El cactus africano, la piruleta y el bosquimano: las locas aventuras de Hoodia

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Al son de: P!nk, Just like Fire

Imagina que te tropiezas con la lámpara de Aladino.

Frotas, puff, humo, genio, y llega lo bueno: tus tres deseos. ¿Quién diría que no a una oportunidad así?

Y es que los genios no conocen el paro, porque desear es un verbo eterno. Sin embargo, a veces nuestros deseos se concretan de forma sorprendente, y en el último siglo se ha producido una inversión de valores respecto a lo que consideramos deseable, y lo que no. Pues, ¿cuántas mujeres de hoy gastarían un deseo en adelgazar? Una petición que seguramente sonaría absurda para cualquier genio con milenios de experiencia, más acostumbrado a conceder comida y hermosas redondeces (antaño sinónimo de belleza).

Al igual que ha sucedido con la tonalidad de la piel blanco/moreno, hemos pasado de desear gorduras, a suspirar por flacuras; y, cómo no, los vegetales están a la orden del día para saciar nuestros anhelos, escondidos incluso en los lugares más improbables que podamos imaginar, por ejemplo… un chupachup.

… un momento. ¿Chupachups para adelgazar?

Pues sí. Bueno, en español hemos adaptado la traducción un poco: de lollipop diet pasamos a la dieta de la piruleta, con rima consonante y todo. Pegadiza… aunque, por otra parte: ¿cómo tomarse en serio una dieta que suena a estribillo?

Y sin embargo se la ha tomado en serio, y mucho, por parte de muchas famos(ill)as en la altas esferas —o, al menos, las suficientes como para que hablasen de ella en la radio tiempo ha, que así fue como me enteré de su existencia.

¿El detalle que activó el radar vegetófilo? La composición de las piruletas dietéticas (que no vale una cualquiera: tiene que ser un Power pop, que así se llaman los chupachups en cuestión): Seguir leyendo

Plumeria: las aventuras de un monje entre piratas [Padrinos&Plantas (2)]

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Cécile Corbel, Mary

En ocasiones veo sacuanjoches.

En portadas de libros, artículos en revistas de autoayuda; en etiquetas de champús (tan sintéticos, por cierto, que ni han olido de lejos una flor, y ¡mucho menos una de sacuanjoche!).

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El mundo del marketing visual adora estas flores, con su simetría pentámera, sus colores tropicales que prácticamente susurran noches en islas hawaianas, retiros de meditación zen, los mil y un tratamientos raros en SPAs de lujo. Connotaciones que, por cierto, habrían sorprendido al naturalista en cuyo honor se bautizó esta planta… aunque quizás no tanto a las culturas mesoamericanas que la acogieron en su seno.

Se trata del género Plumeria, cuyo nombre científico no nos habla tanto de plumas, como de monjes Mínimos, y de aventuras vegetófilas al otro lado del Atlántico por real deseo del Rey Sol…

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