Gallos, cicutas y filósofos

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Sepideh Vahidi, Drunk.

Corría el año 399 bC, un buen año para ser envenenador estatal. Al fin y al cabo, no se ejecuta a filósofos famosos todos los días.

(Aunque parece que en la antigüedad la filosofía era una afición peligrosa; uno nunca estaba seguro de cuándo los políticos podían volverse contra ti y ordenarte alguna barbaridad).

El filósofo en cuestión nos interesa no sólo a raíz de sus gestas, inmortalizadas en prosa por su discípulo Platón, sino porque su condena a muerte se ejecutó por vía vegetal. Más allá de las disquisiciones sobre si realmente se suicidó o no, lo cierto es que Sócrates la palmó tras haber ingerido cicuta, convirtiéndola así en uno de los más famosos y trágicamente dignos compuestos que tenemos en el armario de los venenos.

Sócrates hizo por la cicuta lo que pocos han hecho por un veneno vegetal: darle mucha clase.

Flores y frutos de cicuta (Conium maculatum L.)
Cicuta: flores y frutos

¿Cianuro? ¿Acónito? ¿Beleño? Cosas de mujeres, de traidores, de conjuras cobardes.

¿La cicuta, en cambio? Ah, no, ese es un veneno digno de un mártir de la filosofía.

(y otros mártires de la filosofía por condena política, como el hispánico Lucio Anneo Séneca, quisieron morir con cicuta emulando a Sócrates, aunque en este caso Séneca no lo consiguió, y tuvo que recurrir a un ataque de asma en un baño de vapor).

Nuestro veneno era, por motivos que desconozco y que me intrigan un poco, un mecanismo de ejecución oficial utilizado en la Atenas de aquellos tiempos. No sé si para ahorrar en personal de limpieza, o evitar la quema de árboles impuros ‘cómplices’ en la muerte del reo, pero a los atenienses parece que no les iba el cadalso, ni decapitaciones, ni ahorcamientos, ni similares. Mucho más limpio y eficiente, supongo; según el Fedón (obra en la que Platón relata los últimos momentos de su maestro), todo queda circunscrito a una celda.

No todos los venenos son tan limpios. De hecho, hay ‘cicutas’ cuyo envenenamiento, también mortal, provoca vómitos, convulsiones, y otras reacciones fisiológicas poco deseables. La de Sócrates, si nos atenemos a la descripción de Platón, fue mucho más discreta, con una parálisis gradual que termina por detener los músculos respiratorios (aunque eso Platón no lo sabía; el envenenador en su obra indica que lo que se parará será el corazón): se muere por asfixia a las pocas horas de haber ingerido el veneno.

El nombre científico del vegetal cuyo veneno fue filosóficamente ingerido por Sócrates es Conium maculatum L., y pertenece a una familia cuyos miembros estamos muy acostumbrados a encontrarnos en la mesa: perejil, comino, anís, hinojo o incluso la zanahoria.

Inflorescencia en umbela (pero no de cicuta, ojo; creo que era de zanahoria salvaje, Daucus carota)
Inflorescencia en umbela (pero no de cicuta, ojo; creo que era de zanahoria salvaje, Daucus carota)

Son las Umbelíferas, llamadas así en referencia a la inflorescencia, en forma de umbela, en la que disponen sus flores (o Apiáceas, en referencia al apio, otro de sus integrantes).

La cicuta es todo un señor vegetal, alto (yo los he visto de más de dos metros) y bien plantado, pero sólo durante dos años: al ser bianual, tras el segundo cumpleaños, va a hacer compañía a Sócrates y demás víctimas, y deja futuras cosechas en manos de sus semillas (que son por cierto la parte de la planta en la que el veneno está más concentrado—por si algún despistado intenta comérselas). Es un vegetal a la moda, vestido de leopardo en la parte baja de su tallo: las manchas violáceas son las que, de hecho, le dan el nombre específico de maculatum.

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Como comentaba antes, se trata de un veneno con clase… y no sólo gracias a Sócrates, sino por lo discreto de sus efectos. El principal componente activo es la coniína, un alcaloide parecido a la nicotina que funciona, al igual que ésta, como depresor del sistema nervioso central: paraliza a sus víctimas hasta la muerte (en el caso de la nicotina, sus víctimas por parálisis suelen ser insectos). No es un mal veneno para un filósofo; los síntomas externos más evidentes son agitación inicial, enfriamiento de las extremidades, pupilas dilatadas, y una parálisis progresiva que desemboca en el coma, y la muerte.

¿Por qué escogieron los atenienses la ejecución con cicuta, y no con otro veneno?

No tengo la menor idea, pero apuntaré que posiblemente Conium maculatum no fuese la única planta, ni siquiera la única ‘cicuta’ empleada para tales menesteres.

Pues las umbelíferas nos regalan otros venenos como el nabo del diablo (Oenanthe crocata L.) o la cicuta de agua (Cicuta virosa L.), ambas amantes del agua, ambas tremendamente tóxicas. Sin embargo, son de las que provocan muertes menos “serenas”, con vómitos, convulsiones, agitación y espasmos violentos. Recuerdo haber escuchado por boca de mi profesor de botánica farmacéutica que los antiguos sardos*, que desde luego no tenían asilos para la tercera edad, ejecutaban a sus ancianos dándoles un sorbito de Oenanthe y moliéndolos a palos antes de echarlos a alguna fosa donde no pudiesen estorbar más.

*Por “antiguos sardos” no recuerdo exactamente a qué se refería, si a la civilización nurágica, o a qué; tampoco citó fuentes, así que lo dejo como anécdota universitaria, y en todo caso ya me informaré…

(Eso sí que eran vejeces duras… todo un consuelo para todos los que posiblemente no lleguemos a conocer jamás lo que es una pensión tras el retiro.)

En cambio, las últimas palabras de Sócrates con las que Platón cierra el Fedón son mucho más tranquilizadoras:

“Crito, le debemos un gallo a Esculapio. (…)”.

Esculapio, dios de la medicina, al que se ofrece un sacrificio emplumado interpretado bien como una ironía (“me ha curado de la enfermedad que era estar vivo”), o como agradecimiento (por haber tenido una muerte serena).

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Teatro de Epidauro, principal centro de culto de Esculapio (Asclepio)

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Referencias

Un comentario que arroja dudas sobre la identidad de la cicuta empleada para la ejecución/suicidio de Sócrates, en Gill, C. 1973. The Death of Socrates. The Classical Quarterly, New Series 23 (1): 25-28.

La interesante aclaración botánica que lo rebate, en Sullivan, J. 2001. A Note on the Death of Socrates. The Classical Quarterly, New Series, 51 (2) : 608-610.

Sobre los imitadores de Sócrates y el “suicidio filosófico” en Roma, con mención a nuestro amigo Séneca y sus varios intentos fallidos tras la orden de Nerón: Griffin, M. 1986. Philosophy, Cato, and Roman Suicide: I. Greece & Rome, Second Series 33 (1): 64-77.

Considerando el suicidio en sentido muy amplio, durkeniano, un análisis del suicidio en la antigua Grecia habla de cómo se efectuaba la purificación en estos casos; si uno decidía ahorcarse, no sólo se quemaba la cuerda sino también ¡el árbol del que se había ahorcado! (incluso tenían un nombre, oxythymia): Garrison, E. P. 1991. Attitudes toward Suicide in Ancient Greece. Transactions of the American Philological Association 121: 1-34.

Para los curiosos que quieran leer el Fedón, la versión en inglés está digitalizada y accesible en la web Perseus.

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4 comentarios en “Muertes filosóficas por vía botánica

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