[Hojeando libros] The Plant Messiah (El mesías de las plantas)

(Magdalena. Viking, 2017)

Al son de: Goo Goo Dolls, So Alive

NOVEDAD: Este libro ha sido traducido al español y publicado por Debate como El mesías de las plantas  (Marzo de 2018).

Las extinciones me ponen de mal humor.

Por desgracia, cualquier repaso al estado de la naturaleza en los últimos milenios brinda incontables oportunidades para deprimirse, tanto en el reino animal como en el vegetal.

Azufaifo y gato
Como me digas que sólo ves un gato, te doy. Que te he enfocado bien a propósito a un hermoso azufaifo (Ziziphus jujuba).

Las extinciones animales son más vistosas, bien lo sabes —y bien lo saben también los programas de protección, con sus linces y lobos y pandas que tan bonitos quedan en los logos, las chapas y las llamadas a apadrinar a tal o cual especie.

Pero de las plantas, ay, pocos se acuerdan. Dichosa Ceguera Verde, o Clorofílica, o Vegetal, o como quieras llamarla. Plant Blindness, en inglés. Una fortísima tendencia evolutiva a no prestar la menor atención a todo lo (aparentemente) inmóvil y verde —y, por tanto, a no hacer ni caso a las plantas.

Carlos Magdalena, apodado “el mesías de las plantas”, no sólo las ve perfectamente, sino que está empeñado en que los demás también las vean.

El Mesías hizo milagros, como devolver la vista a los ciegos. Yo quiero curarnos de la ceguera vegetal.Seguir leyendo

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El jardín escondido en el corazón de Bolonia (Italia)

Otoño en el Orto Botanico di Bologna

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Sonohra feat. Hevia, Si chiama libertà

No me esperaba gran cosa, la verdad.

Sabía que era pequeño, y que no se pagaba entrada. Mala señal para un jardín botánico —y más aún teniendo en cuenta los precios en la ciudad, donde un café no es barato ni siquiera en zona universitaria.

Para empeorar las cosas, Bologna en día de mercad(ill)o es un estrés absoluto, tanto para peatones alérgic*s a las aglomeraciones como para conductores (prohibido prohibidísimo entrar en coche en el casco histórico si no eres residente; y, si por un milagro consigues aparcar en los alrededores, la ORA se paga a 2,40€… cada hora). No llegábamos a las puertas del orto botanico tranquilos y relajados precisamente, así que disminuí mis expectativas a su mínima expresión.

Un jardín gratis estaba destinado a ser un churro…

… y resultó serlo.

Vista del Jardín botánico de Bolonia

Pero fue un encantador churro artesano con chocolate caliente: para chuparse los dedos. Seguir leyendo

Plantas & enigmas en la religiosidad de la antigua Grecia

Habas, incienso y otras hierbas misteriosas

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Sleepthief, Eurydice.

Las “habas” de Pitágoras

Fue culpa de las habas.

Si no llega a ser por su extraña obsesión con ellas, es probable que Pitágoras hubiese quedado relegado al cajón de la memoria donde guardo a los demás ‘Filósofos griegos con inclinaciones matemáticas’.

Pero resulta que, según cuentan las fuentes antiguas, las habas sí le dieron que hablar… y desde entonces, todos se han roto los cuernos intentando explicarlo. Ello significa que Pitágoras aparece de la nada en los lugares más inesperados, como en un libro sobre el loto sagrado (Nelumbo nucifera) donde se sugiere que las “habas” de Pitágoras no eran Vicia faba, como se había supuesto durante siglos, sino semillas de loto.

(Todo esto suena más plausible si te digo que la palabra griega para referirse al loto era, efectivamente, “haba egipcia”, kyamos Aigyptios, por mucho que no entienda yo qué parecido le veían. Claro que los griegos al parecer empleaban la palabra kyamos de forma bastante… indiscriminada. También llamaban al beleño “haba de cerdo”, hyoscyamus, y el beleño no tiene NADA de remotamente habístico.)

Semillas de loto sagrado y de beleño, 'kyamos' en griego
Habas de toda la vida, claro que sí. Igualitas.

Pitágoras, olíbano (franquincienso) y adivinación

Sin embargo, no esperaba encontrarme a mi legendario filósofo-matemático durante mis investigaciones sobre el olíbano (franquincienso, Boswellia sacra). Seguir leyendo

A la sombra de la Torre de Pisa crece un jardín…

Deambulares otoñales por el Orto Botanico di Pisa

[~ 6 minutos de lectura]

Al son de: Francesca Michelin, Vulcano

Se entrevé el mármol blanco, inconfundible, entre el follaje; la torre casi parece una altísima muchacha escondida tras un tronco que se inclina a un lado para comprobar si la estás mirando.

Torre de Pisa desde el Orto botanico di Pisa
La palmera gana.

Creo que fuimos un duro golpe para su ego, pobre Torre de Pisa. No fuimos a verla.

Yo diría que quizás seamos los únicos turistas que llegaron a la ciudad toscana, aparcaron, se fueron derechitos al orto botanico, y varias horas más tarde volvieron corriendo al coche y se largaron echando virutas.

En nuestra defensa diré que la saludamos con la mano, eso sí —y que ya había paseado por la Piazza dei Miracoli años atrás.

También había estado en el Orto Botanico di Pisa, pero, vergüenza vergonzante donde las haya, no recordaba prácticamente nada de la visita. Había que remediar un vacío de memoria vegetófila tan sangrante, así que… Seguir leyendo

Las plantas de la luz

Aceites vegetales para encender lámparas

[~ 14 minutos de lectura]

Al son de: Anoushka Shankar con Alev Lenz, Land of Gold

Acudí por las palabras, y por la luz.

Me recibió un árbol,

“(…) un árbol bendito, un olivo que no es de Oriente ni de Occidente, y cuyo aceite casi alumbra aun sin haber sido tocado por el fuego.”

Antes de que la vegetofilia se convirtiese en mi profesión de facto, cuando aún seguía clases de botánica farmacéutica y prácticas de lectura para aprender a pronunciar bien zumo de naranja en árabe, me encontré con el árbol de la luz en una galería de arte.

El artista había escogido el famoso verso coránico de la luz, āyat an-nūr, y había creado una evocadora serie de obras en dorados y blancos, combinando caligrafía, geometría y color. Era la primera vez que me encontraba con el āyat an-nūr, y me maravilló reconocer a su protagonista vegetal: el olivo (Olea europaea).

Olivos (con extracto del Verso de la Luz coránico)
Primeros versos del āyat an-nūr con su protagonista vegetal : )

Ocho años más tarde, un infinito en vertical, vuelvo a tropezarme con él en el nicho donde lo dejé —bueno, o casi: entre las páginas de las Mil & una Noches, en mi cuento preferido.

Pues este año cumplo un pequeño sueño: escribir un libro infantil sobre cuentos de hadas vegetófilos, que saldrá publicado el año que viene con la editorial A Fin de Cuentos. Y ¡no iba a dejar fuera a mi querido Alí Babá y los Cuarenta Ladrones!

(Aunque en realidad debería llamarse Morgiana y los Cuarenta Ladrones: sin ella, los hombres del cuento estarían totaaaalmente perdidos —o más bien muertos, y no habría cuento.) Seguir leyendo

Mil y una lámparas para la diosa: Diwali, fiesta de la luz

Notas sobre antropología & etnobotánica de la luz

[~ 6 minutos de lectura]

Al son de: Ravi Shankar, Asato maa

Asato mā sad gamaya,
tamaso mā jyotir gamaya,
mṛtyor mā amṛtaṃ gamaya.

Guíame de la falsedad a la verdad,
Guíame de la oscuridad a la luz,
Guíame de la muerte a la inmortalidad.

— Bṛhadāraṇyaka Upaniṣad

Cuentan que la diosa vaga entre los mortales durante la noche más oscura, buscando un lugar de acogida; las moradas donde entre de puntillas serán recompensadas por su invitada divina con fortuna y riquezas. Anhelando el premio prometido, los mortales encienden miles de luces para atraer la mirada de la diosa y gozar de sus bendiciones.

La invitada divina en cuestión es la diosa Lakshmi, y durante muchos siglos las luces han sido lámparas de aceite.

Esta es la versión mítica simplista y “oficial” tras la celebración hindú de Diwali o Dīpāvali, que este año (2017) cae en 17 de octubre.

La luz es el centro de celebraciones religiosas en muchísimas culturas, sobre todo durante los meses más oscuros del año: cerca del equinoccio de otoño (ej. festividades de los muertos, Samhain de impronta celta hacia el 31 de octubre), o del solsticio de invierno (Santa Lucía el 13 de diciembre), a caballo entre ambos (como el Janucá hebreo, entre noviembre y diciembre del calendario gregoriano), o a principios de febrero (Imbolc celta, la Candelaria cristiana, entre el 1 y el 3 de febrero).

Como es lógico, para celebrar la luz debemos crear luz; y hasta hace muy poco, el único modo seguro para lograrlo era conjurar una llama inofensiva —un fuego manso, dócil, controlado (nada de incendiar casas o bosques, por favor). Crear luz significaba quemar algo, y ese algo solía ser animal… o vegetal. Seguir leyendo

Una granada para unirlos a todos…

… y en la diversidad desafiarlos

[~ 12 minutos de lectura]

Al son de: Loreena McKennitt, Kecharitomene

Mil años antes de que Pitágoras soñase la música de las esferas, la esencia de todas las plantas del mundo latía en una rama de granado.

Situémonos: nos hallamos en las tierras del actual Irán, donde se cuenta que, hace mucho tiempo, vivió un profeta que cantó la forma de distinguir el orden y la confusión, el bien y el mal.

Cantó al fuego sagrado, que se convirtió en el signo identificador más importante de sus seguidores con el paso del tiempo.

Cantó al agua, protagonista de los ritos más importantes del culto, para purificarla y vivificarla.

Este profeta de leyenda era Zoroastro (o Zarathustra), y si no llega a ser por el granado, lo cierto es que no te lo habría presentado, ni habría mencionado la religión que lo erige como “padre fundador”: el zoroastrismo.

Y es que hace tiempo que le doy vueltas a la idea de la granada.

Punica granatum, especie casi única en su género y, hasta hace poco, también en su familia (las Punicaceae, hoy desaparecidas; la granada y su hermana, Punica protopunica, han pasado a la familia de las Litráceas, la misma a la que pertenece la alheña).

Punica granatum, cuya fruta está experimentando un renacer de popularidad en el mundo (sobre todo) anglosajón, alabada como superfruta, superantioxidante, supersana, supertodo.

Flor de granada (Punica granatum)Hace años que investigué sobre ella, porque me cae bien. Es un arbolillo con tendencias arbustivas, humilde; nadie parece hacerle mucho caso —incluida mi familia, que tiene un granado renqueante junto al gallinero, olvidado desde… bueno, desde siempre.

Ni siquiera yo era especialmente fan de las granadas, que nunca me habían llamado mucho la atención hasta que empecé a investigar su cuarta dimensión.

Fue entonces cuando las descubrí cósmicas, paradójicas, fascinantes.

Y empecé a pensar en el granado como en la planta total, capaz de abrazar al mundo entero. Seguir leyendo