Los árboles de agua y luna: Salix spp.

Capítulo #07 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 13 minutos de lectura]

[Emitido el 27.06.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Son hijos de las aguas que corren por sus ramas flexibles. Son amigos de las abejas, que liban el néctar de sus flores en primavera, y amigos de la humanidad, que lleva milenios apreciando su  versatilidad.

Los Salix han sido material para cestos y esteras —pero también material para nuestra imaginación, que los ha visto como varitas con poderes mágicos, como metáforas poéticas para hablar de la mujer deseada, o incluso como árbol blanco que crece en el jardín del Hades.

Nos revelaron los secretos para elaborar aspirinas (¿pero de qué les sirve a ellos sintetizar aspirina?), y para delimitar y enriquecer los jardines flotantes-que-no-flotan mexicanos, las chinampas.

Tan importantes como —a menudo— desconocidos. Si quieres saber un poco más sobre ellos, este es el momento…

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Un brindis a las alturas: Juniperus communis

Capítulo #05 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 11 minutos de lectura]

[Emitido el 30.05.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Un tipo duro, testarudo.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 05: Juniperus communis

Un tipo que puede ser arisco, y con hermanos que llegan incluso a la violencia, si no prestas atención con detenimiento a sus instrucciones de uso.

Pero los enebros son también gente que tiene el corazón henchido de perfume, protectores por excelencia.

Conocerlos es quererlos —y puedes conocer a alguno de los integrantes del género Juniperus en muchas partes del mundo (con la salvedad de Oceanía). Se esconden bajo muchos nombres comunes, llamándose enebros, sabinas, cedros o incluso cipreses en algunas zonas del mundo, pero también tlascal, aorí, táscate, aborí o ayorique, entre otros.

Quemados en forma de sahumerios tanto para incensar ceremonias como para curar resfriados, los enebros han tenido un papel medicinal y ritual bárbaro, y de eso hablaremos en el capítulo de hoy, protagonizado por el enebro de distribución más extensa de todos, Juniperus communis, pero con menciones a algunos de sus hermanos… ¿te apuntas a conocerlos?

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La guirnalda perfumada: Viola odorata

Capítulo #04 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 12 minutos de lectura]

[Emitido el 16.05.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Dicen en alemán, de las cosas que ya no están de moda, que son “viejas violetas”: Olde Violen.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 04: Viola odorata

En los tiempos que corren, incluso las violetas jóvenes tienen un aire viejuno que no merecen. Si eran lo suficientemente buenas para ceñir la frente de Afrodita nada más surgida de las aguas, algo tendrán estas flores de delicado perfume… y de eso quiere hablarte este capítulo del podcast.

De diosas y rituales y difuntos; del botiquín que ocultan modestamente estas flores; de Homero, de palabras para hablar de los colores, de químicos y revolucionarios del s. XIX.

Siempre gracias a ella: la violeta de olor, y sus hermanas dentro del género Viola.

Tan preciosas que, como nos recuerda otro refrán, “echar violetas a las vacas” es un derroche tan grande como arrojar margaritas a los cerdos (o más).

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Cómo espantar serpientes y brujas rudamente: Ruta spp.

Capítulo #02 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 10 minutos de lectura]

[Emitido el 018.04.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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La ruda es hierba de sobras conocida (con razón se dice de algo que “es más conocido que la ruda”)

La senda de las plantas perdidas, capítulo 02: Ruta spp.

De olor fuerte y asociaciones lunares, en ciertas regiones le ha quedado fama de hierba mágica, ramillete de brujas.

Y sí, es cierto que posee propiedades medicinales asociadas a la esfera femenina, pero… no terminan ahí sus historias.

Desde su cuna mediterránea, la decena de especies del género Ruta sp. ha conquistado terreno a lo largo de los siglos, y ha ido generando leyendas y costumbres curiosas, que van desde los fogones hasta los remedios anti-basilisco.

Ahí es nada.

Hoy saldremos a los campos en pos de las historias de las rudas para conocerla un poco mejor… ¿te apuntas? Seguir leyendo

Alheña & las barbas del filósofo

Historias de tintes vegetales, enfermedades genéticas y filósofos famosos

[~ 8 minutos de lectura]

Al son de: Nadina,  Shou Baddou Yseer

{This article first appeared on The Planthunter#35 and may be read here | Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #35WOMAN de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Nacer mujer en Egipto cincuenta años atrás habría marcado tus días… y tus noches.

Una en particular habría quedado grabada en tu memoria, una noche mágica con nombre propio: Laylat al-hinna, una velada de poesía y belleza durante la cual las mujeres de tu familia y círculo de amistades habrían entretejido un escudo contra el mal de ojo sobre tu piel.

La aurora hubiese hallado tus pies y manos cubiertos con una hermosa red de diseños dignos del más fino brocado, a menudo tan densos que uno podría confundirlos con un par de guantes o unos calcetines tricotados de color rojo teja.

Estos trazos protectores habrían sido tus acompañantes al cruzar el linde del matrimonio, y te habrían delatado como novia recién casada durante semanas, antes de desvanecerse lentamente.

Diseños con alheña (mehndi, mehandi)
Posiblemente los diseños hubiesen sido distintos (pues me parece que la foto está sacada en la India y no en Egipto…), pero la sustancia es la misma.

Las responsables del color bordado en tu piel habrían sido las hojas machacadas de una planta bendecida con el extraño poder de dejar una marca, permanente a la vez que temporal, sobre pelo, uñas y piel: la alheña (Lawsonia inermis L.). Seguir leyendo

El cactus africano, la piruleta y el bosquimano: las locas aventuras de Hoodia

[~ 13 minutos de lectura]

Al son de: P!nk, Just like Fire

Imagina que te tropiezas con la lámpara de Aladino.

Frotas, puff, humo, genio, y llega lo bueno: tus tres deseos. ¿Quién diría que no a una oportunidad así?

Y es que los genios no conocen el paro, porque desear es un verbo eterno. Sin embargo, a veces nuestros deseos se concretan de forma sorprendente, y en el último siglo se ha producido una inversión de valores respecto a lo que consideramos deseable, y lo que no. Pues, ¿cuántas mujeres de hoy gastarían un deseo en adelgazar? Una petición que seguramente sonaría absurda para cualquier genio con milenios de experiencia, más acostumbrado a conceder comida y hermosas redondeces (antaño sinónimo de belleza).

Al igual que ha sucedido con la tonalidad de la piel blanco/moreno, hemos pasado de desear gorduras, a suspirar por flacuras; y, cómo no, los vegetales están a la orden del día para saciar nuestros anhelos, escondidos incluso en los lugares más improbables que podamos imaginar, por ejemplo… un chupachup.

… un momento. ¿Chupachups para adelgazar?

Dieta de la piruleta
Se me hace taaan raro…

Pues sí. Bueno, en español hemos adaptado la traducción un poco: de lollipop diet pasamos a la dieta de la piruleta, con rima consonante y todo. Pegadiza… aunque, por otra parte: ¿cómo tomarse en serio una dieta que suena a estribillo?

Y sin embargo se la ha tomado en serio, y mucho, por parte de muchas famos(ill)as en la altas esferas —o, al menos, las suficientes como para que hablasen de ella en la radio tiempo ha, que así fue como me enteré de su existencia.

¿El detalle que activó el radar vegetófilo? La composición de las piruletas dietéticas (que no vale una cualquiera: tiene que ser un Power pop, que así se llaman los chupachups en cuestión): Seguir leyendo

Cleopatra y el protector solar SPF-50

Historia del protector solar en clave vegetal

[~ 13 minutos de lectura]

Al son de: Luminous, Crescent Moon

Agosto.

Ese tórrido mes veraniego (al menos, para los que estamos en el hemisferio norte) que nos hace sudar, y soñar, sólo con pensar en él. Vacaciones, dulces vacaciones.

El mes del sol y playa por excelencia. La arena se cubre de toallas y cuerpos que aspiran a dorarse, o incluso freírse, para obtener ese codiciado bronceado de forma más o menos responsable. Y qué decir de las madres, eternamente preocupadas por sus pequeños, a quienes persiguen para embadurnarlos de crema solar.

Lo confieso: de niña yo odiaba la crema protectora. Ahora sigue sin apasionarme—pero ya lo sé, es buena, necesaria, y hay que ponérsela para que a una no le envejezca la piel prematuramente, para no desarrollar un melanoma, blah blah blah.

Mi gran ventaja es que me importa un soberbio pepino no ponerme morena, así que evitar el sol no es ningún sacrificio. El gran inconveniente es que al resto del mundo sí parece importarle, y están empeñados en que me apunte al bronceado.

Esto, que conste, no habría pasado hace 50 años, y mucho menos hace 500 o 5000. La tez pálida ha sido un ideal para la mayoría de mujeres en muchas culturas y épocas históricas (y aún lo es en lugares como la India, llegando a extremos que a mi parecer son risibles… véase el vídeo de aquí abajo, anunciando cremas blanqueadoras de piel. Incredibol).

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