Eguzkilores & los misterios del alma de las plantas según Guy de la Brosse

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Cécile Corbel, Valse des Ondines

En los Pirineos navarros la luz es húmeda, y se clavan cardos en las puertas de entrada.

Cierto, no me he paseado por todos los caserones de la región, pero doy fe de que, al menos en algunos, se puede ver expuesta en la puerta la inflorescencia seca de un cardo. Cuando años atrás pregunté por su nombre, me dijeron que era un eguzkilore, pero no supieron darme más información sobre por qué y para qué estaba ahí exactamente.

Paso lógico siguiente: consultar por internet.

Eguzkilore (Carlina acaulis): la flor del sol contra brujas, aojamientos y tormentas

Así encontré su nombre científico, Carlina acaulis, y una imponente lista de nombres populares, entre los que eguzkilore es sólo uno más al lado de ‘flor del sol’, ‘carlina’, ‘cardo dorado’, etc. Y localicé también por qué, según el folklore popular, se coloca en la puerta de las casas en el norte de la península: para ahuyentar a los malos espíritus, barrar el paso a las brujas despistadas que quisiesen colarse en casa, espantar a las enfermedades, las tormentas, los rayos (y ya que estamos, yo le pediría que ahuyentara a las cucarachas, pero no creo que sirviese de mucho).

En fin, “las mismas funciones místicas atribuidas al sol”, que para algo es la flor del sol.

(Ahora me quedaría pendiente volver al caserón y preguntarles si les cuadra como explicación popular al porqué de su cardo portero).

Una vez saciada mi curiosidad, archivé la anécdota tan tranquilamente y no volví a pensar en eguzkilores hasta que un buen día me tropecé con la flor del sol en el más insospechado de los lugares: un artículo sobre el alma de las plantas. Seguir leyendo

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Plumeria: las aventuras de un monje entre piratas [Padrinos&Plantas (2)]

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Cécile Corbel, Mary

En ocasiones veo sacuanjoches.

En portadas de libros, artículos en revistas de autoayuda; en etiquetas de champús (tan sintéticos, por cierto, que ni han olido de lejos una flor, y ¡mucho menos una de sacuanjoche!).

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El mundo del marketing visual adora estas flores, con su simetría pentámera, sus colores tropicales que prácticamente susurran noches en islas hawaianas, retiros de meditación zen, los mil y un tratamientos raros en SPAs de lujo. Connotaciones que, por cierto, habrían sorprendido al naturalista en cuyo honor se bautizó esta planta… aunque quizás no tanto a las culturas mesoamericanas que la acogieron en su seno.

Se trata del género Plumeria, cuyo nombre científico no nos habla tanto de plumas, como de monjes Mínimos, y de aventuras vegetófilas al otro lado del Atlántico por real deseo del Rey Sol…

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