Notas de varitología comparada, Interludio: Yemas

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Al son de: Michael & Jeff Danna, A Celtic Romance

Cuenta la leyenda que, cuando la reina Étaín desapareció de la corte de Erinn (Irlanda), el rey encargó su búsqueda al druida Dallan. Tras muchos meses de fatiga, por fin el gran druida cortó cuatro varitas de tejo y en ellas labró una serie de caracteres mágicos; gracias a ello le fue revelado el paradero de la reina, oculta en el palacio del soberano de las hadas Midir.

Tejeda enramada (Taxus baccata)
Ramas de tejo (Taxus baccata), perfectas para ser cortadas e incisas si eres un druida en busca de una reina perdida…

Quizás recuerdes a Étaín como la mujer que fue convertida en charco (y después, en mosca) por una rival celosa blandiendo una varita de serbal. Ambas historias pertenecen al ciclo mitológico-legendario conocido como El Cortejo de Étaín, y nos introducen en las arenas movedizas que yacen entre el mito y la realidad.

Nos adentramos así en el territorio de las leyendas, de los cuentos, de las historias que cantamos o escribimos, comúnmente protagonizadas por mortales cuyas aventuras se desarrollan —o al menos empiezan— en un mundo que nos resulta familiar.

Una huérfana sometida a la tiranía de su madrastra; un caballero pendón que busca conquistas de usar y tirar; un faraón destronado; un duque exiliado en una isla lejana.

El papel de los dioses en estas historias, si es que lo tienen, suele ser secundario; sin embargo, abundan seres con poderes sobrenaturales que se mueven en la frontera entre lo creíble y lo increíble (una frontera muy ancha y muy borrosa, pues diferenciar entre mito y leyenda es complicado, así que espero me perdones las inexactitudes cometidas al respecto).

En algunas de estas historias también aparecen varitas, cuyos principales atributos concuerdan con los de sus mellizas, las varitas míticas: transformaciones, y/o ejercer algún tipo de control sobre los demás —ya sean personas, el resto del mundo natural, o las almas de los muertos.

No obstante, en el caso de estas varitas legendarias y literarias, más cercanas al mundo cotidiano que habitamos, cabe preguntarse: ¿hasta qué punto la leyenda refleja aspectos de la realidad?

Tallando & inscribiendo varitas en la leyenda

Tomemos, por ejemplo, las varitas de “los druidas”.

Existen muchas leyendas y folklore popular que atribuye amplios poderes a “varitas druídicas” —y, por tanto, a quien tenga la buena suerte de tener una en su poder. De hecho, ciertas versiones del ciclo de Étain comentan que la varita de serbal que pone en marcha todo el tinglado era druídica.

Betula pendula (abedul)
Betula pendula, de notable importancia cultural no sólo por su madera, sino también por su corteza: ha sido empleada como soporte de escritura, como yesca de encender fuego… todas ellas actividades con un punto “mágico” en tiempos pretéritos.

Lo más curioso es que, en realidad, sabemos poquísimo de los druidas, y menos aún de sus costumbres varitológicas: no dejaron nada escrito sobre sí mismos, así que las únicas fuentes primarias que tenemos son testimonios de cómo los veían las culturas vecinas (p. ej. los romanos en su invasión de territorios celtas), y restos arqueológicos. Poca cosa, y poquísimas varitas.

Podemos afirmar que se trataba de una clase (¿casta?) de la sociedad celta —al menos en las Galias y las islas británicas—, y que incluía, entre otros, a especialistas religiosos. Se cree que practicaban actividades como la adivinación, algunos de cuyos métodos podrían haber usado objetos de madera, en forma de palo o tablilla estrecha. En su superficie se habrían tallado signos que, en el caso de las leyendas irlandesas, serían caracteres ogámicos* —y se habrían tallado por primera vez sobre madera de abedul (Betula pubescens o B. pendula).

*Ogam es el nombre de un sistema de escritura desarrollado para las lenguas gaélicas habladas en Irlanda & aledaños desde el s. I dC. Su relación con el alfabeto latino y las runas germano-escandinavas no está del todo claro.

Entonces, nos han llegado historias legendarias de héroes y mortales empleando “varitas druídicas” como instrumento mágico. ¿Están basadas en prácticas reales?

De eso ya no estamos tan seguros, pues no existen hallazgos que lo confirmen. Lo más parecido a varitas con conexión druídica que he localizado en la literatura científica no terminan de convencerme (pues revelan más bien una relación con los pueblos germánicos… es un poco lioso, así que, si te interesa leerlo, lo he añadido como nota anexa al final de documento).

Por otro lado, tenemos constancia de al menos otra historia en la que salen palitos con poderes con algo escrito: una balada danesa en la que un caballero de bragueta floja ‘contrata’ los servicios de una bruja para seducir a una doncella, que se ha mostrado inmune a los dudosos encantos del señor. Tras un primer intento fallido, la bruja termina hechizando a la chica con su “tablilla rúnica” (Runerne-Stav).

En este caso ya se trataría de una leyenda germánico-escandinava, y las inscripciones de este palito habrían sido runas (no caracteres ogámicos, como en el caso de las legendarias varitas irlandesas).

¿Podrían haber existido varitas con runas que se creían mágicas?

Pues sí: constan hallazgos en tierras escandinavas de palos o tablas de madera con inscripciones rúnicas varias, y algunas (más o menos erótico-festivas) se han interpretado como hechizos amorosos.

Tablillas con escrituras rúnicas halladas en Bryggen
Están talladas, si mal no recuerdo, en madera de pino.

¿No te recuerda un poco la cosa a Odín presumiendo de gambanteinn & de conquistas del corazón en la Edda poética…?

Varitas para el mago moderno

Dejando atrás el frío norte, demos ahora un salto al sur, a las tierras más íntimamente asociadas a la magia desde la antigüedad grecorromana, tierras de ciencias ocultas y faraones: Egipto.

Thot
Este es el dios egipcio de la sabiduría Thot, con su cabeza de ibis (Threskiornis aethiopicus). Su hibridación con Hermes para convertirse en Hermes Trismegisto dejó atrás el tema zoomórfico que molaba tanto a los egipcios. Suspiro.

Es en Egipto donde sitúan su origen un grupo de tradiciones centradas en conocimientos ocultos, revelaciones iniciáticas y prácticas mágicas, y que solemos llamar “hermetismo. El nombre les viene de su, llamémosla devoción, a la figura de Hermes Trismegistus, divinidad que combina al dios egipcio Thoth junto al griego Hermes, y que aparece en los primeros siglos de nuestra era.

La tradición hermética atribuye a Hermes Trismegisto el descubrimiento de ciencias ocultas como la alquimia, la astrología o la magia —y su posterior revelación a la humanidad (o a una parte de ella, que forman el club, o clubes, herméticos).

Estas ideas conocerán mayor o menor ventura a lo largo de los siglos, con renacimientos momentáneos (precisamente durante el Renacimiento, p. ej. con Marsilio Ficino) y periodos de inmersión por debajo de la superficie visible de la sociedad. La tradición hermética tendrá una influencia notable, entre otros ámbitos, en la concepción occidental de la “alta magia”, y del mago como aquel hombre capaz de ejercerla.

Y digo hombre a propósito, pues en general son hombres, con sus libros secretos y sus estudios extraños, quienes aparecen como magos, teóricamente capaces de obrar en pos de objetivos nobles (como la búsqueda de la piedra filosofal, y cosas así).

Pero… ¿llevan varita estos magos?

Pues, depende. Si nos centramos en las leyendas y las historias que nos llegan por vía escrita, tenemos un par de casos curiosos

El primero, si bien no puede llamarse propiamente hermético, sí pone de manifiesto qué idea tenía el mundo heleno sobre los egipcios. Se remonta a una obra del s. III dC, la primera versión que tenemos del Romance de Alexandre (una colección de leyendas sobre Alejandro Magno y sus múltiples hazañas).

En esta obra aparece un personaje fascinante, el egipcio Nectanebo, dotado de una varita con increíbles poderes— algo que no extrañaría a nadie, pues todos saben que

“Los egipcios son muy sabios, al ser descendientes de los dioses. Ellos fueron quienes tomaron las medidas de la Tierra, domaron las olas del mar, atravesaron el río Nilo, inventaron la astronomía, y dieron al mundo la fuerza de la palabra, el descubrimiento del poder mágico. Pues dicen que Nectanebo, el último faraón de Egipto, obtuvo el dominio sobre todas las gentes a través de la magia.”

Muy, muy práctico. Por ejemplo: si se avecinaba un conflicto armado, Nectanebo no se preocupaba de armar a sus ejércitos ni levantar defensas, no: se hacía con una palangana de bronce, la llenaba con agua de lluvia, y luego hacía figurillas con cera —barquitos, personitas— que depositaba dentro de la palangana. Recitando un encantamiento y agitando su varita de ébano, invocando a los ángeles (!) y al dios Amón, conseguía hundir los barcos reales arramblando contra las barquichuelas de cera, en una especie de vudú faraónico.

La figura de Nectanebo corresponde al último faraón egipcio, Nekht-hor-heb (cuyo reinado duró desde 349 a 341 aC), convertido en ser legendario con poderes varitológicos extraordinarios (pero sin exagerar: no tenemos metamorfosis à la Circe, ni nada parecido).

Egipcio tenía que ser.

Escena de La Tempestad, de William Trost Richards (~1850)
Hubo quien representó el cayado de Prospero directamente como un caduceo hermético, con su serpiente y sus alitas… Es el caso de este lienzo de William Trost Richards (Escena de La Tempestad, aprox. 1850).

Avancemos unos cuantos siglos: estamos en la Inglaterra isabelina, a principios del s. XVII (1611), y asistimos a la primera representación de una comedia teatral titulada La Tempestad.

En ella nos encontramos con un personaje que tiene todos los atributos de un mago que practica “alta magia”: erudito, apasionado de conocimientos ocultos, con montones de libros… y con palito mágico. Se trata de Prospero, el protagonista de esta obra de Shakespeare, y tan cercano a la idea hermética de magus, que hay quien lo ve como prueba de que su autor estaba muy familiarizado con esta tradición.

Sin embargo, no tenemos la menor idea de cuál podía ser el material de esta varita (que Shakespeare no llama wand, sino stick, o staff: palo, o cayado).

Por lo que he visto, las tradiciones herméticas no suelen darle especial importancia a la varitología, y aunque la varita aparezca frecuentemente como atributo del magus (por ejemplo, en la figura del Mago en los triunfos —arcanos mayores— del tarot), parece un accesorio bastante secundario.

Las cosas se ponen más interesantes cuando llegamos al s. XIX y a sus fervores espirituales, que rescatan y re-definen muchas prácticas ocultistas con enorme convicción y seriedad (tanta, que a veces me hacen sonreír, lo confieso).

En estos momentos ya existen las “profesiones” de mago ilusionista*, de prestidigitador que efectúa juegos de manos y trucos de magia como entretenimiento de salón.

Mago en palacio, de Eugenio Lucas Villamil (1894)
La ves, ¿no? Ahí, en manos del ilusionista de salón, la pinta Eugenio Lucas Villamil en su lienzo Mago en Palacio, de 1894.

*Se considera a Robert-Houdin (s. XIX) como el padre de la magia moderna, entendida como espectáculo teatral refinado orquestado por un maestro ilusionista que proclama no tener ningún poder mágico, sino una enorme habilidad técnica y científica para conjurar sus trucos.

Estos magos profesionales llevan varita, pero para los herméticos es palito de segunda clase, mentiroso como su propietario: la “verdadera varita” sirve un propósito más noble siendo “un conductor magnético, eléctrico, para la voluntad del mago. Dirige el flujo de sus pensamientos y lo concentra en un punto dado del espacio, o en un objeto. (…) [L]a varita es la conductora, en manos del mago, de los relámpagos del alma”.

Así dice el libro previsiblemente titulado La Luz de Egipto, que además presenta prácticas recomendaciones sobre cómo preparar tu varita mágica, en plan Hazlo Tú Mismo.

“Los metales o las piedras no servirán para este propósito, a no ser que se cubran con algún material orgánico. (…) Las mejores Varitas están hechas del marfil vivo de una elefanta. Una varita corta, de veintiuna pulgadas, con el extremo más ancho bañado en oro, y el otro bañado en plata o cobre, tiene gran poder. Junto a estos artículos más costosos hallamos Varitas con un núcleo de oro o cobre, de hecho un alambre, encapsulado en ébano, madera de boj, palisandro, cedro o sándalo. El tejo inglés también puede valer, así como la madera de almendro. Varitas más simples, más baratas, y casi igual de efectivas, pueden hacerse a partir de hamamelis. De hecho, dejando a un lado las varitas de marfil, considero que el hamamelis es tan poderoso como la varita áurea. Siguen al hamamelis las varas del almendro y, por último, el melocotonero y el sauce de ciénaga.”

Prunus persica, varas floridas de melocotonero
Varitas floridas de melocotonero (Prunus persica). Buena elección de madera mágica, por cierto, según dicen en China…

(¿Has visto? Estas no tienen núcleos de pelos de unicornio ni plumas de fénix como las harry-potterianas, sino núcleos de metales preciosos, algo de profundas resonancias alquímicas…)

Estas instrucciones aspiran a guiar la construcción de varitas aquí y ahora, en el mundo real; pero se remontan a un Egipto mí(s)tico, que se imagina cuna de una tradición oculta y revelada a unos pocos —y poblada de personajes más o menos legendarios, algunos de los cuales llevan varita.

¿Cómo dirigir a los muertos? ¡Con varita!

Uno de los poderes legendarios, y algo sombríos, que se le pegan a la “alta magia” hermética es la necromancia, o prácticas de adivinación invocando a los muertos. Ello no es del todo extraño, dado que:

a) Hermes es la divinidad que preside todo el asunto, y recordemos que es el encargado de guiar a las almas de los difuntos al hades;

Mago con palo y ayudante convocando al alma de algún difunto...
Palito, círculo mágico con inscripciones varias en el suelo, libro (¿de hechizos?) en la mano… mago a la vista.

b) En las culturas clásicas, los muertos se consideran una fuente de sabiduría, una especie de comodín del público al que dirigir tus preguntas cuando necesitas que te echen un cable. Existen muchos ejemplos literario-legendarios de personajes que descienden al hades para penetrar los misterios del inframundo y revelarlos a los vivos (sobre todo en conexión con cultos mistéricos como el pitagorismo o el orfismo).

Entre los primeros que conectan las varitas con la “gestión de las almas” están los griegos; en un texto del s. III aC encontramos una referencia que dice así:

“He aquí una prueba de que el alma puede abandonar el cuerpo y regresar a él de nuevo: Clearco empleó una varita “aspira-almas” [psychoulkos rhabdos] sobre un muchacho dormido y persuadió al gran Aristóteles (…) de que el alma se separa del cuerpo y entra de nuevo en él, tratándolo como una especie de hotel. Pues el hombre golpeó al chico con su varita y extrajo su alma.”

No contento con eso, el texto narra cómo este señor alejó del cuerpo el espíritu del chico, manejándolo siempre con la varita, y “demostrando” que el cuerpo inerte parecía muerto, desprovisto de sensibilidad —hasta que guió al alma de regreso a su “hotel”, el muchacho despertó y pudo describir todo lo ocurrido con detalle.

No tengo información sobre qué material podía ser el preferido para estas varitas, pero una vez más el ébano* aparece como un buen candidato: su color negro lo asocia a la oscuridad, la noche, el inframundo, los fantasmas, los muertos.

*Podría ser Diospyros ebenum, o quizás Dalbergia melanoxylon.

El ébano, claro está, no era una madera local sino exótica: venía necesariamente de África o de la India, y ese exotismo podía aumentar su valor.

Chopo negro, Populus nigra
Hojas de chopo negro (Populus nigra)

Sin embargo, existen otros árboles conectados al hades, que quizás podrían servir como sustitutos: ejemplos son el ciprés (Cupressus sempervirens; sobre él hemos escrito aquí), o el álamo negro (Populus nigra).

Sea como fuere, los palos y palitos parecen instrumentos ideales para mover almas y espíritus de acá para allá, dominándolos con mayor o menor fortuna mientras los mantienes a una distancia prudencial.

(Para los muggles que conocen bien el universo de Harry Potter, por cierto, comentar que hay quien ha relacionado varios elementos del Potterverso con prácticas necrománticas y de gestión de espíritus, p. ej. la piedra de la resurrección o el Priori incantatem que se “activa” cuando Harry se enfrenta a Voldemort y sus respectivas varitas conectan entre ellas, haciendo que la de Voldy “escupa” a los espíritus de las personas que ha matado; efectivamente, tiene su qué.)

¿Tenemos pruebas que nos permitan afirmar que estas prácticas no eran únicamente “leyendas urbanas”, sino rituales reales?

Bueno. En la Grecia antigua, no. Tampoco me constan hallazgos arqueológicos de varitas de ébano, ni de otros palitos que hayan sido identificados como instrumentos de manejo espiritual (pero también es cierto que (1) es difícil que se conserven, y (2) es difícil conseguir identificarlos).

En otras partes del mundo, sí existen casos de “exorcismos” mediados por varita (pero hablaremos de ellos en las próximas ediciones varitológicas).

Si echamos un vistazo al mundo del arte*, veremos una cosa curiosa…

*Las brujas son temática artística muy rara antes de 1450, pues es a partir del s. XV que se desarrolla el concepto “actual” de brujería. Entre Circe y la vecina perseguida y quemada en la hoguera han pasado muchos, muchos siglos…

… y es que esta concepción de la varita como refinado “instrumento espiritual” para relacionarse con los muertos es prácticamente la única que coloca varitas en manos de una figura íntimamente asociada a la magia: la bruja.

Varitas en rosa: brujas, hadas & hechiceras

No deja de resultar irónico que uno de los primeros (si no el primero) personajes dotados de varita sea una mujer, Circe —pero que después las varitas y cayados legendarios en ámbito occidental pasen a manos prevalentemente masculinas. Tengo una sospecha/teoría, y es que la varita en Occidente pronto se asocia a prácticas mágicas más o menos “eruditas”, esfera dominada por hombres. Manejar almas es cosa de filósofos e intelectuales, aunque sean embaucadores charlatanes.

Las mujeres que practican magia quedan asociadas a la parte menos glamourosa, más de andar por casa: cortar raíces, recoger hierbas, preparar venenos, filtros de amor, amuletos, y así. Los principales palos que aparecen en conexión con la bruja son palos proletarios, acostumbrados al pluriempleo: escobas, sí… pero también husos y ruecas.

Dos brujas, Hieronymus Bosch (c.1480 - c.1490)
Ahí están, las Dos Brujas hilanderas de Hieronymus Bosch (~ 1480-1490)

Recordemos que el hilado es actividad femenina por excelencia, y cargada de simbología mágica. Quizás no todas puedan tejer en un telar (y  menos aún a partir del bajo medioevo, cuando se “profesionalizan” los gremios textiles, y muchos sólo admiten hombres), pero todas las mujeres hilan, desde su infancia hasta su muerte, momento en que, según la concepción griega, la moira Atropos corta el hilo de la vida.

Las asociaciones del hilado y del tejido con la magia son legión allá donde miremos —y allá donde hay hilado, hay palos de por medio.

El caso más sugerente con que me he tropezado nos devuelve a tierras escandinavas, y propone una relación entre el seiðr (ceremonia escandinava de corte chamánico), el hilado, y las ruecas.

En estas sesiones de hechicería, se cree que el practicante (prevalentemente mujeres, llamadas völva) entraba en trance extático, durante el cual era capaz de proyectar su espíritu fuera de sí y manipular la realidad… y una teoría propone que este trance tenía que ver con el hilado: la völva hilaba este “emisario mental”, como si su espíritu estuviese hecho de fibras capaces de convertirse en una especie de cuerda u hilo con el cual, por ejemplo, atraer cosas en la realidad. Y para hilar, ¿qué necesitaban? Exacto: dos palitos más o menos largos, un huso y una rueca.

Entre otras cosas, se han hallado varas de metal que parecen instrumentos ceremoniales en algunas tumbas escandinavas, sobre todo de mujeres, y se ha propuesto que podrían tratarse de seiðstafr, ruecas simbólicas hechas de hierro —metal con numerorísimas asociaciones con la magia—, pero no podemos descartar del todo la existencia de ruecas de madera, p. ej. de abeto (Picea sp., ej P. abies).

Si esta propuesta fuese correcta, las völva* no habrían manejado estas “varitas mágicas” agitándolas a lo Wingardium leviosa; serían más bien accesorios rituales conectados a un hilado… ¿metafórico? ¿Espiritual? Extraño y fascinante.

*y los pocos hombres que también practicaban el seiðr; curiosamente, sabemos que se les consideraba “poco masculinos”, algo que tendría sentido si pensamos que el hilado es actividad femenina por excelencia

A partir del s. XV, cuando empiezan a coagular las ideas alrededor de qué es y qué hace una bruja, muchas representaciones artísticas las pintan o bien hilando, o con los instrumentos necesarios para ponerse a ello: pues las brujas, pronto será bien sabido por todos, se dedican a hilar.

"Sabbath de las brujas", de Urs Graf basado en Hans Baldung Grien (1514)
Salchichas, palos, mujeres desnudas con laaargas pelambreras, huesos… en fin. La obra es de Urs Graf inspirado en Hans Baldung Grien (Sabbath de las brujas, 1514).

Cuando imagina el mundo de la brujería, el hombre medieval le da la forma de sus miedos y sus instintos más primarios: lejos de figurárselo como un ámbito refinado, lo llena de sexo, drogas y diablos. El poder de la bruja no es algo que provenga de los libros o del estudio, sino de pactos con demonios y espíritus diabólicos.

Además, en el mundo de la brujería moderna, los palos que aparecen sí se cargan de un simbolismo explícitamente fálico, acorde con las ideas que circulan sobre la bruja como una especie de ninfómana infernal roba-pitos (pues sí: si eras hombre, se temía que pudiesen robarte, metafóricamente, el pene. ¿Qué decía yo sobre los miedos masculinos?).

Existen, sin embargo, algunas representaciones de brujas con varita, digamos, “refinada”… pero pocas son de brujas contemporáneas: la mayoría de las que he hallado representan a una bruja bíblica del Libro de Samuel (I), la bruja de Endor, que “despierta” al espíritu del difunto profeta Samuel para que pueda responder a las preguntas de un rey en apuros, Saul.

Quizás la necromancia (adivinación apelando a los espíritus de los muertos), al tener un pedigrí más insigne, merezca que se coloque una varita “con clase” en manos de una bruja…

Saul y la Bruja de Endor, de Matthias Stomer (~1635)
Ahí tenemos a Saul y la Bruja de Endor empuñando una varita a lo Circe (y una antorcha peligrosamente cerca de las vestiduras de Saúl :S supongo que no prende porque es un fantasma, pero aún así…). Lienzo de Matthias Stomer, aprox. 1635.

Pero, ¿qué hay del otro gran poder varitológico, el de transformar unas cosas en otras?

Pues ahí entramos, sobre todo, en el reino de mujeres ficticias, más o menos benevolentes, capaces de manejar magia: las hadas.

No entraremos en disquisiciones sobre qué es un hada exactamente, ni de cuál es la genealogía del concepto. Baste mencionar su conexión etimológica con el destino (fata, fatum), que entronca con, ¡premio!: el hilado y sus palitos accesorios.

En líneas generales, las hadas dotadas de varita mágica son una aparición relativamente reciente*, y típica del género literario de los cuentos de hadas.

*Y aquí dejo a un lado las varitas con poderes del folklore irlandés, que no tengo del todo claro si se consideran de naturaleza feérica o no.

Sin embargo, las varitas escaseano, directamente, no aparecenen las recopilaciones de cuentos más antiguas que tenemos. Los seres feéricos (fée = hada) se imaginan capaces de obrar magia con pócimas, con hierbas mágicas, o sencillamente con un chasquido de dedos (el meneo nasal de Samantha Stephens en la serie de los años 60 y 70 Embrujada es ejemplo de magia “directa”, sin mediación varitológica). En su comedia Sueño de una noche de verano, y a diferencia de lo que pasa con La Tempestad, Shakespeare no menciona varitas en ninguna parte, aunque la imaginación poética luego haya colocado palitos en manos de Titania, reina de las hadas, o de Puck, el espíritu travieso que le endilga una cabeza de asno a un pobre mortal.

Edmund Dulac, Cenicienta
Edmund Dulac pinta al hada madrina de Cendrillon muy à la mode… y con varita, naturelment.

Entre los primeros autores que me consta colocan varitas en manos de hadas está Charles Perrault, que dota de varita a su hada madrina en Piel de Asno, en Cenicienta, y en La bella durmiente.

Sin embargo, con la popularización de la varita como herramienta mágica privilegiada, puede pasar (y pasa) que cuentos en los que antaño no figuraban varitas, las incluyan en versiones posteriores.

Un ejemplo curioso es la historia de Il Re Porco, el rey cerdo, de la que he leído dos versiones, ambas italianas: una literaria del s. XVI (Le Piacevoli Notti, de Straparola), y otra oral recogida en el s. XIX. En ella, un personaje con aspecto porcino durante el día se transforma en un hermoso joven durante la noche, temática que abunda en el folklore. La cuestión es que en la primera, el rey sencillamente se quita la piel de cerdo de encima, y punto; en la segunda, emplea una varita mágica para obrar su transformación.

Por regla general, estas menciones literario-folklóricas no se preocupan demasiado del material de la varita.

Sin embargo, en el mismo periodo en que las hadas de cuento empiezan a presentarse dotadas de palito mágico, emergen y se popularizan una serie de varitas reales, hechas de maderas reales y concretas, a las que se atribuyen amplios poderes —no para transformar calabazas en carrozas, sino para algo mucho más práctico: encontrar tesoros

… evidentemente, continuará. Oh yeah.

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Apuntes sobre druidas, runas, ogam & palitos de tejo

Varios párrafos más arriba he comentado que los hallazgos de palitos que podrían relacionarse con los “druidas” no terminan de convencerme. Como la explicación es un poco enrevesada, e implica contar un poco sobre la historia y los sistemas de escritura de los pueblos celtas y germanos, la he separado en esta nota…

La región de estudio que nos ocupa comprende el norte de los territorios celtas (fundamentalmente, las islas británicas) y los territorios germanos (pueblos que, según los datos arqueológicos de que disponemos, se concentran primero alrededor del mar Báltico: sur de Noruega & Suecia, Dinamarca, norte de Alemania).

Si bien a partir del s. I dC Britannia se convirtió en provincia del imperio romano, Inglaterra fue territorio prevalentemente celta hasta que fue invadida por pueblos germanos entre los años 450 y 600 dC, al principio desde las costas occidentales del continente (p. ej. las regiones frisias, en la actual Holanda), y después por pueblos establecidos en Escandinavia (vikingos, vamos).

Los invasores-colonizadores trajeron consigo sus sistemas de escritura, conocidas como “runas” (futhark). Las lenguas celtas, en cambio, se perdieron prácticamente por completo (a excepción de algunos rincones, p ej en Gales o el norte de Escocia).

Por su parte Irlanda siguió siendo independiente (aunque sufrió, como todo hijo de vecino en aquellos tiempos, pillajes, ataques &etc. Vikingos, que también fundaron muchos núcleos habitados en la costa). Cristianizada hasta cierto punto pero con una fuerte tradición celta, y en contacto con regiones de la isla vecina (eg. Escocia, Gales), desarrolla un sistema de escritura autónomo, el ogam. Es posible que venerasen, más que en otras zonas celtas, a un árbol en particular: el tejo, Taxus baccata, que parece haber sido de gran importancia ritual.

(De hecho, quizás recordarás que en la leyenda del principio del artículo, el druida Dallan que anda buscando a la reina perdida se hace con varitas de tejo para tallarlas con caracteres mágicos.)

Ahora, recordemos que los druidas pertenecían a pueblos celtas, no germanos, y por tanto habrían escrito caracteres ogámicos en sus varitas, no runas germanas.

Sin embargo, no constan hallazgos con esta combinación (tejo+ogam).

Sí tenemos, en cambio, una serie de objetos en madera de tejo (datados hacia el s. VII dC), y entre ellos una varilla con una inscripción cuyas palabras sugerirían que se le atribuía algún poder, quizás “poderes mágicos para controlar las aguas”.

El material con que están hechas podría llevarnos a pensar en influencias celtas británicas… pero el hallazgo nos viene de la provincia holandesa de Frisia, y las inscripciones no son célticas sino rúnicas.

Runas un poco especiales, vale, que podrían delatar una conexión cultural con los pueblos germanos asentados en Inglaterra… y quizás por eso, hay quien las ve como un indicio varitológico druídico sugerente.

Con todo, a mí no termina de convencerme tanta difusión cultural, pero que cada cual saque sus propias conclusiones…

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Referencias & Recursos

+ La referencia al druida Dallan y a sus palitos de tejo puede encontrarse en O’Curry, E. 1873. On the Manners and Customs of the Ancient Irish Vol. 2. Williams and Norgate. Podrás observar que recoge un aspecto distinto de la historia respecto a la que cité en el anterior artículo, cuyo centro de atención eran Midir y Étain, mientras que aquí el foco está en Étain y su marido mortal y soberano de Tara.

+ La relación del tejo con las runas y la magia (aunque no recuerdo que realizase una distinción importante entre caracteres ogámicos, y runas germanas) se traza en Elliott, R. W. V. 1957. Runes, Yews, and Magic. Speculum 32 (2): 250-261. Muy interesante. Allí se encuentran las referencias de los objetos hallados en Frisia, y la traducción aproximada de la inscripción original en uno de los palos.

Lo cotejé con la lista y descripción de los objetos con inscripciones rúnicas hallados en Frisia que puede consultarse aquí.

+ El tallado de caracteres ogámicos sobre tablillas (en el original, staves, vocablo que puede designar un palo, o una duela: tabla larga y estrecha como las que componen un barril), en Mouncey Atkinson, G., 1874. Some Account of Ancient Irish Treatises on Ogham Writing, Illustrated by Tracings from the Original MSS. The Journal of the Royal Historical and Archaeological Association of Ireland — Fourth Series 3 (19): 202-236.

+ La historia de los sistemas de escritura es un tema fascinante, y que discurre paralelo a la historia de las lenguas. Para elucidar las cuestiones sobre las escrituras rúnicas vs. las celtas, he recurrido a: Ostler, N. 2006. Empires of the Word: A Language History of the World. Harper Perennial (¡ahh, cuánto lo había echado de menos!), a Roger Fischer, S. 2004. History of Writing. Reaktion Books, y a Russell, P. 2014. An Introduction to the Celtic Languages. Routledge, parcialmente disponibles aquí y aquí.

+ Generalidades sobre los druidas, en la siempre útil Monaghan, P., 2004. The Encyclopedia of Celtic Mythology and Folklore. Facts on File Books.

+ La balada danesa y su conexión con las menciones míticas de varitas, en el ya citado Mitchell, S. A. ‘DgF 526 “Lokket med runer”, Memory and Magic, en Fischer, F. J. y Rieuwerts, S. (Eds), 2007. Emily Lyle: The Persistent Scholar (Ballads and Songs International Studies, 5). Trier: Wissenschaftlicher Verlag: 206-211.

+ Los hallazgos de palitos varios (Bergen o Bryggen, Noruega) con inscripciones rúnicas pueden consultarse tanto en Wikipedia, como en la base de datos del proyecto, y en una web de literatura escandinava medieval. El palito con inscripciones mágicas es el B257, y puedes leer más sobre él aquí y aquí.

+ Sobre Hermes Trismegistus, para asegurarme de no meter la pata aun sin profundizar en el tema he consultado superficialmente Ebeling, F. 2007. The Secret History of Hermes Trismegistus: Hermeticism from Ancient to Modern Times. Cornell University Press.

+ El fragmento del Romance de Alexandre con el faraón y su varita de ébano proviene del genial Ogden, D. 2002. Magic, Witchcraft, and Ghosts in the Greek and Roman Worlds: A Sourcebook. Oxford University Press. También es mi fuente principal de información sobre prácticas necrománticas, oráculos de los muertos, leyendas sobre personajes como Pitágoras u Orfeo y la importancia del descenso simbólico o real al inframundo… llenito de información, vamos.

+ El texto íntegro de las obras de Shakespeare mencionadas pueden consultarse a partir del portal Shakespeare Online.

+ El libro La Luz de Egipto, consultado en la edición de 1903 digitalizada en Gutenberg.org, es de Thomas Burlygone, y no tiene desperdicio… Si quieres saber cuándo “magnetizar” tu varita, ¡ese es tu chico! XD

+ Información sobre la transición desde una magia que se declara con poderes ultraterrenos, hacia una magia de salón y de espectáculo que se declara fruto de la ilusión, la ciencia y la técnica, yo leí en el completísimo Hopkins, A. A. 1897. Magic; stage illusions and scientific diversions, including trick photography. London: Low, disponible aquí.

+ La varita aspira-almas griega aparece en el texto de Clearco de Solos, De Somno, incluido en el libro de Ogden mencionado más arriba.

+ Ébano” es un término complicado en el mundo antiguo; la descripción general es “madera de color oscuro y de origen exótico“, pues los árboles que lo proporcionan crecen allende el Mediterráneo: o al este, p ej en el subcontinente indio (en el caso de la especie Diospyros ebenum), o al sur (en el caso de los “ébanos egipcios”, Dalbergia melanoxylon, originaria del África subsahariana).

Tenemos constancia del empleo de D. ebenum en la Roma clásica (Ulrich, R. B. 2007. Roman woodworking. Yale University Press). Sin embargo, en Egipto el “ébano” parece haber provenido sobre todo de D. melanoxylon (Baumann, B. B. 1960. The Botanical Aspects of Ancient Egyptian Embalming and Burial. Economic Botany 14 (1): 84-104).

+ La conexión de los cipreses con el inframundo (además de estar explicada en este artículo en el que colaboramos Las Hojas del Bosque, Las Plumas de Simurgh y una servidora) se menciona en Bernabé, A. y Jiménez San Cristóbal, A. I. 2008. Instructions for the Netherworld: The Orphic Gold Tablets. Brill. La de los álamos negros (αἴγειρος), p ej. en Cattabiani, A. 1996 (reimpresión 2015). Florario. Miti, leggende e simboli di fiori e piante. Mondadori.

+ La necromancia y las prácticas relacionadas con los muertos en Harry Potter se analizan en este artículo (Butler, R. R. 2018. Harry Potter: Summoning the dead. New Review of Children’s Literature and Librarianship 24 (1): 67-75) que, por desgracia, no he podido leer más que a cachitos pequeños porque no tengo acceso.

+ Sobre la imagen de la bruja en el arte del s. XVI, sobre todo en tierras germanas, Neave, D. 1988. The Witch in Early 16th-Century German Art. Woman’s Art Journal 9 (1): 3-9.

+ La fascinante sugerencia que uniría el seidr nórdico con el hilado y sus palitos asociados está en Heide, E. ‘Spinning seidr’, en Andrén, A. (ed), 2006. Old Norse Religion in Long-term Perspectives: Origins, Changes, and Interactions : an International Conference in Lund, Sweden, June 3-7, 2004. Nordic Academic Press: 164-170.

+ Las recopilaciones literarias de cuentos que he consultado en línea en busca de varitas (sin encontrarlas) han sido Le piacevoli notti de G. Straparola (original de 1550, edición libremente disponible en línea de 1899), y Lo cunto de li cunti de Basile (1634-36; edición en línea de 1891).

+ Apariciones de varitas en historias donde inicialmente no las había: p ej en manos de la reina de las hadas shakespeariana Titania, el poeta inglés John Keats coloca varita (ausente en la obra original). En la versión salentina del cuento del Rey cerdo aparece varita, y está recogida aquí. Por cierto, la tipología del cuento en el esquema Aarne-Thomson-Uther es la 245.

Si me he olvidado de algo o necesitas la referencia de alguna información en concreto, escríbeme y te lo busco.

Ilustraciones

La imagen de cabecera incluye dos ilustraciones de la serie editada por Andrew Lang entre los siglos XIX y XX de los Fairy Books  de colores: una del Pink fairy book, y la otra del azul, ilustrados por H. J. Ford.

Fotografía de tablillas con runas del yacimiento de Bryggen, Noruega, propiedad de Svein Skare (CC BY NC ND) y sacada de aquí.

La imagen de Thot con cabezón de ibis, sacada del MET Museum, aquí.

Las pinturas están sacadas, en su gran mayoría, de la web The Athenaeum; como no me cabían todas las que he ido acumulando, estoy colocándolas con calma en Pinterest, en un board específico para la Varitología Comparada : D

El grabado del mago Edward Kelly y sus prácticas necrománticas proviene del libro de Spence, L. 1960. Encyclopaedia of occultism; a compendium of information on the occult sciences, occult personalities, psychic science, magic, demonology, spiritism & etc. New Hyde Park, N.Y., University Books, libremente disponible aquí.

Las fotografías son de una servidora; puedes emplearlas sin problemas indicando su autoría, y añadiendo un enlace a http://imaginandovegetales.com o bien a https://ainaserice.com : )

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