Turbantes y tulipanes en clave turca

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Al son de: Devaldi, Istanbul’s Night

Hagamos un experimento.

Escoged a cinco personas, y pedidles que os digan la primera palabra que les viene a la mente al escuchar o leer la palabra «tulipán«.

Cuando yo lo hice, el resultado unánime fue… Holanda.

Lógico, ¿no? Molinos, y campos de tulipanes, eso son los Países Bajos. Quizás algunos incluso hayan oído hablar de la tulipomanía, ese episodio de enajenación social transitoria que barrió el sentido común de muchos neerlandeses a principios del s. XVII, arrastrándolos hacia la compra de bulbos a precios disparatados (o, al menos, eso suelen contarnos).

No, no voy a hablar también yo del tópico tulipán-Países Bajos—al menos, hoy no.

Me intrigan más los hechos de fama modesta, que quedan arrinconados a un lado de la narrativa histórica que conozco mejor: pues hay otro país cuya historia está incluso más ligada al tulipán que Holanda, pero que no solemos asociar con la flor neerlandesa por excelencia, pese a deberle tanto la introducción de los bulbos, como su nombre en lenguas europeas… Seguir leyendo