La invención del lenguaje vegetófilo

Una reflexión sobre la percepción, el lenguaje y la naturaleza

[~ 15 minutos de lectura]

Al son de: Eurielle, Whispers

I.

Este fin de semana nos perdimos en el bosque.

Parece una broma, y nos lo tomamos a risa, pero la verdad es que tuvimos mucha suerte de no terminar con una rueda pinchada en un camino de cabras bien empinado, lleno de socavones— y sin cobertura para avisar a alguien y que nos echase una mano (o, en este caso, mejor un cable).Sombras proyectadas por los árboles en el suelo...

Antes de descubrirnos totalmente perdidos, mientras avanzábamos tan panchos hacia ninguna parte, R me hizo notar con voz maravillada las sombras que la bóveda de árboles sobre nuestras cabezas (o, mejor dicho, nuestro cochecito-leré) proyectaba sobre el suelo pedregoso. No era la primera vez que yo advertía el fenómeno, pero sí que veía hacerlo a alguien distinto de mí.

Regresaríamos a esas sombras rebullendo en el suelo más adelante, pero en aquel momento estábamos demasiado ocupados perdiéndonos como para prestarles mayor atención.

Saqué una foto, y luego nos pusimos a hablar de otra cosa.

II.

07/2013

La tarde perfecta con amigos (+4 personas para mayor diversión)

Ingredientes

Una encina frondosa, una mesa, papel y boli, un diccionario. Seguir leyendo

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Palabras & Plantas: Amores vegetófilos de papel y tinta

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Enya, The Humming

Todo empezó por culpa del color rojo.

Bueno, quizás todo, no; un profesor en tercero de carrera tuvo algo que ver también. Pero lo cierto es que, al empezar mis estudios universitarios, el reino vegetal no me interesaba sobremanera.

Estaba yo por aquel entonces dedicando mis horas libres a escribir, como llevaba haciendo desde los seis años. En aquella novela recurría, una y otra vez, al color rojo. Y me faltaban imágenes poéticas, metáforas, comparaciones que satisficiesen mi sentido estético en esa tonalidad.

Rojo como el vino, como la sangre, como los rubíes… todas muy manidas.

Rojo como granadas maduras, como cerezas, como fresas… psé. Las frutas típicas las habían manoseado tantas plumas, que no me apetecía emplearlas yo también. Pero ahí se entreveía el esbozo de un filón por explorar: los vegetales prometían un trampolín metafórico prácticamente ilimitado. Y me zambullí con ganas: Seguir leyendo