El espejo de café (II): ¿Esclavos de la Café-ina?

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Conjure One, Extraordinary Ways

La introducción a la serie El espejo de café puede leerse aquí [se abre en otra pestaña].

¿Cómo se llamaba aquel(la) compañer* de clase que dejaba el estudio para las diez horas previas al examen?

Sí, el personaje que se encerraba en el aula del examen toda la noche, con los apuntes y un termos de café que, si hubiese podido, se habría inyectado en vena.

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Ingestión de cafeína motivada por DE (Desesperación Estudiantil)

Sería tontería investigar largo y tendido sobre el motivo que anima a innumerables estudiantes a drogarse de café cuando hay más páginas de apuntes que horas para absorber todos esos conceptos: cuando se bebe a las cinco de la mañana para desencolarse los párpados del globo ocular, el deseo que se persigue es algo fisiológico. En el mundo musulmán incluso le dieron un nombre al “subidón de café”: marqaḥa.

Este efecto bioquímicamente real, que podemos medir y observar en el laboratorio, ha sido uno de los grandes motivos que nos arrojaron en brazos del café, que nos acogió a tazas llenas. Seguir leyendo

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El espejo de café (I): Una introducción

[~ 6 minutos de lectura]

Al son de: Ludovico Einaudi, Uno (Mercan Dede remix)

Hay quien dice que el ser humano puede acostumbrarse a todo. O casi.

Nuestra tendencia al ‘acostumbramiento’ tiene su razón de ser, y puede revelarse tremendamente útil en situaciones extremas (p. ej. puede salvarnos la cordura en un campo de concentración). Pero también nos afecta en lo cotidiano, en lo pequeño e insignificante: nos construimos nuestra idea de la realidad aprendiendo qué es lo ‘normal’ y previsible, nos ‘acostumbramos’ a ello… para dedicarle luego poquísima atención.

En general, ni siquiera notamos los estímulos que forman parte de nuestra normalidad—a no ser que cambien.

Esta tendencia a dar por supuesta la ‘normalidad’ puede adormecer nuestra curiosidad natural.

¿Quién se acuerda del cuadro en la pared del salón, hasta que se cae? ¿Quién está pendiente del runrún de coches en la calle mientras trabaja, hasta que cesa el ruido y uno se da cuenta de ese silencio imprevisto, que no es normal?

La mayoría de nuestras preguntas, supongo que para ahorrar energías, las dirigimos a lo desconocido, lo que nos resulta misterioso.

Curiosidad viva
¿Cuándo fue la última vez que miraste a tu alrededor con la mirada, llena de maravilla, de un niño?

Y la familiaridad, como muchos matrimonios saben, tiende a erosionar nuestra capacidad para percibir lo misterioso en la normalidad a nuestro alrededor. Redescubrir el misterio es mirar con ojos nuevos una misma cosa o persona, sin dar por supuesto que ya sabemos todo lo que hay que saber de ella. Seguir leyendo