Los árboles de la música

Las plantas que componen nuestros instrumentos musicales

[~ 6 minutos de lectura]

Al son de: Secret Garden, Chaconne

{This article first appeared on The Planthunter#41 and may be read here | Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #41PLAY de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Hace unos meses, la historia vital de un bosque de cedros de Alaska se convirtió en canción. Tres minutos, un piano y un celo encapsularon un siglo de cambios forestales a través de una técnica llamada sonificación de datos, una forma innovadora de conjurar una magia tan vieja como la humanidad misma: la transformación de plantas en música.

Una de las primeras cosas que aprenden los niños sobre la naturaleza es que el reino de los sonidos activos pertenece a los animales. Aullidos, ladridos, maullidos, cacareos, rugidos, trinos… “¿Qué sonido hace el nenúfar?” es una pregunta que jamás escucharás (y con razón).

Sin embargo, el mundo de los sonidos pasivos está lleno de hierbas meciéndose al viento, de hojas convertidas en tambores repiqueteando bajo la lluvia, de madera y semillas crepitando bajo el lamido del fuego.

Campo de trigo (Triticum)
¿A que prácticamente puedes oír el rumor de este campo de trigo?

La naturaleza compone grandes obras musicales con las voces sutiles que ofrece el reino vegetal, y no tardamos en reconocer a sus integrantes como la materia prima que nos permitiría (re)crear todos los sonidos del mundo. Seguir leyendo

[Hojeando libros] Plant Revolution

(Mancuso. Giunti 2017)

Al son de: Emancipator, Minor Cause

Me enteré gracias a una amiga en Italia:

“El otro día pensé en ti: en la tele dieron una entrevista a Stefano Mancuso, muy interesante… por el libro que acaba de publicar, ya sabes…”

Pero resultaba que no, yo no lo sabía— hasta que ella me lo dijo. Al cabo de unos minutos ya había corrido a encargar mi copia, que llegó unas semanas más tarde, con tapas duras y a todo color.

Con un título que, ay, no me entusiasmó: Plant Revolution. La revolución de las plantas. O La Revolución Vegetófila.

(Con la dichosa manía italiana de escribir en itanglese, esa quimera monstruosa que incorpora palabras y expresiones inglesas sin ton ni son ni criterio ni ná de ná. Pero todo hay que decirlo: yo soy muy mala para titular cosas que luego se vendan bien. Siempre me cambian los títulos de los artículos, así que…).

Como tenía otro libro a medio leer, me prometí que esperaría para empezar el de Mancuso. Mantuve la promesa y resistí como una valiente durante unos cuantos días, pero… terminé por sucumbir a la tentación.

Fue la mejor decisión que podría haber tomado.

De hecho, voy a tener un problema para reseñar este libro: no emocionarme demasiado.

Hubo un momento fugaz, durante la introducción, en el que pensé: no exageremos, por favor. Que yo soy muy quisquillosa para las exageraciones y las hipérboles.

Pero después de eso, fui convirtiéndome en fan, luego en más fan, y luego en perdidamente fan.

He tenido el gusto de leer todos los libros que ha publicado Mancuso hasta la fecha. El más “rompedor”, el que más premios le ha valido y más traducciones, ediciones y reediciones ha tenido es Verde Brillante: Sensibilità e intelligenza nel mondo vegetale, traducido al castellano como Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal.

Sin embargo, Plant Revolution me ha gustado más, mucho más.

Me ha sorprendido, me ha presentado ideas que desconocía (y leo mucho sobre el tema… de verdad que sí), y me las ha contado con tanta gracia y salero, que me he visto prácticamente obligada a leer fragmentos en voz alta a quienquiera que se pusiese a tiro: mi costilla (a quien le gustó tanto, que lo devoramos enterito una vez más), mis padres— incluso al perro le he leído algo.

Pero pongámonos con la reseña en serio… Seguir leyendo

¿Hasta qué punto debemos humanizar a los árboles?

Los límites de la arbol-empatía

[~ 11 minutos de lectura]

Al son de: Secret Garden, Fields of Fortune

{Basado en el original en inglés Humanising trees: how much is too much? publicado en 2016, aquí}

Somos pastores de árboles, nosotros los viejos ents. (…) Algunos de los nuestros son ahora exactamente como árboles y se necesita mucho para despertarlos y hablan sólo en susurros. Pero otros son de miembros flexibles y muchos pueden hablarme. Fueron los elfos quienes empezaron, por supuesto, despertando árboles y enseñándoles a hablar y aprendiendo el lenguaje de los árboles. Siempre quisieron hablarle a todo, los viejos elfos.

J. R. R. Tolkien, Las Dos Torres

No me consta que existan ents en Nueva Zelanda. Sin embargo, sí existe un árbol impregnado de pensamiento mítico maorí, llamado Tāne Mahuta. El árbol en cuestión es un kauri (Agathis australis); el Tāne Mahuta del mito era hijo de los dioses de la tierra y del cielo, y el único que consiguió romper el abrazo asfixiante entre sus padres, separándolos por la fuerza y abriendo así el espacio necesario para que el mundo pudiese aparecer. Considerado el señor del bosque y creador de la humanidad, suele ser representado como un hombre alto que actúa como puente (y, de hecho, sustento físico) entre la bóveda celeste y la tierra, con los pies firmemente plantados en el suelo (o enraizados en el cielo).

¿Es correcto humanizar a los árboles?

Últimamente he estado pensando mucho en árboles. Todo empezó por culpa de un libro que, paradójicamente, aún no he leído: el volumen de Peter Wohlleben La vida secreta de los árboles.

Quizás te parezca que un libro escrito por un guarda forestal alemán y enmarcado en la sección Ciencia, poco tenga que ver con ents, árboles parlantes o deidades maoríes— y hasta hace relativamente poco, te habría dado la razón. Pero entonces leí una reseña en el New York Times, y cambié de opinión.

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Slow writing: escribir libros a buen ritmo

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: The Chainsmokers & Coldplay, Something just like this

Tras una larga pausa, he vuelto a escribir una novela.

Casi siete años han pasado desde que dejé la última sin terminar, y debo confesar que lo había echado de menos. El último lustro y medio ha estado lleno de otros proyectos, también literarios, pero más “serios”, que siguieron al nacimiento de La Invención del Reino Vegetal.

Este mes se cumplen dos añitos de aquel momento, que fue un hito para mí. Me introdujo en un mundo hasta entonces desconocido, y la experiencia me dio más perspectiva, tanto en el campo profesional/vocacional, como en el personal (aquí reflexioné sobre algunas lecciones aprendidas, hace un año).

Este tocho era la Invención durante el largo proceso de revisión y referenciado bibliográfico. Ay, qué tiempos…

A día de hoy, puedo decir que he completado 8 obras escritas: tres novelas, tres relatos (más o menos) cortos, y dos ensayos.

Empecé hace muuucho tiempo, primero con la narrativa; algunas de las historias se colgaron en internet de forma libre, otras fueron regalos escritos para personas concretas.

Luego, casi por accidente, terminé en el mundo del ensayo. Uno se publicó en castellano de forma tradicional (La Invención del Reino Vegetal, Ariel 2015); el otro lo auto-publiqué en inglés como libro digital en amazon.com (Of Perfumes & Gods: Tales of Olibanum, 2016).

Con este equipaje en la mochila, hoy reflexiono sobre el proceso de escribir libros. Seguir leyendo

Paseos por el Jardín Botánico Atlántico de Gijón

[~ 3 minutos de lectura]

Al son de: Airstream, Electra

El fragmento de Paraíso que enraíza en Gijón lleva el océano en su nombre.

Llegamos con el sol del mediodía al jardín botánico, uno de esos puntos irrenunciables en la ruta de nuestro viaje, y único motivo que nos acercó a Gijón aquella tarde de invierno.

Nuestra visita era un híbrido entre las circunstancias y el optimismo; Asturias en diciembre no es precisamente garantía de solecito y buen tiempo. Sin embargo, los dioses meteorológicos nos sonrieron benévolos durante las cinco horas que duró nuestro pasear errabundo en el botánico, hasta que la luz fue extinguiéndose y cerró sus puertas.

El camino que se adentra en el jardín…

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Elogio al jardín botánico: un microcosmos de conocimiento

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Enya, The Memory of Trees

Los jardines botánicos son fragmentos del Paraíso.

No me refiero al paraíso en sentido histórico, aquel pairidaeza que se remonta a Mesopotamia, a Persia y a sus vergeles ceñidos con vallas y muros. No.

Hablo de Paraíso en el sentido mítico y trascendente de la palabra. En el jardín imaginario que un día soñamos como representación microcósmica de la naturaleza entera, y cuyo árbol más icónico y ambivalente concedía el conocimiento a quien comía de sus frutos.

Quien sabe si tal vez su savia nos hubiese regalado algo más raro y precioso: la sabiduría.

Jan Brueghel el Viejo, El Jardín del Edén
A este, vamos (versión imaginada por Jan Brueghel el Viejo, pero hay muchas otras igualmente hermosas, faltaría más). Imagen cortesía de Wikipedia.

Pero fue ese fruto lleno de conocimiento lo que puso en marcha la gran aventura. Un fruto con muchas semillas, que cayeron a tierra sin aspavientos y esperaron, dormidas, a que llegasen hortelanos con ansias de ordenar el mundo; de recomponer ese Edén perdido, esa quimera donde había un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio, y así comprender. Conocer.

Son quimeras, claro. El Orden de la naturaleza, en mayúscula, no es el del Paraíso de los mitos. Pero estas semillas imaginarias, llenas de conocimiento, han germinado y se han encarnado en el mundo. Se llaman jardines botánicos. Seguir leyendo

En el nombre de la Fuchsia [Padrinos&Plantas (3)]

Flores, colores — & un médico renacentista

[~ 10 minutos de lectura]

Al son de: Leo Rojas, El Condor Pasa

Nuestra experiencia del color está íntimamente ligada a las plantas.

El reino vegetal no sólo devolvió la percepción de tonalidades como el rojo al linaje de los simios, sino que ha sido también un excelente campo de inspiración para dar nombre al color mismo.

Metafóricamente habita el ser humano la Tierra— y metafóricamente la describe. A partir de frutas y flores bautizamos nuevos colores, como el naranja, el rosa o el malva.

Sin embargo, hay un color que debe su nombre a un médico alemán del s. XVI, a través de una flor: las fucsias, o pendientes de la reina (entre otros nombres comunes). Aunque la historia es, en realidad, un poco más complicada, e involucra tintes sintéticos, modas hortícolas, juegos de palabras…

Fuchsia ornamental (híbrida)

Empecemos por la flor. Seguir leyendo