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Al son de: Devaldi, Istanbul’s Night

Hagamos un experimento.

Escoged a cinco personas, y pedidles que os digan la primera palabra que les viene a la mente al escuchar o leer la palabra “tulipán“.

Cuando yo lo hice, el resultado unánime fue… Holanda.

Lógico, ¿no? Molinos, y campos de tulipanes, eso son los Países Bajos. Quizás algunos incluso hayan oído hablar de la tulipomanía, ese episodio de enajenación social transitoria que barrió el sentido común de muchos neerlandeses a principios del s. XVII, arrastrándolos hacia la compra de bulbos a precios disparatados (o, al menos, eso suelen contarnos).

No, no voy a hablar también yo del tópico tulipán-Países Bajos—al menos, hoy no.

Me intrigan más los hechos de fama modesta, que quedan arrinconados a un lado de la narrativa histórica que conozco mejor: pues hay otro país cuya historia está incluso más ligada al tulipán que Holanda, pero que no solemos asociar con la flor neerlandesa por excelencia, pese a deberle tanto la introducción de los bulbos, como su nombre en lenguas europeas…

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¿A alguien resulta familiar este símbolo?

Turkey_Tourism

Quizás los que hayan visitado las orillas orientales del Mediterráneo lo reconozcan, y caigan en la cuenta de que sí, efectivamente, el país que lo luce en sus postales es Turquía (otra pista inconfundible es la aparición de la palabra “Turkey” escrita ahí mismo… aunque, todo hay que decirlo, esta imagen caducó hace ya un año: Turquía tiene un nuevo logo, también con tulipanes escondidos, pero menos evidentes. Por ahora, me quedo con este).

Si bien el país sea actualmente más famoso por sus polémicas actuaciones políticas en el trágico panorama de Oriente Medio, de la Turquía otomana nos vinieron innovaciones hoy tan familiares como el café y las cafeterías.

Otra de las áreas en las que Occidente quedó prendado del glamour otomano fue la jardinería: de allí nos llegan, de hecho, plantas como los castaños de indias (Aesculus hippocastanum L.), y las lilas (Syringa vulgaris L.). Tan arraigada quedó la asociación de ‘plantas exóticas’ y ‘Turquía’, que muchos nombres populares de vegetales americanos contienen el apelativo “turco” (como por ejemplo el granturco en italiano, que de turco tiene poco: se trata del maíz, Zea mays, cereal más mesoamericano que nadie).

No todos los tulipanes son originarios de Turquía, no; si uno echa un vistazo a un listado de especies en el género Tulipa, basta con leer los nombres de algunas para que rápidamente nos demos cuenta de que están dispersas por Eurasia (T. mongolica, por ejemplo, pero tenemos también T. turkestanica, T. uzbekistanica, T. cretica, T. hungarica…). Sin embargo, el concepto de tulipán, y los bulbos originales que llegaron a Europa a finales del s. XVI eran turcos, turquísimos.

Y turca fue la pasión feroz que levantaron en el imperio otomano, incluso superando en intensidad a los Países Bajos, y llegando a dar nombre a una época de la historia conocida como ‘Era del Tulipán’ (o de los tulipanes): Lâle Devri (1718-1730, aunque en ocasiones parece utilizarse para referirse al período entero del reinado del sultán Ahmed III, 1703-30).

Las fechas ya nos indican que esta pasión turca es posterior a la surgida un siglo antes en Holanda; de hecho, parece ser que muchas de las variedades de tulipán que circulaban en aquellos años, hasta 12.000, habían sido importadas de Persia –¡o de los Países Bajos! (un viaje de ida y vuelta, pues, para nuestros tulipanes turcos naturalizados en Europa, y devueltos a Istanbul).

Cerámica con motivo de tulipanes (nótese lo afilado de sus pétalos...)
Cerámica con motivo de tulipanes (nótese lo afilado de sus pétalos…)

La época se conoce por su decadencia extravagante, centrada en satisfacer los placeres hedonísticos de la corte; ello terminó, como suele pasar, con revueltas de la plebe indignada, y la deposición del sultán Ahmed III. Sin embargo, fue bonito mientras duró (sobre todo para la clase bien estante), con festivales anuales en honor de los tulipanes, o fiestas nocturnas animadas por el lento deambular de tortugas que, portadoras de velas encendidas sobre sus caparazones, se convertían en lámparas vivientes paseando entre los arriates de tulipanes.

Fiestorros cortesanos aparte, menciono dos apuntes que personalmente me resultaron curiosos:

1 | Allí donde los cánones de belleza europeos buscaron tulipanes-copa, con pétalos redondeados (cuando no directamente fruncidos o quebrados, como en los ‘tulipanes-loro’ o parrot tulips), los otomanos gustaban de tulipanes-daga.

Son flores de pétalos afilados, terminados en punta, los que viven no sólo en los jardines, sino también en las artes turcas. Encontramos lale como motivos representados en cerámica y papel de aguas (ebru, en turco), en baldosas, platos, tazas y bandejas; pero también como inspiración para dar forma a recipientes de cristal, como los utilizados para servir el té turco:

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El tulipán más internacional de Turquía, sin embargo, quizás sea el que llevan pintado en gris los aviones de la compañía aérea Turkish Airlines.

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(Pseudo)Camuflado, pero presente.

2 | Un segundo detalle: parece existir la posibilidad de que los primeros tulipanes que se vieron en Europa no fuesen los que desataron la tulipomanía en los países de Europa septentrional, sino bulbos introducidos en época islámica en la península ibérica. Nadie parece haberse vuelto loco por los tulipanes en Al-Andalus, y no parece haber entrado a formar parte del corpus ‘jardinístico’ que las coronas peninsulares heredaron de los reinos islámicos conquistados. Arrayanes, sí; tulipanes, no.

Para terminar, una breve nota etimológica… He comentado antes que el tulipán debe su nombre a Turquía; sin embargo, habrá quien haya notado que la palabra turca para la flor, lale, en poco se parece a las palabras utilizadas en lenguas europeas para designar al bulbo. ¿Metedura de pata?

No, no exactamente.

Bueno, o sí, pero no mía. Al menos, así lo quiere alguna que otra teoría sobre cómo adquirió el tulipán su nombre en Occidente. Se daría la culpa al viajero europeo por tierras otomanas que, al tropezarse con un turco que se paseaba con un tulipán en el turbante*, le preguntó como buenamente pudo (¿probablemente a través de un traductor?) el nombre de tan maravillosa flor. El interpelado muy cortésmente respondió que la palabra era türbent, y todos se quedaron tan contentos, sin darse cuenta de que se había producido una confusión comunicativa: mientras que la pregunta iba por la flor, la respuesta concernía al turbante.

*Al parecer, algo común para los hombres otomanos en la Anatolia del s. XVI.

De lo que no cabe duda es que el parentesco de la palabra tulipán está emparentada con el vocablo turco para ‘turbante’, que a su vez proviene del persa dulband. Fuese o no responsabilidad de una mala traducción, ya se le ha quedado el nombre a la flor-turbante, que tantas pasiones ha desatado, y tantas obras de arte ha inspirado—enfáticamente lejos de los molinos, los pastos y los campos floridos de Holanda.

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Referencias

Hay muchas obras que se han dedicado al tulipán, como buena flor famosa que es; las que he tenido el placer de leer han sido la obra de Anna Pavord, The Tulip; el capítulo 2 de Michael Pollan, The botany of Desire; y ya adentrándonos en el escándalo tulipómane, la obra de Anne Golgard, Tulipomania.

Referencias tangenciales y frustrantemente breves a la Lâle devri (y a qué pintaban los tulipanes en toda la historia) pueden leerse en obras que tratan del imperio otomano, como:

Webb, C. y Webb, N. 2009. The Earl and His Butler in Constantinople: The Secret Diary of an English Servant among the Ottomans. IB Tauris, Londres y Nueva York: 59-60.

La descripción de las fiestas con tortugas se halla en distintos lugares, entre ellos Kia, M. 2011. Daily Life in the Ottoman Empire. The Greenwood Press Daily Life Through History Series, Greenwood: 12.

Para una lista de especies en el género Tulipa, con sinónimos y todo, puede consultarse la de The Plant List.

Para ver qué pinta tienen los tulipanes-daga (que no es ningún nombre científicamente correcto, sino una forma personal de referirme a ellos), hay fotografías aquí.

Sobre los hipotéticos tulipanes de Al Andalus, léase Hernández Bermejo, J. E. Y García Sánchez, E. 2009. Tulips: An Ornamental Crop in the Andalusian Middle Ages. Economic Botany 63 (1): 60-66

Y, para terminar, la anécdota sobre cómo el tulipán adquirió su nombre se menciona en el muy completo artículo de Christenhusz, M. J. M. et al. 2013. Tiptoe through the tulips – cultural history, molecular phylogenetics and classification of Tulipa (Liliaceae). Botanical Journal of the Linnean Society 172: 280–328.

Ilustraciones

La ilustración de la cabecera del artículo es de J. P. Redouté, de su obra Choix des plus belles fleurs, etc, digitalizada y consultable vía Biodiversity library.

El logo símbolo de Turquía en materiales promocionales turísticos, en la dirección siguiente.

Las fotografías son de una servidora.

El estupendo tulipán (dibujado no sé dónde, en qué contexto ni por qué motivo, porque no hablo ni palabra de turco) está tomado de aquí.

 

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5 comentarios en “Turbantes y tulipanes en clave turca

  1. Estoy basante familiarizado con el fenómeno de la tulipomanía a raíz de mi interés por el bulbo Semper Augustus (también me obsesiono con otras flores bicolor, como la Rosa Mundi o Rosa Gallica Versicolor). He disfrutado mucho de este artículo por dos razones: los tulipanes son mis flores favoritas; y, además, esta semana me voy de viaje a Holanda. Leer este texto ha sido cosa del destino.

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    1. Si son tus preferidas, entonces te recomiendo echar un vistazo al libro de Pavord (si es que no lo tienes ya!), pues da muchísima información sobre estas flores!

      Y, en caso de querer extender curiosidades más allá del Semper augustus, los bautizos tulipanísticos de los neerlandeses eran muy graciosos, como puede entreverse en las obras de Jakob Marrel (p. ej. http://www.metmuseum.org/collection/the-collection-online/search/337769, o el del Rijksmuseum que me gusta aún más: https://www.rijksmuseum.nl/nl/collectie/RP-T-1967-86).

      Buen viaje al país de la tulipomanía europea! : D

      Le gusta a 1 persona

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