El árbol que sangra junto al río: Alnus glutinosa

Capítulo #03 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 10 minutos de lectura]

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Pasa bastante desapercibido, este sombrío morador de ríos y arroyos.

No se yergue a grandes alturas como los fresnos de leño de lanza; no dispensa la muerte por ponzoña o por flecha lanzada en arco letal como el tejo. No tiene corona como el roble, ni el encanto mágico del avellano.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 03: Alnus spp.

Pero los habitantes del género Alnus no se deben a la humanidad, sino al agua, y no revela sus secretos fácilmente.

Sólo quien lo tala sabe por qué pudieron los antiguos celtas considerarlo árbol de la guerra y del derramamiento de sangre. Sólo quien lo interroga descubrirá qué colores ocultan su corteza y sus hojas.

Sólo quien escuche este capítulo (… o pierda un buen rato rebuscando en libros más o menos viejunos) conocerá “el maravilloso secreto del aliso”…

… ¿o quizás no?

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Cuando las chumberas sangran

Historias y paradojas sobre invasiones biológicas

[~ 10 minutos de lectura]

Al son de: Bliss, Don’t Look Back

{Originalmente publicado en el número 21 (Febrero de 2018) de la revista PARADIGMA, editada por la Universidad de Málaga y dedicada a las Plantas y los Animales. Puedes acceder al PDF original desde aquí.}

Queensland, Australia. 1912

Se busca desesperadamente asesino para exterminio en masa.

Me dijeron que no podía escribirlo de forma tan explícita en el anuncio oficial, claro. El gobierno es un poco tiquismiquis para estas cosas, pero en realidad era lo que necesitábamos urgentemente, y todo por culpa del maldito rojo de las casacas militares. Nunca una casaca creó tantos problemas (salvo, quizás, la de Caperucita; pero los lobos no ven en rojo, así que…).

Todo había empezado en 1793, cuando los ingleses, en lugar de dedicarse a vigilar a sus vecinos que se divertían guillotinando nobles a diestro y siniestro en París, se pusieron a pensar en otras cuestiones y decidieron que Australia sería un lugar perfecto para cultivar la cochinilla del carmín y obtener tinte rojo para las benditas casacas de sus soldados. ¡Ja! Perfecto, y una porra… Cochinillas, no vieron ni una, pero los cactus esos, los nopales que les sirven de comida al bicho, esas sí que se apoderaron de nuestras tierras en un abrir y cerrar de ojos, y ya no hubo quien les parase los pies. O los cladodios, vamos.

Opuntia tomentosa
Opuntia tomentosa, una de las especies que se comportan como invasoras en Australia.

Lo hemos intentado todo, de verdad. Fermentarlas y producir alcohol, o convertirlas en jabón, o papel— no funciona. Hace una década que el gobierno prometió una recompensa de £5 000 para quien descubriese un mecanismo de control efectivo, y nada. Hace cinco años se duplicó la cifra, y aún nada.

Así que esta es nuestra última esperanza para exorcizar al demonio chumbo: the Prickly Pear Travelling Commission. Sus miembros nos embarcaremos en sendas misiones, rumbo a Latinoamérica en un intento de encontrar a ese asesino que tan desesperadamente necesitamos, que sea capaz de exterminar a las Opuntia. Seguir leyendo

Vestirse con los colores del mar: ¿el futuro de la moda?

Tintes textiles a base de pigmentos algales

[~ 5 minutos de lectura]

Al son de: My Indigo, Black Velvet Sun

{Originalmente publicado a finales de 2016 (en inglés, y en 2017 en castellano), este artículo trata de un proyecto que ha sido elegido recientemente como uno de los mejores del Programa LIFE de 2017, y según cuentan aquí, “está nominado para la elección del Best of the best” entre estos proyectos… premio que se resolverá en mayo 2018. Por eso, ¡muchos ánimos, y espero que el trabajo realizado realmente contribuya a convertir el sector de la tinción textil en algo más sostenible!}

Aunque existen muchas dudas acerca de la vida secreta de las sirenas, hay un punto en el que todos los expertos coinciden: nadan desnudas. Se admiten sujetadores de conchas o collares de perlas estratégicamente colocados para cubrir ciertas partes de su anatomía, pero nada de ropa.

Como ávida admiradora del mundo sirenil desde los seis añitos, todo eso me parecía bastante práctico incluso antes de saber que los textiles requerían tareas tan trabajosas como el hilado, el tejido o la tinción. Las sirenas podían dedicarse a cosas más interesantes, como estudiar la vida vegetal a su alrededor… aunque a esa edad, las algas tampoco me parecían especialmente atractivas.

Diatomeas, proyecto LIFE SEACOLORS
A ver, son monas y tal. Diatomeas, estas. Los dibujos de su superficie son una filigrana, y se empleaban para poner a prueba la calidad de las lentes. Actualmente, también para que los gatos hagan pis en ellas.

Aprendí a apreciarlas un poco más en la universidad, donde descubrí los increíbles ecosistemas que crean, y me enteré de que podían incluso comerse. Pero tampoco entonces me enamoraron, y así terminaron rápidamente relegadas al desván de mis recuerdos hasta que, hace unos meses, recibí un correo electrónico de una amiga canaria.

Aunque llevaba varios años en un jardín botánico y, al igual que yo, no había tratado con algas en mucho tiempo, había empezado a trabajar recientemente en el Banco Español de Algas (BEA), y se descubría fascinada por los proyectos que tenían en marcha allí. “Hay uno que seguro que te gustará…” me escribía.

Se llamaba Seacolors, y su objetivo era encontrar tintes naturales a partir de algas. Seguir leyendo

Cómo teñirse el pelo con alheña (henna): elogio a la Lawsonia

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de:  Natacha Atlas feat. Myra Boyle, When I Close My Eyes

Sí, este es un artículo raro. No suelo prodigarme en cuestiones vegetófilas prácticas de este tipo, más bien abundantes en la red. Para colmo, tampoco sé si tiene mucho sentido escribir en castellano sobre cómo teñirse el pelo con alheña, dado que jamás he visto venderla en polvo por aquí.

Pero como tengo a una persona que sí tiene alheña y ganas de probarlo dentro de unos meses, este artículo adaptado del original inglés  va por ella. Carissima, così puoi praticare un po’ ;)

Empecemos con una aclaración:

en español, la palabra henna (ni jena, ay, por favor) no tiene sentido.

No, no, y no.

Es ALHEÑA.

Palabra de origen árabe que proviene de al-ḥinnā; ḥinnā designa a la planta Lawsonia inermis L., y de ahí se adapta al inglés como henna.

Pero nosotros ya lo adaptamos hace muchos siglos, leñe. Por eso reivindico con gran énfasis y convencimiento la preciosa palabra alheña, que incorporamos a nuestro léxico mucho antes de que los angloparlantes la conociesen.

No hay diferencia de vocabulario para planta, hojas en polvo, pasta de alheña. La henna no sale de la alheña, ES alheña.

He dicho.

Bien, ahora ya puedo empezar a cantar las maravillas de este tinte natural que adoro (estás avisad*. No soy imparcial).

No crecí en una familia que emplease alheña, y tampoco fui de las que se apuntó a la moda mehndi cuando Madonna sacó su archifamoso videoclip Frozen.

No; yo me tropecé con ella, y terminé usándola, como investigadora curiosa recién salida de la universidad.

Tuve la gran suerte de descubrir que mi erboristeria vendía alheña pura en polvo a un precio más que razonable, y desde que la probé hace ya siete años, la uso para teñirme el pelo al menos una vez al año.

Pelo castaño teñido con alheña (Lawsonia inermis)
Y el resultado tiene esta pinta, visto al solecito veraniego.

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Alheña & las barbas del filósofo

Historias de tintes vegetales, enfermedades genéticas y filósofos famosos

[~ 8 minutos de lectura]

Al son de: Nadina,  Shou Baddou Yseer

{This article first appeared on The Planthunter#35 and may be read here | Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #35WOMAN de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Nacer mujer en Egipto cincuenta años atrás habría marcado tus días… y tus noches.

Una en particular habría quedado grabada en tu memoria, una noche mágica con nombre propio: Laylat al-hinna, una velada de poesía y belleza durante la cual las mujeres de tu familia y círculo de amistades habrían entretejido un escudo contra el mal de ojo sobre tu piel.

La aurora hubiese hallado tus pies y manos cubiertos con una hermosa red de diseños dignos del más fino brocado, a menudo tan densos que uno podría confundirlos con un par de guantes o unos calcetines tricotados de color rojo teja.

Estos trazos protectores habrían sido tus acompañantes al cruzar el linde del matrimonio, y te habrían delatado como novia recién casada durante semanas, antes de desvanecerse lentamente.

Diseños con alheña (mehndi, mehandi)
Posiblemente los diseños hubiesen sido distintos (pues me parece que la foto está sacada en la India y no en Egipto…), pero la sustancia es la misma.

Las responsables del color bordado en tu piel habrían sido las hojas machacadas de una planta bendecida con el extraño poder de dejar una marca, permanente a la vez que temporal, sobre pelo, uñas y piel: la alheña (Lawsonia inermis L.). Seguir leyendo

El misterioso mear amarillo mango, y otros colores vegetales

[~ 5 minutos de lectura]

Al son de: Cécile Corbel, Folia

La orina es un material tremendamente versátil.

No, no estoy bromeando. Aunque ahora nos lo parezca, no se trata de un residuo inútil cuya única finalidad sea la de desaparecer por el desagüe al tirar de la cadena. Tengo noticias, por ejemplo, de que una de sus últimas reencarnaciones como sustancia útil podría verla convertida en fuel para baterías de móviles (que nadie corra aún a comprar un pis-fono, que esto aún está en los laboratorios… y la carga, de momento, no dura mucho: unos 25 minutos de vida para un Samsung. Queda trabajo por delante).

Pero antes de la industria de la telefonía móvil, estaban los tintoreros.

Pues la orina fermentada, además de apestar de lo lindo, ofrece a las tinas de tinción un pH alcalino que resultaba especialmente útil a la hora de disolver y mezclar algunos tintes. Entre los colores que pasaban por tan perfumadas cubas figuran las coloraciones violáceas obtenidas a base de ciertos líquenes (ej. Ochrolechia tartarea (L.), o las urzelas, de la familia Roccellaceae),  o el índigo (a base de Isatis tinctoria L., la isatide o hierba pastel europea; o a partir de distintas especies de índigo, Indigofera sp.; u otras plantas que contienen el mismo pigmento).

Sin embargo, leyendo el libro de Delamare y Guineau, Colour Making and Using Dyes and Pigments (2000), encontré una afirmación curiosa, que elevaba a un nivel bien distinto el papel de la orina en el mundo de los colores: hablaba de un pigmento conseguido a partir de la orina de vacas alimentadas a base de hojas de mango.

mango-leaves1
Hojas de (cf) Mangifera indica, L. ¡Y huelen a mango!

Wow.

Qué decir. Seguir leyendo