Notas sobre antropología & etnobotánica de la luz

[~ 6 minutos de lectura]

Al son de: Ravi Shankar, Asato maa

Asato mā sad gamaya,
tamaso mā jyotir gamaya,
mṛtyor mā amṛtaṃ gamaya.

Guíame de la falsedad a la verdad,
Guíame de la oscuridad a la luz,
Guíame de la muerte a la inmortalidad.

— Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad

Cuentan que la diosa vaga entre los mortales durante la noche más oscura, buscando un lugar de acogida; las moradas donde entre de puntillas serán recompensadas por su invitada divina con fortuna y riquezas. Anhelando el premio prometido, los mortales encienden miles de luces para atraer la mirada de la diosa y gozar de sus bendiciones.

La invitada divina en cuestión es la diosa Lakshmi, y durante muchos siglos las luces han sido lámparas de aceite.

Esta es la versión mítica simplista y “oficial” tras la celebración hindú de Diwali o Dīpāvali, que este año (2017) cae en 17 de octubre.

La luz es el centro de celebraciones religiosas en muchísimas culturas, sobre todo durante los meses más oscuros del año: cerca del equinoccio de otoño (ej. festividades de los muertos, Samhain de impronta celta hacia el 31 de octubre), o del solsticio de invierno (Santa Lucía el 13 de diciembre), a caballo entre ambos (como el Janucá hebreo, entre noviembre y diciembre del calendario gregoriano), o a principios de febrero (Imbolc celta, la Candelaria cristiana, entre el 1 y el 3 de febrero).

Como es lógico, para celebrar la luz debemos crear luz; y hasta hace muy poco, el único modo seguro para lograrlo era conjurar una llama inofensiva —un fuego manso, dócil, controlado (nada de incendiar casas o bosques, por favor). Crear luz significaba quemar algo, y ese algo solía ser animal… o vegetal.

En algunos lugares la tecnología luminosa era una antorcha; en otros, una vela.

En la India —como en muchas otras regiones—, la luz que invita a Lakshmi a entrar en casa arde en una lámpara; de hecho, el nombre original de la festividad, Dīpāvali, significa “fila de lámparas”.

Litografía (1894) de la diosa Lakshmi, Ravi Varma Press.
Litografía (1894) de la diosa Lakshmi, obra de la imprenta Ravi Varma. En ella la diosa emerge de una flor de loto (Nelumbo nucifera), planta a mí muy querida <3

Una diosa que concede bienestar material y felicidad se merece toda la luz que uno sea capaz de producir, pero en realidad la divinidad no es un requisito imprescindible para ser recibido y luminosamente agasajado en casas ajenas: en la India, acoger al invitado y tratarlo a cuerpo de rey (dentro de tus capacidades, claro) es un deber, y una cuestión de honor.

Atithi devo bhawah. “El invitado equivale a dios” reza un viejo dicho sánscrito, que exalta el sentido de la hospitalidad, ese valor tradicional que ha ido erosionándose con la llegada de la modernidad y de las grandes ciudades.

A cualquier hora del día hospitalidad significa cobijo, comida, compañía. Pero es en la noche oscura cuando se revela su verdadero alcance, algo que hoy sólo podemos ver en ciertos entornos rurales o en los cuentos de hadas, con sus ‘lucecitas’ que guían a sus protagonistas hacia un lugar habitado.

El lindar de la hospitalidad es la luz.

Fui consciente de ello por primera vez al leer un estudio que de buenas a primeras tiene poco de vegetófilo: se trata de una investigación sobre la electricidad (más concretamente, el papel de los sistemas de energías renovables a micro-escala) en los pueblos del estado de Bihar, región del noroeste de la India.

Además de ser la patria legendaria de Sita (sufrida consorte del héroe Rama y cuyo secuestro y liberación se narran en la epopeya hindú Ramayana), Bihar destaca por tener una población mayormente* rural. El servicio de iluminación pública brilla por su ausencia en muchos pueblos, que tras el ocaso se fundirían en la negrura, si no fuese por una costumbre que quizás sea universal: los habitantes colocan una luz sobre el dintel de sus puertas.

*menos del 12% de sus habitantes vive en áreas urbanas.

Esa luz extiende una invitación a cualquiera que desee acercarse a la casa, y a la vez funciona como muestra de honor y marca de clase en la sociedad: todos son conscientes de que esa luz tiene un coste, y la calidad de la fuente de iluminación refleja tu estatus social —porque en Bihar, la luz no es toda igual.

(Esto, al igual que el consumo de especias, atañe a la luz que los demás puedan ver. Que tus hijos se queden literalmente a dos velas dentro de casa haciendo deberes porque te has llevado la lámpara buena al patio, y así agasajar a tu invitado, eso a pocos importa.)

Siendo pragmáticos —e intentando aplicar soluciones lo más respetuosas con el medio ambiente posibles—, en Bihar la luz para usos profanos sale sobre todo de generadores eléctricos, lámparas solares, o de lámparas de queroseno, y los invitados mortales no se quejan.

Los invitados divinos, sin embargo, crean enormes dudas.

Pues al igual que existen alimentos más o menos puros, también la luz que se ofrece a los dioses se ha clasificado según su grado de pureza.

En la India, la luz más pura se alimenta del alimento más puro: el ghī, o mantequilla clarificada. Sin embargo, las segundonas se nutren de aceites vegetales: el aceite virgen de mostaza (varias Brassica), y el aceite de sésamo (Sesamum indicum). Todos ellos arden “bien”, sin humear en exceso y sin olores desagradables asociados (olores que sí provoca, en cambio, un combustible como el queroseno, mucho más abajo en la escala de pureza lumínica).

La luz no es un simple accesorio en la periferia de los rituales hindúes, sino que suele hallarse en el centro del rito; en los pueblos de Bihar objeto de estudio los paisanos declaraban que cada noche hay que recorrer la casa entera con una lámpara para ahuyentar las desventuras y “permanecer en el bien”. Del mismo modo, encender una lámpara como ofrenda a los dioses en la habitación de las plegarias (práctica llamada saanjh dena, “ofrenda vespertina”) es de obligado cumplimiento en las moradas hindúes.

Como es natural, los dioses prefieren las luces más puras, y conceden sus dádivas con mayor facilidad a quien ha encendido las mejores lámparas.

Y, si bien la electricidad se ha introducido como una fuente de luz “neutra” —ni pura ni impura— en la clasificación luminosa sagrada, muchos hindúes siguen prefiriendo emplear lámparas alimentadas con combustibles lo más puros posible, sobre todo en ocasiones especiales… y ninguna más especial desde este punto de vista que Dīpāvali (Diwali).

Lámparas de Diwali (de Flickr user vijaymverma)
Paradójicamente, se ha dado el caso de que el consumo eléctrico durante las festividades de Diwali disminuya, precisamente por echar mano de luces “puras” en muchos hogares.

Dīpāvali puede convertirse en una competición luminosa entre vecinos, pues se cree que Lakshmi visita las casas mejor iluminadas, y se salta las más oscuras (mientras que su antítesis Alakshmi, que trae consigo la pobreza, la mala suerte y la destrucción, es atraída por la oscuridad). Y, puesto que una “buena iluminación” es algo relativo, lo importante es que tu casa destaque respecto a la de tus vecinos.

Teniendo en cuenta que los aceites más puros (de mostaza y de sésamo) son comestibles y se emplean efectivamente como alimento, quemar litros y litros de comida para crear luz era, sin duda, una señal de bonanza económica en los tiempos en que la electricidad aún no echaba una mano (neutra) en cuestiones de iluminación.

La luz —vegetófila o no— funciona, a todos los efectos, como marca de clase y reclamo divino a la vez: como bien explicaba el autor del estudio, “para el mundo terreno, [la iluminación hogareña] es una demostración de abundancia material; para el mundo divino es una invitación para atraer una prosperidad material aún mayor”.

Sésamo (Sesamum indicum)
Semillas de sésamo, de las que se obtiene un aceite perfectamente comestible, además de combustible.

Claro que la electricidad se ha colado en las habitaciones dedicadas a los dioses, y hay más bombillas LED que lámparas de aceite adornando los altares en muchas casas. Sin embargo, cuando es el favor de Lakshmi lo que está en juego, muchos prefieren no arriesgarse y apuestan por luces puras para atraer y acoger a la diosa que “vive en la luz” ghī y/o aceites vegetales al poder!).

Esta clasificación de materiales inflamables según su “pureza”, al igual que las asociaciones de la luz con el honor, la hospitalidad y la divinidad (entre otras), no es un fenómeno aislado que sólo aparezca en la India.

Por desgracia he encontrado pocos textos dedicados a la antropología de la luz (y de la oscuridad), y mucho menos que consideren su componente vegetófilo.

Porque si la antropología de la luz me parece fascinante, no menos interesante me parece su etnobotánica, que explora —en el tiempo, en el espacio— la pregunta:

¿quienes son las plantas de la luz?

(Pincha en el enlace si quieres averiguarlo… ;) )

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Referencias & Recursos

+ El artículo que más iluminó (je, je) mis reflexiones sobre el tema, y al que me refiero en el texto, es Kumar, A. 2015. Cultures of lights. Geoforum 65: 59–68.

Es curioso que el estudio se desarrolle en Bihar: menciono que esta región es la patria mítica de Sita, pero lo que no llego a comentar en el cuerpo del texto es que la celebración de Diwali es, en varias (¿muchas?) localidades tanto en la India como fuera (p. ej en Fiji: Kelly, J. D. 1988. From Holi to Diwali in Fiji: An Essay on Ritual and History. Man, New Series 23 (1): 40-55), también la celebración del regreso victorioso de Rama tras sus quehaceres con el demonio Ravana.

+ Profundizar en el Diwali no era el propósito de este artículo, pero si tienes interés en cuestiones antropológicas puedes echar un vistazo a un curioso artículo, escrito cuando la India aún era parte del imperio británico, recogiendo usanzas tribales que apuntarían a un pasado pastoral para esta festividad: Crooke, W. 1923. The Dīvālī, the Lamp Festival of the Hindus. Folklore 34 (4):267-292.

Ilustraciones

La imagen de cabecera es un recorte del original Diwali, por el (¿la?) usuari* de Flickr Partha Sarathi Sahana, según licencia CC.

La litografía de Lakshmi viene de la colección del MET Museum.

La segunda fotografía con las lámparas y la esvástica, símbolo de buen augurio en la cultura hindú, está sacada de Flickr (usuari* vijaymverma), según licencia CC.

La fotillo del sésamo es de una servidora :)

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Un comentario en “Mil y una lámparas para la diosa: Diwali, fiesta de la luz

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