Cómo teñirse el pelo con alheña (henna): elogio a la Lawsonia

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de:  Natacha Atlas feat. Myra Boyle, When I Close My Eyes

Sí, este es un artículo raro. No suelo prodigarme en cuestiones vegetófilas prácticas de este tipo, más bien abundantes en la red. Para colmo, tampoco sé si tiene mucho sentido escribir en castellano sobre cómo teñirse el pelo con alheña, dado que jamás he visto venderla en polvo por aquí.

Pero como tengo a una persona que sí tiene alheña y ganas de probarlo dentro de unos meses, este artículo adaptado del original inglés  va por ella. Carissima, così puoi praticare un po’ ;)

Empecemos con una aclaración:

en español, la palabra henna (ni jena, ay, por favor) no tiene sentido.

No, no, y no.

Es ALHEÑA.

Palabra de origen árabe que proviene de al-ḥinnā; ḥinnā designa a la planta Lawsonia inermis L., y de ahí se adapta al inglés como henna.

Pero nosotros ya lo adaptamos hace muchos siglos, leñe. Por eso reivindico con gran énfasis y convencimiento la preciosa palabra alheña, que incorporamos a nuestro léxico mucho antes de que los angloparlantes la conociesen.

No hay diferencia de vocabulario para planta, hojas en polvo, pasta de alheña. La henna no sale de la alheña, ES alheña.

He dicho.

Bien, ahora ya puedo empezar a cantar las maravillas de este tinte natural que adoro (estás avisad*. No soy imparcial).

No crecí en una familia que emplease alheña, y tampoco fui de las que se apuntó a la moda mehndi cuando Madonna sacó su archifamoso videoclip Frozen.

No; yo me tropecé con ella, y terminé usándola, como investigadora curiosa recién salida de la universidad.

Tuve la gran suerte de descubrir que mi erboristeria vendía alheña pura en polvo a un precio más que razonable, y desde que la probé hace ya siete años, la uso para teñirme el pelo al menos una vez al año.

Pelo castaño teñido con alheña (Lawsonia inermis)
Y el resultado tiene esta pinta, visto al solecito veraniego.

Seguir leyendo

Alheña & las barbas del filósofo

Historias de tintes vegetales, enfermedades genéticas y filósofos famosos

[~ 8 minutos de lectura]

Al son de: Nadina,  Shou Baddou Yseer

{This article first appeared on The Planthunter#35 and may be read here | Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #35WOMAN de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Nacer mujer en Egipto cincuenta años atrás habría marcado tus días… y tus noches.

Una en particular habría quedado grabada en tu memoria, una noche mágica con nombre propio: Laylat al-hinna, una velada de poesía y belleza durante la cual las mujeres de tu familia y círculo de amistades habrían entretejido un escudo contra el mal de ojo sobre tu piel.

La aurora hubiese hallado tus pies y manos cubiertos con una hermosa red de diseños dignos del más fino brocado, a menudo tan densos que uno podría confundirlos con un par de guantes o unos calcetines tricotados de color rojo teja.

Estos trazos protectores habrían sido tus acompañantes al cruzar el linde del matrimonio, y te habrían delatado como novia recién casada durante semanas, antes de desvanecerse lentamente.

Diseños con alheña (mehndi, mehandi)
Posiblemente los diseños hubiesen sido distintos (pues me parece que la foto está sacada en la India y no en Egipto…), pero la sustancia es la misma.

Las responsables del color bordado en tu piel habrían sido las hojas machacadas de una planta bendecida con el extraño poder de dejar una marca, permanente a la vez que temporal, sobre pelo, uñas y piel: la alheña (Lawsonia inermis L.). Seguir leyendo