Notas de varitología comparada, Parte Segunda: Brotes

[~ 18 minutos de lectura]

Al son de: The Moon and the Nightspirit, Tavaszhozó

{¿No has leído las entregas anteriores de la serie? Aquí tienes la Parte Primera: Raíces, sobre varitas mágicas en el mito; y el Interludio: Yemas, sobre varitas en la leyenda y la literatura}

Dios otorgó el poder no a la madera, sino al hombre.
— de un Manual para zahoríes alemán, 1668

Nos encontramos en el año 1693. Mientras al otro lado del Atlántico los juicios por brujería de Salem se saldan con más de veinte muertes, el sacerdote francés Pierre Lebrun publica en París una de sus obras de mayor éxito:

Cartas que descubren la ilusión de los filósofos sobre la varita, y que destruyen sus sistemas, más o menos.

(Ya. Dudo que el éxito le viniese por su título conciso y pegadizo…)

En el Prefacio, su autor menciona una práctica que se ha vuelto común entre las gentes, “y de la que cabe dudar, si se funda en una razón Física, o si tiene algo de milagroso, o si no es más que el efecto del engaño, o de la superstición”.

Se trata de una varita (baguette), “con la que uno encuentra agua, metales, los límites entre propiedades, & otras muchas cosas escondidas.”

Ilustración de varitas en el libro de Lebrun (1693)Por una parte, nos cuenta Lebrun, su funcionamiento es sencillísimo; nada de abracadabras ni ceremonias con tufillo a magia, lo que parece indicar que la varita obedece a leyes naturales… pero. Por otra parte, “esta varita no se mueve si no en manos de ciertas personas. Y se inclina hacia cosas muy distintas”, señalando cosas “que tienen más de moral, que de Físico” —desde límites entre campos hasta asesinos y ladrones. Entonces… ¿actúa la varita en respuesta a fuerzas sobrenaturales?

Ante la duda, “es importante poder juzgar con conocimiento de causa, y pronunciar un veredicto definitivo” sobre el tema.

Sobra decir que el pobre Pierre no consiguió escribir tal veredicto ni de lejos, pero su empeño nos sirve para adentrarnos en la tercera entrega de la serie varitológica que nos ocupa: varitas físicas reales, que en algún momento algún ser humano empleó atribuyéndole poderes especiales

Cierto es: a estas alturas, ya habrás notado que los confines entre el mito, la leyenda y la realidad a veces son sorprendentemente permeables (y ahí tenemos a la Troya homérica, durante mucho tiempo considerada parte de nuestras geografías imaginarias, convirtiéndose en yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce). Sin embargo, existe una notable diferencia entre mito/leyenda y realidad, y toda varita mágica que atraviesa el confín tiene que hacer las paces con ello:

El mito es territorio de posibilidades infinitas. En el mito, una varita mágica puede tener todos los poderes que le dé la gana, y nadie podrá discutírselo (porque está fuera de toda discusión, literalmente: sólo puedes discutir con personas reales, no mitológicas…).

Un palito que aspire a varita mágica aquí, en algún punto del globo terrestre, no puede fanfarronear impunemente sobre sus extraordinarias capacidades: tarde o temprano, va a tener que demostrar de qué madera está hecha, y se la podrá juzgar según los resultados que proporcione.

Por ello, las varitas “históricas” juegan necesariamente en otra división, más modesta: por de pronto no prometen transformar a nadie en cerdo ipso facto.

Su poder tiene que obrarse de forma más sutil, invisible y, por tanto, más protegida ante cualquier ataque de escepticismo.

Estas varitas dejarán a un lado los hechizos más efectistas del mito (y la literatura) para concentrarse, sobre todo, en las esferas que más nos preocupan: la salud, la fertilidad, la obtención de riquezas —y, a veces, el control y el orden.

En algunos casos las varitas operan su magia por el mero hecho de estar presentes en un determinado lugar; en otros, hay que hacer algo con ellas para conseguir el efecto deseado, y los rituales para prepararlas o emplearlas pueden complicarse terriblemente…

Varitas para hallar lo invisible: el tesoro del zahorí

Alpes tiroleses, s. XIX.

Al llegar el momento adecuado, saldrás de tu casa con un cuchillo nuevo, con tiempo para llegar antes de que salga el sol junto al avellano blanco. Tres cortes, en nombre de la Santísima Trinidad, te servirán para obtener una varilla bifurcada de avellano, que bautizarás en nombre de Gaspar si es oro lo que buscas, en nombre de Baltasar si quieres hallar plata, o en nombre de Melchor si el tesoro que deseas es agua.

Quizás la tipología de varita real más famosa sea la de zahorí, una familia feliz de varitas adivinatorias que aparecen en la Europa tardo-medieval —y cuyo éxito es tal, que su uso ha sobrevivido hasta nuestros días, adaptando sus promesas a las preocupaciones de las culturas a donde llegan.

Por medio de la varita se encuentran una infinidad de cosas: venas metálicas bajo tierra, tesoros ocultos, aguas subterráneas, incluso petróleo. Su poder revela el paradero de lo invisible (y a éstas se refería Pierre Lebrun en su obra, como seguramente ya habías adivinado).

Zahoríes en un congreso francés de principios de s. XX
Este congreso francés de zahoríes, a principios del s. XX, muestra que no todos ellos sostienen los mismos instrumentos, ni del mismo modo… fíjate bien.

Estas varitas, pensadas para ser sostenidas con ambas manos, suelen ser ramas bifurcadas en forma de Y (pero no siempre); sin embargo, existe gran variedad de opiniones sobre el material del que debe estar hecha, así como sobre el método para procurársela.

Rituales varitológicos para el zahorí moderno: cuándo, quién, cómo

A nadie sorprenderá saber que una de las fechas que más se repite como propicia para hacerse con una varita de zahorí es la noche (o el día) de San Juan, en regiones como Suecia, Dinamarca, Escocia, Francia o Alemania; otras ocasiones señaladas son el Viernes Santo (con instrucciones a veces muy precisas: en Basilea había que cortarlo entre las doce y la una de la noche), o particulares momentos astronómicos (p. ej. domingos de luna nueva).

Estilos de uso de la varita de zahoríNo siempre puede cortarlo cualquiera: en algunas zonas únicamente un hombre nacido bajo el signo de Libra podía hacerlo (en otro caso, Acuario). Se registra incluso la creencia de que únicamente “un niño nacido en domingo, que posee la fe verdadera y conserva la inocencia”, es capaz de hallar la rama adecuada que crece, cada siete años nada más, en todo avellano —pero sólo durante la noche de San Juan.

Sin embargo, lo más común es que existan fórmulas y ritos para quienes han nacido bajo la constelación o el día equivocados, y sin embargo quieren conseguir su varita de zahorí.

Lo primero que conviene hacer, por si acaso, es cortar la rama en nombre del Padre, del Hijo & etc. Si en tu vecindario conocen fórmulas más elaboradas, no estaría mal ensayar alguna, como esta bávara: “Te corto, querida varita, para que puedas responder a aquello que te pido, y que no te muevas hasta haber encontrado la verdad”. Siempre puedes complicarlo más, si quieres (“¡Dios salve a la noble rama! Con Dios Padre te busqué, con Dios Hijo te encontré, con Dios Espíritu Santo te corté. Yo te conjuro, varilla, por el poder del Altísimo, para que me muestres lo que yo te ordene, y que sea tan seguro y certero, tan puro y claro, como lo era María Madre de Dios virgen pura cuando tuvo a nuestro Señor Jesucristo. ¡En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo! ¡Amén!” … No tenía yo a los suizos por innovadores, pero al menos en estas invocaciones les salía la vena creativa. Por desgracia, esta fórmula sólo funciona si eres chico Libra).

Otras partes del ritual son incluso más curiosas, pues prevén bautizos con agua consagrada (para lo cual toca envolver al palito con paños, como si fuese un recién nacido), “hermanamientos” de la varita con bebés humanos que compartan su nombre, o unciones del palito con la sangre de quien va a emplearlo (que, para establecer una relación recíproca con la varita, tendrá que comerse parte de su corteza. ¡Ñam!).

Ahora, vayamos a la parte que más nos interesa, a saber: ¿qué plantas se describen como idóneas para estas varitas reveladoras de lo oculto?

El jardín del zahorí: botánica de la varita adivinatoria

En primer lugar y como campeón casi absoluto encontramos a un viejo conocido nuestro: el avellano (Corylus avellana). Por algún motivo que de momento desconozco, el folklore popular relaciona estos árboles con las serpientes, y con la sabiduría, tanto en el Mediterráneo como en el resto de Europa. Algunas leyendas hacen referencia específica a ciertas serpientes como “responsables”, de alguna forma, de los poderes mágicos de las varitas de avellano.

Acebuche (Olea europaea var. sylvestris)
En la cornisa mediterránea, donde los avellanos no abundan, tengo constancia de varillas de zahorí hechas con madera de acebuche (Olea europaea var. sylvestris)

En la península ibérica queda constancia del empleo de varas por parte de arrieros y pastores, que consideraban las varas de avellano más eficaces que otras contra ataques y mordeduras de serpientes. De igual modo, en la provincia de Gerona “las ramas se consideraban varas mágicas que utilizaban las brujas”.

Cuando la tradición zahorística especifica la edad de las ramas que se convertirán en varita, son siempre jóvenes, de no más de un año: fiel al espíritu de la rhabdos mítica, buscamos varas de madera verde, flexible.

Curiosamente, esta predilección por el avellano como madera de zahorí cruza el océano con los colonos europeos que desembarcan en América; allí, las varas que se convertirán en instrumento de rabdomante por excelencia pertenecen a una especie totalmente distinta (Hamamelis sp.), pero que los colonos ven como pariente del avellano (hazel), llamándolo witch-hazel* (la foto de la cabecera corresponde precisamente a Hamamelis virginiana).

*Etimológicamente, ese witch provendría del inglés antiguo wice (“aplicado vagamente a árboles con ramas flexibles”), palabra que originaría el vocablo wicker… oséase, mimbre: ¡conexión vegetófila al canto! Se ha especulado sobre una posible relación entre wicce (inglés antiguo y origen de la actual witch, bruja) y wice —algo que podría ser una conexión espuria, pero sugerente de todos modos, si pensamos en la rhabdos de Circe y en las gambanteinn de madera joven en las sagas escandinavas… Más sobre etimología, en la bibliografía final :)

En segundo lugar aparece otra especie de empleos culturales relativamente parecidos al avellano: especies del género Salix, sauces o mimbreras. Si bien no existe la misma conexión con las serpientes, las varas de sauce tienen una característica compartida con las de avellano (o ablano): su flexibilidad.

Sin embargo, no todas las especies con fama varitológica destacan por su empleo como vara flexible, como en el caso del arance (espino blanco, Crataegus monogyna). Mencionado como madera de zahorí en áreas germanas, conserva fama de árbol mágico especialmente relacionado con el mundo feérico p. ej. en Irlanda, donde durante el siglo XX se desviaron carreteras para evitar la tala funesta de diversos “fairy thorn trees(árboles de arance feéricos).

Otro árbol bienamado por las hadas y el mundo sobrenatural, tanto en área escandinava como británica, son los serbales (Sorbus spp., sobre todo el serbal común S. aucuparia, por su distribución más amplia). Por el parecido superficial de sus hojas con las de los fresnos, se los ha llamado “fresnos de monte” (mountain ash), y en áreas célticas se consideraba el árbol mágico y protector por excelencia; así pues, no es extraño encontrarlo entre las maderas usadas para las varillas de zahorí en Suecia o en las islas británicas.

Curiosamente, arance y serbal pertenecen a la misma familia que otras especies empleadas para cuestiones zahorísticas: el almendro (Prunus dulcis, ámbito mediterráneo), o el melocotonero (Prunus persica; tengo una referencia americana).

Almendro (Prunus dulcis) en flor
Almendro en flor…

En el caso del almendro, tenemos al menos una “explicación” de por qué su madera, junto a la del avellano, sería más adecuada para cuestiones adivinatorias: según escritos atribuidos a un tal Basilius Valentinus (ss. XVI-XVII), los árboles que daban frutos con cáscara dura y nuez eran de carácter “aéreo” (aeriell) e “ígneo” (fiery), y por tanto podían ser atraídos con mayor facilidad por las emanaciones calientes que, se creía, despedían los metales desde su escondrijo subterráneo.

Otras menciones botánicas en ámbito escandinavo son el abedul (Betula sp.), el álamo temblón (Populus tremulus), o incluso el muérdago (Viscum album).

Sin embargo, ya desde la edad moderna hay tratados y críticas a la práctica de los zahoríes que afirman que, en realidad, el material de la varita no importa demasiado: uno podría pasearse por un campo agarrado a un par de salchichas, y hacerlas funcionar como varita adivinatoria (o no). Para quien defiende el arte de los zahoríes, es importante alejarse de asociaciones con lo sobrenatural (no sea cosa que la Iglesia dé problemas…) y aclarar que:

(a) no se está obrando magia maligna,

(b) los instrumentos empleados no tienen particulares poderes mágicos, y

(c) las predicciones funcionan gracias a la sensibilidad especial de la persona, en ocasiones ayudada o magnificada por las propiedades físicas de su instrumento.

Ahora… ¿de dónde salen estas varitas?

Raíces genealógicas de la varita de zahorí: orígenes & desarrollo

Si bien en el pasado se pretendía emparentarlas con prácticas antiguas, remontándose a la Biblia (Moisés y su cayado, empleado para hacer nacer un manantial de agua en el desierto, etc.) o a la antigüedad grecorromana… lo cierto es que su aparición es relativamente reciente.

Las primeras noticias sobre seguro que tenemos de varitas que revelan el paradero de objetos ocultos son de principios del s. XV,  y se centran en las regiones mineras de la actual Alemania del este: las primeras varitas “de zahorí” eran instrumentos que los mineros empleaban para detectar venas metálicas (uso que el autor del manual De re metallica, Georg Agricola, critica ferozmente en 1556).

Por ello no es raro que la mayoría de historias populares relacionadas con estas “varitas mágicas” se refieran al hallazgo de tesoros enterrados, ya sean de propietarios sobrenaturales o no (y que, en general, las historias terminen siempre con la desaparición del tesoro, dejando a los buscadores con un palmo de narices, y ninguna prueba que demuestre lo ocurrido).

Fotografía de rabdomante con varita
Fotografía del zahorí M. Coursange con su varita (congreso de Sartrouville, principios de s. XX). Esta era en Y…

Los usos de la varita de zahorí evolucionan según las geografías a donde llega y las preocupaciones de quienes las habitan: en el Mediterráneo su uso primigenio como detector de metales se sustituye por la búsqueda del agua subterránea. En América, la varita también indica dónde cavar un pozo, sólo que a partir de determinado momento encontrar agua no es tan interesante como encontrar petróleo o gas, y los poderes de la varita se adaptan para estar a la altura de este nuevo desafío.

Y durante todos estos siglos existe un enorme interés por determinar si el método-varita funciona realmente. Con el paso del tiempo, los principales argumentos que se esgrimen para legitimarlo son cada vez más “científicos”, proponiendo teorías que limiten o eliminen el factor mágico; pero otra estrategia paralela de legitimación es buscarle antecedentes clásicos, confeccionándole un pedigrí lo más selecto posible —que a menudo termina emparentándolas* con las rhabdos de Circe & cía.

*Otro pariente que le encuentran a la varita de zahorí es la virgula divina de los latinos, mencionada por Cicerón como una varita que, según creían las gentes, otorgaría a su poseedor todo aquello que desease.

Y, por supuesto, se establecen parentescos con varillas y palitos empleados en prácticas rabdománticas antiguas, que en sentido estricto se aplica a mecanismos de adivinación que empleen algún tipo de vara o palo… pero no de la forma en que suelen emplearse las varitas de zahorí (sino más en plan druida Dallan, como mencioné en la anterior entrega varitológica).

Como su uso suele estar conectado a prácticas religiosas, nos ocuparemos de éstas en la siguiente edición varitológica con más detenimiento, pero no sin antes llamar la atención sobre un hecho: y es que, a nivel popular, una de las principales preocupaciones que buscamos aclarar por medio de la adivinación se refiere a la salud… y abundan varitas reales a las que se atribuyen poderes relacionados con la salud.

Cómo curarse dando la vara —literalmente

Antiguamente, “salud” era un concepto que abarcaba mucho más de lo que abarca hoy en día.

Adelfa (Nerium oleander) junto a un riachuelo
Adelfa (Nerium oleander), cuyas varas se han empleado para curar “mágicamente” al ganado en la península ibérica…

Los males que aquejaban al cuerpo no siempre hallaban su causa en el cuerpo mismo, sino fuera de él —en la mirada envidiosa de otra persona, en seres sobrenaturales, en las artimañas de una vecina que te quiere mal—, y tan importante podía ser curarlo, como prevenirlo.

En el apartado de varitas protectoras frente a lo sobrenatural, por ejemplo, destacan cayados y palitos realizados en maderas especialmente potentes contra los posibles atacantes, ya sean víboras (y te convendrá, p. ej, un cayado de avellano) o seres feéricos y brujas, contra quienes es especialmente efectivo el serbal común, según aseguran en Escocia (Rowan, amber and red thread puts witches to their speed, que vendría a ser “serbal, ámbar e hilo rojo ahuyentan a las brujas”).

No se trata únicamente de humanos, sino también de los animales que permiten la supervivencia humana: se pone un gran esfuerzo en proteger a vacas, ovejas y demás animales domésticos.

“En la víspera de Beltane [1 mayo] se colocaba una cruz hecha de serbal e hilo rojo en cada abertura del establo. A la mañana siguiente, las cruces se ataban a las colas de los animales al llevarlos a los pastos en las colinas, y cada pastor recibía una vara de serbal para guiarlos.”

— Práctica escocesa contra influjos mágicos maliciosos.

Cuando los animales enfermaban, podías curarlos —o, al menos, intentarlo— p. ej. con varas de avellano, o de adelfa (Nerium oleander).

Sin embargo, el caso más curioso con el que me he tropezado se refiere a una costumbre registrada en Inglaterra (Staffordshire, para ser más precisos), y que tiene como infelices co-protagonistas a las musarañas.

Por motivos que no vienen a cuento, las musarañas han cargado con fama de bestias peligrosas y agresivas, y se creían capaces de atacar al ganado y provocarles heridas e hinchazones. Para los apenados propietarios del ganado, el remedio pasaba por conseguir “hacer” un Árbol-musaraña: a Nursrow-tree.

Para ello, escogías un árbol*, realizabas un agujero en su tronco, metías dentro a una o más musarañas sacrificiales, y tapiabas el agujero para que no pudiesen salir. El árbol quedaba así imbuido de propiedades sanadoras “mágicas”, y podía curar al ganado enfermo si lo azotabas con varas del árbol en cuestión.

*Teóricamente, cualquier árbol; se mencionan como ejemplos el roble, el olmo o el fresno, especie ésta última a la que pertenecía uno de los Nursrow trees más famosos de la región.

(… eran muy malos tiempos para ser musaraña.)

Muerte, espíritu, magia y árbol son conceptos que encontramos relacionados en ámbitos y culturas distintas, desde las metamorfosis vegetófilas que canta Ovidio en sus Metamorfosis (¿te acuerdas de Leucothoe, transformada en árbol de incienso?), hasta algunos cuentos populares en los que el protagonista es asesinado y renace como planta capaz de hablar y delatar a sus verdugos.

Pero volviendo a los palos, uno podría pensar que azotar a alguien con una varita es un paso (o un montón de pasos) en sentido diametralmente opuesto hacia lo que entendemos hoy por salud, por mucho que antiguamente se repitiese que “la letra, con sangre entra”. Sin embargo, los azotes que pretenden corregir problemas “de salud” aparecen en varias culturas, en conexión con al menos dos ámbitos:

1 | Ahuyentar espíritus que se te hayan podido pegar o colar dentro sin tu permiso, y

2 | ¡Fertilidad!

La lógica del primero es relativamente fácil de deducir, pero lo de pegar a alguien para que sea más fértil siempre me ha parecido… un poco extraño. Con todo, los procesos deductivos humanos a veces son imprevisibles, y tenemos constancia de festividades en las que se dan latigazos rituales precisamente para aumentar la vitalidad y la fecundidad de quien recibe los golpes —las Lupercalia romanas. El objeto con que se azota se supone importante, tanto si es de origen animal (los “látigos” de las Lupercalia, hechos con piel de cabra) como de origen vegetal (a menudo una vara de sauce o de abedul, sobre todo en ámbito germánico; suele enfatizarse, una vez más, que sean ramas verdes, jóvenes).

Escena en la Villa dei Misteri donde podrían aparecer golpes "fertilizantes". O no.
Sección de un fresco de la villa pompeyana de los misterios (Villa dei Misteri). Algunas interpretaciones de estos frescos ven en ellos rituales dionisíacos de iniciación al matrimonio, con varazos rituales incluidos (no se ve muy bien, pero la figura alada de la izquiera lleva una vara larga en la mano levantada, y la chica de la derecha espera latigazo…).

(Lo cual, imagino, sería una excelente excusa para justificar episodios de violencia doméstica: “no, cariño, no te doy porque hayas quemado la cena, es porque te veo poco fecunda últimamente…”)

En el ámbito grecorromano tenemos análisis que, con mayor o menor fortuna, establecen relaciones entre golpes propinados con un látigo/vara, y la fertilidad; en algunos casos, sin embargo, no estoy segura de si realmente había golpes rituales de por medio, como en el caso de las Nonae Caprotinae.

Esta festividad, que caía a principios de julio, estaba dedicada a Juno Caprotina (celosa consorte de Zeus, pero también protectora de la maternidad, entre otras muchas cosas). Varrón (s. II-I aC) explica que la festividad está protagonizada por mujeres, y que el centro del ritual es un sacrificio realizado bajo un cabrahigo, del que se cortarán ramas para ser usadas como bastones. Ahora, no tengo claro si realmente estos bastones se empleaban para flagelaciones rituales, o si sencillamente formaban parte del attrezzo de las celebraciones (que, al parecer, comprendían una especie de lucha escenificada en conmemoración de alguna batalla pasada…). Lo que sí está claro es que las higueras en general, y los cabrahigos en particular, estaban asociados a ideas de fertilidad y fecundación.

Ramas de higuera (Ficus carica)
Ramas de higuera (Ficus carica). Otro día explicaremos el tema de los cabrahigos, que es muy interesante. Aquí, baste decir que en estado silvestre (y no), existen higueras cuyos higos nunca se convertirán en los dulces higos que nos comemos… pero que son necesarios para la polinización de sus compañeras femeninas. Estos árboles son los cabrahigos.

Si tuviese que formular una hipótesis, diría que estos ritos sobre todo aparecen en condiciones post-neolíticas, pues las sociedades agrícolas son las que se obsesionan con mayor facilidad con los temas de la descendencia numerosa.

Y, cuando estas sociedades conciben la fertilidad como un asunto de estado, y la relacionan con la esfera de lo sobrenatural, estas prácticas se convierten muy fácilmente en rituales religiosos, que será el tema de nuestra siguiente (y última, lo prometo) entrega varitológica…

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Referencias & Recursos

– El texto de Pierre Lebrun (Lettres qui découvrent l’illusion des philosophes sur la baguette, et qui détruisent leurs systémes, de libre consulta en Google Books) es uno de muchos publicados en aquellos siglos. En Francia el tema levanta especial interés por un personaje relacionado con las varitas adivinatorias del que no he hablado, pero que me parece fascinante: Jacques Aymar-Vernay, un campesino que se hizo famoso al identificar, con su varilla de avellano, a los culpables de un brutal asesinato en Lyon, en 1692.

– Sobre las varillas de zahorí, hay montones de información interesante…

– La adaptación de la tradición tirolesa sobre cómo debe conseguirse una varilla de zahorí, así como la mayor parte de la información sobre fechas en las que obtenerla, signos zodiacales más adecuados, el “niño puro” que puede hallar la varilla que crece una vez cada siete años (creencia recogida en Berlín), &etc., provienen del estupendo artículo de Besterman, T., 1926. The Folklore of Dowsing. Folklore 37 (2): 113-133.

De él también provienen las traducciones de las fórmulas que cito, así como la información sobre el curioso ritual (magyar, en este caso) de la varita que tiene que ser bañada con la sangre de quien la empleará, etc. Y los bautismos, y esas cosas. Muy, muy curioso.

– Los cayados de avellano como especialmente eficaces contra las serpientes en la península ibérica, en Abella, I. 2003. La magia de los árboles. RBA Libros, y en Pardo de Santayana, M.; Morales, R.; Tardío, J. & Molina, M. (eds)., 2018, Inventario Español de los conocimientos relativos a la biodiversidad. Fase II (1). Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Madrid.

– Las maderas empleadas en América para varillas de zahorí (hamamelis, melocotonero), al igual que las referencias a zahoríes que se ocupaban de encontrar pozos de petróleo y/o gas en lugar de agua, en Vance, L. J. 1891. Three Lessons in Rhabdomancy. The Journal of American Folklore 4 (14): 241-246.

 Las etimologías de witch-hazel vienen de la web etymonline.com. De hamamelis, avellanos y zahoríes… bueno. Es una historia curiosa, que no termina de estar clara.

Lo cierto es que, en Inglaterra, se da(ba) al olmo de montaña (Ulmus glabra) el nombre de wychwych elm, o wych hazel (a menudo escrito como witch hazel, p. ej. en la Sylva de John Evelyn, s. XVII). Cabe suponer que fue por sus hojas, de forma parecida a las del avellano, y por la flexibilidad de sus ramas jóvenes, aunque no me consta que sean especialmente flexibles en comparación con otros olmos… en fin.

Ahora, mis hipótesis sobre cómo se relacionan todas estas especies y costumbres… el sendero que me parece más lógico es el siguiente: se aplica a los Hamamelis americanos el nombre witch hazel por su parecido con el olmo de montaña (que a su vez imagino bautizado hazel por su semejanza superficial con el avellano). Y, existiendo una asociación en la mente de colonos entre hazels y varitas de zahorí, el Hamamelis termina siendo empleado como material para tal fin por el nombre que se le ha dado.

Todo esto es mucho suponer, claro. Lo curioso es que existen avellanos americanos (Corylus americana, C. cornuta), pero no me consta que se empleen para estas cosas… La única explicación que podría encontrarle es que el nombre witch hazel llegase a América antes que las prácticas zahorísticas y que éstas, en lugar de ir a buscar el análogo botánico más parecido al avellano para fabricar sus instrumentos, diesen por bueno al “avellano de brujas” que tenían identificado y a mano.

Sobre arances en el área irlandesa, pueden consultarse dos textos principales: en Monaghan, P., 2004. The Encyclopedia of Celtic Mythology and Folklore. Facts on File Books; y Randolph, M. C. ,1943. Early Irish Satire and the White-Thorn Tree. Folklore 54 (3): 362-367.

De serbales, más allá de su empleo en varitas de zahorí (artículo de Besterman ya citado antes, con mención a un instrumento curioso y particular sueco, la Slag Ruta), se comenta su relación, por ejemplo, con el dios Thor en Rosenberg, B. A., 1966. The Meaning of Æcerbot. The Journal of American Folklore 79 (313: 428-436, o en la obra de Monaghan ya citada (2004).

La aparición de los almendros, así como la explicación que se da de su empleo en el volumen de “Basilius Valentinus”, y los orígenes & controversias alrededor de la varilla de zahorí y su uso, muy bien explicados en Dillinger, J. ‘The Divining Rod: Origins, Explanations and Uses in the Thirteenth to Eighteenth Centuries’, en L.N. Kallestrup, R.M. Toivo (eds.), 2017. Contesting Orthodoxy in Medieval and Early Modern Europe, Palgrave Historical Studies in Witchcraft and Magic. Palgrave MacMillan.

– Se menciona explícitamente que la búsqueda de agua aparece por primera vez en la Francia meridional en Spence, L. 1960. Encyclopaedia of occultism; a compendium of information on the occult sciences, occult personalities, psychic science, magic, demonology, spiritism & etc. New Hyde Park, N.Y., University Books.

De varas que curan

Brujas escocesas que ponen pies en polvorosa si te proteges (o proteges a tus animales) con serbal, sobre todo alrededor de Beltane (1 de mayo), en Gregor, W. 1889. The Witch. The Folk-Lore Journal 7 (4): 277-286.

– La curación de los animales con varas de avellano está registrada en Pardo de Santayana, op. cit.: “En Albacete, para las afecciones intestinales en las caballerías, se les pasaba una vara de avellano por el lomo y el abdomen del animal un número impar de veces haciendo una cruz, proceso conocido como “magnar” las caballerías [22]. Prácticas similares se recogen en Huesca, para purgar las caballerías o “para hacerlas esbotar”, pasando la vara por su lomo, vientre, patas y cabeza, y complementando la práctica con la quema de algunas plantas recolectadas la noche de San Juan [39].“.  Igualmente, para las varas de adelfa.

– Para los increíbles árboles-musaraña, lo leí en Plot, R., 1686. The Natural History of Stafford-shire. Theater, Oxford, libremente disponible en Google Books. La primera vez que leí con un poquito más de detalle este pánico musarañil (animalitos de la familia Soricidae) y de dónde viene fue en el libro de John Wright, The Naming of the Shrew: A Curious History of Latin Names.

– Sobre varazos fertilizantes y “sanadores”, hay un buen resumen en mi obra de cabecera, De Waele, F. J. M. 1927. The Magic Staff or Rod in Graeco-Italian Antiquity. The Hague: Erasmus. De ahí provienen las menciones al uso del abedul y del sauce en ámbito escandinavo, si mal no recuerdo. No he podido acceder a las fuentes en alemán que hablan de esta Lebensrute, “vara” empleada para arrear con afán fertilizador, pero sí a un par de artículos que hacen referencia a ello en la antigüedad grecorromana.

En el caso de la Villa dei Misteri, la interpretación que implica varazos fertilizadores se explica en Toynbee, J. 1929. The Villa Item and a Bride’s Ordeal. The Journal of Roman Studies 19: 67-87.

– Para las Lupercalia, p ej véase Parodo, C. 2017. La maledizione della sterilità. I Lupercalia come strumento di legittimazione sacrale della politica augustea di incremento demografico. OTIVM, Archeologia e Cultura del Mondo Antico 3, gen. 1970. ISSN 2532-0335, disponible aquí.

– Sobre las Nonae Caprotinae, interesantes lecturas: Bettini, M. 2016. Per una “biologie sauvage” dei Romani Prime proposte. EuGeStA 6: 66-85, y Alvarez Maurín, M. P. 1991. “Nonae Caprotinae” y “Poplifugia”. Interpretación conjunta. Estudios humanísticos. Filología 13: 21-32.

Si me he olvidado de algo o necesitas la referencia de alguna información en concreto, escríbeme y te lo busco.

Ilustraciones

La primera ilustración en blanco y negro proviene del texto de Lebrun ya citado (así como las manos que aparecen sobre las ramas de hamamelis en la foto de cabecera).

La segunda ilustración está montada a partir de figuras que aparecen en la obra Secrets du vieux druide de la forêt ménapienne… / publiés et mis en langage vulgaire par le sage Aremi, Limbourg, 1844. Digitalizado y libremente disponible en el portal BNF-Gallica.

Las fotografía de los zahoríes franceses en Sartrouville también provienen del portal BNF-Gallica, aquíaquí.

La fotografía de los frescos de la Villa dei Misteri está basada en una foto mucho más amplia libremente disponible en Wikipedia, aquí.

Todas las fotografías vegetófilas son de una servidora; puedes emplearlas sin problemas indicando su autoría, y añadiendo un enlace a http://imaginandovegetales.com o bien a https://ainaserice.com : )

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