Paseos por el Jardín Botánico Atlántico de Gijón

[~ 3 minutos de lectura]

Al son de: Airstream, Electra

El fragmento de Paraíso que enraíza en Gijón lleva el océano en su nombre.

Llegamos con el sol del mediodía al jardín botánico, uno de esos puntos irrenunciables en la ruta de nuestro viaje, y único motivo que nos acercó a Gijón aquella tarde de invierno.

Nuestra visita era un híbrido entre las circunstancias y el optimismo; Asturias en diciembre no es precisamente garantía de solecito y buen tiempo. Sin embargo, los dioses meteorológicos nos sonrieron benévolos durante las cinco horas que duró nuestro pasear errabundo en el botánico, hasta que la luz fue extinguiéndose y cerró sus puertas.

El camino que se adentra en el jardín…

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Elogio al jardín botánico: un microcosmos de conocimiento

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Enya, The Memory of Trees

Los jardines botánicos son fragmentos del Paraíso.

No me refiero al paraíso en sentido histórico, aquel pairidaeza que se remonta a Mesopotamia, a Persia y a sus vergeles ceñidos con vallas y muros. No.

Hablo de Paraíso en el sentido mítico y trascendente de la palabra. En el jardín imaginario que un día soñamos como representación microcósmica de la naturaleza entera, y cuyo árbol más icónico y ambivalente concedía el conocimiento a quien comía de sus frutos.

Quien sabe si tal vez su savia nos hubiese regalado algo más raro y precioso: la sabiduría.

Jan Brueghel el Viejo, El Jardín del Edén
A este, vamos (versión imaginada por Jan Brueghel el Viejo, pero hay muchas otras igualmente hermosas, faltaría más). Imagen cortesía de Wikipedia.

Pero fue ese fruto lleno de conocimiento lo que puso en marcha la gran aventura. Un fruto con muchas semillas, que cayeron a tierra sin aspavientos y esperaron, dormidas, a que llegasen hortelanos con ansias de ordenar el mundo; de recomponer ese Edén perdido, esa quimera donde había un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio, y así comprender. Conocer.

Son quimeras, claro. El Orden de la naturaleza, en mayúscula, no es el del Paraíso de los mitos. Pero estas semillas imaginarias, llenas de conocimiento, han germinado y se han encarnado en el mundo. Se llaman jardines botánicos. Seguir leyendo

Almería, o cómo escribir un desierto

Un viaje al Cabo de Gata, el desierto creado y agravado por el hombre

[~ 5 minutos]

Al son de: Mike Oldfield, Pacha Mama

{This article first appeared on The Planthunter #33 and may be read in English here ||| Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #33 DESERT de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Las chumberas se están muriendo ante mis ojos.

La plaga se detectó por primera vez hace diez años, no muy lejos del jardín botánico que estoy visitando. No se ha encontrado cura de momento, nos dice nuestro conductor de bus mientras paseamos por los senderos serpenteantes del jardín: una vez que tu Opuntia enferma, no hay más remedio que cortarla y quemarla.

Detecto un trasfondo de frustración impotente en su voz, la sensación de que le ha tocado una mala mano de cartas — Yo estaba aquí, dedicándome tranquilamente a mis cosas, y de repente ¡va y me aparece esto!

Las chumberas en el jardín están cubiertas de lo que parece ser una pelusilla blanca. Cojo entre índice y pulgar un pellizco de esa curiosa sustancia, y apreto; me tiñe las yemas de rojo sangre, como ya sabía yo que pasaría. Seguir leyendo

De raíces, árboles & familias

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Ana Alcaide & Gotrasawala Ensemble, Aguaribay

{{This article first appeared on The Planthunter #32 and may be read in English here ||| Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #32 COMMUNITY de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}}

Tras la muerte de mi abuelo, mi padre (y mi tía) heredaron la mayoría de sus posesiones mundanas: un armario de trajes y zapatos, una pequeña casa en el pueblo, y media docena de higueras.

Mi abuelo nunca cultivó la tierra heredada de sus antepasados; en una familia de raíces campesinas, fue el primero que pudo alzarse por encima de los afanes de la vida agrícola y licenciarse en Derecho. Animó a sus propios hijos a perseguir carreras intelectuales, así que mi padre tampoco se dedicó al campo… lo cual significa que la tierra de la familia ha sido dejada a su aire durante las últimas décadas.

Sin embargo, los árboles no parecen haber notado demasiado este “descuido”; ellos se dedican a sus cosas —sacar hoja, flor, y fruto— sin requerir ni una pizca de ayuda humana. Como si de postes vivientes se tratara, los encontraba siempre igual cada vez que mi madre me arrastraba con ella para ayudarla a recoger los frutos de las ramas bajas.

Fig branch (Ficus carica)

Nunca fui una fan de coger higos. Tanta zarza, tanto insecto —y total, tampoco me gustaban mucho esos frutos pringosos de látex blanco. Sin embargo, cada verano nos armábamos de cubos azules e íbamos a visitar los árboles de la familia —antaño de mi abuelo, hoy de mi padre, y se supone que con el tiempo, serán míos.

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[Hojeando libros] Renoir’s Garden

(Fell. Frances Lincoln 1991)

Al son de*: The Cinematic Orchestra, Les Ailes Pourpres (BSO)

*Me han sugerido, muy acertadamente creo, que ponga enlaces a las canciones que acompañan mis pesquisas y redacciones. Se abrirán en ventana nueva si pincháis en el título, llevándoos en volandas hasta Youtube.    |    {The English version of this review may be read here}

 Cuando los colores están vivos, pintamos jardines”.

Así se me ocurrió titular un capítulo de La Invención del Reino Vegetal, inspirándome en las exhortaciones de algunos paisajistas-artistas a “plantar el suelo como si se pintase un paisaje con seres vivos”.

La relación entre el arte y los jardines es cuestión espinosa. Para algunos, la jardinería es arte; para otros, ni se le parece. Personalmente, no albergo dudas al respecto: un jardín puede ser una obra de arte. Quizás no todos los jardines lo sean, al igual que no todo garabato nos merece el calificativo de “arte”. Pero haberlos, haylos.

Visto en retrospectiva, puede que el movimiento que más haya hecho por encumbrar a los jardines como sujeto artístico digno de admiración y respeto haya sido el Impresionismo, con la famosa aseveración de Claude Monet refiriéndose a su jardín en Giverny como a “su más bella obra de arte”.

summer-landscape-1875
‘Summer Landscape’ (1875), Pierre-Auguste Renoir, en el Thyssen Bornemisza según Wikiart, de donde sale el cuadro.

La fascinación que ejercen los jardines sobre muchos de los impresionistas es fuerte.

Se han escrito libros, montado exposiciones, rodado películas y series sobre la relación Impresionismo-jardines. Algunos de los personajes son archiconocidos, incluso entre personas poco interesadas en el mundo de la pintura. Es el caso del mismo Monet, el “príncipe” del equipo, el protagonista —casi sin quererlo— de todo el tinglado.

Dejad que aclare una cosa: me encanta leer, ver, investigar cosas sobre Monet. En la serie de la BBC The Impressionists, mi preferido era Claude. We all love Monet, nos fascinan sus ninfeas, sus glicinias, los agapantos, los campos de amapolas, las casas henchidas de rosas, y toda la tropa. Nos gustan incluso las flores que no pintó, mira tú por dónde.

Sin embargo, me chiflan las historias que, por algún extraño motivo, la posteridad ha considerado menos dignas de interés, y se olvida de sacarles brillo, si no es muy de vez en cuando. Es sabido que me gusta hablar de las flores de las que nadie habla; puede que razones análogas me lleven a querer hablar, más que de la posteridad, de la oscuridad. De esos jardines que se han quedado oscuros, y quizás por ello retienen aún secretos que me atraen, que puedo intentar desentrañar. Seguir leyendo

Los jardines flotantes son buenos para pensar [completo]

[~ 15 minutos de lectura]

Al son de: Plumb, Smoke

Tenía que ser un artículo fácil. “Jardines flotantes, ayer & hoy”.

La idea surgió tras leer acerca del invento del spin-off de Stefano Mancuso & cía: la jellyfish barge, o barcaza medusa (… serán unos genios de la ciencia, pero del marketing… personalmente lo de “medusa” no me entusiasma).

Una de las atracciones en la EXPO Milano 2015 (que no llegué a ver, sniff), se trata de una estructura autónoma flotante para el cultivo de vegetales, “capaz de producir agua dulce gracias a la destilación solar”.

Un verdadero ecosistema agrícola nómada, el módulo está construido con materiales reciclados, y usa tecnologías de bajo coste. ¿Su propósito? Permitir la producción de alimentos saludables al vaivén de las olas, reclamando la superficie de las aguas marinas, de lagos o ríos actualmente contaminados, o de cualquier otra masa de agua que queramos convertir en productiva.

Acumulando premios por la iniciativa, y con dos prototipos ‘vistables’ y visitables, este interesantísimo concepto de huerto flotante ecológico me hizo pensar de inmediato en otros huertos flotantes de los que había leído años atrás: las chinampas, también conocidas como “los jardines flotantes aztecas”. Seguir leyendo