(Mancuso. Laterza Editori, 2018)

Al son de: The Piano Guys, Themes from Pirates of the Caribbean

Empecé a leerlo en Nochebuena, un mes después de su publicación, y… tengo que confesar que lo abrí con cierto nerviosismo expectante. El listón estaba muy alto.

¿Lo disfrutaré tanto como Plant Revolution  (El futuro es vegetal)? ¿O será una víctima de las prisas editoriales, que quieren aprovechar la ola de popularidad del autor para lanzar al mercado un nuevo título, sin dar tiempo a que el texto madure? 

¿Sabrá a pan industrial (correcto, pero algo soso) o a una hogaza de fermentación lenta?

Al cabo de dos páginas, mis temores se habían disipado por completo.

Qué digo, al cabo de dos frases:

“¿Recordáis la obra maestra de Frank Capra Qué bello es vivir, con James Stewart en el inolvidable papel de George Bailey? Espero que la conozcáis todos, de verdad.”

(Sí: las plantas y la peli de Capra están relacionadas, pero para saber cómo, tendrás que esperar a leer el libro… ajem, si lo traducen. Bueno, a no ser que recibas mis boletines vegetófilos, en cuyo caso ya lo sabes :D)

Es un volumen fino, pero me tomé mi tiempo para saborearlo. Cerré la cubierta en Nochevieja, habiendo disfrutado cada instante del viaje que el título promete.

L'incredibile viaggio delle piante, de Stefano Mancuso

El increíble viaje de las plantas.

Y, efectivamente, el libro cumple las promesas: hay plantas, nos llevan de viaje, y algunas de sus historias son increíbles (casi literalmente increíbles, que si no fuese Stefano quien las cuenta y da fe de su veracidad…).

AVISO a navegantes: desde mi última reseña a un libro de Mancuso (esta será la cuarta después de Uomini che amano le piante, Biodiversi y Plant Revolution), me he vuelto aún menos imparcial si cabe. Si ya me gustaba cómo contaba las cosas antes de conocerlo… ahora mi percepción está inevitablemente coloreada por la simpatía y el gran aprecio que le tengo como persona.

Ea, estás avisad*.

Y una vez dicho esto, ya podemos empezar el viaje

El libro en tres líneas:

Una entretenidísima colección de historias engarzadas sobre la “expansión imparable” que ha llevado a las plantas a colonizar todos los ambientes posibles de la tierra. “Historias de pioneros, fugitivos, supervivientes, combatientes, eremitas, señores del tiempo”… y más.

I loved:

Difícil escoger sin repetir muchas de las características que ya aprecié en Plant Revolution, pero lo intentaré…

El optimismo y el fino sentido de la ironía y del absurdo que destilan las páginas del libro..

Leerlo me pone de buen humor.

Si ya apuntaba maneras en Plant Revolution (El futuro es vegetal), aquí Mancuso está en su salsa: su voz literaria está madura, lo que significa que su sentido del humor lo impregna todo, y casi puedo escucharlo contando algunas anécdotas del libro.

Aun cuando te explica el triste final del árbol más gafe del mundo (no, de verdad. Creo que es imposible ser más gafe), o las historias de los aguacateros que perdieron a sus dispersores pre-Homo, que son algo deprimentes, Mancuso no es nunca trágico ni fatalista.

August Engelhard, coquívoro extraordinaire
August Engelhard, fundador de la secta Sonnenorder (Orden del Sol) y coquívoro convencido. Gracias, Wikipedia.

Por otro lado, ante anécdotas tan deliciosamente absurdas como la historia del único —e improbable— coquívoro existido, August Engelhard, Mancuso no hace leña fácil del árbol caído. Sería muy sencillo dibujar una caricatura grotesca de Engelhard y sus convicciones sobre la dieta sagrada a base de cocos (Cocos nucifera) para alcanzar la inmortalidad, y sin embargo Stefano no lo ridiculiza. Es un narrador amable, que subraya lo cómico de las situaciones sin necesidad de cebarse con sus protagonistas, como si te presentase a un tío lejano que ha perdido la chaveta, pero por quien siente ese poso entrañable de cariño familiar.

Lo increíble que el título promete vive en esas perlas que Stefano desgrana a lo largo del libro, que van desde lo absurdo hasta lo inverosímil (porque, a ver: ¿qué probabilidades hay de que, durante un viaje a Japón, te encuentres sentado a tu lado en la barra de un restaurante a alguien que fue cónsul japonés en Italia?).

Muchas de las historias ya son memorables de por sí, pero el estilo de Mancuso al contarlas las convierte en algo aún más extraordinario.

¡Historias nuevas!

No siempre es fácil escribir libros sobre un mismo tema sin repetirse más que el ajo.

Tienes que poner en contexto a tus nuevos lectores, sin aburrir a los fans acérrimos que han leído todo lo que has publicado anteriormente.

El mundo editorial avanza (o puede avanzar) a un ritmo más célere que el mundo científico: por paradójico que parezca, puedes tardar menos en componer un libro, editarlo y sacarlo a la calle, que en diseñar un experimento, llevarlo a cabo, analizar resultados, describirlos en un artículo científico, mandarlo a una revista, que te lo acepten (en cuyo caso normalmente piden siempre que realices correcciones/revisiones)… y que, por fin, vea la luz.

Vamos, que si quieres sacar títulos nuevos a menudo, y que sean tus logros científicos los que protagonicen tus libros, lo llevas crudo.

Por suerte para tod*s, Stefano no ha venido para hablar de sus experimentos y punto. En L’incredibile viaggio delle piante, pese a estar muy presente en la narración, no es el protagonista de las historias (salvo excepciones). Puede cantar los logros y descubrimientos de otros científicos y naturalistas sin mostrar ningún afán de protagonismo.

Stefano Mancuso en su presentación de "El futuro es vegetal" en La Térmica, Málaga
Si Stefano coge el micro, es para hablar de ellas: las plantas. (La foto está sacada en su charla de noviembre 2017 en La Térmica, Málaga, en el ciclo de actividades Aula Savia coordinado por Héctor Márquez. Y sí, la del centro soy yo :D)

La neurobiología vegetal no asoma por ningún lado de forma explícita; su planteamiento sobre la descentralización vegetal vs. la centralización animal* aparece en el prólogo nada más, y de forma tan sintética y elegante que no te sabe mal volver a leerlo, aunque ya te lo sepas de memoria.

*Por si te suena a flores, te explico: la idea es que plantas y animales deben desempeñar las mismas funciones si quieren sobrevivir. Pero, allá donde la evolución ha premiado que estas funciones se concentren en órganos especializados en los animales, en las plantas se produce el fenómeno contrario: una fuerte descentralización que otorga una enorme resiliencia al vegetal.

Me da la sensación de que Mancuso escribe porque le gustan los libros (eso lo sé), porque le gusta escribir, y porque le gusta la temática sobre la que escribe.

Y como no concibo la literatura de divulgación (al menos, la que disfruto leyendo) como un instrumento de autoglorificación, sino como una forma de comunicar pasiones apasionadamente… me encanta ver que Stefano comparte esa idea.

– La toma de posiciones en argumentos controvertidos.

El capítulo 02 (Fuggitive e conquistatrici, Fugitivas y conquistadoras) no me pilló totalmente desprevenida.

Al fin y al cabo, Mancuso ya había dedicado una provocadora sección de su anterior libro (Botanica, de Aboca ediciones) a uno de los árboles más vilipendiados del mundo de la conservación vegetal: el ailanto, Ailanthus altissima.

En su momento me chocó su defensa del ailanto, pues estoy acostumbrada a que me hablen de las plantas invasoras como el demonio hecho clorofila —y creo que no soy la única bióloga con experiencias similares en la carrera.

Sin embargo, Mancuso no comulga con los santos inquisidores, ni enciende piras para quemar a las invasoras.

“¿Por qué, pues, insistimos en llamar invasoras a todas las plantas que logran ocupar con gran éxito nuevos territorios? Si lo miras bien, las plantas invasoras de hoy son la flora nativa del futuro, así como las especies invasoras del pasado son hoy parte fundamental de nuestros ecosistemas.”

¿Notas cómo algo se rebela en ti al leer estas líneas? Chocante es decir poco para alguien profundamente sensible a cuestiones de conservación y biodiversidad.

Por una parte, Mancuso es fan de las plantas con las capacidades de la invasora perfecta: eficiencia, flexibilidad, resistencia, y una notable capacidad para resolver con éxito los desafíos que un entorno nuevo les presente.

“En breve, son las cualidades que describen la inteligencia. No albergo dudas al respecto. He aquí por qué las especies que son capaces de adaptarse a nuevos ambientes son las especies que más amo. Las más interesantes y las que poseen trucos que vale la pena conocer.”

Eichhornia cf. crassipes, o jacinto de agua...
Ahí la tienes. Eichhornia cf. crassipes, más conocida como jacinto de agua. Parece modosita en la foto, pero cuando se desmelena… da miedito.

Entiendo su simpatía, y la verdad es que no soy de las que va por ahí repartiendo panfletos de Muerte al ailanto o Jacintos de agua, arded en el infierno! Les reconozco las proezas, y no tengo nada en contra de ellos en sí mismos. Pero, ¿y las plantas y animales que antaño vivían en los ecosistemas invadidos? ¿Las cambiamos a ellas de sitio también, a ver si sacándolas de contexto se les despierta el gen demoníaco dentro y logran pasar de víctimas a nuevos conquistadores?

No lo veo nada claro, y Mancuso tampoco entra en detalles.

Además, por otra parte, Stefano está totalmente convencido del valor intrínseco y sistémico de cada especie, algo que detalla en el último capítulo al hablar de plantas que han perdido a sus dispersores y/o polinizadores:

“En la naturaleza, todo está conectado. Esta sencilla ley que la humanidad parece no entender tiene un corolario: la extinción de una especie, además de ser un drama en sí mismo, tiene consecuencias imprevisibles sobre el sistema del que la especie forma parte.”

(Pero, ¿y si la especie se extingue porque no ha logrado competir en igualdad de condiciones con una invasora, que —a diferencia de la especie local— no tiene p. ej. herbívoros que la molesten?)

“La supervivencia de las especies es algo delicado, y los cambios en el ambiente ligados a las actividades humanas han demostrado ser —en el pasado, y aún más en los próximos años— deletéreos para un gran número de organismos vivos.”

Pues sí. Lo que no sé exactamente es cómo casar ambas cosas.

Y ese germen de duda, de incertidumbre, es algo que una parte de mí agradece. Que haya temas no resueltos al final del libro, debates abiertos, preguntas incómodas. Además, ha sido el empujón final que necesitaba para hacerme con un libro que me han recomendado mucho sobre este tema.

La evolución no puede trabajar sobre certezas absolutas.

I liked:

El sutil hilo argumental del volumen: viajes.

Hace años leí un artículo sobre el poeta japonés Matsuo Bashô; en él explicaba cómo una de las características más destacadas de su estilo era el llamado nioi-zuke o “enlace por perfume”.

Esta técnica se refiere a las conexiones entre los versos que componen un haiku, y su nombre “pretende sugerir la forma en que un verso se impregna de la atmósfera de su [verso] predecesor, como la fragancia de una flor es transportada por el viento”.

Índice del libro L'incredibile viaggio delle piante
*En realidad, y como puedes ver en la foto, la palabra italiana es “reduci“, que se traduciría como “aquel que ha sufrido una determinada experiencia”, más o menos. Y la distinción es importante en el libro, hablando de los hibakujumoku, o “árboles que han padecido una explosión atómica“.

Hay libros que tienen una estructura narrativa muy clara y marcada; hay otros que son un popurrí de historias, yuxtapuestas con mayor o menor solución de continuidad. Entre estos dos extremos tenemos un sinfín de técnicas para unir historias con nudos y puntadas más o menos apretadas, y en L’incredibile viaggio delle piante veo dos tipos de unión.

Las historias —entre dos y tres— que componen cada uno de los seis capítulos están fuertemente cohesionadas entre sí, y se ciñen al tema que desarrolla cada sección (Pioneros, supervivientes* y combatientes; Fugitivas y conquistadoras; Capitanes valerosos; Viajeros del tiempo; Árboles solitarios; Ánacrónicos como una enciclopedia).

La unión entre los distintos capítulos, en cambio, es mucho más tenue. Quizás no tanto como para merecer la descripción de “enlace por perfume”, pero lo suficientemente etérea para hacerme dudar de su existencia dos semanas después de haber terminado el libro. Está presente, y al ir a buscarla en las primeras líneas de los distintos capítulos soy capaz de encontrarla, y sin embargo sus contornos no se dibujan con claridad en mi memoria.

Curiosamente, en el caso de este libro, la levedad de la huella que su línea macro-argumental deja en mis recuerdos no me molesta. Es más, casi me ayuda a pensar en los significados del concepto de viajar desde una perspectiva vegetal.

La presentación de los capítulos.

Podría haberlo puesto sin más. Título, plom, y punto. “01. Pionieri, reduci e combattenti”.

Y luego ya te soltaba todo lo siguiente (Que si a él la palabra pionero evoca la epopeya del Far West americano, &etc.).

Pero Stefano añade una pequeña introducción antes, con dibujito incluido. Se trata de un montón de palabras, muchas de las cuales no tendrán sentido para quien no tenga idea de taxonomía. Para mí, en cambio, es un detallazo muy ingenioso…

Detalle de L'incredibile viaggio delle piante

Mancuso está introduciendo una clasificación taxonómica paralela, en la que cada taxon corresponde a un capítulo. Para cada categoría nos presenta a una “especie tipo” —que aparecerá, evidentemente, en alguna de las historias del capítulo— y nos dará (casi) todas sus señas científicas, desde el dominio al que pertenece (Eukarya) hasta la familia y su origen geográfico.

Este tipo de detalles son los que enriquecen la experiencia, quizás no de lectura sino de re-lectura, y que me hacen apreciar el esfuerzo y la atención que se han dirigido a cuidar algo que mucha gente ni siquiera notará.

– La diversidad que se refleja en el libro.

Y no me refiero únicamente a la diversidad de plantas, sino también de lugares explorados a través de ellas: Mancuso toca todos los continentes, y se mueve entre experimentos y descubrimientos muy recientes, e historias que tienen siglos de antigüedad (desde el empeño de Darwin para conseguir averiguar si la dispersión de semillas vía peces era factible, hasta el herbario fantástico de Rumphius o las semillas de Jan Teerlink).

No, no todos los hibakujumoku son Ginkgo biloba ni mucho menos. El más cercano al epicentro es, de hecho, un sauce llorón, Salix babylonica, pero sí es cierto que hay varios ginkgos en la lista.

Me encantó viajar a conocer a los árboles más solos del mundo, y descubrir por qué la Picea sitchensis de la isla de Campbell ha sido tan importante para definir una era geológica (!), o la identidad del árbol de la vida del Bahrain (toda una sorpresa); tropezarme de nuevo con la palmera cuyos frutos antaño le valieron el epíteto científico de “bellas nalgas”*, o descubrir el milagro de los hibakujumoku, árboles que vivieron la bomba atómica de Hiroshima, y que sobrevivieron al desastre para rebrotar de sus raíces.

*Ya no lo lleva, ay. Ahora es maldivica, pese a ser un endemismo de las islas Seychelles. Otra de esas meteduras de pata nomenclaturales que no podemos corregir…

Reflections&Thoughts

La edición italiana tiene cosas que me encantan, otras que no sé si me gustan o no, y otras que, por desgracia, no termino de tragar.

Y eso que me encanta la editorial Laterza, que publica a precios asequibles a autores consagrados en su campo, como Massimo Montanari (de quien soy muy fan, ya sabes. Aquí compartí una reseña de su libro Il riposo della polpetta, y en Instagram una micro-reseña de El hambre y la abundancia).

En el caso que nos ocupa, sin embargo, al volumen final le encuentro luces y sombras

Para empezar, una característica que he observado en varios libros italianos, y que no me convence: lo abrupto de sus finales. Terminan de sopetón, sin atar cabos u ofrecerte un espacio entre las páginas para reflexionar e integrar todas las historias que te han presentado. Hay prólogos, pero raramente he visto epílogos —y es una lástima porque, con un epílogo bien hecho, creo que la línea argumental se agarraría mejor a la memoria de quien lee.

(Dunque, e nel caso mi stia leggendo una casa editrice italiana: prendete in seria considerazione l’aggiunta di epiloghi ai vostri testi di divulgazione, vi prego!)

La encuadernación me parece preciosa: tapas duras mixtas, con parte textil y parte cartón duro de textura rugosa, perfecta para las acuarelas de las cubiertas. El volumen es del tamaño perfecto, y las hojas color crema son hermosas (para mi gusto, al menos). De nuevo, me encanta que tenga bibliografía científica y referencias al final de cada capítulo.

Hasta aquí, todo bien.

Las cosas que me tienen indecisa son tan tontas que me las salto, pero la que noooo me convence creo que sí es digna de mención.

Y es que el volumen entero está salpicado por acuarelas de Grisha Fischer, que representan cartografías vegetales imaginarias.

En los dibujos no hay tierra firme sino hoja firme, una geografía clorofílica inventada en la que, cabe suponer, islas y continentes han sido modelados por las fuerzas geológicas hasta adoptar morfologías foliares de lo más variopintas.

Acuarelas de Grisha Fischer para L'incredibile viaggio delle piante
O quizás son mundos pequeños, cartografías de estanque cuya superficie interrumpida por hojas caídas se convierte en portulano de navegación para ranas y chinches de agua…

Las islas-hoja tienen, además, un sinfín de anotaciones bautizando los distintos accidentes geo(¿folio?)gráficos del mapa. Como es natural, todos ellos llevan nombre vegetal. Cucumis Cap, Datura Sea, Port Cyclamen o Anemone River son algunos de las decenas (¿cientos?) que habitan en las acuarelas de Fischer.

El concepto es muy chulo, y estéticamente queda bonito.

Sin embargo, es una lástima que no entable el más mínimo diálogo con el texto. Teniendo en cuenta que se trata de un libro que se desarrolla en geografías muy variadas, hubiese sido maravilloso que estas acuarelas situasen la acción en espacios reales (¿dónde queda Campbell Island? ¿Y el desierto del Teneré? ¿Cuál ha sido el viaje de Senecio squalidus desde Sicilia hasta Inglaterra? ¿Dónde queda Kabakon?). O que, como mínimo, estuviesen protagonizadas por las plantas que se incluyen en el capítulo correspondiente.

Vamos, que no fuesen únicamente un instrumento para hacer bulto y quedar bonito, que es lo que parece que son.

Eso no le resta valor al libro, pero pone de manifiesto una oportunidad perdida: subraya las grandes potencialidades creativas, artísticas y científicas de la obra, precisamente porque las deja latentes, sin sacarlas a la luz.

De hecho si pudiese pedir dos deseos para hacer de este volumen una obra redonda, serían:

1 | Añadir un epílogo para fijar ideas, y

2 | Complementarlo con acuarelas que —como si de obras de arte oriental se tratasen— entablen un diálogo creativo con el texto, para que la suma de las partes sea más grande, más profunda, y más interesante que pinturas y texto tomados por separado.

Llego tarde a la carta de Reyes de este año, pero ahí lo dejo de cara al 2020, por si alguien está pensando en preparar una edición en castellano…

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Si quieres leer otras reseñas de los libros que ha escrito Stefano, te puedo dirigir hacia Plant Revolution (publicada en castellano como El futuro es vegetal, pero la reseña es del original italiano)Biodiversi (en este blog, y en el blog de La Térmica; publicada en castellano como Biodiversos); y Uomini che amano le piante (no traducida al castellano).

Si quieres escuchar la presentación-charla que realizó para El futuro es vegetal en Málaga a finales de 2017, y en la que tuve la suerte de participar, puedes mirar las dos horas de contenido en youtube, aquí:

Si quieres estar al tanto de las aventuras de Stefano, publican muchas cosas en la página Facebook del LINV, aquí.

Si quieres leer otras reseñas vegetófilas largas en este blog, puedes encontrarlas aquí; si quieres microreseñas bilingües, puedes encontrarlas en Instagram bajo la etiqueta #librosvegetofilos.

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