Un brindis a las alturas: Juniperus communis

Capítulo #05 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 11 minutos de lectura]

[Emitido el 30.05.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Un tipo duro, testarudo.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 05: Juniperus communis

Un tipo que puede ser arisco, y con hermanos que llegan incluso a la violencia, si no prestas atención con detenimiento a sus instrucciones de uso.

Pero los enebros son también gente que tiene el corazón henchido de perfume, protectores por excelencia.

Conocerlos es quererlos —y puedes conocer a alguno de los integrantes del género Juniperus en muchas partes del mundo (con la salvedad de Oceanía). Se esconden bajo muchos nombres comunes, llamándose enebros, sabinas, cedros o incluso cipreses en algunas zonas del mundo, pero también tlascal, aorí, táscate, aborí o ayorique, entre otros.

Quemados en forma de sahumerios tanto para incensar ceremonias como para curar resfriados, los enebros han tenido un papel medicinal y ritual bárbaro, y de eso hablaremos en el capítulo de hoy, protagonizado por el enebro de distribución más extensa de todos, Juniperus communis, pero con menciones a algunos de sus hermanos… ¿te apuntas a conocerlos?

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La guirnalda perfumada: Viola odorata

Capítulo #04 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 12 minutos de lectura]

[Emitido el 16.05.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Dicen en alemán, de las cosas que ya no están de moda, que son “viejas violetas”: Olde Violen.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 04: Viola odorata

En los tiempos que corren, incluso las violetas jóvenes tienen un aire viejuno que no merecen. Si eran lo suficientemente buenas para ceñir la frente de Afrodita nada más surgida de las aguas, algo tendrán estas flores de delicado perfume… y de eso quiere hablarte este capítulo del podcast.

De diosas y rituales y difuntos; del botiquín que ocultan modestamente estas flores; de Homero, de palabras para hablar de los colores, de químicos y revolucionarios del s. XIX.

Siempre gracias a ella: la violeta de olor, y sus hermanas dentro del género Viola.

Tan preciosas que, como nos recuerda otro refrán, “echar violetas a las vacas” es un derroche tan grande como arrojar margaritas a los cerdos (o más).

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El árbol que sangra junto al río: Alnus glutinosa

Capítulo #03 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 10 minutos de lectura]

[Emitido el 02.05.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Pasa bastante desapercibido, este sombrío morador de ríos y arroyos.

No se yergue a grandes alturas como los fresnos de leño de lanza; no dispensa la muerte por ponzoña o por flecha lanzada en arco letal como el tejo. No tiene corona como el roble, ni el encanto mágico del avellano.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 03: Alnus spp.

Pero los habitantes del género Alnus no se deben a la humanidad, sino al agua, y no revela sus secretos fácilmente.

Sólo quien lo tala sabe por qué pudieron los antiguos celtas considerarlo árbol de la guerra y del derramamiento de sangre. Sólo quien lo interroga descubrirá qué colores ocultan su corteza y sus hojas.

Sólo quien escuche este capítulo (… o pierda un buen rato rebuscando en libros más o menos viejunos) conocerá “el maravilloso secreto del aliso”…

… ¿o quizás no?

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Cómo espantar serpientes y brujas rudamente: Ruta spp.

Capítulo #02 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 10 minutos de lectura]

[Emitido el 018.04.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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La ruda es hierba de sobras conocida (con razón se dice de algo que “es más conocido que la ruda”)

La senda de las plantas perdidas, capítulo 02: Ruta spp.

De olor fuerte y asociaciones lunares, en ciertas regiones le ha quedado fama de hierba mágica, ramillete de brujas.

Y sí, es cierto que posee propiedades medicinales asociadas a la esfera femenina, pero… no terminan ahí sus historias.

Desde su cuna mediterránea, la decena de especies del género Ruta sp. ha conquistado terreno a lo largo de los siglos, y ha ido generando leyendas y costumbres curiosas, que van desde los fogones hasta los remedios anti-basilisco.

Ahí es nada.

Hoy saldremos a los campos en pos de las historias de las rudas para conocerla un poco mejor… ¿te apuntas? Seguir leyendo

Tú dame calabazas, y conquistaré el mundo: Lagenaria siceraria

Capítulo #01 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 11 minutos de lectura]

[Emitido el 04.04.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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¿Quién sabe qué es una calabaza?

Sí, lo sé: seguro que tú lo sabes… o, al menos, crees saberlo.

Pero la palabra calabaza no siempre designó a una hortaliza grande, redonda y anaranjada oriunda de las Américas.La senda de las plantas perdidas, capítulo 01: Lagenaria siceraria

Durante mucho tiempo, este vocablo se refería a una pariente más discreta, una habitante más antigua de nuestros huertos (de hecho, lleva con nosotros incluso desde antes de que inventásemos los huertos): Lagenaria siceraria, la calabaza de beber o calabaza vinatera.

Hoy nos vamos de viaje siguiendo sus aventuras por el mundo entero… literalmente: esta chica ha llegado a todas partes, desde el corazón de África hasta las alturas andinas, y vale la pena escuchar las historias que tiene que contar. Seguir leyendo

Podcasteando La senda de las plantas perdidas: orígenes y motivaciones

¿Por qué un podcast sobre etnobotánica?

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Cristina Llabrés & Evaristo Pons, La senda de las plantas perdidas OST

Nació con la primavera astronómica boreal: un camino hecho de palabras contadas,

“un podcast etnobotánico que trata de nuestras historias de amor (y desamor) con un reino tan olvidado como esencial: el reino vegetal”.

Sí, se trata de mi nuevo proyecto, titulado La senda de las plantas perdidas. Un proyecto en formato audio, episódico, que empecé grabando con un móvil (convenientemente embutido en dos calcetines) arrebujada dentro de un armario.

"Estudio de grabación" (muy sofisticado)
Se graba con la ropa dentro y todo. Eso que asoma dentro del calcetín es el móvil.

Lo inauguré como un experimento, y una tabla salvavidas: en pleno proceso de redacción de mi última obra (El libro de las plantas olvidadas), me ayudó a romper con la monotonía de escribir-escribir-escribir —para el libro, para las redes, para el boletín vegetófilo, para encargos varios…

El libro de las plantas olvidadas saldrá publicado este otoño (2019) con la editorial Ariel; el proceso entero de redacción+edición+publicación habrá durado un año y un par de semanas justas. Como todos mis libros, es fruto de un trabajo de investigación lo más exhaustivo que puedo… pero los libros, ya se sabe, tienen un principio y un final. No pueden dar cabida a la exuberancia de anécdotas, historias y peripecias vegetófilas que uno descubre mientras investiga, por muy fascinantes que sean.

Y, como no quería “tirarlas”, decidí usarlas como materia prima para ese experimento que me rondaba la cabeza desde hacía años (porque yo misma los consumo vorazmente desde hace un lustro, o más): un podcast. Seguir leyendo

Lal Bagh, o El jardín en la ciudad de los jardines

o también Un remanso de paz en el infierno sobre ruedas

[~ 8 minutos de lectura]

Al son de: Nee Koppulona OST, Bala Krishna

Estaba todo planeado.

Aterrizaríamos más o menos destrozadas en el aeropuerto de Bengaluru (Bangalore, Karnataka: India) hacia las nueve de la mañana, hora local. Dejaríamos los trastos en el hotel, y desde allí nos desplazaríamos hasta el jardín botánico de Bangalore:

Lal Bagh, que significa “el Jardín Rojo”.

Mapa situando Bangalore
La flecha verde indica la ubicación de Bangalore (que no ha cambiado de sitio, ni Lal Bagh tampoco, aunque el mapa sea de principios del s. XX).

En un principio me había preparado para ir yo solita, sin arrastrar a nadie más a la tortura vegetófila que supone la visita a un jardín botánico conmigo; cuando una amiga me recomendó encarecidamente que ni se me ocurriese pasear sola por ninguna parte, por muy jardín botánico que fuese, preparé un plan de contingencia (“¿no tendrán en el hotel a alguien que pueda muy amablemente acompañarme y seguirme de acá para allá en el jardín, mientras yo saco fotos y me encanto con las plantas? ¿Sí? Muy amables, fenomenal”).

Pero al final, y pese a mis advertencias, mis compañeras de aventura se apuntaron a la visita. Cinco personas apretujadas ilegalmente en un coche —aunque, visto el estado del tráfico en la India, creo que a nadie le importaría un pimiento— para un trayecto que se hizo francamente eterno.

Acompañamientos divinos en coche, India
Menos mal que tienen 33 millones de dioses, y supongo que velando todos por los conductores, porque de lo contrario no me explico cómo no hay más accidentes.

Una eternidad muy ruidosa, y plagada de socavones y badenes que parecían cadenas montañosas.

Treinta kilómetros convertidos en casi hora y media de un infierno hecho de calor y una maraña de rickshaws, motos, coches, camiones, autobuses… una cantidad apabullante de vehículos que se echaban los unos encima de los otros.

Cuando por fin enfilamos la puerta de Lal Bagh, creo que ninguna de nosotras estaba en plena posesión de sus facultades. Entramos en coche, y nos pidieron en la puerta mismo que pagásemos los billetes de entrada. Ni recuerdo cuánto fue. ¿10 rupias? Al cambio, 12 céntimos de euro. Un extra si queremos sacar fotos con las cámaras.

Parejas bajo los árboles de mango en Lal Bagh
Pagamos por mi cámara. Los móviles se emplearon de estranjis. En la foto, parejas a la sombra de enormes árboles de mango.

Nos derramamos fuera del vehículo con una sensación extraña. Guru, nuestro conductor y salvador con nivel de inglés T1 (Tarzán-1), nos esperaría en el coche. Aunque el plan inicial era movernos por Bangalore a pie después de visitar Lal Bagh, murió de infarto fulminante a los pocos minutos de ver cómo es el tráfico en la ciudad que llaman la Silicon Valley de la India.

Lal Bagh resultó ser… una experiencia curiosa. Seguir leyendo