Invención del Reino Vegetal!); los spaghetti con salsa de tomate remiten a una diferencia entre identidad y orígenes, que me gustó tanto que he copiado algunas frases en la agenda.

Hablando de las prácticas de la alimentación como espejo que dice algo de nosotros (la idea que, a escala más reducida, persigo con el café aquí mismo), pone de manifiesto los temas que se repiten por doquier, los mundos metafóricos construidos encima de la comida. Es un tema que me apasiona, y apasionante ha sido la lectura.

El precio. No, de verdad. La relación calidad precio en italiano es formidable (10€, 209 páginas de disfrute. Imbatible).

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Maravillooooso.

I liked:

El formato. A diferencia de otros títulos suyos, en este tomo Montanari no persigue el desarrollo de una única idea, un único tema; cada reflexión es un argumento completo en sí mismo, no requiere apoyarse en partes previas o sucesivas. Son breves, pero intensas, bien medidas; no les sobra, no les falta. Podrían extenderse, sin duda alguna, pero la idea que desean transmitir es eficazmente propuesta con elegancia y un mínimo de recursos expresivos. Puedes abrir el libro en cualquier punto, y ponerte a leer sin perderte

Es una especie de cuadro impresionista hecho de tantas pinceladas, aparentemente inconexas entre ellas, pero que crean una atmósfera, una luz distinta bajo la que considerar el fenómeno gastronómico.

ripolpetta-avventurecucinaLos temas que agrupan las reflexiones, que aportan una ligera estructura al resultado: “Las cosas y las ideas”, “El estatus de los alimentos”, “Aventuras en la cocina”, “Gastronomía del hambre”, “Sabores”, “El placer y la salud”, “Lo bello y lo bueno”, “Ritos sociales”, “Prácticas y usanzas en la mesa”, e “<Identidad> se declina en plural”.

 

– Aunque no es un libro 100% vegetófilo, dado que buena parte de la alimentación a lo largo de la historia se ha basado en alimentos vegetales, éstos son protagonistas de muchas (¿quizás la mayoría?) de las reflexiones incluidas en el libro.

Reflexiones&Thoughts:

Uno se preguntará: ¿Y a qué viene la albóndiga del título? ¿Qué tiene que ver con lo que se cuenta en el libro? ¿Y por qué estaba cansada en primer lugar?

Montanari lo explica en la Introducción, haciendo referencia a la práctica de dejar reposar la pasta de albóndigas (que preparan con carne, cardos hervidos, queso parmesano, pan rallado, huevos, sal y pimienta) tras haberla amalgamado, para que adquiera mayor consistencia. ¿La conexión?

Pues que este reposo, para Montanari, se asemeja a lo que sucede en nuestra mente al elaborar las ideas; éstas, resultado de experiencias, encuentros, reflexiones, sugerencias… son los ingredientes que, al combinarse, producen pensamientos nuevos. Pero, antes de que esta emergencia pueda darse, hay que dejar reposar estos ingredientes-idea, darles tiempo para amalgamarse, endurecerse un poco.

“El reposo de las albóndigas es como el reposo de los pensamientos: salen mejor después de un tiempo.”

Podría hacer una lista de mis reflexiones preferidas (y quizás esto no terminaría nunca, ahem). Quizás destacaré las cuatro que han ejercido un Efecto Bombilla más fuerte sobre mí…

– “Dividere le carni, condividere la minestra(Dividir las carnes, compartir la menestra), que pone de manifiesto cómo las sopas, cremas, menestras, y demás compuestos líquidos, al contrario de lo que sucede con la carne, son homogéneos en su composición.

Me diréis, “Evidente”… ¿no? Pero seguid pensando en lo que ello conlleva. Homogeneidad significa que no hay desigualdades intrínsecas: en la sopa, todas las partes son iguales, lo que refuerza materialmente la idea de ausencia de jerarquías, de igualdad para todos. Servir sopa es compartir una ración de igualdad, expresada gastronómicamente. No había caído nunca, y sin embargo tiene toda la razón…

– En la reflexión “La diversità come risorsa(La diversidad como recurso), Montanari toma en consideración la diversidad como un producto de la acción humana. Y no uno cualquiera, sino el instrumento más útil, esgrimido como defensa para la supervivencia cotidiana, en tiempos en los que el hambre era un peligro muy real.

– Su “La belleza non è un bene superfluo(La belleza no es un bien superfluo) me recuerda al capítulo 8 de La Invención del Reino Vegetal y la defensa del placer estético en la experiencia gastronómica.

“Lo bello no es un privilegio de unos pocos. Lo bello es una exigencia primaria del individuo y de la sociedad.”

Más aún, Montanari defiende que “para ser verdaderamente bueno, la comida tiene que ser verdaderamente bella”, una belleza que casi diría ética, pues engloba el respeto por el ambiente, por los productores, por todo el sistema que hace posible la experiencia gastronómica.

Hermoso encuentro en la cuarta dimensión, de historias Grandes y pequeñas, para crear belleza en el plato.

– “Spaghetti al pomodoro, ovvero l’altro che è in noi(Espaguetis con [salsa de] tomate, o el otro que está en nosotros), es quizás mi preferida, a la que vuelvo una y otra vez. Habla de identidad y raíces: cuestiones filosóficas de enorme actualidad, dado el panorama internacional actual (refugiados, inmigrantes, contraposición de identidades y raíces…), que se encarnan en la gastronomía.  Montanari defiende una diferencia neta entre ambos conceptos, y comparto su opinión cuando explica que

“Las identidades, las tradiciones se inventan, en el sentido literal de la palabra: se encuentran, se construyen. Y los orígenes, las raíces en sí mismas no explican nada: son condiciones necesarias, pero no suficientes para explicar los fenómenos.”

Un plato de espaguetis con salsa de tomate sirve como símbolo para proponer esta idea, que sería fenomenal interiorizar:

“La identidad son los valores y modelos que nos califican, aquí y ahora. Las raíces son los lugares y las aportaciones de los que nuestra identidad se ha nutrido en sus orígenes: pero no nos pertenecen necesariamente.”

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Las raíces de un plato de spaghetti al pomodoro, símbolo por excelencia de la ‘identidad italiana, no son italianas, sino que se remontan al Medio Oriente árabe medieval (por la pasta seca alargada) y a las Américas, de donde llegó esa ‘manzana de oro’ que es el tomate. Porque

“(…)las raíces pueden ser pensadas como el otro que está en nosotros“.

Como dicen los ingleses, food for thought: comida para el pensamiento.

¡Buen provecho!

breakspace-2Y, en breve, historias de la EXPO2015… en la que Montanari, por cierto, ha participado. Si tenéis curiosidad por escucharlo, ecco  un vídeo de dos minutos (en italiano, eso sí…) realizado en ocasión de la EXPO, hablando de la comida y las clases sociales en tiempos medievales.

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