Notas de varitología comparada, Parte Primera: Raíces

[~ 14 minutos de lectura]

Al son de: Achillea, The Nine Worlds

Madrid, 6 de junio 2018.

Se escuchan gritos que provienen del sótano de una librería, una sarta de palabras incomprensibles para el mundo no-mágico.

“¡Alohomora!”

“¡Lumos!”

“¡Wingardium leviosa!”

“¡Expelliarmus!”

“¡Avada kedavra!”

Intercambiar hechizos harry-potterianos con un crío de ocho años es toda una experiencia. Afortunadamente para mí, era un muggle —o, como mínimo, no tenía lo que hay que tener para que una maldición Avada kedavra le funcionase y dejase tieso a su enemigo (que al parecer, en este caso era yo): no tenía una varita mágica.

Si hay algo por lo que estoy muy agradecida a J. K. Rowling, es la cuidadosa atención que presta en el Potter-verso (= universo harry-potteriano) a la varitología, disciplina imaginaria que toma en consideración los pormenores de la elaboración de varitas mágicas… hechas, cómo no, a base de maderas varias.

En Cuéntame, Sésamo aparecen varitas (las que más llaman la atención, de hecho, las llevamos Jacobo y yo en nuestras respectivas fotos de la sección biográfica. La de Jacobo no sé, pero la mía con toda probabilidad era de Quercus ilex).

Sin embargo, ese libro no era el lugar más adecuado para meterme en cuestiones varitológicas, que son complejas de desbrozar y obligan a plantearse preguntas como: ¿de dónde salen las varitas mágicas? ¿En qué lugares, en qué tradiciones folklóricas y mitológicas nacen? ¿Cuándo aparecen? ¿De qué están hechas, y por qué?

Pero, primero y sobre todas las cosas, el mayor interrogante que toca abordar en cualquier pesquisa varitológica histórica es:

¿pero qué rayos es una varita mágica?

Definiciones varitológicas y otros problemas espinosos

De momento y como clasificación de andar por casa, distinguiré entre tres categorías principales, de fronteras permeables:

1) Varitas mitológicas empleadas para obrar algún tipo de hechizo;

2) Varitas “históricas” a las que se atribuyen poderes sobrenaturales varios (por ejemplo, poderes protectores, atracción de buena suerte, etc.). Las varillas de zahorí y demás varitas adivinatorias (de las que se ocupa la rabdomancia: adivinación por palito) entrarían en esta categoría.

3) Varas y varillas de uso ritual-religioso.

Estas categorías, sin embargo, no afrontan ni resuelven el principal y espinoso problema que plantea la varitología, que resumo así: la varita es un palo.

Circe sosteniendo una varita y un cáliz (pintura de Waterhouse)
Ya, ya, aquí sí se nota que el palito es importante, con pintaza de varita. Pero no creas que suele verse tan claro…

Es un puñetero palo, emparentado con otros tropecientos palos culturalmente importantes como cayados, bastones, cetros, o incluso lanzas —y relativamente próximo también a sus primas au naturel: ramas, ramitas y brotes vegetales.

¿Qué hace que un palo sea un cayado, y no un cetro? Si tu cayado tiene propiedades mágicas, ¿puedes considerarlo una varita tamaño XXL? Si te encuentras un palo en un yacimiento arqueológico, ¿cómo puedes saber si se le suponían poderes sobrenaturales? Y ese cetro que sostiene el gobernador en una pintura mural del antiguo Egipto… ¿se consideraba imbuido de poder mágico —y en tal caso, cuenta como varita?

En fin, que se trata de algo tan ubicuo, universal y versátil, que es muy difícil —por no decir imposible— trazar un árbol genealógico exacto de la Gran Familia de Palos, Palitos & Palotes a la que pertenecen las varitas.

Sí parece darse una conexión, más o menos evidente, entre las varitas (y los palos, más en general) y el falo masculino. En latín, la palabra para referirse a una “varita mágica” era virgula divina, diminutivo de virga, claro precursor de nuestro término verga (… lo sé. Agujeros y palos. Olé nuestra sofisticación). Existe incluso alguna leyenda galesa en la que una diosa-doncella, Arianrhod, debe demostrar su virginidad pasando por encima de la varita del soberano-mago de turno*. Al hacerlo, Arianrhod da a luz a dos hijos (!), uno de los cuales  será el protagonista de la leyenda (Lleu Llaw Gyffes; imagino que “sólo Lleu”, para los amigos). En la historia, que conste, “varita mágica” no es un eufemismo para referirse a ningún órgano, sino un palito de madera con poderes, pero… menuda puesta en escena.

*Math fab Mathonwy, señor de uno de los principados del Gales medieval.

Sin embargo, las varitas son complementos unisex: encontramos tanto a mujeres/diosas como a hombres/dioses capaces de emplearlas, al menos en el plano mitológico.

Y precisamente en territorio mítico nos adentraremos primero, palito en mano, para desentrañar los pormenores de…

(1) La varita en el mito: dioses, sabios y hechiceras

Una de las primeras civilizaciones en las que se mencionan explícitamente varitas capaces de obrar magia es la griega, donde tenemos dos grandes tipologías de palos mágicos: los cayados-cetros (σχηπτρον, skeptros), y las varitas (βάβοος, rhabdos).

Aunque con el tiempo sus límites se confunden, en origen parece existir una diferencia importante entre los términos: su nivel de rigidez/flexibilidad (algo que recordarás aparece en el Potterverso: el señor Ollivander hace constante referencia a la “flexibilidad” u inflexibilidad de esta u otra varita). Ello está relacionado, sobre todo, con el tipo de madera que emplees: de hecho, la palabra rhabdos parece emparentada con el término eslavo vruba, que define a una varilla de sauce (Salix spp.), madera flexible por excelencia: de algunas especies de sauce se obtiene p. ej. el mimbre (S. viminalis).

Fraxinus pennsylvanica, fresno rojo
Fresno rojo (F. pennsylvanica); las culturas indígenas americanas también empleaban la madera de fresno para arcos, flechas y muchas otras cosas… entre las que se cuenta un elemento interesante del que hablaremos en futuras ediciones varitológicas: las largas boquillas de los calumets, “pipas de la paz”.

En cambio, una de las maderas asociadas a la idea de extrema resistencia es la de los fresnos (Fraxinus spp., sobre todo F. excelsior), que se emplea en lanzas y cayados (y no sólo en contextos históricos, sino también en la literatura fantástica: según Tolkien, las lanzas de los jinetes de Rohan son de fresno, así como el cayado del mago Gandalf).

Pero volvamos al mito. En la Ilíada y la Odisea, Homero ya nos presenta a dioses dotados de varita, rhabdos.

El mensajero de los dioses y gran psicopompo* Hermesque se convertirá en el prototipo del mago por excelencia, dicho sea de paso— viene con sus accesorios, entre los que destaca su caduceo (kerykeion) o varita (rhabdos) dorada, con la que puede adormecer o despertar a los mortales a placer.

Hermes con su caduceo
*Psicopompo = encargado de guiar a las almas de los difuntos al reino de los muertos. Y ahí lo tienes con su caduceo de punta singular, entre otros atributos característicos (sandalias aladas,

Si bien originalmente “caduceo” y “varita” parecen ser términos para un único complemento mágico, con el paso del tiempo aparecen representaciones del dios con caduceo y varita corta.

La diosa Atenea también se arma con un rhabdos para transformar el aspecto de su protegido Ulises durante su viaje de regreso a Ítaca: en ocasiones para rejuvenecerlo, en otras para darle un aspecto de anciano achacosillo.

La otra mujer varita-dotada que destaca en La Odisea, y sobre la que se ha escrito mucho, es la diosa-hechicera Circe: rhabdos mediante, transforma en cerdos a la tripulación de la nave —salvo a Ulises, que (mira tú por dónde) cuenta con la ayuda de Hermes, y una hierba curiosa de la que hablaremos otro día.

En ocasiones otras divinidades* aparecen empuñando un rhabdos, pero en general los dioses pueden obrar su voluntad sin mediación alguna: no necesitan una varita, pero hay que reconocer que es un excelente attrezzo.

*la diosa cazadora Artemis, por ejemplo, para transformar a un grupo de hermanas en pájaros.

No se nos especifica el material de estas varitas, pero cabe suponer que estaban hechas de maderas especialmente agradables a los dioses en cuestión. En el caso del caduceo, por ejemplo, podrían preferirse maderas oscuras como el ébano (Diospyros ebenum), que evocarían la idea del hades. En otros casos podría tratarse del olivo o el acebuche (Olea europaea), que nos consta se empleaba en contextos rituales como madera para varillas o cayados.

Otra posibilidad es que estuviesen hechas de oro (se aplica el adjetivo “áurea”* a algunos de estos rhabdos), o bien que estuviesen recubiertas del metal precioso —algo más lógico, ya que parecen existir restos arqueológicos de cayados bruñidos en oro (material que, dicho sea de paso, no se encuentra bajo cualquier piedra; y desde luego, una varita de oro macizo sería menos manejable, y para nada flexible).

*Con todo, consideremos que, en tiempos clásicos, describir algo como áureo podía ser una mera floritura para indicar que es especial.

En la literatura griega existe otro prototipo de “varita” que tendrá importancia en el desarrollo varitológico posterior, y la empuñan los “magos” orientales zoroástricos. En su Geographia, Strabo hace mención a los sacrificios que éstos dedican a las aguas; la carne de la víctima sacrificial se coloca “sobre ramas de arrayán o de laurel”, y “los magos la tocan con varillas finas, y realizan encantamientos” durante largo rato, “sosteniendo en las manos un ramo de varillas de arrayán”.

Madera de taray (Tamarix sp.)
Troncos de taray (Tamarix sp., quizás T. africana); su madera fue muy importante para civilizaciones p. ej. del Medio Oriente, para las que suponía una fuente de madera incluso en condiciones desérticas o quasi-desérticas.

Las maderas más importantes en contextos ceremoniales zoroástricos son, en todo caso y por lo general, tarayes (Tamarix spp.) y granados, pero bueno… determinar la identidad de un puñado de ramitas en manos de magos exóticos no es tarea fácil, así que se lo dejamos pasar.

Desde el norte de Europa nos llegan otras noticias de “varitas” mágicas y míticas dentro de las tradiciones escandinavas, celtas y germanas…

(Todo hay que decirlo: como no soy experta en estas mitologías y no puedo acceder a las fuentes primarias, tengo que fiarme del criterio de l*s estudios*s cuyas obras he consultado. Si ell*s ponen “varita mágica” —magic wand, wand, magic rod—, asumo que están aplicando el término con rigor.)

Varitas somníferas en la tierra de Kaleva

Empecemos por Finlandia, país de historia accidentada cuyo poema épico nacional, el Kalevala, se pone por escrito en 1835. Narra las aventuras de los héroes Väinämoinen (el juglar que obra magia con su música), Ilmarinen (el herrero que forja prodigios) y Lemminkäinen (el héroe popular con un punto de listillo y un poco trasto), y sus aventuras tras viajar desde su hogar en el sur hacia Pohyola, “la tierra de la oscuridad y los bosques” —pero donde las chicas son especialmente bonitas, así que nuestros héroes se van a buscar novia al norte.

Roble (Quercus robur), uno de los árboles que aparecen con más frecuencia en el Kalevala; su importancia mítica no se corresponde con su presencia en Finlandia, más bien escasa.

La joven de la que Väinämoinen queda prendado le impone una serie de pruebas; al cabo de poco el muchacho averigua que necesita descubrir ciertas palabras mágicas para completar el desafío, y viaja al reino de los muertos, Tuonela, para ver si las encuentra allí.

Quien lo recibe con un jarro de cerveza para darle la bienvenida es Tuonetar, esposa del dios de los muertos; cuando Väinämoinen le explica el motivo de su visita, ella le espeta que jamás regresará a su hogar —y, agitando su varita, hace que el héroe caiga en un profundo sueño.

Esta es la única noticia que tengo sobre varitas finlandesas, que no es mucho; sin embargo, al movernos uno poco más al oeste, nos topamos con varitas en los mitos de sus vecinos escandinavos: las culturas nórdicas que ocupaban los actuales territorios de Suecia, Noruega, Dinamarca & islas atlánticas varias (Islandia, Groenlandia, las Faroes, etc.).

Varitas escandinavas y germanas: palitos dañadores & hechizos amorosos

La fuente más importante que tenemos sobre mitología escandinava se conoce como la Edda Poética: una colección de poemas en nórdico antiguo, conservada en un manuscrito islandés del s. XIII. Entre las obras que componen la colección, hay menciones varitológicas en tres puntos destacables:

(1) En el poema llamado Skírnismál, cuya premisa podría resumirse como: dios nórdico (Freyr) se enamora de chica (Gerd), y envía a su sirviente Skírnir para que la corteje en su nombre. Llegado el momento de convencer a la recalcitrante Gerd de que su amo es un buen partido, Skírnir decide valerse de una “varita mágica” para someterla:

Con una varita mágica te tocaré [?],
Y te someteré, doncella,
A mi voluntad;
A los bosques fui
Y a un árbol joven [
wet tree]
Para conseguir una varita mágica,
Una varita mágica conseguí.

Observa que la vara no es algo que llevase encima, sino un instrumento que se procura yendo a un árbol para cortar una rama verde, joven —y muy probablemente, flexible. Perfecta para azotar a alguien (en este caso, a la chica; antiguamente no estaban muy puestos en cuestiones de género, ajem. Sobre el tema de las varas y los azotes “mágicos”, hablaremos más adelante).

Odin
No creo que el cayado que aparece aquí sea la varita en cuestión… (pero habiéndosela robado a un gigante, pues supongo que podría ser, hmm).

(2) La divinidad nórdica más estrechamente relacionada con la magia es Odin; por ello no debe extrañarte si aparece dotado de varita mágica, gambanteinn, en el poema Hárbarðsljóð.

Esta obra se centra en un enfrentamiento verbal e intercambio de chascarrillos entre dos personajes divinos, uno de los cuales se interpreta como Odin. Al fanfarronear de sus proezas amorosas, el dios relata cómo logró seducir a siete hermanas-hechiceras (myrcriðor) con la ayuda de instrumentos mágicos adecuados —y entonces menciona la varita mágica que le dio el gigante Hlébarðr… en fin, parece que las chicas no salen ganando precisamente cuando los dioses sacan su vara.

(3) Una tercera mención a varitas en la mitología nórdica, esta vez ofensiva, se halla en los términos Hævateinn, Lævateinn*.

*el primero es el vocablo original; el segundo, una enmienda al primero, ampliamente aceptada.

Nos tropezamos con este instrumento mágico en el poema Fjölsvinnsmál, donde en un determinado momento el protagonista tiene que enfrentarse a Viðofnir, un aterrador gallo guardián (… lo sé. A mí también me hace sonreír). La única forma de vencerlo es hacerse con la Lævateinn que el dios Loki hizo y guardó en un cofre cerrado con nueve candados.

Si bien hay quien considera que Lævateinn es nombre de espada, en nórdico antiguo el significado literal vendría a ser “palito dañador” (… ya sé que no impresiona mucho, ya. En inglés suena menos ridículo: damage twig). Otros traducen el término como “varita mágica” o “varita hiriente”.

Nada de esto es raro, teniendo en cuenta que los árboles en sus distintas partes (brotes, raíces, corteza) fueron empleados a menudo como agentes mágicos en el norte de Europa, ya fuese a favor del bien, o del mal.

Ahora bien: ¿de qué estaban hechas estas varitas?

Grabado de Yggdrasil
El árbol cósmico Yggdrasil de la mitología escandinava; el peñón que se ve en pleno tronco es el Mídgard, la tierra de los humanos, rodeada de un vasto océano donde vive la serpiente Jörmungandr, ese reptil que se adivina cual monstruoso flotador alrededor del continente…

Pues, que yo sepa, no tenemos la menor idea.

Una posibilidad vegetófila sería que fuesen de fresno (Fraxinus excelsior), especie que se identifica con el árbol cósmico Yggdrasil, y que aparece en leyendas escandinavas como el árbol del que estaba hecho el primer hombre (Askr).

Otras especies posibles serían el roble (Quercus robur, que se decía consagrado a Thor, dios del trueno), o el olmo (Ulmus sp.; en el mito, la pareja primordial de Askr se llamaba Embla, y hay quien relaciona su nombre con la palabra para referirse al olmo, alm o elm). En las Eddas, y que yo haya podido encontrar, hay pocas referencias a árboles específicos (algo que tendría su lógica, si tenemos en cuenta que las que nos llegaron fueron compuestas en su mayoría en Islandia, tierra que fue deforestada a conciencia para su conversión a pastos donde mantener ganado…).

Lo que sí aparece es un elemento interesante que retomaré al hablar de varitas históricas, y es la aparición de runas, inscripciones mágicas, en conexión con estos palitos.

¡Pero no hemos terminado aún nuestro recorrido varito-mítico, no!

En el Cantar de los Nibelungos, poema épico germano compuesto en el s. XIII, se menciona una vara mágica que forma parte del tesoro de los nibelungos; según cuenta el autor del Cantar, en manos de una persona sabia esta vara permitiría dominar el mundo, que no es moco de pavo (pero no implica necesariamente que pudieses hacer magia harry-potteriana con ella ni nada parecido).

Varitas celtas: de metamorfosis y resurrecciones

Cambiando de cultura, en la esfera celta vuelven a presentarse palitos especiales,  pero no solo en manos de dioses, sino de mortales y seres feéricos dotados de poderes mágicos.

En las sagas celtas, las varitas suelen servir para dos cosas: transformar a humanos en animales (y viceversa), o devolver la vida a alguien que ha fallecido (más raramente).

Así, en el ciclo mitológico irlandés conocido como El Cortejo de Étaín (Tochmarc Étaíne), la heroína es transformada en un charco (y luego, en una mosca) por la primera —y, evidentemente, celosa— esposa de su marido, que arrambla contra Étaín con una varita de serbal (Sorbus aucuparia).

Los hijos del rey Lir convertidos en cisnes
No aparece la varita, pero ahí están los cuatro cisnes en que se convierten los hijos del rey Lir por culpa de su tía Áife y una “varita druídica de conjuros y hechicería”.

Otro palito legendario que realiza proezas metamórficas transforma en cisnes a los cuatro hijos del rey Lir, condenándolos a una vida alada durante nueve siglos.

En otra leyenda irlandesa, una varita mágica de avellano es capaz de resucitar a un recién nacido, con trágicas consecuencias (el niño, Donn Ua Duibne, había sido fruto de una relación extramatrimonial, y nada más nacer es asesinado por el consorte cornudo. Cuando el padre biológico del bebé, un pastor con poderes mágicos, le devuelve la vida, lo transforma en un jabalí, que dedicará su existencia a perseguir e intentar cargarse a su hermanastro Diarmait).

¿Recuerdas que mencioné, unos cuantos siglos más arriba, la leyenda de la pobre Arianrhod y su fértil salto-embarazo por encima de una vara? Pues ahí tenemos la varita mágica de Math señor de Gwynedd, que el soberano-mago galés emplea para otros propósitos: transformar a sus sobrinos en varios animales como castigo por haber violado a una sirvienta suya (más o menos), e incluso para convertir un montón de flores en una esposa para el héroe de la historia, Lleu (fruto del sorprendente e indeseado embarazo de Arianrhod).

Si en el caso escandinavo no tenemos mucha información sobre la identidad de las maderas empleadas para las varitas míticas, ya habrás notado que en el área céltica se mencionan explícitamente algunas especies importantes: el avellano, y el serbal (Sorbus aucuparia, Sorbus spp. más en general).

Vástagos de avellano.
Vástagos de avellano (Corylus avellana), inmortalizados hace varios inviernos en el Jardín Botánico Atlántico de Gijón.

Ambas especies reaparecerán entre las varitas “históricas”, de las que hablaremos en la próxima entrega varitológica (porque lo que tenía que ser breve, ha resultado no serlo tanto, ajem…).

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Referencias & Recursos

– Sobre varitología harry-potteriana, nadie lo puede decir mejor que J. K. Rowling misma, escribiendo las notas del Sr. Ollivander (EN).

– Fresno como la madera de las lanzas de Rohan y el cayado de Gandalf, en Judd, W. y G., 2017. Flora of Middle-Earth. Oxford University Press.

– Sobre varitas en la antigüedad grecorromana: existen varias publicaciones donde se mencionan, más o menos de pasada, estos palos de poder culturalmente interesantes. Artículos concretos consultados que ofrecen información revelante son:

Sobre la rhabdos de Circe, p. ej. véase Pilo, C. 2014. La rhabdos di Circe. Esegesi di un oggetto magico tra mito e immagine. Gaia: revue interdisciplinaire sur la Grèce Archaïque 17: 209-226; puede consultarse aquí.

– Para un pupurrí más general (y con uno de los comienzos que más me han hecho sonreír mientras investigaba el tema; puro humor inglés), Burnell, F. S. 1948. Staves and Sceptres. Folklore 59 (4): 157-164.

– Pero no todos los palos de poder son necesariamente mágicos, y es bueno recordarlo leyendo a Unruh, D. 2011. Skeptouchoi: A New Look at the Homeric Scepter. The Classical World 104 (3): 279-294.

Sin embargo, de todo lo leído, lo MEJOR sigue siendo el libro clásico de los años 20 dedicado a las varitas mágicas en la antigüedad clásica: De Waele, F. J. M. 1927. The Magic Staff or Rod in Graeco-Italian Antiquity. The Hague: Erasmus. No tiene desperdicio.

Mención de Strabo a los palitos zoroástricos, está sacado de la edición inglesa de 1903 (The Geography of Strabo. Literally translated, with notes, in three volumes. Londres, George Bell & Sons), libremente accesible vía la plataforma Perseus. Las menciones a tarayes ritualmente importantes (y granados, pero de eso ya he hablado largo y tendido en otro artículo…), en Rose, J. 2011. Zoroastrianism: An Introduction. I.B.Tauris.

Varita finlandesa: la mención viene de Bonser, W. 1965. Kalevala. The National Epic of Finland. Folklore 76 (4): 241-253, y aparece como la “magic wand of slumber” de Tuonetar en la traducción inglesa de John Martin Crawford (he consultado la edición de 1910, digitalizada aquí). Sin embargo, en otras traducciones (ej. la de Kirby) no aparece, hmm.

– Las varitas escandinavas me han hecho sudar un poco, pero han sido satisfactorias.

– La primera introducción al tema (pa’ tirarse de los pelos) la leí en relación al Skírnismál en Morey Sturtevant, A. 1915. A Note on the Sigrdrífumál. Publications of the Society for the Advancement of Scandinavian Study 2 (2): 79-91.

– Del mismo autor, véase mención original a gambanteinn en el Hárbarðsljóð (Morey Sturtevant, A. 1913. A Note on the Hárbarðsljóð. Publications of the Society for the Advancement of Scandinavian Study 1 (4): 157-164).

– Y análisis resumida y más comprensiva en un artículo que volveré a citar en un futuro: Mitchell, S. A. ‘DgF 526 “Lokket med runer”, Memory and Magic, en Fischer, F. J. y Rieuwerts, S. (Eds), 2007. Emily Lyle: The Persistent Scholar (Ballads and Songs International Studies, 5). Trier: Wissenschaftlicher Verlag: 206-211.

– De la varita en el Cantar de los Nibelungos, mención en Dillinger, J. ‘The Divining Rod: Origins, Explanations and Uses in the Thirteenth to Eighteenth Centuries’, en L.N. Kallestrup, R.M. Toivo (eds.), 2017. Contesting Orthodoxy in Medieval and Early Modern Europe, Palgrave Historical Studies in Witchcraft and Magic. Palgrave MacMillan.

– Sobre árboles míticos escandinavos, Yggdrasil y el papel del bosque en la mitología nórdica, puede consultarse el artículo de Lucía Triviño libremente disponible en academia.edu, El árbol y el bosque en la mitología nórdica.

– De varitas en la tradición céltica, introducciones generales en Monaghan, P., 2004. The Encyclopedia of Celtic Mythology and Folklore. Facts on File Books.

– La leyenda de Étain y la de los Hijos de Lir pueden leerse, por ejemplo, en la versión digitalizada de Rolleston, T. W. Et al., The High Deeds of Finn and other Bardic Romances of Ancient Ireland.

– Las menciones más específicas a varitas en el folklore (las citadas por mí, y alguna otra), en Lewis, S., 1949 (reimpresión 1999). The Magic Arts in Celtic Britain. Dover Publications.

Si me he olvidado de algo o necesitas la referencia de alguna información en concreto, escríbeme y te lo busco.

Ilustraciones

Poh favoh, qué complicado que me ha resultado ilustrar este artículo (y los dos que vendrán detrás… T-T).

Varita voldemortiana escupiendo Avada Kedavra: yo la he sacado de aquí, pero no he logrado averiguar de dónde sale la original. Si eres tú o sabes a quién se la debo, cuéntamelo, que me harás feliz.

La pintura es de John William Waterhouse, y la mujer retratada es, cómo no, la hechicera Circe ofreciendo su cáliz a Ulises (1891). Waterhouse pinta a Circe en tres ocasiones, y en dos de ellas lleva rhabdos; esta es la que la muestra más claramente.

La imagen de Hermes con su kerykeion y sus sandalias aladas proviene de un lekythos (contenedor de aceites) fechado entre el 480 y el 470 a.C. y atribuído al pintor de Tithonos, según leo en su ficha del Metropolitan Museum of Art en Nueva York.

Ilustración de Odin sentado en su trono viene del libro de Guerber, H. A. 1895. Myths of northern lands, narrated with special reference to literature and art. New York, Chicago [etc.] American book company, digitalizado aquí.

La ilustración de Yggdrasil aparece publicada en el libro de Wägner, W. y Nover, J., 1882. Nordisch-germanische Götter und Helden: in Schilderungen für Jugend und Volk. Leipzig; Berlin: O. Spamer, digitalizado aquí.

La ilustración de los Hijos de Lir aparece en el libro de Yeats, W. B. Irish fairy and folk tales. Nueva York: A. L. Burt Company, publicada a principios del s. XX y digitalizada aquí.

Las fotografías son de una servidora; puedes emplearlas sin problemas indicando su autoría, y añadiendo un enlace a http://imaginandovegetales.com o bien a https://ainaserice.com : )

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4 comentarios en ““Tienes madera de varita mágica…” (I) Definiciones & varitas en el mito

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