Salvar el mundo, una planta a la vez: las locas aventuras de Carlos Magdalena

Nenúfares & otras obsesiones vegetófilas

[~ 15 minutos de lectura]

Al son de: Warumpi band,  Jailangaru Pakarnu

{Hace unos años leí y reseñé un libro titulado  El Mesías de las Plantas. Unos meses más tarde, tuve la oportunidad de entrevistar a su autor, Carlos Magdalena, para la maravillosa plataforma digital basada en Australia The Planthunter —e intentamos, por supuesto, dar protagonismo a la increíble biodiversidad que alberga el continente.

Tras los horrendos incendios que asolaron Australia durante el pasado y abrasador verano austral, pensé en traducir estos artículos, como un pequeño homenaje a su flora, y a la importancia capital de la conservación de especies botánicas, los puntales de (casi) cualquier ecosistema terrestre que se precie.

Al final ha salido una adaptación extendida, con unas cuantas citas textuales, extra, de Carlos —y fotografías que me cedió él mismo, muy amablemente.

El original en inglés está aquí (abreviado), y aquí (1, 2 — extendidos).}

Imagínate la escena: región de Kimberley, Australia. Los dingos aúllan en la oscuridad fuera del rancho mientras el cazador de plantas camina con ojos legañosos hacia el comedor comunal antes del amanecer. El desayuno se sirve alrededor de dos largas mesas: una para una bandada de mujeres parloteando, la otra para una manada de hombres taciturnos. El cazador de plantas se dirige hacia la mesa silenciosa —pero no tiene exactamente el aspecto que uno esperaría… “Los ves por la tele y van todos con un equipazo del copón, y yo lo más cómodo que encontré [para ir a recolectar plantas acuáticas] es un bañador, y al principio chancla, pero como la perdí…”

Carlos Magdalena, nenúfares en mano (y sobre la cabeza!)

Carlos Magdalena (Gijón, 1972) probablemente sea una de las personas vegetófilas más divertidas que he tenido el placer de entrevistar. Es, sin duda, el que más apodos tiene: el hombre que susurra a las plantas, plant pimp (que en castellano suena aún peor: literalmente “proxeneta de plantas”), 1/3 Noé 1/3 Indiana Jones 1/3 MacGyver, protector de las plantas, mesías de las plantas… La lista parece seguir en aumento, y las cosas han empeorado desde que publicó su primer libro, titulado El mesías de las plantas: Aventuras en busca de las especies más extraordinarias del mundo (Debate, 2018; para el original inglés, Penguin, 2017).

En la primera página de la introducción, declara que

“[M]i misión realmente es hacerte cobrar consciencia de hasta qué punto son importantes las plantas. Es más, he de confesar que, de hecho, estoy obsesionado con esta idea.”

Obsesión y fiebre son términos que utiliza a menudo para describir su relación con las plantas, y que a veces pueden causar estragos en la vida de las personas —tanto humanas como no humanas. Sin embargo, mientras charlamos largo y tendido veo en Carlos los mejores rasgos que una sana obsesión puede sacar en nosotros: una perseverancia tenaz frente a la adversidad, y esa clase especial de curiosidad que todos los grandes naturalistas han tenido, la habilidad de moverse a distintas escalas, ver tanto el detalle concreto como el gran conjunto, y dejar que coexistan sin conflicto en su mente.

Y la voluntad de hacerse preguntas constantemente.

“Lo más importante con las plantas es la obsesión y la pasión; si no las tienes, no vas a ningún sitio. (…) Tienes que obsesionarte para avanzar.”

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Les non-fleurs de Monsieur Monet

(oséase, Las no-flores del Sr. Monet)

[~ 10 minutos de lectura]

Al son de: Marika Takeuchi, Far Away

{English version can be read here}

1895.

Siete meses antes de que los hermanos Lumière encienten el arte del cine, un hombre trabaja en su jardín a pocos quilómetros de Paris.

Hace doce años que da rienda suelta a su faceta de jardinero en aquel rincón del mundo, donde ha creado un pequeño paraíso vegetal. Sin embargo, no es un jardinero cualquiera: el mundo entero conoce sus lienzos, sus pinceladas capaces de captar la impresión fugaz de un instante. Ha pintado estaciones, océanos, campos y catedrales. Pero ahora, aun sin él saberlo, está naciendo una etapa nueva.

Porque en 1895, mientras al otro lado del Atlántico la guerra de Cuba se ha precipitado en el último capítulo de su historia, en un pueblecito francés ha empezado el largo idilio artístico de un pintor y un vegetal. Durante 25 años, los pinceles del artista regresarán a su planta con fidelidad de cónyuge enamorado, para trazar los óvalos de sus hojas y sus flores estelares, convirtiéndolas en un icono de la pintura.

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Sí. Sabéis a quién me refiero. Se trata de Claude Oscar Monet (1840-1926).

¿Y ellas? Sus Nymphéas, por supuesto. Seguir leyendo