El árbol que sangra junto al río: Alnus glutinosa

Capítulo #03 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 10 minutos de lectura]

[Emitido el 02.05.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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Pasa bastante desapercibido, este sombrío morador de ríos y arroyos.

No se yergue a grandes alturas como los fresnos de leño de lanza; no dispensa la muerte por ponzoña o por flecha lanzada en arco letal como el tejo. No tiene corona como el roble, ni el encanto mágico del avellano.

La senda de las plantas perdidas, capítulo 03: Alnus spp.

Pero los habitantes del género Alnus no se deben a la humanidad, sino al agua, y no revela sus secretos fácilmente.

Sólo quien lo tala sabe por qué pudieron los antiguos celtas considerarlo árbol de la guerra y del derramamiento de sangre. Sólo quien lo interroga descubrirá qué colores ocultan su corteza y sus hojas.

Sólo quien escuche este capítulo (… o pierda un buen rato rebuscando en libros más o menos viejunos) conocerá “el maravilloso secreto del aliso”…

… ¿o quizás no?

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Cómo espantar serpientes y brujas rudamente: Ruta spp.

Capítulo #02 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 10 minutos de lectura]

[Emitido el 018.04.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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La ruda es hierba de sobras conocida (con razón se dice de algo que “es más conocido que la ruda”)

La senda de las plantas perdidas, capítulo 02: Ruta spp.

De olor fuerte y asociaciones lunares, en ciertas regiones le ha quedado fama de hierba mágica, ramillete de brujas.

Y sí, es cierto que posee propiedades medicinales asociadas a la esfera femenina, pero… no terminan ahí sus historias.

Desde su cuna mediterránea, la decena de especies del género Ruta sp. ha conquistado terreno a lo largo de los siglos, y ha ido generando leyendas y costumbres curiosas, que van desde los fogones hasta los remedios anti-basilisco.

Ahí es nada.

Hoy saldremos a los campos en pos de las historias de las rudas para conocerla un poco mejor… ¿te apuntas? Seguir leyendo

Tú dame calabazas, y conquistaré el mundo: Lagenaria siceraria

Capítulo #01 del podcast La Senda de las Plantas Perdidas

[~ 11 minutos de lectura]

[Emitido el 04.04.19] | Abrir el podcast en una ventana nueva [iVoox] o Descargar

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¿Quién sabe qué es una calabaza?

Sí, lo sé: seguro que tú lo sabes… o, al menos, crees saberlo.

Pero la palabra calabaza no siempre designó a una hortaliza grande, redonda y anaranjada oriunda de las Américas.La senda de las plantas perdidas, capítulo 01: Lagenaria siceraria

Durante mucho tiempo, este vocablo se refería a una pariente más discreta, una habitante más antigua de nuestros huertos (de hecho, lleva con nosotros incluso desde antes de que inventásemos los huertos): Lagenaria siceraria, la calabaza de beber o calabaza vinatera.

Hoy nos vamos de viaje siguiendo sus aventuras por el mundo entero… literalmente: esta chica ha llegado a todas partes, desde el corazón de África hasta las alturas andinas, y vale la pena escuchar las historias que tiene que contar. Seguir leyendo

Podcasteando La senda de las plantas perdidas: orígenes y motivaciones

¿Por qué un podcast sobre etnobotánica?

[~ 4 minutos de lectura]

Al son de: Cristina Llabrés & Evaristo Pons, La senda de las plantas perdidas OST

Nació con la primavera astronómica boreal: un camino hecho de palabras contadas,

“un podcast etnobotánico que trata de nuestras historias de amor (y desamor) con un reino tan olvidado como esencial: el reino vegetal”.

Sí, se trata de mi nuevo proyecto, titulado La senda de las plantas perdidas. Un proyecto en formato audio, episódico, que empecé grabando con un móvil (convenientemente embutido en dos calcetines) arrebujada dentro de un armario.

"Estudio de grabación" (muy sofisticado)
Se graba con la ropa dentro y todo. Eso que asoma dentro del calcetín es el móvil.

Lo inauguré como un experimento, y una tabla salvavidas: en pleno proceso de redacción de mi última obra (El libro de las plantas olvidadas), me ayudó a romper con la monotonía de escribir-escribir-escribir —para el libro, para las redes, para el boletín vegetófilo, para encargos varios…

El libro de las plantas olvidadas saldrá publicado este otoño (2019) con la editorial Ariel; el proceso entero de redacción+edición+publicación habrá durado un año y un par de semanas justas. Como todos mis libros, es fruto de un trabajo de investigación lo más exhaustivo que puedo… pero los libros, ya se sabe, tienen un principio y un final. No pueden dar cabida a la exuberancia de anécdotas, historias y peripecias vegetófilas que uno descubre mientras investiga, por muy fascinantes que sean.

Y, como no quería “tirarlas”, decidí usarlas como materia prima para ese experimento que me rondaba la cabeza desde hacía años (porque yo misma los consumo vorazmente desde hace un lustro, o más): un podcast. Seguir leyendo

Elogio de la Rosa

Simbología y cultivo de la rosa en Occidente: una introducción

[~ 11 minutos de lectura]

 

Al son de: Ludovico Einaudi, Bye Bye, Mon Amour

“Eh bien! mon cher père, lui dit-elle, puisque vous me l’ordonnez,
je vous supplie de m’apporter une Rose. J’aime cette fleur avec passion:

depuis que je suis dans cette solitude,
je n’ai pas eu la satisfaction d’en voir une seule.

— Belle, en   La Belle et la Bête (Contes de Madame de Villeneuve, 1765)

I. Sub Rosa

Las rosas han florecido en mi vida hace poco, muy poco.

Si hace dos años me hubieses dicho que acumularía la improbable cifra de 1462 fotografías de rosas en mi ordenador, te habría lanzado una mirada de profundo e incrédulo escepticismo.

¿rosas? Bah.

Demasiado común para interesarme.

Como amante de los espacios poco concurridos y de los caminos no trillados, los afectos corrientes no me atraen. A mí me llama lo raro, lo que queda en los bordes de la memoria, lo que ha empezado a caer en el olvido. A mí dame olíbano, dame alheña, dame relojes de incienso, dame jícaras de peregrino.

Sobre la rosa del principito y las de San Valentín… oiga, ya hay tropecientas mil personas hablando del tema; yo no tengo nada que decir.

… pero son bellas, ¿no? 

Pues sí, lo son. Pero no más que otras muchas flores.

No fueron sus encantos visuales los que hicieron por fin nacer el romance entre las chicas del género Rosa y yo. Primero, fue su historia cultural (de ello he hablado un poquito aquí).

Y luego fue su perfume… o, mejor dicho: suS perfumeS. Seguir leyendo

Los Reales bambúes del Jardín Botánico de Madrid

Los (discretos) reyes del invierno

[~ 6 minutos de lectura]

Al son de: Bonnie Pink, It’s gonna rain!

Los descubrí por casualidad, casi por necesidad.

Era diciembre, y los parterres del real paraíso que enraíza en Madrid no se prodigaban en flores. Algún Iris asomando entre la hojarasca, un puñado de rosas valientes, y pare usted de contar.

Aquel diciembre era el reino de las hojas.

Anda que te anda entre los arriates, cámara en mano y en busca de sujetos para fotografiar, llegué a la sección de los bambúes.

Dónde están los bambúes en el RJBM
Ahí los tienes bien señaladitos sobre el mapa del Real Jardín Botánico de Madrid (sacado de su web).

Estas enormes hierbas* nunca me habían llamado mucho la atención; sí, bonitas y tal, pero me parecían todas iguales (o casi). Vista una, vistas todas.

*pues son de la misma familia que los cereales y la cizaña, las gramíneas (Poaceae); constituyen una subfamília, Bambusoideae, que incluye tanto a los bambúes herbáceos (tribu Olyreae) como a los leñosos (tribu Bambuseae).

Sin embargo, estaba yo escribiendo La Invención del Reino Vegetal, y había leído un libro sobre las plantas en el arte, que me había fascinado. Tenía un capítulo enteramente dedicado a la pintura en tinta, en China y Japón… y el bambú era el protagonista absoluto.

Pájaro y Bambú, atribuido a Sesshū Tōyō (periodo Muromachi)
Bambú, sí, claro. Pero ¿qué especie de bambú dirías que retrató el autor de “Pájaro y Bambú“? (atribuido a Sesshū Tōyō, 1420–1506; periodo Muromachi, Japón)

Por eso, aquel diciembre me acerqué a los bambúes con curiosidad artística, pensando en los incontables eruditos chinos que habían convertido a estas plantas en el súmmum del arte vegetófilo en tinta (pues en el lejano Oriente, la literatura y la pintura están íntimamente relacionados). Y me di cuenta de algo muy evidente, pero que a menudo olvidamos por culpa de categorías lingüísticas tan amplias como pueda ser “bambú”: Seguir leyendo

Cuando el tiempo olía a incienso

Relojes aromáticos en el Lejano Oriente

[~ 5 minutos de lectura]

Al son de: Himekami 姬神, 千年の祈り

{This article first appeared on The Planthunter #40 and may be read in English here ||| Este artículo apareció publicado en inglés por primera vez en el núm. #40 EPHEMERAL de la revista The Planthunter, y puede leerse aquí}

Hace unas veinte primaveras que se publicó una novela titulada Memorias de una geisha.

Por aquel entonces yo era una adolescente con una enorme curiosidad hacia la cultura japonesa, así que huelga decir que devoré la novela tan pronto como me hice con un ejemplar.

Conservo buenos recuerdos de su lectura, si bien un poco, ajem, vagos (veinte años son muchos años, y no me acuerdo bien de la trama —ay, ni siquiera del nombre de la protagonista). Sin embargo, un diminuto detalle se me quedó grabado en la memoria: bastones de incienso para medir el tiempo.

“Antiguamente (…) cada vez que una geisha llegaba a una fiesta para divertir al anfitrión y sus invitados, la dueña de la casa de té encendía un palito de incienso de una hora de duración —que se llama ohana o “flor”—. Los honorarios de las geishas estaban basados en cuántos palitos de incienso se habían quemado para cuando se marchaban.”

Me pareció sublime, una forma deliciosamente poética de medir el tiempo que pasa.

Años más tarde descubrí que la novela se había equivocado en una cosa: los bastoncillos de incienso que se empleaban en las okiya (casas de geisha) ardían durante media hora. Se colocaban en un dispositivo especial, a menudo hecho en madera de sugi, con dos filas de agujeros en su parte superior para sostener los bastoncillos, y con un cajón donde se guardaba el incienso.

Cryptomeria japonica (sugi)
Conos de Cryptomeria japonica, o sugi; su madera resinosa es fragante, y muy apreciada para trabajos de ebanistería y carpintería.

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