¿Puedes contar verdades e informar a través de la literatura?

Yo digo que sí.

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Riversilvers, Dreams

Hace varias semanas recibí una crítica que me hizo pensar.

(Bueno, después de sorprenderme, ponerme de mal humor, machacarla punto por punto, releerla a la defensiva… hasta conseguir observarla con curiosidad).

La primera línea era la siguiente:

“(…) la idea es muy buena pero el contenido me resulta poco informativo, ya que se centra en la parte literaria [en comparación con la parte científica] que además, es algo redundante y se extiende demasiado.”

“La idea” a la que se refiere es la temática de Cuéntame, Sésamo: la nueva obra que saldrá a la venta el 26 de marzo de 2018, con la editorial A Fin de Cuentos. Se trata de un libro infantil que combina cuentos de hadas y divulgación vegetófila, y cuya tesis es sencilla:

los cuentos de hadas no son nada sin las plantas.

La casa de la abuelita de Caperucita (Ilustración de Jacobo Muñiz para Cuéntame, Sésamo)
La casa de la abuelita de Caperucita… Lobo, lobo (ilustración en el cuento original, de Jacobo Muñiz)

El libro tiene una parte “literaria” dual: incluye una versión del cuento de hadas tradicional (por si acaso la juventud moderna…), y un cuento más vegetófilo, en el que imagino cómo pudieron llegar al cuento sus plantas protagonistas.

En algunos casos la identidad de esta planta estaba cantada, como Blancanieves y su manzana; en otros, ha sido una elección personal, siempre con el mayor fundamento histórico y científico posible (como en el caso del olivo en Alí Babá, que expliqué aquí).

Luego están las secciones de divulgación infantil más pura: para las plantas protagonistas, se incluyen “sus historias secretas y sus curiosidades —científicas, etnobotánicas, históricas— más allá de los cuentos”. Seguir leyendo

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En busca del título perdido: La Invención del Reino Vegetal

Al son de: Ana Alcaide, Sono

Hace ya unos meses lancé un grito desesperado de ayuda a mi círculo de amistades; debía celebrarse un bautismo literario, y no tenía nombre para la criatura.

Bueno, en realidad sí tenía.

Pero como la criatura no era completamente mía, el asunto nominal era un tema espinoso que se discutía a tres bandas: Editorial, Mecenas, y yo.

Editorial: Ariel (por cierto, me encanta trabajar con una editorial con nombre de sirenita).

Mecenas: Jose Antonio Marina, filósofo (que no tiene nombre de sirenita, pero es estupendo igual).

(Yo: la currante apadrinada.)

La criatura: el libro que ha absorbido mi tiempo libre en los últimos cinco años y medio (mes p’arriba, mes p’abajo), ese proyecto tan malamente definible que intento resumir en la famosa frase que muchos de vosotros me habréis escuchado alguna vez: “los modos en que la humanidad nos hemos relacionado con las plantas”.

(a quien no le haya quedado claro, no os preocupéis: es que no queda claro. No sé cómo hacer para que quede claro. Lo único que se me ocurre proponeros es: echad un vistazo al índice. Luego volvéis, y me contáis a ver si os viene a la cabeza alguna forma de resumirlo que sea breve, buena, bonita y barata).

Proyecto propuesto por un filósofo pero escrito por una científica, y que sin embargo está a caballo entre la historia (de la ciencia, de las religiones, del arte…), la antropología o el arte, por decir sólo unas cuantas. Si ya tenía problemas para definir la temática en dos frases, y me las veía y deseaba para ubicarlo en un género, podéis imaginaros los sudores fríos que me provocaba pensar en el título. Seguir leyendo