Podcasteando La senda de las plantas perdidas: orígenes y motivaciones

¿Por qué un podcast sobre etnobotánica?

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Cristina Llabrés & Evaristo Pons, La senda de las plantas perdidas OST

Nació con la primavera astronómica boreal: un camino hecho de palabras contadas,

“un podcast etnobotánico que trata de nuestras historias de amor (y desamor) con un reino tan olvidado como esencial: el reino vegetal”.

Sí, se trata de mi nuevo proyecto, titulado La senda de las plantas perdidas. Un proyecto en formato audio, episódico, que empecé grabando con un móvil (convenientemente embutido en dos calcetines) arrebujada dentro de un armario.

"Estudio de grabación" (muy sofisticado)
Se graba con la ropa dentro y todo. Eso que asoma dentro del calcetín es el móvil.

Lo inauguré como un experimento, y una tabla salvavidas: en pleno proceso de redacción de mi última obra (El libro de las plantas olvidadas), me ayudó a romper con la monotonía de escribir-escribir-escribir —para el libro, para las redes, para el boletín vegetófilo, para encargos varios…

El libro de las plantas olvidadas saldrá publicado este otoño (2019) con la editorial Ariel; el proceso entero de redacción+edición+publicación habrá durado un año y un par de semanas justas. Como todos mis libros, es fruto de un trabajo de investigación lo más exhaustivo que puedo… pero los libros, ya se sabe, tienen un principio y un final. No pueden dar cabida a la exuberancia de anécdotas, historias y peripecias vegetófilas que uno descubre mientras investiga, por muy fascinantes que sean.

Y, como no quería “tirarlas”, decidí usarlas como materia prima para ese experimento que me rondaba la cabeza desde hacía años (porque yo misma los consumo vorazmente desde hace un lustro, o más): un podcast. Seguir leyendo

Cuando las chumberas sangran

Historias y paradojas sobre invasiones biológicas

[~ 10 minutos de lectura]

Al son de: Bliss, Don’t Look Back

{Originalmente publicado en el número 21 (Febrero de 2018) de la revista PARADIGMA, editada por la Universidad de Málaga y dedicada a las Plantas y los Animales. Puedes acceder al PDF original desde aquí.}

Queensland, Australia. 1912

Se busca desesperadamente asesino para exterminio en masa.

Me dijeron que no podía escribirlo de forma tan explícita en el anuncio oficial, claro. El gobierno es un poco tiquismiquis para estas cosas, pero en realidad era lo que necesitábamos urgentemente, y todo por culpa del maldito rojo de las casacas militares. Nunca una casaca creó tantos problemas (salvo, quizás, la de Caperucita; pero los lobos no ven en rojo, así que…).

Todo había empezado en 1793, cuando los ingleses, en lugar de dedicarse a vigilar a sus vecinos que se divertían guillotinando nobles a diestro y siniestro en París, se pusieron a pensar en otras cuestiones y decidieron que Australia sería un lugar perfecto para cultivar la cochinilla del carmín y obtener tinte rojo para las benditas casacas de sus soldados. ¡Ja! Perfecto, y una porra… Cochinillas, no vieron ni una, pero los cactus esos, los nopales que les sirven de comida al bicho, esas sí que se apoderaron de nuestras tierras en un abrir y cerrar de ojos, y ya no hubo quien les parase los pies. O los cladodios, vamos.

Opuntia tomentosa
Opuntia tomentosa, una de las especies que se comportan como invasoras en Australia.

Lo hemos intentado todo, de verdad. Fermentarlas y producir alcohol, o convertirlas en jabón, o papel— no funciona. Hace una década que el gobierno prometió una recompensa de £5 000 para quien descubriese un mecanismo de control efectivo, y nada. Hace cinco años se duplicó la cifra, y aún nada.

Así que esta es nuestra última esperanza para exorcizar al demonio chumbo: the Prickly Pear Travelling Commission. Sus miembros nos embarcaremos en sendas misiones, rumbo a Latinoamérica en un intento de encontrar a ese asesino que tan desesperadamente necesitamos, que sea capaz de exterminar a las Opuntia. Seguir leyendo

Varitas legendarias & literarias | “Tienes madera de varita mágica…”

Notas de varitología comparada, Interludio: Yemas

[~ 19 minutos de lectura]

Al son de: Michael & Jeff Danna, A Celtic Romance

Cuenta la leyenda que, cuando la reina Étaín desapareció de la corte de Erinn (Irlanda), el rey encargó su búsqueda al druida Dallan. Tras muchos meses de fatiga, por fin el gran druida cortó cuatro varitas de tejo y en ellas labró una serie de caracteres mágicos; gracias a ello le fue revelado el paradero de la reina, oculta en el palacio del soberano de las hadas Midir.

Tejeda enramada (Taxus baccata)
Ramas de tejo (Taxus baccata), perfectas para ser cortadas e incisas si eres un druida en busca de una reina perdida…

Quizás recuerdes a Étaín como la mujer que fue convertida en charco (y después, en mosca) por una rival celosa blandiendo una varita de serbal. Ambas historias pertenecen al ciclo mitológico-legendario conocido como El Cortejo de Étaín, y nos introducen en las arenas movedizas que yacen entre el mito y la realidad.

Nos adentramos así en el territorio de las leyendas, de los cuentos, de las historias que cantamos o escribimos, comúnmente protagonizadas por mortales cuyas aventuras se desarrollan —o al menos empiezan— en un mundo que nos resulta familiar.

Una huérfana sometida a la tiranía de su madrastra; un caballero pendón que busca conquistas de usar y tirar; un faraón destronado; un duque exiliado en una isla lejana.

El papel de los dioses en estas historias, si es que lo tienen, suele ser secundario; sin embargo, abundan seres con poderes sobrenaturales que se mueven en la frontera entre lo creíble y lo increíble (una frontera muy ancha y muy borrosa, pues diferenciar entre mito y leyenda es complicado, así que espero me perdones las inexactitudes cometidas al respecto).

En algunas de estas historias también aparecen varitas, cuyos principales atributos concuerdan con los de sus mellizas, las varitas míticas: transformaciones, y/o ejercer algún tipo de control sobre los demás —ya sean personas, el resto del mundo natural, o las almas de los muertos.

No obstante, en el caso de estas varitas legendarias y literarias, más cercanas al mundo cotidiano que habitamos, cabe preguntarse: ¿hasta qué punto la leyenda refleja aspectos de la realidad? Seguir leyendo

“Tienes madera de varita mágica…” (I) Definiciones & varitas en el mito

Notas de varitología comparada, Parte Primera: Raíces

[~ 14 minutos de lectura]

Al son de: Achillea, The Nine Worlds

Madrid, 6 de junio 2018.

Se escuchan gritos que provienen del sótano de una librería, una sarta de palabras incomprensibles para el mundo no-mágico.

“¡Alohomora!”

“¡Lumos!”

“¡Wingardium leviosa!”

“¡Expelliarmus!”

“¡Avada kedavra!”

Intercambiar hechizos harry-potterianos con un crío de ocho años es toda una experiencia. Afortunadamente para mí, era un muggle —o, como mínimo, no tenía lo que hay que tener para que una maldición Avada kedavra le funcionase y dejase tieso a su enemigo (que al parecer, en este caso era yo): no tenía una varita mágica.

Si hay algo por lo que estoy muy agradecida a J. K. Rowling, es la cuidadosa atención que presta en el Potter-verso (= universo harry-potteriano) a la varitología, disciplina imaginaria que toma en consideración los pormenores de la elaboración de varitas mágicas… hechas, cómo no, a base de maderas varias.

En Cuéntame, Sésamo aparecen varitas (las que más llaman la atención, de hecho, las llevamos Jacobo y yo en nuestras respectivas fotos de la sección biográfica. La de Jacobo no sé, pero la mía con toda probabilidad era de Quercus ilex).

Sin embargo, ese libro no era el lugar más adecuado para meterme en cuestiones varitológicas, que son complejas de desbrozar y obligan a plantearse preguntas como: ¿de dónde salen las varitas mágicas? ¿En qué lugares, en qué tradiciones folklóricas y mitológicas nacen? ¿Cuándo aparecen? ¿De qué están hechas, y por qué?

Pero, primero y sobre todas las cosas, el mayor interrogante que toca abordar en cualquier pesquisa varitológica histórica es:

¿pero qué rayos es una varita mágica? Seguir leyendo

¿Puedes contar verdades e informar a través de la literatura?

Yo digo que sí.

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Riversilvers, Dreams

Hace varias semanas recibí una crítica que me hizo pensar.

(Bueno, después de sorprenderme, ponerme de mal humor, machacarla punto por punto, releerla a la defensiva… hasta conseguir observarla con curiosidad).

La primera línea era la siguiente:

“(…) la idea es muy buena pero el contenido me resulta poco informativo, ya que se centra en la parte literaria [en comparación con la parte científica] que además, es algo redundante y se extiende demasiado.”

“La idea” a la que se refiere es la temática de Cuéntame, Sésamo: la nueva obra que saldrá a la venta el 26 de marzo de 2018, con la editorial A Fin de Cuentos. Se trata de un libro infantil que combina cuentos de hadas y divulgación vegetófila, y cuya tesis es sencilla:

los cuentos de hadas no son nada sin las plantas.

La casa de la abuelita de Caperucita (Ilustración de Jacobo Muñiz para Cuéntame, Sésamo)
La casa de la abuelita de Caperucita… Lobo, lobo (ilustración en el cuento original, de Jacobo Muñiz)

El libro tiene una parte “literaria” dual: incluye una versión del cuento de hadas tradicional (por si acaso la juventud moderna…), y un cuento más vegetófilo, en el que imagino cómo pudieron llegar al cuento sus plantas protagonistas.

En algunos casos la identidad de esta planta estaba cantada, como Blancanieves y su manzana; en otros, ha sido una elección personal, siempre con el mayor fundamento histórico y científico posible (como en el caso del olivo en Alí Babá, que expliqué aquí).

Luego están las secciones de divulgación infantil más pura: para las plantas protagonistas, se incluyen “sus historias secretas y sus curiosidades —científicas, etnobotánicas, históricas— más allá de los cuentos”. Seguir leyendo

El jardín escondido en el corazón de Bolonia (Italia)

Otoño en el Orto Botanico di Bologna

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Sonohra feat. Hevia, Si chiama libertà

No me esperaba gran cosa, la verdad.

Sabía que era pequeño, y que no se pagaba entrada. Mala señal para un jardín botánico —y más aún teniendo en cuenta los precios en la ciudad, donde un café no es barato ni siquiera en zona universitaria.

Para empeorar las cosas, Bologna en día de mercad(ill)o es un estrés absoluto, tanto para peatones alérgic*s a las aglomeraciones como para conductores (prohibido prohibidísimo entrar en coche en el casco histórico si no eres residente; y, si por un milagro consigues aparcar en los alrededores, la ORA se paga a 2,40€… cada hora). No llegábamos a las puertas del orto botanico tranquilos y relajados precisamente, así que disminuí mis expectativas a su mínima expresión.

Un jardín gratis estaba destinado a ser un churro…

… y resultó serlo.

Vista del Jardín botánico de Bolonia

Pero fue un encantador churro artesano con chocolate caliente: para chuparse los dedos. Seguir leyendo

A la sombra de la Torre de Pisa crece un jardín…

Deambulares otoñales por el Orto Botanico di Pisa

[~ 6 minutos de lectura]

Al son de: Francesca Michelin, Vulcano

Se entrevé el mármol blanco, inconfundible, entre el follaje; la torre casi parece una altísima muchacha escondida tras un tronco que se inclina a un lado para comprobar si la estás mirando.

Torre de Pisa desde el Orto botanico di Pisa
La palmera gana.

Creo que fuimos un duro golpe para su ego, pobre Torre de Pisa. No fuimos a verla.

Yo diría que quizás seamos los únicos turistas que llegaron a la ciudad toscana, aparcaron, se fueron derechitos al orto botanico, y varias horas más tarde volvieron corriendo al coche y se largaron echando virutas.

En nuestra defensa diré que la saludamos con la mano, eso sí —y que ya había paseado por la Piazza dei Miracoli años atrás.

También había estado en el Orto Botanico di Pisa, pero, vergüenza vergonzante donde las haya, no recordaba prácticamente nada de la visita. Había que remediar un vacío de memoria vegetófila tan sangrante, así que… Seguir leyendo