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Al son de: P!nk, Just like Fire

Imagina que te tropiezas con la lámpara de Aladino.

Frotas, puff, humo, genio, y llega lo bueno: tus tres deseos. ¿Quién diría que no a una oportunidad así?

Y es que los genios no conocen el paro, porque desear es un verbo eterno. Sin embargo, a veces nuestros deseos se concretan de forma sorprendente, y en el último siglo se ha producido una inversión de valores respecto a lo que consideramos deseable, y lo que no. Pues, ¿cuántas mujeres de hoy gastarían un deseo en adelgazar? Una petición que seguramente sonaría absurda para cualquier genio con milenios de experiencia, más acostumbrado a conceder comida y hermosas redondeces (antaño sinónimo de belleza).

Al igual que ha sucedido con la tonalidad de la piel blanco/moreno, hemos pasado de desear gorduras, a suspirar por flacuras; y, cómo no, los vegetales están a la orden del día para saciar nuestros anhelos, escondidos incluso en los lugares más improbables que podamos imaginar, por ejemplo… un chupachup.

… un momento. ¿Chupachups para adelgazar?

Pues sí. Bueno, en español hemos adaptado la traducción un poco: de lollipop diet pasamos a la dieta de la piruleta, con rima consonante y todo. Pegadiza… aunque, por otra parte: ¿cómo tomarse en serio una dieta que suena a estribillo?

Y sin embargo se la ha tomado en serio, y mucho, por parte de muchas famos(ill)as en la altas esferas —o, al menos, las suficientes como para que hablasen de ella en la radio tiempo ha, que así fue como me enteré de su existencia.

¿El detalle que activó el radar vegetófilo? La composición de las piruletas dietéticas (que no vale una cualquiera: tiene que ser un Power pop, que así se llaman los chupachups en cuestión):

extracto de hoodia, citrimax, L-Tyr (L-tirosina), vitamina B12, guaraná, y “sabores naturales” (además de una “pequeña cantidad de azúcar y sirope de maíz”, para aglutinarlo todo bien).

Dieta de la piruleta
Se me hace taaan raro…

No voy a meterme con esa lista de sabores “naturales”, con los que consiguen chupachups en ocho gustos tan sofisticados como piña colada, manzana verde, o limonada rosa.

No. Lo que llamó mi atención fue la referencia al “extracto de hoodia”: Hoodia sp, una planta con la que me había tropezado escribiendo La Invención del Reino Vegetal, pero que no tenía asociada a chupachups, sino a poblaciones indígenas empobrecidas, y a todo el mundillo de las bio-prospecciones*… un mundo demasiado enredado en intereses económicos multimillonarios como para no ser más turbio que una sopa de guisantes.

*Que así se llama a la actividad de explorar la biodiversidad (generalmente en países tropicales, donde hay más) en busca de recursos generalmente genéticos y bioquímicos que puedan tener valor comercial.

Y como me chiflan las conexiones vegetófilas inesperadas, pues os voy a contar de qué va el asunto, con algún que otro giro inesperado sobre quienes son los malos de la peli…

(Sí, también algo de información sobre si funcionan o no; si es la única pregunta que quieres aclarar, puedes encontrar la respuesta aquí abajo.)

Aviso: el asunto es un poco largo. Pero creo que vale la pena hablar de estas cosas, así que: ¡allá vamos!

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Nuestra planta estrella es la Hoodia gordonii (Masson) Sweet ex Decne. (Apocynaceae), un cactus cuyas flores me parecen muy simpáticas, y que vive en regiones desérticas a caballo entre los estados de Sudáfrica y Namibia; otras especies del género Hoodia están más extendidas, habiendo referencias en Angola, Botswana o Zimbabwe.

Hoodia distribution Africa biodiversity
Aunque no se vean las fronteras nacionales africanas, según el mapa la Hoodia se concentra en Sudáfrica y Namibia.

¿Cómo llega un cactus africano a colarse en la composición de una piruleta para adelgazar?

A través de personas, claro. Personas que pertenecen a culturas distintas, con intereses distintos, y sistemas de valores diferentes. La Hoodia emerge en la intersección entre gobiernos, compañías farmacéuticas y biotecnológicas, y pueblos indígenas de tradiciones milenarias.

Los indígenas en cuestión son los San, o bosquimanos: poblaciones de cazadores-recolectores cuyos ancestros ya vivían en Sudáfrica hace 120.000 años, y que suelen considerarse como los habitantes más antiguos del continente. Su historia pone de relieve las profundas incompatibilidades entre un estilo de vida de caza-recolección, y uno agrícola / ganadero: independientemente de cuál creamos que es mejor, lo cierto es que los cazadores-recolectores llevan las de perder en un choque cultural con herederos del neolítico agrícola*, al ser éstos segundos: a) mucho más numerosos, y b) sedentarios en tierras que consideran de su exclusiva propiedad, y defienden con uñas y dientes.

*La ganadería es otro tinglado en el que no voy a entrar aquí. Baste decir que… es complejo.

La película suele desarrollarse del siguiente modo: en el peor de los casos, las culturas agrícolas exterminan a los cazadores-recolectores; en el mejor de ellos, les permiten vivir, pero adaptándose a sus reglas, lo que a menudo significa la imposición de un estilo de vida sedentario. Cuando se les ceden tierras para caza-recolección, suelen ser más bien yermas y pobres, poco útiles a nivel agrícola.

En el caso de los San, la mayoría viven en condiciones de pobreza extrema, en tierras que no les pertenecen, y de las que no existía tradición de uso. Desperdigados en pequeños pueblos rurales, en los márgenes culturales de otros pueblos africanos con mayor poder e influencia, su historia es un desastre humano, la cojas por donde la cojas: horrores ensartados uno tras otro, perpetuados en nombre de “la civilización” y la convicción neolítica de que cualquiera que no emplee los recursos a la manera agrícola, es una cultura inferior.

Ahora bien: ¿qué tiene que ver la Hoodia con los San?

Pues resulta que es una de las plantas que tiene usos tradicionales entre las poblaciones de San que viven allá donde crece nuestra Hoodia… empleada, por cierto, como substituto de comida y bebida, así como para suprimir el hambre.

Hoodia gordonii as Stapelia gordonii
Ilustración de Hoodia gordonii (como Stapelia gordonii) por Francis Masson, el primero que describió los usos de Hoodia por parte de “los Hotentotes”.

Durante siglos (¿milenios?), las cosas eran así de sencillas: una planta culturalmente importante para un grupo humano, y punto. Entonces llegamos los europeos, y complicamos un pelín las cosas…

Primero fueron los naturalistas y visitantes que se pasearon por el Cabo en tiempos coloniales; se adentraron en el bush con guías indígenas, les llamó la atención el cactus simpático y sus empleos, y lo dejaron por escrito.

Y así quedaron las cosas, hasta que durante el s. XX el CSIR, un instituto de investigación financiado por el gobierno sudafricano, se puso a hurgar entre aquellos documentos en busca de algo interesante… y lo encontró: nuestra Hoodia.

Así empezó el acto II del “cactus adelgazante”, que intentaré abreviar siendo fiel a la complejidad del asunto, porque cuando hay farmacéuticas de por medio, las cosas son de todo, menos sencillas y lineales.

En el CSIR comprobaron el potencial de ciertas Hoodia como inhibidores del apetito; tras decenios de idas y venidas, en 1995 (ya ha llovido…) solicitaron una patente para los compuestos activos* a los que se atribuía el efecto en cuestión.

*Es importante notar que se patenta un compuesto de la Hoodia, no la planta; afortunadamente, a día de hoy las especies naturales no pueden patentarse.

Pasan tres años, y, ¡sorpresa!, se firma un contrato con una empresa biotecnológica inglesa (Phytopharm), que tendrá los derechos de desarrollo y comercialización de productos basados en los compuestos patentados, el principal de los cuales se conoce como P57*.

*Es un glicósido pregnano llamado P57AS3, que los amigos acortan a P57, o al menos intuitivo H.g.-12. Es el ‘compuesto estrella’ usado como indicador de calidad y dosis en los productos de Hoodia bajo examen en experimentos científicos. Otro compuesto que sale a colación en cuestiones hoodianas es la hoodigogenina A

Al poco tiempo Phytopharm firma un acuerdo con el gigante farmacéutico americano Pfizer, que paga la friolera de 21 millones de dólares para colaborar en el ulterior desarrollo y comercialización de productos basados en P57.

Sin embargo, en 2003 Pfizer se retira del acuerdo. Lo cual podría haber olido a chamusquina, pero la compañía tranquiliza los ánimos declarando que los ensayos con Hoodia son prometedores, y que podría resultar útil como terapia contra la obesidad. Pues si tan prometedoras son, ¿por qué te vas? Ahh, misterio.

¡Pero la cosa no acaba aquí, damas y caballeros! El siguiente gigante farmacéutico que se interesa por la Hoodia es Unilever: a finales de 2004, Phytopharm le concede una licencia global exclusiva para los extractos de Hoodia gordonii, que se supone serán incorporados a productos para perder peso. Y la Unilever paga una entrada de vértigo: 6.5 millones de libras esterlinas (y estaba previsto que la cifra alcanzase los 21 millones, una vez logrados ciertos hitos en el desarrollo).

Durante los cuatro años siguientes, todo parece ir viento en popa: pruebas clínicas de seguridad, producción, así como el cultivo de unas 300 ha de Hoodia gordonii en Sudáfrica y Namibia. Se habla de los planes unileverianos para incluir nuevas bebidas con Hoodia en su línea Slim Fast (R) (“Adelgaza deprisa”… je, je: nuestra obsesión cultural resumida en dos palabras), algo que parece inminente… hasta que de repente, no lo es.

Y no sólo deja de ser inminente, sino que directamente deja de ser: Unilever anuncia que abandona sus planes de desarrollo con Hoodia como alimento funcional, por preocupaciones ligadas a su eficacia y seguridad.

Eje cronológico de los enredos farmacéuticos de Hoodia gordonii
Esquema de las principales fechas y sucesos ligados al tinglado farmacéutico de nuestro cactus…

En estos momentos, no tengo la menor idea de quién tiene los derechos de comercialización de Hoodia, qué ha pasado con Phytopharm, o qué pinta el CSIR desde el fiasco unileveriano.

Y tampoco sé exactamente de dónde sale la Hoodia de los chupachups dietéticos, que al parecer ruedan desde hace al menos diez años.

Lo que sí sé es que, durante decenios de investigación, desarrollo, patentes, licencias de uso… por algún curioso motivo, todos se olvidaron de los San.

Sí, los mismos cuyo saber tradicional había desencadenado esta historia. Como en el cuento de la lechera, todo el mundo estaba tan ocupado contando los millones ficticios que se habrían embolsado, que se les pasó por alto un pequeño detalle: si no llega a ser por las anotaciones sobre los usos San de la Hoodia, a nadie se le hubiese ocurrido ir a mirar justamente aquellos cactus de flor simpática.

No fue hasta 2001 que los San se enteraron de todo el tinglado (con acuerdos Phytopharm – Pfizer ya en marcha), y se armó una buena, pues diversas ONGs y medios de comunicación dieron publicidad internacional al caso —que, admitámoslo: se presta muuuy bien a ser noticia. “¡Occidentales obesos luchando por un extracto vegetal ‘robado’ a un pueblo indígena africano en los huesos!” Eso no sólo remueve conciencias; es que se vende solo.

Ya sea por sensibilidad ética, o por el ruido levantado por el caso, lo cierto es que se firmó un acuerdo entre el CSIR y los San, en el que se reconocía que el conocimiento tradicional de los usos de Hoodia era de los San; y que, por lo tanto, tenían derecho a parte de los beneficios derivados de este conocimiento. ¿Qué parte? Pues nada más y nada menos que un 6% de todas las regalías* que el CSIR recibiese de Phytopharm.

*derivadas de la venta de productos con Hoodia, y con condiciones y porcentajes extra en los que no voy a meterme.

Entonces uno podría pensar que, si compro una piruleta de esas, estoy ayudando a los San, ¿no? Una tarea loable… ¿pero, lo es?

No logro hallar en ningún sitio, exactamente*, quién elabora los Power pops, ni por qué vías pasa su “extracto de hoodia”… pues no todas ellas benefician a los San.

*La empresa principal que los comercializa parece ser Essanté Organics, pero no logro averiguar si los fabrican ellos, o si los compran a otros.

Porque es fácil ver a las farmacéuticas como a los malos de la peli, pero lo cierto es que hay otros “malos” que se aprovechan de toda la publicidad (y la investigación con pruebas clínicas), de los rumores, y se plantan en los países donde crece o se cultiva Hoodia para conseguir llevarse cuanta más materia vegetal, mejor, caiga quien caiga. Eso significa que, en caso de tener pocos escrúpulos, yo podría perfectamente plantarme en Sudáfrica o en Namibia y ofrecer pagar 200€ a cualquiera que me traiga un kilo de Hoodia seca. Al fin y al cabo, la patente del CSIR sólo se refiere a los compuestos aislados a partir de Hoodia, con lo cual nada impide que yo saque cantidades ingentes de nuestro pobre cactus, recolectado por las buenas o por las malas (de hecho, en el momento álgido del frenesí hoodístico, ¡se llegó a temer por las poblaciones silvestres de Hoodia!). Todo ello, claro, sin tener que pagarle nada al CSIR —y, por tanto, tampoco a los San, que no verán nunca un euro de mis eventuales ganancias anunciando por internet mis cápsulas o mis pastillas para adelgazar.

Aunque se llevaron a cabo acuerdos con asociaciones de cultivadores de Hoodia para que una parte de sus beneficios también fuese a parar a arcas San (imagino que precisamente para evitar esta picaresca), al parecer nadie se ha preocupado de que estos acuerdos se cumplan… así que sospecho que las piruletas no han hecho nada por mejorar la situación de los San.

Las plantas medicinales son biodiversidad con historia, y concentrarnos únicamente en su bioquímica sin preocuparnos de sus historias, puede convertirnos sin querer en cómplices de grandes injusticias bio-sociales.

Quizás una de las cosas más irónicas de todo este tinglado es que no parecen existir pruebas fehacientes, demostradas y aceptadas por la comunidad científica, de que los compuestos de Hoodia objeto de patentes sean efectivos para adelgazar a dosis razonables sin causar efectos secundarios indeseables. A ello hay que añadir que el mercado de ‘alimentos funcionales’ y ‘remedios naturales’ está poco regulado, sin estándares estrictos que aseguren que lo que pone en el envoltorio es lo que realmente vas a encontrar dentro de la cápsula, la pastilla, o el chupachup. En algunos estudios, el análisis de seis productos con Hoodia en su composición teórica delataba que sólo dos contenían realmente este vegetal.

Hoodia gordonii jovencita
Aquí está mi niña con su nuevo crecimiento! <3

(Una tercera consideración es que hay quien pone en entredicho que en el CSIR localizasen realmente el compuesto activo al que atribuir los efectos del cactus, y que no sea ninguno de los que hoy creemos responsables. Nuestra Hoodia es una picarona, y sigue dando muchos quebraderos de cabeza… ¡me encanta!).

No sé si alguien se ha tomado la molestia de analizar si los chupachups de Hoodia realmente llevan lo que dicen, pero… sí, a mí también me parece una ironía tremenda pensar en la aplicación original del cactus, masticado por los San (y miembros de otros grupos étnicos africanos, también) en el desierto yermo, para resistir hambre y sed; e imaginar a estrellas del espectáculo dando lametones a una piruleta para quitarse las ganas de comer, en un mundo que les ofrece infinitas posibilidades de llenarse el estómago.

Y si por un casual eres, como yo, aficionad* a los remedios de herboristería, podemos ceñirnos las gafas de la curiosidad, y preguntar a quien vende (y quizás sobre todo a quien fabrica):

¿de dónde vienen tus plantas?

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Como colofón final a esta montaña rusa de farmacéuticas, bioprospecciones, piruletas, bosquimanos y alegres cactus africanos, no puedo resistirme a contarlo: ¡tengo una Hoodia gordonii en mi balcón!

La encontré en un precioso vivero en Almería; camuflada entre cactus de mármol y granito, con su porte lánguidamente larguirucho, la muy pilla estuvo a punto de pasarme por alto. Su fama adelgazante la precede; figuraba en la etiqueta junto a su nombre, y muchos arquearon una ceja extrañada al verme con ella (¿quizás porque mi fama como mala jardinera también me precede?). De momento aún no he logrado matarla —aunque, por desgracia, mucho me temo que todo se andará…—, y ha crecido y todo durante los meses que lleva conmigo.

El día que florezca (si llega), tal vez lo celebre con una piruleta.

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Referencias

El artículo más completo y exhaustivo (36 páginas!) a mí conocido sobre el entero caso Hoodia-San es un capítulo entero de in Wynberg, R et al. (eds). 2009. Indigenous Peoples, Consent and Benefit Sharing: Lessons from the San-Hoodia Case. Springer Science+Business Media (más concretamente, el núm. 6, de Wynberg, R. Y Chennels, R. Green Diamonds of the South: An Overview of the San- Hoodia Case).

Artículos sobre la eficacia (o no) de los compuestos de Hoodia para adelgazar, p. ej. Smith, C. y Krygsman, A. 2014. Review: Hoodia gordonii: To eat, or not to eat. Journal of Ethnopharmacology 155: 987–991.

La referencia sobre los suplementos de Hoodia que no contienen Hoodia la leí en Rader, J. I.; Delmonte, P. & Trucksess, M. W. 2007. Recent studies on selected botanical dietary supplement ingredients. Anal Bioanal Chem 389:27–35 (no es el artículo original, pero lo cita en caso de que alguien quiera ir a buscarlo).

Para completar, los artículos y fuentes extra consultadas (que son un poco peñazo, aviso) son las siguientes:

Sobre la dieta de la piruleta, El Confidencial habló de ello en este artículo del 2014;

La página original de los Power Pops (“with Hoodia”), aquí; la web de una de las empresa que los comercializa, Essanté Organics, aquí;

Web del CSIR (p. ej. el artículo CSIR publishes Hoodia clinical studies);

Breve carta al editor del New York Times de un investigador antaño involucrado en el desarrollo de productos a base de Hoodia en la Pfizer;

Ejemplo de noticia (2003) sobre la Hoodia y los San en la BBC (¿parte de esa oleada de noticias que dieron proyección internacional al caso?) (EN);

El organismo San que medió en los acuerdos fue el WIMSA (Working Group of Indigenous Minorities in Southern Africa); hoy día la web que parece más activa en cuestiones indígenas San es el SASI (South African San Institute), quienes mantienen una web para preservar y difundir los conocimientos y culturas de los San: Written in the Sand (“escrito en la arena”)

Para saber más, en cambio, os recomiendo dos recursos:

Ficha de la Hoodia gordonii en la web de Kew (EN);

Un excelente artículo, Hot air over Hoodia, de una de las investigadoras involucradas en el caso Hoodia desde el principio (EN).

Ilustraciones

Las fotos de Hoodia son de mi niña! (y por tanto, sacadas por una servidora); el mapa también es de elaboración propia, así como el eje cronológico. Los datos empleados para el mapa y el eje, sin embargo, salen del excelente capítulo ya citado de Wynberg y Chennells :)

La ilustración de Hoodia gordonii de Masson está sacada de su obra Stapeliae novae: or a collection of several new species of that genus, discovered in the interior parts of Africa (1796), libremente disponible aquí vía la Biodiversity Library.

 

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4 comentarios en “El cactus africano, la piruleta y el bosquimano: las locas aventuras de Hoodia

  1. Una información fascinante. Me has matado con el titular “¡Occidentales obesos luchando por un extracto vegetal ‘robado’ a un pueblo indígena africano en los huesos!”. Lo cierto es que las farmacéuticas las carga el diablo.

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    1. Je je je, la verdad es que, cuanto más escarbas, más claro veo que los intereses económicos multimillonarios dificultan un montón la toma de decisiones éticas. Conocimos hace un año a un señor muy majo que trabajó durante toda su carrera profesional en farmacéuticas, y lo que contaba era de un cinismo…

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  2. Lamentablemente no me sorprende la falta de ética de las farmacéuticas, ni de las multinacionales, pero me ha dejado flipada tu falta de mano verde. No soy la única serial killer de plantas!
    Acabo de conocerte y ya tienes una seguidora más, ya me he comprado tu libro. Me encanta tu trabajo. Muchísimas gracias! 😊

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    1. ¡Mil gracias a ti, Rosa! Espero que disfrutes con el libro, si necesitas cualquier cosa ya sabes: tú, pregunta! ^__^ (y no, ni por asomo eres la única… el fantasma de mi última planta de cilantro aún se pasea por el balcón. Si es que la teoría es una cosa, pero luego la práctica…)

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