Las múltiples personalidades del “acerolo”: Crataegus azarolus & Malpighia spp.

Capítulo #10 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 8 minutos de lectura]

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Quizás hayas oído hablar del acerolo, de sus extraordinarias propiedades antioxidantes, de su sabor agridulce, de sus bellas flores. Quizás hayas oído maravillas acerolísticas… y las hayas atribuido al acerolo que no es.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 10: AcerolosHe aquí un conflicto de personalidades —o, más bien, identidades— múltiples: pues “acerolo” no es una única planta, ni siquiera un grupo de plantas afines y del mismo linaje botánico.

No.

Las acerolas eurasiáticas no tienen nada que ver, botánicamente hablando, con las acerolas americanas… y ya va siendo hora de que desenredemos este lío (y rompamos una lanza por la inclusión de los nombres científicos en tooodas partes, o casi).

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Salvar el mundo, una planta a la vez: las locas aventuras de Carlos Magdalena

Nenúfares & otras obsesiones vegetófilas

[~ 15 minutos de lectura]

Al son de: Warumpi band,  Jailangaru Pakarnu

{Hace unos años leí y reseñé un libro titulado  El Mesías de las Plantas. Unos meses más tarde, tuve la oportunidad de entrevistar a su autor, Carlos Magdalena, para la maravillosa plataforma digital basada en Australia The Planthunter —e intentamos, por supuesto, dar protagonismo a la increíble biodiversidad que alberga el continente.

Tras los horrendos incendios que asolaron Australia durante el pasado y abrasador verano austral, pensé en traducir estos artículos, como un pequeño homenaje a su flora, y a la importancia capital de la conservación de especies botánicas, los puntales de (casi) cualquier ecosistema terrestre que se precie.

Al final ha salido una adaptación extendida, con unas cuantas citas textuales, extra, de Carlos —y fotografías que me cedió él mismo, muy amablemente.

El original en inglés está aquí (abreviado), y aquí (1, 2 — extendidos).}

Imagínate la escena: región de Kimberley, Australia. Los dingos aúllan en la oscuridad fuera del rancho mientras el cazador de plantas camina con ojos legañosos hacia el comedor comunal antes del amanecer. El desayuno se sirve alrededor de dos largas mesas: una para una bandada de mujeres parloteando, la otra para una manada de hombres taciturnos. El cazador de plantas se dirige hacia la mesa silenciosa —pero no tiene exactamente el aspecto que uno esperaría… “Los ves por la tele y van todos con un equipazo del copón, y yo lo más cómodo que encontré [para ir a recolectar plantas acuáticas] es un bañador, y al principio chancla, pero como la perdí…”

Carlos Magdalena, nenúfares en mano (y sobre la cabeza!)

Carlos Magdalena (Gijón, 1972) probablemente sea una de las personas vegetófilas más divertidas que he tenido el placer de entrevistar. Es, sin duda, el que más apodos tiene: el hombre que susurra a las plantas, plant pimp (que en castellano suena aún peor: literalmente “proxeneta de plantas”), 1/3 Noé 1/3 Indiana Jones 1/3 MacGyver, protector de las plantas, mesías de las plantas… La lista parece seguir en aumento, y las cosas han empeorado desde que publicó su primer libro, titulado El mesías de las plantas: Aventuras en busca de las especies más extraordinarias del mundo (Debate, 2018; para el original inglés, Penguin, 2017).

En la primera página de la introducción, declara que

“[M]i misión realmente es hacerte cobrar consciencia de hasta qué punto son importantes las plantas. Es más, he de confesar que, de hecho, estoy obsesionado con esta idea.”

Obsesión y fiebre son términos que utiliza a menudo para describir su relación con las plantas, y que a veces pueden causar estragos en la vida de las personas —tanto humanas como no humanas. Sin embargo, mientras charlamos largo y tendido veo en Carlos los mejores rasgos que una sana obsesión puede sacar en nosotros: una perseverancia tenaz frente a la adversidad, y esa clase especial de curiosidad que todos los grandes naturalistas han tenido, la habilidad de moverse a distintas escalas, ver tanto el detalle concreto como el gran conjunto, y dejar que coexistan sin conflicto en su mente.

Y la voluntad de hacerse preguntas constantemente.

“Lo más importante con las plantas es la obsesión y la pasión; si no las tienes, no vas a ningún sitio. (…) Tienes que obsesionarte para avanzar.”

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El jardín en la ciudad de los ginkgos

Una visita al Koishikawa botanical garden, Tokyo

[~ 10 minutos de lectura]

Al son de: Marika Takeuchi,  Roots

Ironías de la fortuna, este artículo se ha fraguado entre dos confinamientos: uno menor y muy localizado (en un hotel de Tokyo; duración de 1 día, por alerta meteorológica), y otro mayor y global (en casa; duración aún por determinar, por alerta pandemia).

Empecé a escribir las siguientes líneas en Tokyo, mientras esperábamos a que el tifón Hagibis dejase el área metropolitana atrás. Las he terminado al cabo de cinco meses, esperando a que la situación de alarma por el COVID-19 arrecie. Viajes cumplidos, viajes abortados. Extrañas simetrías.

A veces, el destino tiene un sentido del humor perverso.

Más de 20 años esperando el momento de viajar al país del sol naciente, y a los dos días de aterrizar en Tokyo, salta la alarma tifón. Efectivamente, la ciudad está encapotada desde antes, gris y lluviosa y pesada, lo cual obliga a la cámara de fotos a vivir de forma casi perenne en valores de ISO de 200+, y hace que las imágenes salgan algo tristes y deslucidas.

Me he llevado grandes sorpresas en Japón. Para empezar, adoro al ministerio del ambiente japonés* —no sé si al presente o a alguno de los pasados, pero lo cierto es que cualquier ministerio que cuide el verde de su capital con tanto esmero, y que encima ME PONGA CARTELES CON LOS NOMBRES CIENTÍFICOS de las plantas por la calle… es que me derrito. LO ADORO, así, en mayúsculas.

*Bueno, o alcalde… pero es algo generalizado en varias partes de Japón, así que quizás sí sea un ministerio.

Si lo comparo con mi fugaz visita al jardín botánico de Bangalore, la experiencia en Tokyo está en sus antípodas para muchísimas cosas… y se parece en otras (sorprendente pero cierto). Seguir leyendo

Habas de lobo contra elfos e insectos: Lupinus spp.

Capítulo #09 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 13 minutos de lectura]

[Emitido el 27.07.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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¿Qué habrán hecho los altramuces para ser llamados “la más insustancial de todas las legumbres”?

La senda de las plantas perdidas, capítulo 09: Lupinus spp.Segundón de segundones, en las jerarquías ficticias que creamos para encasillar a los alimentos Lupinus raramente ha salido muy bien parado.

Tal vez porque los amargos en el vaso no nos parecen mal (véase el ajenjo), pero en el plato nos estorban más, y los altramuces son amargos a rabiar, un amargo tóxico, del que hay que deshacerse si quiere comerse un potaje de Lupinus.

Y sin embargo son nutritivos, bellos, y encima tienen delegaciones a ambos lados del charco, pues hemos domesticado altramuces tanto en Europa como en los Andes americanos.

Si no los conoces aún, te invito a que descubras algunas de sus historias

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De diosas y hadas que cazan en verde: Artemisia spp.

Capítulo #08 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 13 minutos de lectura]

[Emitido el 11.07.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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La amargura, el dolor, la locura.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 08: Artemisia spp.

La amiga de las madres, la exterminadora de lombrices, la protectora contra las fiebres.

Al igual que la luna tiene dos caras, el ajenjo y sus hermanas dentro del género Artemisia tienen su aspecto luminoso, y su lado oscuro. Plantas medicinales a menudo no exentas de contraindicaciones, su amargor es sinsabor metafórico, pero también aliado de quien sabe emplearlas con cuidado.

Existen más de 300 especies de Artemisia en todo el mundo (a excepción de Oceanía); de la familia de las margaritas y las dalias, estas plantas tienen montones de historias que contar —tantas, que desbordan los límites de un simple capítulo de podcast.

Pero si quieres emprender la senda de las artemisas, puedes dar el primer paso escuchando este episodio, donde hablamos de poesía, fiebres maláricas, dioses aztecas y la bebida preferida de la belle epoque francesa, entre otras muchas cosas…

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Los árboles de agua y luna: Salix spp.

Capítulo #07 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 13 minutos de lectura]

[Emitido el 27.06.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Son hijos de las aguas que corren por sus ramas flexibles. Son amigos de las abejas, que liban el néctar de sus flores en primavera, y amigos de la humanidad, que lleva milenios apreciando su  versatilidad.

Los Salix han sido material para cestos y esteras —pero también material para nuestra imaginación, que los ha visto como varitas con poderes mágicos, como metáforas poéticas para hablar de la mujer deseada, o incluso como árbol blanco que crece en el jardín del Hades.

Nos revelaron los secretos para elaborar aspirinas (¿pero de qué les sirve a ellos sintetizar aspirina?), y para delimitar y enriquecer los jardines flotantes-que-no-flotan mexicanos, las chinampas.

Tan importantes como —a menudo— desconocidos. Si quieres saber un poco más sobre ellos, este es el momento…

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Trenzando fibras de amor y justicia: Tilia spp.

Capítulo #06 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 10 minutos de lectura]


[Emitido el 13.06.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Tilia lleva el corazón en sus hojas de risa ligera, que se echan a bailar cuando sopla la brisa.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 06: Tilia spp.

Mal les pega el género masculino a estos árboles, tan ligados a la esfera femenina y familiar en la mayoría de pueblos que los han conocido y amado.

A todos nos suena su nombre, y el nombre de sus flores (y de la infusión medicinal que preparamos con ellas), las tilas. Pero ¿qué sabes de su simbología en el este de Europa, de su relación con la justicia y con los bailes?

¿Conoces acaso qué conexión hay entre los tilos y la escritura en tiempos antiguos (o con Gladiator)?

¿Qué relaciones tienen con las abejas… y los abejorros? (Hay rumores de que es una asesina abejorril, pero ¿lo es realmente?)

Y podría seguir (porque Tilia da para mucho) pero nos paramos aquí, a la sombra de un tilo cuajado de flores perfumadas, a disfrutar de su sombra protectora… ¿te guardo un sitio?

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