Capítulo #10 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 8 minutos de lectura]

[Emitido el 31.10.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Quizás hayas oído hablar del acerolo, de sus extraordinarias propiedades antioxidantes, de su sabor agridulce, de sus bellas flores. Quizás hayas oído maravillas acerolísticas… y las hayas atribuido al acerolo que no es.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 10: AcerolosHe aquí un conflicto de personalidades —o, más bien, identidades— múltiples: pues “acerolo” no es una única planta, ni siquiera un grupo de plantas afines y del mismo linaje botánico.

No.

Las acerolas eurasiáticas no tienen nada que ver, botánicamente hablando, con las acerolas americanas… y ya va siendo hora de que desenredemos este lío (y rompamos una lanza por la inclusión de los nombres científicos en tooodas partes, o casi).

Muy buenas, y muchas gracias por acompañarme en La Senda de las Plantas Perdidas, un podcast etnobotánico donde dar voz a nuestras historias de amor (y desamor) con un reino tan fascinante como esencial: el reino vegetal.

Soy Aina S. Erice, bióloga y escritora, y hoy, 31 de octubre de 2019, empieza la segunda temporada del podcast, un nuevo paseo-aventura para recorrer las historias de nueve plantas, en otros tantos capítulos.

Desde que nos escuchamos por última vez el pasado julio, han pasado muchas cosas, y como algunas de éstas tienen relación con este podcast, permite que haga un breve resumen de las más importantes…

1 | Primero, he descubierto que hay encantadores oyentes que toman apuntes de lo que voy contando en el podcast, cosa que por una parte me hizo mucha ilu, y por otra me convenció para colgar en línea las transcripciones de los capítulos de la primera temporada (y así si hay palabras raras sabrás cómo se escriben, incluiré algunas imágenes…).

No se corresponderán exaaactamente con lo que digo por aquí, pero casi. Podrás encontrarlos en imaginandovegetales.com/podcast

2 | Por otro lado, dentro de doce días sale publicado El libro de las plantas olvidadas, cuya redacción inspiró todo este proyecto en audio, y voy un pelín liada preparando presentaciones, extras, talleres, y cosas así. Confío en que eso no tenga el más mínimo impacto sobre el podcast, que seguirá saliendo cada dos jueves, pero si hubiese cualquier retraso, espero que me perdones de antemano.

El libro de las plantas olvidadas (Ariel, 2019)
Y aprovecho para presentártelo, ¡dado que es por su culpa que existe este podcast! Tiene pinta de ser majete, ¿verdad? :D

Ahora, la hoja de ruta para esta nueva temporada comparte muchos puntos con la anterior: capítulos de entre 15 y 25 minutos de duración protagonizados por una especie o un género de plantas.

De momento van a seguir siendo plantas que viven en Europa (aunque siempre intento que no sean únicamente europeas), porque la mayor parte del material que estoy empleando de momento para preparar los podcasts sale de la investigación para El libro de las plantas olvidadas, y éste se centra en flora española. Llegarán los tiempos en que los protagonistas serán 100% americanos, o asiáticos, o australianos… pero aún no, ¡que me llevaría un tiempo que ahora mismo no tengo! De todas formas, si quieres sugerir candidatos para temporadas futuras, soy toda oídos y ojos.

Estoy dándole vueltas también a incluir, como extras, algún que otro episodio especial para aclarar conceptos que en biología manejamos con mucha alegría y familiaridad, pero que pueden sonar a chino si uno no los ha estudiado, cosas como qué es exactamente un género, una especie, una familia…

De hecho, en cierta forma el capítulo de hoy va a ser un poco especial, porque quiero darte un ejemplo claro de por qué es tan importante incluir los nombres científicos de las plantas en el podcast…

Crataegus azarolus

Para ello aprovecharemos que hoy es Víspera de Todos los Santos, y que en muchos hogares mexicanos se están adornando los altares para celebrar el Día de los Muertos. De los muchos elementos vegetales que se emplean a tal fin, hoy me fijo en uno: los frutos y varas de tejocote, que en sentido estricto se aplica a la especie Crataegus mexicana, y más ampliamente, a otros Crataegus mesoamericanos.

Crataegus mexicana
Ea. Sacada de Wikipedia la foto, porque aún no los he visto en vivo y en directo…

Estos frutos, apreciados desde tiempos prehispánicos, se emplean hoy como decoración en altares y rosarios, pero también para elaborar dulces varios, ponches, y por lo que he leído también se incluyen en las piñatas tradicionales de Navidad.

Si no has visto nunca un fruto de tejocote ni siquiera en foto… bueno, en primer lugar te aconsejo que eches un vistazo para hacerte una idea, pero ya te adelanto yo que tienen aspecto de pequeñas manzanitas de color amarillo verdoso, anaranjado o rojiza (y que, por lo que cuentan quienes las han comido, son agridulces y muy aromáticas). Es la forma típica de los miembros de su género, los Crataegus, cuyas más de 250 especies se extienden por todo el hemisferio norte… la misma forma que tiene, por ejemplo, un hermano suyo que crece al otro lado del charco, en la cuenca mediterránea: Crataegus azarolus, o acerolo. Si pusieras una acerola del Viejo mundo junto a un fruto de tejocote, verías que se les nota el parentesco a la legua, aunque sus hojas tengan forma distinta.

Acerolas eurasiáticas
Se les nota el parecido, ¿no? (este es el acerolo eurasiático)

Ahora, rebobinemos la película hasta 1492.

Antes de esa fecha, en América no se hablaban más lenguas que las indígenas; después de esa fecha, el castellano se unirá a la fiesta, con mayor o menor acierto, y con sus hablantes llegarán un montón de palabras que aplicarán a la flora nativa, también con mayor o menor acierto.

A veces el resultado tiene sentido botánico, como te conté que sucedió con la palabra calabaza  en el primer capítulo, dedicado a Lagenaria siceraria.

Sin embargo, otras veces la cosa se nos desbarata, y un mismo nombre común termina pegado a plantas que no tienen nada que ver, botánicamente hablando, la una con la otra, con la consiguiente crisis de identidad para la pobre palabra (y las crisis de frustración que le dan a Aina cuando encuentra alguna mención interesante e intenta averiguar a qué planta se refiere).

Las acerolas, mucho me temo, están en el equipo de los casos frustrantes.

Aunque uno se esperaría que, habiendo hermanos de los acerolos en Mesoamérica, y de notable importancia cultural, el nombre se les hubiese pegado a los tejocotes y cía, ¿no?

Pues no.

Malpighia emarginata
Otra sacada de Wikipedia! Malpighia emarginata en todo su esplendor fructificado.

La palabra acerola termina etiquetando a una fruta producida por una planta que no pertenece ni siquiera a la misma familia que Crataegus azarolus: se trata de una Malpighia, M. emarginata sobre todo, que vive en Mesoamérica y el norte de Sudamérica, y que echa unas frutas redonditas, de unos pocos centímetros de diámetro, generalmente rojas, jugosas y agridulces.

En inglés se la conoce también como Barbados cherry o cosas similares (y aunque tampoco es pariente de los cerezos, lo cierto es que a mí el fruto sí me recuerda más a una cereza que a una acerola… pero bueno, así son los bautizos de andar por casa).

Ninguna de las dos acerolas, ni la europea ni la americana, han tenido un papel cultural ni remotamente equiparable al del tejocote, pero en los últimos tiempos la acerola americana se ha visto catapultada al estrellato por sus poderes antioxidantes: peso por peso, tiene como diez veces más vitamina C que las naranjas, estando en el Top 5* de frutas más ricas en esta vitamina.

*Curiosamente, a los escaramujos de rosa, que tienen más o menos la misma cantidad de vit. C, nadie parece hacerles mucho caso; cierto es que son más complicaditos de comer, pero yo creo que no es ese el motivo por el que no se habla mucho de ellos…

(Antiguamente si eras planta y aspirabas a ser famosa medicinalmente, te convenía o ser alexitérica como la ruda, eficaz contra venenos; o laxante. Ahora, en cambio, si eres antioxidante, todos te amarán y te buscarán…)

La cantidad de vitamina C en las acerolas europeas, en cambio, no es nada del otro mundo; sí, tiene, pero nada espectacular que genere el mismo interés que Malpighia.

Entonces, ya puedes imaginar que la confusión está servida, con todos los artículos que circulan por internet sobre las bondades de “la acerola”, pero que no especifican de qué acerola están hablando (de hecho, es muy probable que ni siquiera sepan que hay dos).

Y la frustración está igualmente servida cuando consultas la lista de ingredientes en un refresco y te aparece “zumo de acerola”, a secas… que me hace mucha ilusión, y a la vez me desespera, porque quiero saber si hablan de Crataegus, o de Malpighia.

A otras personas, lo sé y lo comprendo, eso les dará exactamente igual. Sin embargo, a mí no, porque la acerola europea está cayendo en el olvido hortícola más absoluto, y me parece una lástima.

Red de pesca, Joaquín Sorolla
Se nota que le molaban las plantas, ¿verdad? Esos geranios esplendorosos… (La obra se titularía Red de pesca, de 1893)

Tuvo antaño importancia como árbol frutal, sobre todo en la cornisa mediterránea de la península Ibérica y las Baleares —la suficiente, de hecho, para que la palabra valenciana para designar a la fruta se convirtiese en un apellido que, si eres amante del arte, quizás te suene… Sorolla, como el pintor Joaquín Sorolla, que mucho amó al reino vegetal.

Así que, si tienes un huerto o un jardín y buscas un árbol hermoso, de crecimiento lento pero larga vida, que se cubre de una nube de flores blancas en primavera y que regala sabrosos frutos a principios de otoño… ¿por qué no pensar en un acerolo, o un tejocote… o una acerola americana, que tampoco es mala idea?

Bueno, espero haberte convencido de la importancia que tiene hacer siempre referencia al nombre científico de una planta para evitar confusiones, y haberte picado la curiosidad acerolística para que tengas los ojos abiertos y las reconozcas si te tropiezas con ellas en un dulce, un refresco o un huerto.

No te creas que hemos exprimido todo lo que podía decirse sobre los Crataegus; lo que pasa es que me lo reservo para algún futuro capítulo, donde te contaré muuchas más cosas sobre ellos.

Y quien sabe si algún día también le dedicaremos un capítulo a algún pariente de las acerolas Malpighia, que tienen unas primas que se están haciendo famosas en los últimos tiempos, del género Banisteriopsis, más conocidas como lianas de ayahuasca…

Pero hasta entonces, iré colgando más curiosidades en redes durante los próximos días (y, bueno, la acerola europea es la primera planta que aparece en El libro de las plantas olvidadas, con receta de mermelada incluida, así que ahí también encontrarás información extra). Ya sabes que me encuentras en Facebook o en Instagram como @ainaserice.

La planta que protagonizará el siguiente capítulo es un árbol de frontera, que en la mayor parte de Occidente se cultiva pero no dentro de los huertos, sino a caballo entre huerta y campo, demarcando lindes y avenidas… y ahí ya tienes dos o tres pistas gordas, a las que añadiremos una más: puertas.

Y, ya por último: ciervo.

Si se te ocurre de quién estoy hablando y quieres compartirlo…

Y dicho esto, no me queda más que dar las gracias a las acerolas de múltiples personalidades, agradecerte a ti que te hayas sumado una vez más a hacerme compañía, desearte un muy feliz día…

¡y que la clorofila te acompañe!

Logo del podcast La senda de las plantas perdidas

{Agradecimientos especiales a: Cristina Llabrés y Evaristo Pons por la música, y a Mabel Moreno por el diseño del logo <3}

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