Muertes filosóficas por vía botánica

Gallos, cicutas y filósofos

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Al son de: Sepideh Vahidi, Drunk.

Corría el año 399 bC, un buen año para ser envenenador estatal. Al fin y al cabo, no se ejecuta a filósofos famosos todos los días.

(Aunque parece que en la antigüedad la filosofía era una afición peligrosa; uno nunca estaba seguro de cuándo los políticos podían volverse contra ti y ordenarte alguna barbaridad).

El filósofo en cuestión nos interesa no sólo a raíz de sus gestas, inmortalizadas en prosa por su discípulo Platón, sino porque su condena a muerte se ejecutó por vía vegetal. Más allá de las disquisiciones sobre si realmente se suicidó o no, lo cierto es que Sócrates la palmó tras haber ingerido cicuta, convirtiéndola así en uno de los más famosos y trágicamente dignos compuestos que tenemos en el armario de los venenos.

Sócrates hizo por la cicuta lo que pocos han hecho por un veneno vegetal: darle mucha clase.

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