Capítulo #17 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

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[Emitido el 13.02.20] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Sus corimbos blancos de fino encaje ruborizado le valieron el nombre de milenrama.

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Sus poderes vulnerarios, el apodo de “hierba del soldado”, o del carpintero —o de Aquiles, héroe inmortalizado en el género científico de la planta: Achillea.

Presente en todo el hemisferio norte, la milenrama ha sido ampliamente usada por sus propiedades medicinalesque son muchas y variadas—, pero también es planta comestible (y, en cierto modo, “potable” también…).

Y ha tenido fama de mágica, de protectora, fama de planta oracular que revela el porvenir en sueños —o en hexagramas, según la civilización que consideres.

Tras esos corimbos ruborizados se esconden historias tan inesperadas como fascinantes… ¿me acompañas a explorarlas?

La milenrama debe recogerse exactamente a primera hora de la mañana: coloca tres brotes en tu zapato o en tu guante, mientras recitas — Buenos días, buenos días, buena milenrama, y por tres veces buenos días te deseo; revélame, mañana antes de esta misma hora, quién será mi verdadero amor.

Regresa a casa sin decir una palabra más, o romperá el encantamiento; coloca la milenrama bajo tu almohada, y te regalará una visión en sueños de la que podrás fiarte.

Muy buenas, y muchas gracias por acompañarme en La Senda de las Plantas Perdidas, un podcast etnobotánico donde dar voz a nuestras historias de amor (y desamor) con un reino tan fascinante como esencial: el reino vegetal.

Soy Aina S. Erice, bióloga y escritora, y hoy nos adentraremos en los campos de la memoria, para conocer a un grupo de plantas que hoy se mueven entre las lindes del bosque y los parterres de nuestros jardines, pues su belleza aún les da puntos para no caer en el olvido absoluto.

Durante el invierno yo las veo cada día a la sombra de un saúco, de la que tratan denodadamente de escapar: están todo el día fugándose del parterre donde han querido colocarlas, invadiendo el camino y la tierra dura y pedregosa, como desafiando a los encargados del jardín, gritándoles “Ah, estás muy equivocado: yo no soy esa planta dócil y sumisa que se queda donde la colocan. Los caminos me llaman, y yo respondo a su reclamo. Yo soy de espíritu silvestre. Yo…  soy milenrama.

Milenrama es uno de los nombres comunes más conocidos de la hierba que la ciencia llama Achillea millefolium (escrito ACHILLEA, porque en latín, igual que en italiano, la CH no se pronuncia a la española, sino como si fuese una K).

Como puedes suponer, ese nombre está inspirado en el héroe homérico por excelencia, Aquiles el de los pies ligeros (y que quizás recuerdes llevaba una lanza de fresno, como te contaba en el capítulo que dedicamos a esos árboles).

Al menos desde el s. I de nuestra era, entre los griegos se hablaba de una hierba Akhílleios, también conocida como la hierba del soldado, que “soldaba las heridas sangrientas y la inflamación”, entre otras cosas —y suponemos que la asociación con Aquiles es justamente debida a que este personaje es, en el imaginario colectivo, El Soldado por excelencia… y todos saben que la propiedad medicinal que más útil le resulta a un soldado es la vulneraria: la capacidad de sanar heridas.

(Por eso no es casualidad que también se haya conocido a la milenrama como hierba militar, hierba del carpintero, y similares… todos necesitan curar heridas.)

Si bien las tonalidades naturales más frecuentes están entre el blanco y el rosado, el mundo ornamental nos regala una gama mucho más amplia de colores

Este es uno de los empleos más extendidos de la milenrama, pero a veces las tradiciones de botica popular pueden resultar un poco confusas, al atribuirle a una misma planta efectos opuestos. En el caso de Achillea, siempre me ha llamado mucho la atención los rumores que corren sobre su relación con los sangrados nasales —quizás porque de pequeña nunca me sangraba la nariz y me parecía, por algún absurdo motivo, muy guay eso de las hemorragias nasales (ya no me lo parecen, para nada).

Pero bueno, la cuestión es que a la milenrama se le achacan poderes sobre estas hemorragias, algo que no tendría nada raro de no ser porque, según a quién le preguntes, ese efecto cambia: en algunos lugares es considerada un planta que corta las hemorragias nasales, y en otros lugares, planta que las provoca.

En la península Ibérica, por ejemplo, el uso popular nos la presenta como planta que corta el sangrado nasal… pero en otros lugares, como Francia o Inglaterra, hay constancia de rimas infantiles dedicadas a la milenrama pidiéndole que “haga fluir la sangre” («Petite herbe de la Saint-Jean, Fais-moi couler mon sang»), o incluso breves fórmulas que parecen encantamientos amorosos («Yarroway, yarroway, bear a white blow, If my love loves me, my nose will bleed now*.»).

*Los últimos dos versos se traducen literalmente como “si mi amor me ama, mi nariz sangrará ahora”.

Aparecen comentarios hablando de este efecto de la milenrama como una treta infantil para escaquearse de la escuela (algo que puedo entender perfectamente). Lo que ya me cuesta más es imaginar las hemorragias nasales como una especie de tratamiento o cura, una concepción que antaño era relativamente común: se creía que, si tenías dolor de cabeza o migraña, un buen sangrado nasal podía aliviarte, “descongestionando” los vasos sanguíneos.

(Que no es una cura que hoy día esté recomendada, por cierto, aunque no soy experta en este tema ni mucho menos y aquí, ya lo sabes, ni se me pasa por la cabeza dar consejos médicos de ningún tipo.)

No soy la única que se ha tropezado con estas propiedades aparentemente contradictorias de la milenrama, al menos en lo tocante a sus efectos sobre el sistema circulatorio; por lo poco que he leído al respecto, parece ser que Achillea regula las cuestiones sanguíneas a través de distintos mecanismos, y que sus efectos pueden ser… ambivalentes, según cómo la emplees.

Sea como fuere, y aunque no lo he probado en primera persona, machacar unas hojas de milenrama para aplicarlas en emplasto o hacerte una infusión para lavarte una herida parece ser cosa que da buenos resultados.

Capítulos florales de milenrama
¿Lo notas? Cada una de ellas es una flor de flores…

En todo el hemisferio norte existen más de 130 especies dentro del género Achillea, primas de las artemisas y los ajenjos dentro de la familia de las compuestas; se dice que su apodo de “milenrama” es debido a que reúnen sus flores en corimbos más o menos densos, dando la impresión de que hay mil florecillas de encaje blanco, rosado o violeta en cada ramita.

Sin embargo, hay que fijarse bien para caer en la cuenta de que cada una de esas florecitas es, en realidad, un pompón de flores aún más pequeñas, recogidas en una estructura que en botánica se conoce como capítulo floral, y que puedes imaginar como una especie de bandeja en la que se amontonan muchas floritinas pequeñas que, si fuesen por libre cada una a su aire, no llamarían mucho la atención de los insectos… pero, como la unión hace la fuerza, si se juntan muchas, una única visita de un insecto les resuelve la polinización a una gran cantidad de flores.

Por eso, en sentido estricto una margarita o una florecilla de milenrama no son una flor, sino un ramillete de flores.

De las más de 130 especies de Achillea que existen, quizás recuerdes que la milenrama clásica es Achillea millefolium, la aquilea de las milhojas, un apodo que ya le daban los griegos (“khilióphylon”) o los romanos. Eso es debido al aspecto que tienen sus hojillas alargadas, con la lámina foliar dividida una, dos e incluso tres veces, algo que le da un aspecto muy delicado, como si su sueño secreto fuese convertirse en plumón.

Hoja de milenramaTanto las hojas como las flores se han empleado no sólo para tratar cuestiones relacionadas con los flujos sanguíneos, sino también para otras muchas dolencias, llegando a considerarse una especie de pequeña panacea, un curalotodo (o curalo-casi-todo), desde mordeduras de serpiente hasta problemas de piel, del sistema respiratorio, o trastornos digestivos.

Sin embargo, no sólo la hemos tratado como planta medicinal, sino también como especia, como saborizante. Por ejemplo, si echas un vistazo a la farmacopea rusa (un entretenimiento tan válido y normal como cualquier otro, digo yo), verás que figura la milenrama, entre cuyos usos se incluye el empleo de sus hojas para dar un toque de sabor a ensaladas, así como a platos de carne o pescado. Las inflorescencias se añaden a sopas, y las sumidades floridas* se emplean como especia gastronómica, para dar sabor a licores, al kvass, a quesos, jaleas…

*la parte aérea de la planta en flor.

Pero no sólo en Rusia están enamorados de la milenrama en la mesa y en el vaso: sabemos que Achillea se empleaba en lugares como Islandia o Suecia, hasta el s. XVIII, para dar sabor a la cerveza —de hecho, formaba parte de las especies botánicas que en Europa componían lo que se conocía como gruit, o grut: una mezcla vegetal de plantas aromáticas y conservantes que se añadían a la cerveza antes de que ésta se convirtiese en “lupuleza” (es decir, antes de que el lúpulo se convirtiese en el principal, e incluso único, ingrediente botánico extra permitido en la mezcla). Las recetas de estos gruit podían variar de localidad a localidad (de hecho, podían ser más o menos secretas!).

He leído que también se pueden comer las flores fritas, como si fuesen buñuelos, y regadas con zumo de naranja y azúcar, algo que suena muuuy bien, y que intentaré probar cuando tenga mis propias milenramas, creciendo en algún jardín de prestado, o quizás la próxima vez que me las tropiece en el campo, sacando flor alrededor de una fecha un poco especial de la que ya hemos hablado antes: la víspera de San Juan.

Ramo de San Juan
Este ramo lo recogí hace años, pocos días antes de la víspera de San Juan; ahí ves unos brotes de preciosa milenrama, que en francés también se ha llamado “hierba de San Juan” (aunque ese nombre suela referirse más a menudo al hipérico de doradas flores que ves en la foto, Hypericum perforatum).

Al igual que otras plantas como el saúco o la artemisa, la milenrama también ha formado parte, en algunas regiones, de esas hierbas de San Juan con fama de mágica.

En Polonia, por ejemplo, suele aparecer en los ramos floridos que se bendicen en agosto, durante la festividad de la Asunción de María el 15 de agosto (festividad que se conoce, por cierto, como Matka Boska Zielna, o “María de las hierbas”). Estos ramos se emplean luego para sanar personas o al ganado, y suelen quemarse en forma de sahumerio para alejar enfermedades, ahuyentar las tormentas, etc.

Es super curioso que, si nos vamos al otro lado del Atlántico y echamos un vistazo a cómo las tribus indígenas norteamericanas empleaban la milenrama, encontramos que los Potawatomi quemaban inflorescencias de Achillea en rituales de protección para personas en un estado comatoso, para mantener alejados a brujas y espíritus con malas intenciones, e incluso revivir a estos pacientes en coma.

Los Ojibwa también quemaban Achillea, colocando las flores encima de carbones encendidos, para propósitos rituales y medicinales.

En otras partes del mundo, en cambio, no hacía falta quemarla para que la milenrama te regalase algún tipo de efecto sobrenatural: me llama especialmente la atención el protagonismo de la Achillea en algunas costumbres inglesas (o al menos así lo cuentan textos del s. XIX) para adivinaciones amorosas. El trocito que has escuchado al principio de este capítulo relata uno de estos encantamientos ingleses, que a menudo dicen explícitamente que la milenrama empleada para el conjuro debe crecer en un cementerio, en la tumba de alguien (a veces alguien del sexo opuesto al de la persona que quiere tener el sueño oracular).

Sin embargo, no han sido las islas británicas el lugar donde la milenrama ha tenido mayor relevancia como instrumento para leer el destino de la humanidad, sino una tierra mucho más al este, donde la adivinación se convirtió, desde muy, muy antiguo, en una disciplina muy compleja y de gran importancia en la vida de las personas.

Me refiero… a China.

Milenrama
¡Palitos de milenrama! (con ilustración incorporada esta vez, obra de Montse Moreta, y que aparece en el Libro de las Plantas Olvidadas, en la sección que le corresponde.)

La culpa de que yo me enterase del curioso papel de la milenrama en ciertas técnicas mánticas (oséase, adivinatorias) realizadas en China la tiene la varitología comparada  (es decir, mi obsesión con los palos y palitos considerados mágicos o de importancia ritual en algún lugar del mundo).

Cuando, hacia el final de mis pesquisas, me puse con las varitas rituales, inevitablemente salió la adivinación —porque lograr adivinar el porvenir es, al parecer, una preocupación muuuy común en muchas culturas humanas.

Nos fastidia muchísimo la incertidumbre, y nos inventaremos cientos de formas para derrotarla (o al menos intentarlo) —o miles, según la civilización en la que te fijes… y justamente una de las que más desarrolla técnicas para disipar las nieblas del futuro es la china. Piensa que los primeros materiales escritos (confirmados) en China no son documentos contables o administrativo, sino de tipo oracular: son inscripciones, preguntas grabadas sobre huesos o caparazones de tortuga a los que luego se aplicaba calor para agrietarlos, y la respuesta se leía según la forma y dirección de estas grietas*… ¡y estamos hablando de hace más de 3000 años!

*es lo que se conoce como piroescapulomancia.

Esta se considera la técnica de adivinación más antigua, pero la siguiente forma que aparece escoge como protagonista a nuestra planta estrella: la milenrama, o shì (蓍).

No tengo del todo claro si es nuestra Achillea millefolium, o si se trata de su hermana A. alpina (syn. A. sibirica), pero lo cierto es que alguien, en algún momento, decidió cortar y preparar varias decenas de tallos de milenrama (50, para ser más exactos), para emplearlos como instrumento oracular. Y desde muy temprano se juntan con el texto de adivinación más famoso e importante de todos los tiempos en China: el Yi Ching, conocido como Libro de las mutaciones o del cambio.

“Los santos sabios de tiempos antiguos hicieron el Libro de las Mutaciones de este modo: para ayudar de manera misteriosa a las luminosas divinidades, inventaron el oráculo de los tallos de milenrama. Adjudicaron al Cielo el número tres y a la Tierra el número dos y calcularon de conformidad los números siguientes.”

I Ching, sección Shuo Kua / Discusión de los trigramas

Ahora, y sin entrar mucho en detalle, el Libro de las mutaciones se basa en la interpretación de una serie de figuras con sus correspondientes numéricos. La técnica, simplificando mucho, consiste en sacar series de números que luego convertirás en hexagramas cuyo significado podrás descifrar, libro en mano.

Ahora bien… ¿qué rayos pinta la milenrama en todo esto?

Es una buena pregunta.

Resulta que los palitos de milenrama pueden servir para “obtener” estas secuencias de números, mediante un proceso que no voy a intentar explicarte porque creo que no lo entiendo demasiado bien.

Baste decir que funciona (lo de sacar secuencias numéricas digo; en las habilidades oraculares de Achillea, no me meto) —tanto es así, que en 1999 este vínculo entre la milenrama y los números aleatorios inspiró y dio título a un algoritmo empleado en criptografía, y que al parecer viene incorporado de serie en sistemas operativos como el iOS: el algoritmo Yarrow, término inglés para la milenrama. (Yo aluciné bastante cuando lo descubrí, la verdad.)

Pero ¿por qué los chinos emplearon milenrama, y no… madera de azufaifo, o de caqui?

Aquí aún tengo dudas, probablemente porque para disiparlas tendría que acudir a fuentes que están en chino, y no entiendo ni pun.

Lo que sí puedo añadir es que, al parecer, la milenrama forma parte del botiquín tradicional, y aparece en tratados muy antiguos de plantas relevantes en China, pero no sé si se le atribuía algún poder especial que justificase su elección como material para palitos de adivinación.

He leído alguna sugerencia curiosa que me recuerda a las ensoñaciones oraculares de los ingleses: alguien sugiere que quizás la milenrama llamó la atención en China por crecer encima de tumbas, y que por tanto le hubiesen podido atribuir una especial relación con los espíritus de los muertos —espíritus que poseían, de algún modo, la información sobre el futuro que los vivos codiciábamos.

Aunque no sé si esto es realmente así o no, me parece absolutamente fascinante que una planta tan modosita (al menos en apariencia) como Achillea haya tenido tamaña importancia en China.

achillea-blooming.jpg

Y hasta aquí —China, que no está nada mal!— nos ha llevado la senda de hoy, en compañía de las preciosas y algo misteriosas milenramas. Y yo que estaba plenamente convencida de que este capítulo me saldría más corto que los demás, y mira… va a ser que no. ¡Que la brevedad no es lo mío!

Pero antes de dejarte, quiero darte las gracias de corazón por todo el apoyo que está recibiendo este pequeño experimento mío en audio: estas últimas semanas he recibido más de dos y tres comentarios felicitándome por el podcast, y animándome a que continue, o bien contándome que gracias a algún episodio se han animado a conseguir semilla de plantas como las calabazas vinateras (que fueron protagonistas del primer capítulo del podcast, y a las que quiero muchísimo).

Me ha llegado especialmente hondo una preciosa carta sobre papel cuajado de plantas, que viajó hasta mí desde Donosti cargada de cariño y amor compartido hacia las plantas. Ver descrito tu trabajo como “historias maravillosas” que son “una delicia” es de lo más conmovedor, y me alegra especialmente que estas historias conecten con recuerdos que de otro modo hubiesen quedado dormidos en la memoria. Así que, querida mía (cuyo nombre me callo porque no sé si prefieres mantener el anonimato y no quisiera meter la pata!)… muchísimas gracias por el aprecio y la compañía.

Ya sabes que cualquier comentario es más que bienvenido, ya sea directamente en la web de Ivoox, o en redes sociales (Facebook o Instagram, donde me encuentras como @ainaserice. Y, si me sigues en Instagram, ya te aviso que tarde o temprano caerá en las próximas semanas una Story protagonizada justamente por la milenrama…).

A paso de pulga avanzo con las transcripciones del podcast en el blog, que encontrarás en la dirección senda.imaginandovegetales.com, y dooonde por cierto también puedes consultar el artículo donde hablo laaargo y tendido sobre varas y palitos para adivinar el futuro, más allá de la milenrama, titulado Varitas mágicas, ritos y religión – 2 de la serie Tienes madera de varita mágica.

Qué le vamos a hacer, me fascinan las cosas muy raras…

Y por fin, tras otra temporada-viaje a través de campos, aguas, bosques y montañas, estamos ya pisando los umbrales del huerto que nos es más familiar… aunque el árbol que va a protagonizar el último episodio de este recorrido es hoy un gran desconocido para la mayoría de personas en Occidente. Vino de lejos, tan lejos como los oráculos de milenrama, y tengo tres pistas para ti que quizás te ayuden a desvelar su identidad:

La primera es… perfume;

La segunda… roscón de Reyes;

Y la tercera… Buda.

Ya sabes que si blah blah blah

Y dicho esto, no me queda más que dar las gracias a la paradójica, oracular milenrama, agradecerte a ti la compañía, desearte un feliz día…

¡y que la clorofila te acompañe!

Logo del podcast La senda de las plantas perdidas

{Agradecimientos especiales a: Cristina Llabrés y Evaristo Pons por la música, y a Mabel Moreno por el diseño del logo <3}

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