[Hojeando libros] L’incredibile viaggio delle piante (El increíble viaje de las plantas)

(Mancuso. Laterza Editori, 2018)

Al son de: The Piano Guys, Themes from Pirates of the Caribbean

NOVEDAD: Este libro ha sido traducido al español y publicado por Galaxia Gutenberg como El increíble viaje de las plantas  (Marzo de 2019).

Empecé a leerlo en Nochebuena, un mes después de su publicación, y… tengo que confesar que lo abrí con cierto nerviosismo expectante. El listón estaba muy alto.

¿Lo disfrutaré tanto como Plant Revolution  (El futuro es vegetal)? ¿O será una víctima de las prisas editoriales, que quieren aprovechar la ola de popularidad del autor para lanzar al mercado un nuevo título, sin dar tiempo a que el texto madure? 

¿Sabrá a pan industrial (correcto, pero algo soso) o a una hogaza de fermentación lenta?

Al cabo de dos páginas, mis temores se habían disipado por completo.

Qué digo, al cabo de dos frases:

“¿Recordáis la obra maestra de Frank Capra Qué bello es vivir, con James Stewart en el inolvidable papel de George Bailey? Espero que la conozcáis todos, de verdad.”

(Sí: las plantas y la peli de Capra están relacionadas, pero para saber cómo, tendrás que esperar a leer el libro… ajem, si lo traducen. Bueno, a no ser que recibas mis boletines vegetófilos, en cuyo caso ya lo sabes :D)

Es un volumen fino, pero me tomé mi tiempo para saborearlo. Cerré la cubierta en Nochevieja, habiendo disfrutado cada instante del viaje que el título promete.

L'incredibile viaggio delle piante, de Stefano Mancuso

El increíble viaje de las plantas.

Y, efectivamente, el libro cumple las promesas: hay plantas, nos llevan de viaje, y algunas de sus historias son increíbles (casi literalmente increíbles, que si no fuese Stefano quien las cuenta y da fe de su veracidad…).

AVISO a navegantes: desde mi última reseña a un libro de Mancuso (esta será la cuarta después de Uomini che amano le piante, Biodiversi y Plant Revolution), me he vuelto aún menos imparcial si cabe. Si ya me gustaba cómo contaba las cosas antes de conocerlo… ahora mi percepción está inevitablemente coloreada por la simpatía y el gran aprecio que le tengo como persona.

Ea, estás avisad*.

Y una vez dicho esto, ya podemos empezar el viajeSeguir leyendo

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[Hojeando libros] The Plant Messiah (El mesías de las plantas)

(Magdalena. Viking, 2017)

Al son de: Goo Goo Dolls, So Alive

NOVEDAD: Este libro ha sido traducido al español y publicado por Debate como El mesías de las plantas  (Marzo de 2018).

Las extinciones me ponen de mal humor.

Por desgracia, cualquier repaso al estado de la naturaleza en los últimos milenios brinda incontables oportunidades para deprimirse, tanto en el reino animal como en el vegetal.

Azufaifo y gato
Como me digas que sólo ves un gato, te doy. Que te he enfocado bien a propósito a un hermoso azufaifo (Ziziphus jujuba).

Las extinciones animales son más vistosas, bien lo sabes —y bien lo saben también los programas de protección, con sus linces y lobos y pandas que tan bonitos quedan en los logos, las chapas y las llamadas a apadrinar a tal o cual especie.

Pero de las plantas, ay, pocos se acuerdan. Dichosa Ceguera Verde, o Clorofílica, o Vegetal, o como quieras llamarla. Plant Blindness, en inglés. Una fortísima tendencia evolutiva a no prestar la menor atención a todo lo (aparentemente) inmóvil y verde —y, por tanto, a no hacer ni caso a las plantas.

Carlos Magdalena, apodado “el mesías de las plantas”, no sólo las ve perfectamente, sino que está empeñado en que los demás también las vean.

El Mesías hizo milagros, como devolver la vista a los ciegos. Yo quiero curarnos de la ceguera vegetal.Seguir leyendo

[Hojeando libros] Árboles y Espiritualidad 

(Gordi Serrat. CPL, 2016)

Al son de: Moya Brennan, Change My World

Es un libro pequeñito, fino; de esos que podrían formar parte de la serie “Very Short Introductions” de la Oxford University Press. De hecho, podríamos re-bautizarlo así:

Árboles y Espiritualidad: A Very Short Introduction.

Pero no seas como yo, no te dejes engañar por su tamaño—pues confieso que tengo debilidad por los libros gorditos, con papel-chicha entre cubiertas… Pero tras haberlo leído, vuelvo a abrirlo y me tropiezo con detalles que habían escapado a mi atención.

Llegó por correo cuando los ciruelos aún estaban en flor, gracias a su autor, que conoce mi debilidad por los libros vegetófilos. Y, respetando el ritmo de los ciroleros, la reseña literaria llega con los frutos maduros del árbol (bueno, un poco más tarde, la verdad. Pero casi)
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[Hojeando libros] Plant Revolution (El futuro es vegetal)

(Mancuso. Giunti 2017)

Al son de: Emancipator, Minor Cause

NOVEDAD: Este libro ha sido traducido al español y publicado por Galaxia Gutenberg como El futuro es vegetal  (Octubre de 2017).

Me enteré gracias a una amiga en Italia:

“El otro día pensé en ti: en la tele dieron una entrevista a Stefano Mancuso, muy interesante… por el libro que acaba de publicar, ya sabes…”

Pero resultaba que no, yo no lo sabía— hasta que ella me lo dijo. Al cabo de unos minutos ya había corrido a encargar mi copia, que llegó unas semanas más tarde, con tapas duras y a todo color.

Con un título que, ay, no me entusiasmó: Plant Revolution. La revolución de las plantas. O La Revolución Vegetófila.

(Con la dichosa manía italiana de escribir en itanglese, esa quimera monstruosa que incorpora palabras y expresiones inglesas sin ton ni son ni criterio ni ná de ná. Pero todo hay que decirlo: yo soy muy mala para titular cosas que luego se vendan bien. Siempre me cambian los títulos de los artículos, así que…).

Como tenía otro libro a medio leer, me prometí que esperaría para empezar el de Mancuso. Mantuve la promesa y resistí como una valiente durante unos cuantos días, pero… terminé por sucumbir a la tentación.

Fue la mejor decisión que podría haber tomado.

De hecho, voy a tener un problema para reseñar este libro: no emocionarme demasiado.

Hubo un momento fugaz, durante la introducción, en el que pensé: no exageremos, por favor. Que yo soy muy quisquillosa para las exageraciones y las hipérboles.

Pero después de eso, fui convirtiéndome en fan, luego en más fan, y luego en perdidamente fan.

He tenido el gusto de leer todos los libros que ha publicado Mancuso hasta la fecha. El más “rompedor”, el que más premios le ha valido y más traducciones, ediciones y reediciones ha tenido es Verde Brillante: Sensibilità e intelligenza nel mondo vegetale, traducido al castellano como Sensibilidad e inteligencia en el mundo vegetal.

Sin embargo, Plant Revolution me ha gustado más, mucho más.

Me ha sorprendido, me ha presentado ideas que desconocía (y leo mucho sobre el tema… de verdad que sí), y me las ha contado con tanta gracia y salero, que me he visto prácticamente obligada a leer fragmentos en voz alta a quienquiera que se pusiese a tiro: mi costilla (a quien le gustó tanto, que lo devoramos enterito una vez más), mis padres— incluso al perro le he leído algo.

Pero pongámonos con la reseña en serio… Seguir leyendo

[Hojeando libros] Gossip from the Forest

(Maitland. Granta 2012)

Al son de: Ana Alcaide, Tlali

La bajada era siempre la hora del cuento.

A la montaña subíamos más o menos callados según lo empinado de la cuesta, cada uno a su ritmo; el descenso, en cambio, estaba hecho de rodillas chirriando a coro, rondalles*, y bosque.

*Pues así llamamos a los cuentos populares en Mallorca, donde crecí.

Pero no uno cualquiera, no. El bosque era siempre encinar —porque no había otra cosa donde crecí. (Y la rondalla, esa la sabe mi padre, que me la tenía que repetir ad nauseam, pobre…)

Conozco el nombre de muchos árboles, a cuyos rebaños espontáneos llamo bosque. Sin embargo, cada árbol declina esta palabra a su manera, y lo convierte en encinar, o robledal, alameda, quejigal, pinar, pinsapar, hayedo.  Y tantos otros para los que no existen siquiera palabras en castellano.

no puedes aprenderte el bosque a partir de un libro —los bosques requieren otro tipo de aprendizaje, otra forma de conocer; requieren una implicación creativa con lo concreto

Pero conocer la palabra no significa nada.

Conozco la luz en el hayedo, y la sombra en el encinar. Conozco el aura siniestra del pinar cerca del torrente; el arrullo fresco del bosque de ribera. Esos son mis modelos de bosque, porque los he respirado con pies y pulmones, he tocado el pulso de las estaciones abrazando su madera.

Nunca me he dedicado a desentrañar los secretos del bosque. Tal vez porque siento que ya hay mucha gente que está en ello, y no me atraen los lugares concurridos; o quizás porque me parece que no se presta a disecciones (o, al menos, no a las mías). Los bosques de la memoria y la experiencia me llaman a la poesía, al arte, a la emoción. Al silencio.

Hasta ahora, no había buscado perderme en el bosque como escritora de divulgación, ni había tenido motivos para adentrarme en la espesura.

Entonces llegaron los cuentos de hadas, y todo fue bajada—y, claro, ya se sabe: la bajada es siempre rondalla y bosque.

Ha sido (como suele ser común en mí) culpa de un libro. Se cruzó en mi camino gracias a la magia algorítmica de amazon, y menos mal que leí el subtítulo (“Las raíces [enredadas] de nuestros bosques y cuentos de hadas”), porque el título no es muy claro que digamos: Gossip from the Forest, algo así como “Cotilleos del bosque” (ver nota más abajo…). Aun sin saber muy bien en qué me estaba metiendo, por suerte decidí arriesgarme a comprar una copia  de segunda mano.

Unos días después de haberlo terminado, sigo sin lograr expresar con parquedad de qué va el libro, pero sí que merece ser leído y disfrutado como un descenso de la montaña, como un paseo por el bosque. Como un cuento.

Intentaré hacerle justicia.

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[Hojeando libros] Els Arbres Mediterranis

(Gordi Serrat. Documenta Universitaria 2011)

Al son de: Jo Blankenburg, Planet Earth Forever

Yo crecí en una familia en la que se comía verdura todos los días, y en la que los libros no se consideraban regalos. No eran placeres superfluos, como pudiese ser un juguete o una ración de patatas fritas, sino algo así como el análogo intelectual de las alubias verdes o la ensalada: una base imprescindible para construir un pensamiento sano, abierto y curioso.

Siempre era un buen momento para comprar un libro; nunca había límites a la cantidad de tomos que me dejaban sacar de la biblioteca municipal, por muy raros* que fuesen.

*Sí, los ha habido raritos. Aún recuerdo las semanas en que leí un libro de antropología sobre la sangre. Las bibliotecarias, que ya me conocían, ni se inmutaron; pero me miraban más raaaro en el autobús…

Quizás por esa historia de amor empezada tan precozmente, hay poco que me ilusione más que recibir un libro. Y si trata de valores culturales alrededor de los vegetales, ya ni os cuento… Por eso recibí con gran placer el tomo de Josep Gordi i Serrat, profesor de geografía en la Universidad de Gerona, Els arbres mediterranis: un recorregut pels seus valors culturals i espirituals (“Los árboles mediterráneos: un recorrido por sus valores culturales y espirituales”).

Y tengo pendiente hablaros de él desde hace un año (por eso, que nadie se extrañe si tardo un pelín en contestar emails… ahem. Prometo que será menos de un año).

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[Hojeando libros] Renoir’s Garden

(Fell. Frances Lincoln 1991)

Al son de*: The Cinematic Orchestra, Les Ailes Pourpres (BSO)

*Me han sugerido, muy acertadamente creo, que ponga enlaces a las canciones que acompañan mis pesquisas y redacciones. Se abrirán en ventana nueva si pincháis en el título, llevándoos en volandas hasta Youtube.    |    {The English version of this review may be read here}

 Cuando los colores están vivos, pintamos jardines”.

Así se me ocurrió titular un capítulo de La Invención del Reino Vegetal, inspirándome en las exhortaciones de algunos paisajistas-artistas a “plantar el suelo como si se pintase un paisaje con seres vivos”.

La relación entre el arte y los jardines es cuestión espinosa. Para algunos, la jardinería es arte; para otros, ni se le parece. Personalmente, no albergo dudas al respecto: un jardín puede ser una obra de arte. Quizás no todos los jardines lo sean, al igual que no todo garabato nos merece el calificativo de “arte”. Pero haberlos, haylos.

Visto en retrospectiva, puede que el movimiento que más haya hecho por encumbrar a los jardines como sujeto artístico digno de admiración y respeto haya sido el Impresionismo, con la famosa aseveración de Claude Monet refiriéndose a su jardín en Giverny como a “su más bella obra de arte”.

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‘Summer Landscape’ (1875), Pierre-Auguste Renoir, en el Thyssen Bornemisza según Wikiart, de donde sale el cuadro.

La fascinación que ejercen los jardines sobre muchos de los impresionistas es fuerte.

Se han escrito libros, montado exposiciones, rodado películas y series sobre la relación Impresionismo-jardines. Algunos de los personajes son archiconocidos, incluso entre personas poco interesadas en el mundo de la pintura. Es el caso del mismo Monet, el “príncipe” del equipo, el protagonista —casi sin quererlo— de todo el tinglado.

Dejad que aclare una cosa: me encanta leer, ver, investigar cosas sobre Monet. En la serie de la BBC The Impressionists, mi preferido era Claude. We all love Monet, nos fascinan sus ninfeas, sus glicinias, los agapantos, los campos de amapolas, las casas henchidas de rosas, y toda la tropa. Nos gustan incluso las flores que no pintó, mira tú por dónde.

Sin embargo, me chiflan las historias que, por algún extraño motivo, la posteridad ha considerado menos dignas de interés, y se olvida de sacarles brillo, si no es muy de vez en cuando. Es sabido que me gusta hablar de las flores de las que nadie habla; puede que razones análogas me lleven a querer hablar, más que de la posteridad, de la oscuridad. De esos jardines que se han quedado oscuros, y quizás por ello retienen aún secretos que me atraen, que puedo intentar desentrañar. Seguir leyendo