La invención del lenguaje vegetófilo

Una reflexión sobre la percepción, el lenguaje y la naturaleza

[~ 15 minutos de lectura]

Al son de: Eurielle, Whispers

I.

Este fin de semana nos perdimos en el bosque.

Parece una broma, y nos lo tomamos a risa, pero la verdad es que tuvimos mucha suerte de no terminar con una rueda pinchada en un camino de cabras bien empinado, lleno de socavones— y sin cobertura para avisar a alguien y que nos echase una mano (o, en este caso, mejor un cable).Sombras proyectadas por los árboles en el suelo...

Antes de descubrirnos totalmente perdidos, mientras avanzábamos tan panchos hacia ninguna parte, R me hizo notar con voz maravillada las sombras que la bóveda de árboles sobre nuestras cabezas (o, mejor dicho, nuestro cochecito-leré) proyectaba sobre el suelo pedregoso. No era la primera vez que yo advertía el fenómeno, pero sí que veía hacerlo a alguien distinto de mí.

Regresaríamos a esas sombras rebullendo en el suelo más adelante, pero en aquel momento estábamos demasiado ocupados perdiéndonos como para prestarles mayor atención.

Saqué una foto, y luego nos pusimos a hablar de otra cosa.

II.

07/2013

La tarde perfecta con amigos (+4 personas para mayor diversión)

Ingredientes

Una encina frondosa, una mesa, papel y boli, un diccionario. Seguir leyendo

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El jardín de todos los mediterráneos del mundo

Paseos en el Jardí Botànic de Barcelona

[~ 6 minutos de lectura]

Al son de: Conjure One, Miscreant

Mientras sudábamos a mares por las cuestas de Montjuïc bajo un sol de justicia, recordé que las peregrinaciones no siempre te lo ponen fácil.

A veces, llegar al paraíso es un infierno. Sobre todo en verano.

Era mi tercera visita al Jardí Botànic de Barcelona, y por un momento fugaz temí que venir a principios de julio hubiese sido una estupidez. Incluso su página web lo dice:

“En verano ofrece una imagen general de aridez y sequedad.”

Echinops spinosissimus: el sueño del lepidóptero nectarófilo.

Y es que el Jardí Botànic de Barcelona es un jardín mediterráneo al cuadrado —o al cubo.

Por una parte, es mediterráneo en el sentido geográfico de la palabra: no sólo está en la cuenca del Mar Mediterráneo sino emplazado prácticamente a orillas del mismo, a pocos quilómetros de la costa.

Pero es también y sobre todo un jardín de flora mediterránea.

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¿Hasta qué punto debemos humanizar a los árboles?

Los límites de la arbol-empatía

[~ 11 minutos de lectura]

Al son de: Secret Garden, Fields of Fortune

{Basado en el original en inglés Humanising trees: how much is too much? publicado en 2016, aquí}

Somos pastores de árboles, nosotros los viejos ents. (…) Algunos de los nuestros son ahora exactamente como árboles y se necesita mucho para despertarlos y hablan sólo en susurros. Pero otros son de miembros flexibles y muchos pueden hablarme. Fueron los elfos quienes empezaron, por supuesto, despertando árboles y enseñándoles a hablar y aprendiendo el lenguaje de los árboles. Siempre quisieron hablarle a todo, los viejos elfos.

J. R. R. Tolkien, Las Dos Torres

No me consta que existan ents en Nueva Zelanda. Sin embargo, sí existe un árbol impregnado de pensamiento mítico maorí, llamado Tāne Mahuta. El árbol en cuestión es un kauri (Agathis australis); el Tāne Mahuta del mito era hijo de los dioses de la tierra y del cielo, y el único que consiguió romper el abrazo asfixiante entre sus padres, separándolos por la fuerza y abriendo así el espacio necesario para que el mundo pudiese aparecer. Considerado el señor del bosque y creador de la humanidad, suele ser representado como un hombre alto que actúa como puente (y, de hecho, sustento físico) entre la bóveda celeste y la tierra, con los pies firmemente plantados en el suelo (o enraizados en el cielo).

¿Es correcto humanizar a los árboles?

Últimamente he estado pensando mucho en árboles. Todo empezó por culpa de un libro que, paradójicamente, aún no he leído: el volumen de Peter Wohlleben La vida secreta de los árboles.

Quizás te parezca que un libro escrito por un guarda forestal alemán y enmarcado en la sección Ciencia, poco tenga que ver con ents, árboles parlantes o deidades maoríes— y hasta hace relativamente poco, te habría dado la razón. Pero entonces leí una reseña en el New York Times, y cambié de opinión.

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Slow writing: escribir libros a buen ritmo

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: The Chainsmokers & Coldplay, Something just like this

Tras una larga pausa, he vuelto a escribir una novela.

Casi siete años han pasado desde que dejé la última sin terminar, y debo confesar que lo había echado de menos. El último lustro y medio ha estado lleno de otros proyectos, también literarios, pero más “serios”, que siguieron al nacimiento de La Invención del Reino Vegetal.

Este mes se cumplen dos añitos de aquel momento, que fue un hito para mí. Me introdujo en un mundo hasta entonces desconocido, y la experiencia me dio más perspectiva, tanto en el campo profesional/vocacional, como en el personal (aquí reflexioné sobre algunas lecciones aprendidas, hace un año).

Este tocho era la Invención durante el largo proceso de revisión y referenciado bibliográfico. Ay, qué tiempos…

A día de hoy, puedo decir que he completado 8 obras escritas: tres novelas, tres relatos (más o menos) cortos, y dos ensayos.

Empecé hace muuucho tiempo, primero con la narrativa; algunas de las historias se colgaron en internet de forma libre, otras fueron regalos escritos para personas concretas.

Luego, casi por accidente, terminé en el mundo del ensayo. Uno se publicó en castellano de forma tradicional (La Invención del Reino Vegetal, Ariel 2015); el otro lo auto-publiqué en inglés como libro digital en amazon.com (Of Perfumes & Gods: Tales of Olibanum, 2016).

Con este equipaje en la mochila, hoy reflexiono sobre el proceso de escribir libros. Seguir leyendo

Paseos por el Jardín Botánico Atlántico de Gijón

[~ 3 minutos de lectura]

Al son de: Airstream, Electra

El fragmento de Paraíso que enraíza en Gijón lleva el océano en su nombre.

Llegamos con el sol del mediodía al jardín botánico, uno de esos puntos irrenunciables en la ruta de nuestro viaje, y único motivo que nos acercó a Gijón aquella tarde de invierno.

Nuestra visita era un híbrido entre las circunstancias y el optimismo; Asturias en diciembre no es precisamente garantía de solecito y buen tiempo. Sin embargo, los dioses meteorológicos nos sonrieron benévolos durante las cinco horas que duró nuestro pasear errabundo en el botánico, hasta que la luz fue extinguiéndose y cerró sus puertas.

El camino que se adentra en el jardín…

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Elogio al jardín botánico: un microcosmos de conocimiento

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Enya, The Memory of Trees

Los jardines botánicos son fragmentos del Paraíso.

No me refiero al paraíso en sentido histórico, aquel pairidaeza que se remonta a Mesopotamia, a Persia y a sus vergeles ceñidos con vallas y muros. No.

Hablo de Paraíso en el sentido mítico y trascendente de la palabra. En el jardín imaginario que un día soñamos como representación microcósmica de la naturaleza entera, y cuyo árbol más icónico y ambivalente concedía el conocimiento a quien comía de sus frutos.

Quien sabe si tal vez su savia nos hubiese regalado algo más raro y precioso: la sabiduría.

Jan Brueghel el Viejo, El Jardín del Edén
A este, vamos (versión imaginada por Jan Brueghel el Viejo, pero hay muchas otras igualmente hermosas, faltaría más). Imagen cortesía de Wikipedia.

Pero fue ese fruto lleno de conocimiento lo que puso en marcha la gran aventura. Un fruto con muchas semillas, que cayeron a tierra sin aspavientos y esperaron, dormidas, a que llegasen hortelanos con ansias de ordenar el mundo; de recomponer ese Edén perdido, esa quimera donde había un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio, y así comprender. Conocer.

Son quimeras, claro. El Orden de la naturaleza, en mayúscula, no es el del Paraíso de los mitos. Pero estas semillas imaginarias, llenas de conocimiento, han germinado y se han encarnado en el mundo. Se llaman jardines botánicos. Seguir leyendo

Las enseñanzas de un árbol de incienso

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Jocelyn Pook, Caótica Ana BSO

{This article first appeared on The Planthunter#33 and may be read here | Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #33DESERT de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Supongamos por un momento que las Upaniṣads indias tuviesen razón, y que en tu próxima vida pudieses regresar como árbol. ¿Cuál escogerías?

La decisión no es moco de pavo, teniendo en cuenta la longevidad (al menos, potencial) de los árboles. En primer lugar, podrías reflexionar sobre las características intrínsecas de tu futura versión fotosintética (¿alto y bien plantado, o más humilde en forma y estatura? Flores: ¿sí, o no? Y así, suma y sigue)… o bien escoger en función del vecindario que más te atraiga.

¿Dónde preferirías vivir? En una selva tropical, tal vez un bosque templado… ¿qué tal instalarse en un desierto?

Ya, ya sé. La descripción del barrio no es para tirar cohetes. Temperaturas extremas todo el año; hambre y sed frecuentes. Intensa presión de herbívoros hambrientos. Largos períodos de silencio y soledad. Se aconsejan tendencias eremíticas: compañía escasa y ruda.

Más bien poco tentador.

Sin embargo, no todos pueden darse el lujo de escoger, o así nos lo cuenta el poeta romano Ovidio en sus Metamorfosis: Seguir leyendo