Capítulo #06 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

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Tilia lleva el corazón en sus hojas de risa ligera, que se echan a bailar cuando sopla la brisa.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 06: Tilia spp.

Mal les pega el género masculino a estos árboles, tan ligados a la esfera femenina y familiar en la mayoría de pueblos que los han conocido y amado.

A todos nos suena su nombre, y el nombre de sus flores (y de la infusión medicinal que preparamos con ellas), las tilas. Pero ¿qué sabes de su simbología en el este de Europa, de su relación con la justicia y con los bailes?

¿Conoces acaso qué conexión hay entre los tilos y la escritura en tiempos antiguos (o con Gladiator)?

¿Qué relaciones tienen con las abejas… y los abejorros? (Hay rumores de que es una asesina abejorril, pero ¿lo es realmente?)

Y podría seguir (porque Tilia da para mucho) pero nos paramos aquí, a la sombra de un tilo cuajado de flores perfumadas, a disfrutar de su sombra protectora… ¿te guardo un sitio?

Bajo el tilo, en el campo, allí donde estuvo nuestro lecho, podréis encontrar con gracia rotas las flores y la hierba. En un valle junto al bosque cantaba, bello, el ruiseñor. Fui andando a la pradera y ya estaba allí mi amor. Él había hecho allí un lecho de flores… Cuál fue su comportamiento conmigo nadie lo sabe, sino él y yo y un pajarillo, que fielmente nos guardará el secreto…

Muy buenas, y muchas gracias por acompañarme en La Senda de las Plantas Perdidas, un podcast etnobotánico donde dar voz a nuestras historias de amor (y desamor) con un reino tan fascinante como esencial: el reino vegetal.

Soy Aina S. Erice, bióloga y escritora, y tras haber dejado las cumbres a nuestra espalda, emprendemos el camino a casa, entrando una vez más en los bosques a través de un desfiladero inundado de verde. Aquí encontraremos a las protagonistas del capítulo de hoy, aunque yo no he tenido aún la suerte de tropezármelas en su salsa silvestre. Sí, en cambio, me he maravillado ante ellas (o, según el ejemplar, más bien debajo de ellas) en jardines, parques y lugares donde claramente alguien las había colocado allí.

Si no has adivinado aún de quién estoy hablando, se trata de los tilos: las hermanas del género Tilia.

Tilia oliveri
Esta es una Tilia china, T. oliveri, fotografiada en julio en el Real Jardín Botánico de Madrid

Existen más de 30 especies de Tilia en el hemisferio norte, a ambos lados del Atlántico. La mayor cantidad de especies crece en el lejano Oriente, mientras que en Europa sobre todo aparecen el tilo de hoja pequeña, T. cordata, y el de hoja grande, T. platyphyllos.

En cambio, en México tenemos un tilo endémico, que sólo se encuentra allí y que, al parecer, está en peligro de extinción (y que por tanto conviene cuidar): el sirimo o jonote, Tilia mexicana. El peligro que corre este tilo está relacionado, al menos en parte, con una de las principales características de las Tilia: las propiedades medicinales de sus flores perfumadas.

Las conocemos como tejas o tilas y, como bien sabrás, su infusión es sedante, calmante (aquello de “anda y que te den tila” tiene una sólida base medicinal…).

Tila o teja
Estas flores son pálidas, blancas, amarillentas o verdosas, y cuelgan boca abajo, prendidas de un rabito largo, al florecer el árbol.

Si recolectas unas cuantas flores para secar y emplear cuando te dé algún ataque de nervios, todo bien; el problema viene cuando recolectas todas, o casi todas, las flores de la pobre planta. A instancias prácticas, estás actuando como un anticonceptivo, o incluso como un abortivo para el árbol, impidiendo que sus flores lleguen a frutos y, por tanto, impidiendo que pueda reproducirse con más o menos éxito.

Y, en general, si las dejas en paz, las tilas se lo tienen bien montado para asegurarse la fecundación in abeja: si has visto alguna Tilia en flor, habrás notado que son las maestras de la atracción abejil. Los insectos caen rendidos a los encantos de estas flores, que les regalan néctar con el que elaboran mieles que, según cuentan, son super apreciadas. De hecho, se plantan tilos cerca de colmenas desde tiempos medievales, y la palabra griega para hablar de estos árboles, phylira, quizás tenga alguna relación etimológica con el mundo de las abejas… lo que pasa es que esta amistad Tilio-abejil no termina de ser trigo limpio —o tila limpia, en este caso.

Si eres abeja y rondas un tilo, pueden pasar cosas misteriosas… y es que, si las abejas escribiesen novelas de misterio a lo Agatha Christie, probablemente habría algún título del estilo Muerte bajo las tilas, y un abejorro Poirot que se pusiese a investigar las causas de los decesos.

Los Poirots humanos también están en ello y, aunque les faltan datos, lo que sabemos es que (excluyendo casos de muertes puntuales por insecticidas con los que se ha rociado el árbol a tutiplén) hay algunas especies (sobre todo Tilia tomentosa) que se relacionan con muertes masivas de abejas en Europa central, del norte, y en América, sobretodo abejorros del género Bombus; y que, cuando observas los cuerpos de los pobres infelices, ves que se han muerto de hambre.

Y, si analizas la cantidad de néctar que llevan las flores, observas que ésta disminuye a medida que avanza la estación de floración, aunque las tías siguen oliendo a paraíso.

Tilia tomentosa
Principal sospechosa: Tilia tomentosa, o tilo plateado (aquí retratado en el Jardí Botànic de Barcelona)

Teóricamente, si tú eres abeja tiliófila pero descubres que las flores te están engañando con su perfume, ¿qué haces? Pues lo suyo sería largarse a otras flores que sí sean honestas en su marketing.

Si ya no hay más flores, vale, puedes tener un problema, y morirte de hambre. Pero lo misterioso de la cuestión es que haya abejas muertas de hambre bajo los tilos… cuando hay montones de flores listas para ser polinizadas a su alrededor.

Pregunta para Poirot (o para Abejorrot): ¿por qué no se van a las otras flores?

De momento no tenemos respuestas definitivas, pero una teoría propone que quizás las abejas estén drogadas: que las tilas, como despachadoras de droga, ofrecen chupitos de néctar con un cóctel de sustancias que enamoran a los abejorros de forma obsesiva: o tu néctar, o el de ninguna más. Y cuando las tilas disminuyen la cantidad de néctar, las pobres abejas insisten como si tuviesen síndrome de abstinencia, sin ver nada más que a sus adoradas tilas… hasta que se mueren de hambre.

A ver, que no tenemos aún datos duros que avalen esta teoría, porque no tenemos análisis pormenorizados de los compuestos químicos del néctar y el perfume de las tilas… pero hay indicios sugerentes al respecto.

Esto no suele pasar, por cierto, en los tilos más comunes en Europa occidental (Tilia cordata y T. platyphyllos), así que, si tienes colmena y quieres plantar tilos cerca, yo optaría por alguna de estas…

Tilia platyphyllos
Ya ves que irán servidísimas de néctar… (espectacular T. platyphyllos en flor, a principios de junio en el Real Jardín Botánico de Madrid)

Y hablando de colmenas, tilos, y muertes, como todo está conectado en esta vida, resulta que la corteza de tilo ha sido un material empleado en distintos puntos de Europa para hacer colmenas; pero no debes pensar en la parte más exterior de la corteza, sino en la parte interior más fina y flexible, que llamamos liber. Esta capa es fibrosa, hasta el punto de que en distintos idiomas (como el francés o el italiano) puedes hablar de una carne correosa como “tilosa”, por la cantidad de fibras que contiene.

Y estas fibras también le dan nombre a los tilos en muchas (por no decir todas las) lenguas germánicas y eslavas, donde lo conocerás como linden, lind, lipa y similares.

Estas fibras pueden extraerse, purificarse, y emplearse para tejer. El resultado no son precisamente camisas de seda, pero sobre todo en Europa central y del norte se emplearon muchísimo; hay que añadir que los tilos son de esos árboles vigorosos que responden bien al desmochado, e incluso al corte a ras de suelo, rebrotando como posesos a la mínima que pueden, con que podías usar de forma sostenible un mismo árbol para obtener fibras de corteza para cuerdas o esteras (y así parece que se hizo hasta el s. XIX en algunas zonas!).

Fascinante, ¿no? La tradición sigue viva en lugares como Noruega :)

En el sur de Europa las fibras de árbol se emplearon menos, si lo comparamos con el norte, porque teníamos otras plantas de fibra como el lino o el cáñamo, pero hay una mención a la corteza de los tilos en la antigua Roma que me parece fascinante, no relacionada con los textiles, sino con la escritura…

Ya sabes que en el mundo mediterráneo antiguo, el papiro se lleva de calle el papel protagonista en cuestiones de escritura; pero el papiro era un soporte que se producía casi exclusivamente en Egipto, y la gente podía querer escribir o garabatear aún viviendo en otra parte.

Así, tenemos a un anticuario romano del s. I aC contando cómo, en tiempos en que el uso del papiro no se había extendido, se empleaban hojas de palma como soporte de escritura o (en un segundo momento)la fina capa de la corteza interior de algunos árboles.

Y unos siglos más tarde, el historiador romano Herodiano relata cómo el emperador Cómodo —que seguramente te suena por ser el villano de la peli Gladiator, encarnado por Joaquin Phoenix— dispuso que se escribiese la lista de aquellos que condenaba a muerte (que no eran abejas, seguro) sobre… corteza de tilo. Precisamente esta corteza fibrosa e interior que ya los romanos llamaron liber… término éste que da lugar a una de mis palabras preferidas: libro.

Está en un libro, o mejor dicho en una colección de textos en pergamino, escritos en Alsacia hacia 1270-80, en alemán medieval. Es una canción titulada justamente Under der Linden, escrita por uno de los minnesangër (para entendernos, trovadores en versión germana) más apreciados por los alemanes. Al principio de este capítulo has escuchado la traducción* de algunos trocitos del poema, cuyo primer verso es, precisamente, “Bajo el tilo” —y, a diferencia de las típicas poesías de amor cortés entre un trovador y una dama (generalmente de más alcurnia y que suele tratarlo a patadas)… esta no.

*O un cosido de trocitos a partir de una traducción de C. Alvar, en Poesía de trovadores, trouvères y Minnesänger.

Aquí tenemos a una campesina y su enamorado que se citan bajo un tilo, hacen sus cosas, se lo pasan en grande, y punto (podríamos decir que tiene un final feliz, lo cual es toda una innovación teniendo en cuenta los dramones líricos que se estilaban). Y, presidiéndolo todo, una Tilia, cuya simbología, mires donde mires, la relaciona precisamente con el amor, la feminidad y la fertilidad.

Ilustración de Unter der Linden
Ilustración del poema por el artista Wilhelm von Kaulbach. Por cierto que el minnesänger en cuestión es Walther von der Vogelweide.

Si te contase todos los caso en los cuales se da esta relación no acabaríamos nunca, pero sí te contaré que el aprecio y apego cultural a los tilos es especialmente fuerte en regiones con influencias eslavas: por ejemplo, hasta hace relativamente poco, se cuenta que en algunos lugares las mujeres dejaban aún ofrendas bajo los tilos, esperando que se les concediesen muchos hijos. Como era de esperar, con la cristianización de estas zonas, los tilos pasan a tener una relación muy estrecha con la Virgen María.

En cambio, en las regiones del Sacro Imperio Romano Germánico nos encontramos con otra figura interesante: los tilos judiciales, Gerichtslinde, tilos bajo los cuales se celebraban juicios y que, si crecían en el centro del núcleo habitado, se convertían también en el corazón de las fiestas y los bailes del pueblo.

De ahí que en lugares de raigambre germana abunden las asociaciones entre los tilos y la justicia, la verdad, la protección… y la danza.

Y hasta aquí nos ha llevado la senda de hoy, que grabo acompañada del aroma de tilas que tengo secándose en casa. Las fui a recoger ayer por la noche en plan furtivo, y probablemente los árboles que me las regalaron son híbridos hortícolas, porque las Tilia son promiscuas a la hora de tener descendencia.

Es fácil entender por qué en croata llaman al mes de junio “el tiempo de las tilas”…

Me dejo muchas cosas en el tintero, y algunas saldrán estos días en redes, donde en su momento ya conté muchas cosas sobre los tilos… puedes estar al tanto en Facebook, y buscar a Tilia en mi perfil de Instagram, que también está, y a ver si consigo colgar alguna historia en las próximas semanas*.

*Spoiler: no lo conseguí demasiado, pero los tilos sí aparecen en El libro de las plantas olvidadas, y el líber, en alguna publicación en Facebook de junio de 2019.

En nuestro viaje de regreso, es imposible desandar el camino andado: tanto nosotros como el camino somos distintos, y al llegar al borde del arroyo ya no son enramadas de aliso las que nos reciben, sino las flexibles ramas de otro amante de las aguas.

Y su identidad es tan fácil de adivinar, que hoy te doy sólo otras dos pistas: feminidad, y fiebres.

Si se te ocurre de quién estoy hablando y quieres compartirlo…

Y dicho esto, no me queda más que agradecer a las Tilia su sombra generosa, agradecerte a ti la compañía, desearte un feliz día…

¡y que la clorofila te acompañe!

Logo del podcast La senda de las plantas perdidas

{Agradecimientos especiales a: Cristina Llabrés y Evaristo Pons por la música, y a Mabel Moreno por el diseño del logo <3}

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