Turbantes y tulipanes en clave turca

[~ 5 minutos de lectura]

Al son de: Devaldi, Istanbul’s Night

Hagamos un experimento.

Escoged a cinco personas, y pedidles que os digan la primera palabra que les viene a la mente al escuchar o leer la palabra “tulipán“.

Cuando yo lo hice, el resultado unánime fue… Holanda.

Lógico, ¿no? Molinos, y campos de tulipanes, eso son los Países Bajos. Quizás algunos incluso hayan oído hablar de la tulipomanía, ese episodio de enajenación social transitoria que barrió el sentido común de muchos neerlandeses a principios del s. XVII, arrastrándolos hacia la compra de bulbos a precios disparatados (o, al menos, eso suelen contarnos).

No, no voy a hablar también yo del tópico tulipán-Países Bajos—al menos, hoy no.

Me intrigan más los hechos de fama modesta, que quedan arrinconados a un lado de la narrativa histórica que conozco mejor: pues hay otro país cuya historia está incluso más ligada al tulipán que Holanda, pero que no solemos asociar con la flor neerlandesa por excelencia, pese a deberle tanto la introducción de los bulbos, como su nombre en lenguas europeas… Seguir leyendo

Say it with narcissi: Aspectos florales del Año Nuevo Chino, &etc.

[~ 8 minutos de lectura]

Al son de: Sa Ding Ding, Alive

Dicen que el sentido del olfato está íntimamente conectado con la memoria, afirmación que Proust y sus madeleines parecen haber convertido en axioma irrefutable

Personalmente no suelo venir asaltada por recuerdos irrefrenables al oler nada en particular; de hecho, hay quien pone en duda las magdalenas de Proust… pero uno de los pocos aromas que sí evocan una asociación curiosa en mí es, precisamente, el de una flor que se presenta en el jardín de mis padres cada invierno: el narciso de manojo o narciso común (Narcissus tazetta L.).

El género de los narcisos (que se denomina, ¡sorpresa!, Narcissus) es uno de esos casos en los que podríamos presumir, peninsularmente hablando, de nuestra riqueza floral, pues la península ibérica es el centro principal de diversidad de los narcisos: los tenemos de todo tipo, tamaño, y color. Los que conozco y reconozco yo pertenecen a una de las pocas divisiones de narcisos que producen manojos de flores por tallo, y no una sola, la Tazettae.

Y su perfume es embriagador; hay quien lo encuentra demasiado fuerte, rayando incluso en la vulgaridad, pero a mí me fascina (… qué dirá eso de mis gustos en perfumería, je je). Al parecer, el absoluto de narciso es una de las sustancias más caras en el mundo de la perfumería, llegando a costar 30.000$ el kg (aunque se extrae, al parecer, de una especie distinta, el muy lírico N. poeticus L.).

Pero mi propósito hoy no es hablar de perfumes o de recuerdos, sino de flores mediterráneas que cruzaron el continente asiático hace siglos para instalarse en el corazón de China, como hadas acuáticas convertidas en uno de los símbolos por excelencia del Año Nuevo chino.

Sí, aún estoy hablando de él. Narcissus tazetta. Seguir leyendo

Historias de Rosas de la China

(O, un hallazgo con mucha historia ornamental)

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Ana Alcaide, En el Jardín de la Reina

 

Las rosas de un biólogo corriente, las que clasifica en el laboratorio de botánica, son mucho más sosas que las de cualquier jardín.

Para empezar, tienen sólo cinco pétalos.

Qué es eso de capullos que parecen faldas de cancán arrugadas, no señor: las rosas de verdad, las silvestres con que uno se tropieza cuando va al campo, tienen cinco nada más. Todo lo demás es extravagancia emperifollada.

Lo que sucede es que tal “extravagancia emperifollada”, a día de hoy, supone quizás el 90% de los tipos* de rosa que existen.

Por alguna preferencia estética humana, que parecería darse en todo lugar en donde haya surgido la apreciación de las flores, los pétalos con que venían de serie nos han parecido pocos, y hemos querido multiplicarlos ad infinitum, al menos en aquellas flores con simetría radial, como las rosas, los claveles (otros que también tienen 5 pétalos en su versión estándar), las peonías (otra qué tal), o incluso los lotos (¡Sí! También ellos, también). Seguir leyendo