El espejo de café (II): ¿Esclavos de la Café-ina?

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Al son de: Conjure One, Extraordinary Ways

La introducción a la serie El espejo de café puede leerse aquí [se abre en otra pestaña].

¿Cómo se llamaba aquel(la) compañer* de clase que dejaba el estudio para las diez horas previas al examen?

Sí, el personaje que se encerraba en el aula del examen toda la noche, con los apuntes y un termos de café que, si hubiese podido, se habría inyectado en vena.

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Ingestión de cafeína motivada por DE (Desesperación Estudiantil)

Sería tontería investigar largo y tendido sobre el motivo que anima a innumerables estudiantes a drogarse de café cuando hay más páginas de apuntes que horas para absorber todos esos conceptos: cuando se bebe a las cinco de la mañana para desencolarse los párpados del globo ocular, el deseo que se persigue es algo fisiológico. En el mundo musulmán incluso le dieron un nombre al “subidón de café”: marqaḥa.

Este efecto bioquímicamente real, que podemos medir y observar en el laboratorio, ha sido uno de los grandes motivos que nos arrojaron en brazos del café, que nos acogió a tazas llenas. Seguir leyendo