En el nombre de la Fuchsia [Padrinos&Plantas (3)]

Flores, colores — & un médico renacentista

[~ 10 minutos de lectura]

Al son de: Leo Rojas, El Condor Pasa

Nuestra experiencia del color está íntimamente ligada a las plantas.

El reino vegetal no sólo devolvió la percepción de tonalidades como el rojo al linaje de los simios, sino que ha sido también un excelente campo de inspiración para dar nombre al color mismo.

Metafóricamente habita el ser humano la Tierra— y metafóricamente la describe. A partir de frutas y flores bautizamos nuevos colores, como el naranja, el rosa o el malva.

Sin embargo, hay un color que debe su nombre a un médico alemán del s. XVI, a través de una flor: las fucsias, o pendientes de la reina (entre otros nombres comunes). Aunque la historia es, en realidad, un poco más complicada, e involucra tintes sintéticos, modas hortícolas, juegos de palabras…

Fuchsia ornamental (híbrida)

Empecemos por la flor. Seguir leyendo

Cómo teñirse el pelo con alheña (henna): elogio a la Lawsonia

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de:  Natacha Atlas feat. Myra Boyle, When I Close My Eyes

Sí, este es un artículo raro. No suelo prodigarme en cuestiones vegetófilas prácticas de este tipo, más bien abundantes en la red. Para colmo, tampoco sé si tiene mucho sentido escribir en castellano sobre cómo teñirse el pelo con alheña, dado que jamás he visto venderla en polvo por aquí.

Pero como tengo a una persona que sí tiene alheña y ganas de probarlo dentro de unos meses, este artículo adaptado del original inglés  va por ella. Carissima, così puoi praticare un po’ ;)

Empecemos con una aclaración:

en español, la palabra henna (ni jena, ay, por favor) no tiene sentido.

No, no, y no.

Es ALHEÑA.

Palabra de origen árabe que proviene de al-ḥinnā; ḥinnā designa a la planta Lawsonia inermis L., y de ahí se adapta al inglés como henna.

Pero nosotros ya lo adaptamos hace muchos siglos, leñe. Por eso reivindico con gran énfasis y convencimiento la preciosa palabra alheña, que incorporamos a nuestro léxico mucho antes de que los angloparlantes la conociesen.

No hay diferencia de vocabulario para planta, hojas en polvo, pasta de alheña. La henna no sale de la alheña, ES alheña.

He dicho.

Bien, ahora ya puedo empezar a cantar las maravillas de este tinte natural que adoro (estás avisad*. No soy imparcial).

No crecí en una familia que emplease alheña, y tampoco fui de las que se apuntó a la moda mehndi cuando Madonna sacó su archifamoso videoclip Frozen.

No; yo me tropecé con ella, y terminé usándola, como investigadora curiosa recién salida de la universidad.

Tuve la gran suerte de descubrir que mi erboristeria vendía alheña pura en polvo a un precio más que razonable, y desde que la probé hace ya siete años, la uso para teñirme el pelo al menos una vez al año.

Pelo castaño teñido con alheña (Lawsonia inermis)
Y el resultado tiene esta pinta, visto al solecito veraniego.

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Alheña & las barbas del filósofo

Historias de tintes vegetales, enfermedades genéticas y filósofos famosos

[~ 8 minutos de lectura]

Al son de: Nadina,  Shou Baddou Yseer

{This article first appeared on The Planthunter#35 and may be read here | Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #35WOMAN de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Nacer mujer en Egipto cincuenta años atrás habría marcado tus días… y tus noches.

Una en particular habría quedado grabada en tu memoria, una noche mágica con nombre propio: Laylat al-hinna, una velada de poesía y belleza durante la cual las mujeres de tu familia y círculo de amistades habrían entretejido un escudo contra el mal de ojo sobre tu piel.

La aurora hubiese hallado tus pies y manos cubiertos con una hermosa red de diseños dignos del más fino brocado, a menudo tan densos que uno podría confundirlos con un par de guantes o unos calcetines tricotados de color rojo teja.

Estos trazos protectores habrían sido tus acompañantes al cruzar el linde del matrimonio, y te habrían delatado como novia recién casada durante semanas, antes de desvanecerse lentamente.

Diseños con alheña (mehndi, mehandi)
Posiblemente los diseños hubiesen sido distintos (pues me parece que la foto está sacada en la India y no en Egipto…), pero la sustancia es la misma.

Las responsables del color bordado en tu piel habrían sido las hojas machacadas de una planta bendecida con el extraño poder de dejar una marca, permanente a la vez que temporal, sobre pelo, uñas y piel: la alheña (Lawsonia inermis L.). Seguir leyendo

Eguzkilores & los misterios del alma de las plantas según Guy de la Brosse

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Cécile Corbel, Valse des Ondines

En los Pirineos navarros la luz es húmeda, y se clavan cardos en las puertas de entrada.

Cierto, no me he paseado por todos los caserones de la región, pero doy fe de que, al menos en algunos, se puede ver expuesta en la puerta la inflorescencia seca de un cardo. Cuando años atrás pregunté por su nombre, me dijeron que era un eguzkilore, pero no supieron darme más información sobre por qué y para qué estaba ahí exactamente.

Paso lógico siguiente: consultar por internet.

Eguzkilore (Carlina acaulis): la flor del sol contra brujas, aojamientos y tormentas

Así encontré su nombre científico, Carlina acaulis, y una imponente lista de nombres populares, entre los que eguzkilore es sólo uno más al lado de ‘flor del sol’, ‘carlina’, ‘cardo dorado’, etc. Y localicé también por qué, según el folklore popular, se coloca en la puerta de las casas en el norte de la península: para ahuyentar a los malos espíritus, barrar el paso a las brujas despistadas que quisiesen colarse en casa, espantar a las enfermedades, las tormentas, los rayos (y ya que estamos, yo le pediría que ahuyentara a las cucarachas, pero no creo que sirviese de mucho).

En fin, “las mismas funciones místicas atribuidas al sol”, que para algo es la flor del sol.

(Ahora me quedaría pendiente volver al caserón y preguntarles si les cuadra como explicación popular al porqué de su cardo portero).

Una vez saciada mi curiosidad, archivé la anécdota tan tranquilamente y no volví a pensar en eguzkilores hasta que un buen día me tropecé con la flor del sol en el más insospechado de los lugares: un artículo sobre el alma de las plantas. Seguir leyendo

Las enseñanzas de un árbol de incienso

[~ 7 minutos de lectura]

Al son de: Jocelyn Pook, Caótica Ana BSO

{This article first appeared on The Planthunter#33 and may be read here | Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #33DESERT de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Supongamos por un momento que las Upaniṣads indias tuviesen razón, y que en tu próxima vida pudieses regresar como árbol. ¿Cuál escogerías?

La decisión no es moco de pavo, teniendo en cuenta la longevidad (al menos, potencial) de los árboles. En primer lugar, podrías reflexionar sobre las características intrínsecas de tu futura versión fotosintética (¿alto y bien plantado, o más humilde en forma y estatura? Flores: ¿sí, o no? Y así, suma y sigue)… o bien escoger en función del vecindario que más te atraiga.

¿Dónde preferirías vivir? En una selva tropical, tal vez un bosque templado… ¿qué tal instalarse en un desierto?

Ya, ya sé. La descripción del barrio no es para tirar cohetes. Temperaturas extremas todo el año; hambre y sed frecuentes. Intensa presión de herbívoros hambrientos. Largos períodos de silencio y soledad. Se aconsejan tendencias eremíticas: compañía escasa y ruda.

Más bien poco tentador.

Sin embargo, no todos pueden darse el lujo de escoger, o así nos lo cuenta el poeta romano Ovidio en sus Metamorfosis: Seguir leyendo

La Datura & Yo: una historia espinosa

Misterios de la historia de las burladoras en el Viejo Mundo (Datura spp

[~ 8 minutos]

Al son de: Delerium feat. Michael Logen, Days Turn into Nights

Aquella noche salí del jardín botánico con la piel acribillada por los mosquitos y el corazón rebosante de emoción.

Por fin la había cazado.

Con su coqueta falda blanca desplegada en la oscuridad, por fin había logrado cazar a mi fantasma a la luz de la luna —o, mejor dicho, a la luz de un LED.

Tras un mes de perseguir sombras, finalmente nos veíamos las caras, Datura y yo.

Datura metel bajo la luna

Antes de la caza: cómo conocí a las Datura

Llevaba ya un tiempo a la caza de plantas mágicas, recogiendo sus historias para después hilvanarlas una vez más, pero con un toque personal. Había empezado por las hierbas empleadas contra el mal de ojo, para después irme a las plantas que la leyenda asocia a la brujería. Por mis páginas habían desfilado la mandrágora, la belladona, el beleño… hasta llegar el turno de las últimas de mi lista: las burladoras que conocía, Datura stramonium y D. metel.

Nuestra historia compartida había empezado mucho antes de conocerlas en persona: sabía de ellas de oído, gracias a la asignatura de diversidad vegetal que cursé en la universidad. Aún recuerdo el aviso, entre tímido y avergonzado, que nos dio el profesor sobre el estramonio —consejo evidentemente ligado a sus propias experiencias con la planta—: no fumar. Jamás. Seguir leyendo

Almería, o cómo escribir un desierto

Un viaje al Cabo de Gata, el desierto creado y agravado por el hombre

[~ 5 minutos]

Al son de: Mike Oldfield, Pacha Mama

{This article first appeared on The Planthunter #33 and may be read in English here ||| Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #33 DESERT de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Las chumberas se están muriendo ante mis ojos.

La plaga se detectó por primera vez hace diez años, no muy lejos del jardín botánico que estoy visitando. No se ha encontrado cura de momento, nos dice nuestro conductor de bus mientras paseamos por los senderos serpenteantes del jardín: una vez que tu Opuntia enferma, no hay más remedio que cortarla y quemarla.

Detecto un trasfondo de frustración impotente en su voz, la sensación de que le ha tocado una mala mano de cartas — Yo estaba aquí, dedicándome tranquilamente a mis cosas, y de repente ¡va y me aparece esto!

Las chumberas en el jardín están cubiertas de lo que parece ser una pelusilla blanca. Cojo entre índice y pulgar un pellizco de esa curiosa sustancia, y apreto; me tiñe las yemas de rojo sangre, como ya sabía yo que pasaría. Seguir leyendo