Eguzkilores & los misterios del alma de las plantas según Guy de la Brosse

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Cécile Corbel, Valse des Ondines

En los Pirineos navarros la luz es húmeda, y se clavan cardos en las puertas de entrada.

Cierto, no me he paseado por todos los caserones de la región, pero doy fe de que, al menos en algunos, se puede ver expuesta en la puerta la inflorescencia seca de un cardo. Cuando años atrás pregunté por su nombre, me dijeron que era un eguzkilore, pero no supieron darme más información sobre por qué y para qué estaba ahí exactamente.

Paso lógico siguiente: consultar por internet.

Eguzkilore (Carlina acaulis): la flor del sol contra brujas, aojamientos y tormentas

Así encontré su nombre científico, Carlina acaulis, y una imponente lista de nombres populares, entre los que eguzkilore es sólo uno más al lado de ‘flor del sol’, ‘carlina’, ‘cardo dorado’, etc. Y localicé también por qué, según el folklore popular, se coloca en la puerta de las casas en el norte de la península: para ahuyentar a los malos espíritus, barrar el paso a las brujas despistadas que quisiesen colarse en casa, espantar a las enfermedades, las tormentas, los rayos (y ya que estamos, yo le pediría que ahuyentara a las cucarachas, pero no creo que sirviese de mucho).

En fin, “las mismas funciones místicas atribuidas al sol”, que para algo es la flor del sol.

(Ahora me quedaría pendiente volver al caserón y preguntarles si les cuadra como explicación popular al porqué de su cardo portero).

Una vez saciada mi curiosidad, archivé la anécdota tan tranquilamente y no volví a pensar en eguzkilores hasta que un buen día me tropecé con la flor del sol en el más insospechado de los lugares: un artículo sobre el alma de las plantas. Seguir leyendo

Las enseñanzas de un árbol de incienso

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Jocelyn Pook, Caótica Ana BSO

{This article first appeared on The Planthunter#33 and may be read here | Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #33DESERT de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Supongamos por un momento que las Upaniṣads indias tuviesen razón, y que en tu próxima vida pudieses regresar como árbol. ¿Cuál escogerías?

La decisión no es moco de pavo, teniendo en cuenta la longevidad (al menos, potencial) de los árboles. En primer lugar, podrías reflexionar sobre las características intrínsecas de tu futura versión fotosintética (¿alto y bien plantado, o más humilde en forma y estatura? Flores: ¿sí, o no? Y así, suma y sigue)… o bien escoger en función del vecindario que más te atraiga.

¿Dónde preferirías vivir? En una selva tropical, tal vez un bosque templado… ¿qué tal instalarse en un desierto?

Ya, ya sé. La descripción del barrio no es para tirar cohetes. Temperaturas extremas todo el año; hambre y sed frecuentes. Intensa presión de herbívoros hambrientos. Largos períodos de silencio y soledad. Se aconsejan tendencias eremíticas: compañía escasa y ruda.

Más bien poco tentador.

Sin embargo, no todos pueden darse el lujo de escoger, o así nos lo cuenta el poeta romano Ovidio en sus Metamorfosis: Seguir leyendo

La Datura & Yo: una historia espinosa

Misterios de la historia de las burladoras en el Viejo Mundo (Datura spp

[~ 8 minutos]

Al son de: Delerium feat. Michael Logen, Days Turn into Nights

Aquella noche salí del jardín botánico con la piel acribillada por los mosquitos y el corazón rebosante de emoción.

Por fin la había cazado.

Con su coqueta falda blanca desplegada en la oscuridad, por fin había logrado cazar a mi fantasma a la luz de la luna —o, mejor dicho, a la luz de un LED.

Tras un mes de perseguir sombras, finalmente nos veíamos las caras, Datura y yo.

Datura metel bajo la luna

Antes de la caza: cómo conocí a las Datura

Llevaba ya un tiempo a la caza de plantas mágicas, recogiendo sus historias para después hilvanarlas una vez más, pero con un toque personal. Había empezado por las hierbas empleadas contra el mal de ojo, para después irme a las plantas que la leyenda asocia a la brujería. Por mis páginas habían desfilado la mandrágora, la belladona, el beleño… hasta llegar el turno de las últimas de mi lista: las burladoras que conocía, Datura stramonium y D. metel.

Nuestra historia compartida había empezado mucho antes de conocerlas en persona: sabía de ellas de oído, gracias a la asignatura de diversidad vegetal que cursé en la universidad. Aún recuerdo el aviso, entre tímido y avergonzado, que nos dio el profesor sobre el estramonio —consejo evidentemente ligado a sus propias experiencias con la planta—: no fumar. Jamás. Seguir leyendo

Almería, o cómo escribir un desierto

Un viaje al Cabo de Gata, el desierto creado y agravado por el hombre

[~ 5 minutos]

Al son de: Mike Oldfield, Pacha Mama

{This article first appeared on The Planthunter #33 and may be read in English here ||| Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #33 DESERT de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Las chumberas se están muriendo ante mis ojos.

La plaga se detectó por primera vez hace diez años, no muy lejos del jardín botánico que estoy visitando. No se ha encontrado cura de momento, nos dice nuestro conductor de bus mientras paseamos por los senderos serpenteantes del jardín: una vez que tu Opuntia enferma, no hay más remedio que cortarla y quemarla.

Detecto un trasfondo de frustración impotente en su voz, la sensación de que le ha tocado una mala mano de cartas — Yo estaba aquí, dedicándome tranquilamente a mis cosas, y de repente ¡va y me aparece esto!

Las chumberas en el jardín están cubiertas de lo que parece ser una pelusilla blanca. Cojo entre índice y pulgar un pellizco de esa curiosa sustancia, y apreto; me tiñe las yemas de rojo sangre, como ya sabía yo que pasaría. Seguir leyendo

Cómo escribir nombres científicos correctamente

5 reglas fáciles para no expert*s

[~ 5 minutos de lectura]

Al son de: Goo Goo Dolls, Lucky One

 

Sí, lo sé: nadie te lo explicó en su momento.

Imagínate que a mí me lo contaron ¡en primero de carrera de biología!

Como si sólo quienes se dedicarán profesionalmente (se supone) al estudio de la naturaleza tuviesen que saber cómo se escriben los nombres de los organismos vivos. Como si no fuese parte de la cultura general que es deseable llevar en el bolsillo.

Pero yo creo que sí es fundamental saber cómo escribir bien los nombres científicos de cualquier ser vivo. Aunque vengas de humanidades. Sobre todo si vienes de humanidades (pocas cosas hay que resten más credibilidad ante alguien “de ciencias”, que chapucear sin querer en la nomenclatura científica).

Y es que, encima, es ridículamente fácil hacerlo bien una vez que te lo han explicado.

Tres reglas de oro + dos de plata. Aunque todos mis ejemplos serán de plantas, las tres primeras reglas son aplicables a todo el mundo (las otras dos ya son un pelín más específicas al reino vegetal).

Saca papel y lápiz, y toma nota. (O añade este artículo a marcadores; o descárgate el PDF al final, para referencias futuras)
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Ritos vegetófilos contra el mal de ojo

Plantas empleadas contra el mal de ojo en Cerdeña, Italia

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Elena Ledda, Pesa

{This article first appeared on The Planthunter#35 and may be read in English here | Este artículo se publicó en inglés en el núm.#35 WOMAN de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí.}

Nueve granos de trigo; un poco de sal; agua.

No son el tipo de ingredientes que uno se esperaría encontrar en una fórmula mágica, ¿no?

Y cierto es que estos humildes elementos no tienen poderes en sí mismos. Poco harán por ti sin haber sido previamente animados mediante oraciones rituales, pronunciadas por la mujer adecuada.

Rituales. Siete años después de mi llegada a la isla, tengo dudas sobre si llamarlos magia, ni siquiera superstición; para quienes creen en ello, es cuestión nada más que de fe —el factor más importante al determinar si te curarás (o no). Y yo, curiosa estudiante de la naturaleza humana que busca entender más que juzgar, callo, escucho, y observo.

En esta tierra, ideas que rozan lo mágico alean* a flor de piel, y creencias tan viejas como el suelo mismo se aferran al modo en que la gente interpreta el mundo. Para ciertas cosas, no se traza una división neta entre natural y sobrenatural; como si de un campo de jaras se tratase, nadie duda de que el perfume invisible que impregna el aire sea menos real que los arbustos requemados por el sol que lo desprende.

*alear, significando “mover las alas”. Preciosa e infrautilizada palabra, en mi opinión.

En esta isla se teme que una mirada pueda matarte —o, como mínimo, hacerte enfermar seriamente— si te pilla sin un saquito de milenrama e hipérico al cuello, o si se deja sin diagnosis ni tratamiento por parte de la ‘curandera’ del pueblo, que entiende de medicina contra aojamientos: sa mexina de s’ogu.

Algunos elementos vegetales empleados en distintas variantes de sa mexina de s'ogu
Otras versiones del ritual emplean aceite, sal y agua. El diagnóstico dependerá de cómo se disponga el aceite sobre el agua. En el caso del trigo, el elemento a tener en cuenta es la cantidad (y, a veces, disposición) de burbujas de aire que se quedan ‘pegadas’ al grano cuando se hunde.

Pero lo que me parece más fascinante de estos rituales es lo comunes que son para muchos isleños. Seguir leyendo

De raíces, árboles & familias

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Ana Alcaide & Gotrasawala Ensemble, Aguaribay

{{This article first appeared on The Planthunter #32 and may be read in English here ||| Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #32 COMMUNITY de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}}

Tras la muerte de mi abuelo, mi padre (y mi tía) heredaron la mayoría de sus posesiones mundanas: un armario de trajes y zapatos, una pequeña casa en el pueblo, y media docena de higueras.

Mi abuelo nunca cultivó la tierra heredada de sus antepasados; en una familia de raíces campesinas, fue el primero que pudo alzarse por encima de los afanes de la vida agrícola y licenciarse en Derecho. Animó a sus propios hijos a perseguir carreras intelectuales, así que mi padre tampoco se dedicó al campo… lo cual significa que la tierra de la familia ha sido dejada a su aire durante las últimas décadas.

Sin embargo, los árboles no parecen haber notado demasiado este “descuido”; ellos se dedican a sus cosas —sacar hoja, flor, y fruto— sin requerir ni una pizca de ayuda humana. Como si de postes vivientes se tratara, los encontraba siempre igual cada vez que mi madre me arrastraba con ella para ayudarla a recoger los frutos de las ramas bajas.

Fig branch (Ficus carica)

Nunca fui una fan de coger higos. Tanta zarza, tanto insecto —y total, tampoco me gustaban mucho esos frutos pringosos de látex blanco. Sin embargo, cada verano nos armábamos de cubos azules e íbamos a visitar los árboles de la familia —antaño de mi abuelo, hoy de mi padre, y se supone que con el tiempo, serán míos.

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