Varitas mágicas, ritos y religión – 2 (“Tienes madera de varita mágica…” III)

Notas de varitología comparada, Parte Cuarta: Hojas

[~ 17 minutos de lectura]

Al son de: Conjure One, Places that don’t exist

{Por si acabas de llegar, este artículo es la última parte de una serie sobre varitas mágicas/con poderes, y las plantas que las componenParte Primera: Raíces , sobre varitas mágicas en el mito; Interludio: Yemas, sobre varitas en la leyenda y la literatura; la Parte Segunda: Brotes, sobre varitas en la historia; y la Parte Tercera: Ramas, que inicia las varitas en el ritual y las religiones.}

Kit japonés de adivinación Hazlo-Tú-Mismo

Incluye: cajita con agujerito en un lado, cien palitos de bambú marcados, y libro de interpretación.

Instrucciones de uso:

1. Introduzca los palitos en la caja y ciérrela.

2. Agite la caja hasta producir la salida de un palito por el agujero lateral.

3. Compruebe el número marcado en el palito, y consulte la sección correspondiente en el libro.

A cada palito le corresponden dos páginas; en una de ellas leemos los siguientes versos chinos:

Sasaella masamuneana, bambú endémico de Japón. ¿Palitos de bambú?
Sasaella masamuneana, un bambú endémico de Japón. Ni idea de si lo usaban para hacer palitos de adivinación, pero bueno…

La pagoda, construida sobre las siete cosas preciosas,
Descansa en lo alto de la cima elevada;
Todos la contemplan con admiración,
Que no haya miradas negligentes.

Ea. ¿Te ha quedado claro tu futuro? ¿No?

Bueno, no te preocupes, que el autor del libro ya se ocupa de desentrañar los misterios del poema a continuación, y traducirlos a idioma de horóscopo (en resumen: que si eres buena gente, tendrás suerte)

Imagino que, con esta pista introductoria, ya has adivinado (je, je, je) de qué va a ir el siguiente apartado de esta entrega varitológica (la primera parte está aquí), donde seguiremos ocupándonos de varitas, ritual y religión… Seguir leyendo

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“Tienes madera de varita mágica…” (I) Definiciones & varitas en el mito

Notas de varitología comparada, Parte Primera: Raíces

[~ 14 minutos de lectura]

Al son de: Achillea, The Nine Worlds

Madrid, 6 de junio 2018.

Se escuchan gritos que provienen del sótano de una librería, una sarta de palabras incomprensibles para el mundo no-mágico.

“¡Alohomora!”

“¡Lumos!”

“¡Wingardium leviosa!”

“¡Expelliarmus!”

“¡Avada kedavra!”

Intercambiar hechizos harry-potterianos con un crío de ocho años es toda una experiencia. Afortunadamente para mí, era un muggle —o, como mínimo, no tenía lo que hay que tener para que una maldición Avada kedavra le funcionase y dejase tieso a su enemigo (que al parecer, en este caso era yo): no tenía una varita mágica.

Si hay algo por lo que estoy muy agradecida a J. K. Rowling, es la cuidadosa atención que presta en el Potter-verso (= universo harry-potteriano) a la varitología, disciplina imaginaria que toma en consideración los pormenores de la elaboración de varitas mágicas… hechas, cómo no, a base de maderas varias.

En Cuéntame, Sésamo aparecen varitas (las que más llaman la atención, de hecho, las llevamos Jacobo y yo en nuestras respectivas fotos de la sección biográfica. La de Jacobo no sé, pero la mía con toda probabilidad era de Quercus ilex).

Sin embargo, ese libro no era el lugar más adecuado para meterme en cuestiones varitológicas, que son complejas de desbrozar y obligan a plantearse preguntas como: ¿de dónde salen las varitas mágicas? ¿En qué lugares, en qué tradiciones folklóricas y mitológicas nacen? ¿Cuándo aparecen? ¿De qué están hechas, y por qué?

Pero, primero y sobre todas las cosas, el mayor interrogante que toca abordar en cualquier pesquisa varitológica histórica es:

¿pero qué rayos es una varita mágica? Seguir leyendo

Elogio de la Rosa

Simbología y cultivo de la rosa en Occidente: una introducción

[~ 11 minutos de lectura]

 

Al son de: Ludovico Einaudi, Bye Bye, Mon Amour

“Eh bien! mon cher père, lui dit-elle, puisque vous me l’ordonnez,
je vous supplie de m’apporter une Rose. J’aime cette fleur avec passion:

depuis que je suis dans cette solitude,
je n’ai pas eu la satisfaction d’en voir une seule.

— Belle, en   La Belle et la Bête (Contes de Madame de Villeneuve, 1765)

I. Sub Rosa

Las rosas han florecido en mi vida hace poco, muy poco.

Si hace dos años me hubieses dicho que acumularía la improbable cifra de 1462 fotografías de rosas en mi ordenador, te habría lanzado una mirada de profundo e incrédulo escepticismo.

¿rosas? Bah.

Demasiado común para interesarme.

Como amante de los espacios poco concurridos y de los caminos no trillados, los afectos corrientes no me atraen. A mí me llama lo raro, lo que queda en los bordes de la memoria, lo que ha empezado a caer en el olvido. A mí dame olíbano, dame alheña, dame relojes de incienso, dame jícaras de peregrino.

Sobre la rosa del principito y las de San Valentín… oiga, ya hay tropecientas mil personas hablando del tema; yo no tengo nada que decir.

… pero son bellas, ¿no? 

Pues sí, lo son. Pero no más que otras muchas flores.

No fueron sus encantos visuales los que hicieron por fin nacer el romance entre las chicas del género Rosa y yo. Primero, fue su historia cultural (de ello he hablado un poquito aquí).

Y luego fue su perfume… o, mejor dicho: suS perfumeS. Seguir leyendo

Una granada para unirlos a todos…

… y en la diversidad desafiarlos

[~ 12 minutos de lectura]

Al son de: Loreena McKennitt, Kecharitomene

Mil años antes de que Pitágoras soñase la música de las esferas, la esencia de todas las plantas del mundo latía en una rama de granado.

Situémonos: nos hallamos en las tierras del actual Irán, donde se cuenta que, hace mucho tiempo, vivió un profeta que cantó la forma de distinguir el orden y la confusión, el bien y el mal.

Cantó al fuego sagrado, que se convirtió en el signo identificador más importante de sus seguidores con el paso del tiempo.

Cantó al agua, protagonista de los ritos más importantes del culto, para purificarla y vivificarla.

Este profeta de leyenda era Zoroastro (o Zarathustra), y si no llega a ser por el granado, lo cierto es que no te lo habría presentado, ni habría mencionado la religión que lo erige como “padre fundador”: el zoroastrismo.

Y es que hace tiempo que le doy vueltas a la idea de la granada.

Punica granatum, especie casi única en su género y, hasta hace poco, también en su familia (las Punicaceae, hoy desaparecidas; la granada y su hermana, Punica protopunica, han pasado a la familia de las Litráceas, la misma a la que pertenece la alheña).

Punica granatum, cuya fruta está experimentando un renacer de popularidad en el mundo (sobre todo) anglosajón, alabada como superfruta, superantioxidante, supersana, supertodo.

Flor de granada (Punica granatum)Hace años que investigué sobre ella, porque me cae bien. Es un arbolillo con tendencias arbustivas, humilde; nadie parece hacerle mucho caso —incluida mi familia, que tiene un granado renqueante junto al gallinero, olvidado desde… bueno, desde siempre.

Ni siquiera yo era especialmente fan de las granadas, que nunca me habían llamado mucho la atención hasta que empecé a investigar su cuarta dimensión.

Fue entonces cuando las descubrí cósmicas, paradójicas, fascinantes.

Y empecé a pensar en el granado como en la planta total, capaz de abrazar al mundo entero. Seguir leyendo

A la sombra de los lotos se piensa mejor

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Above & Beyond, Miracle

La primera vez que los vi, me enamoré.

(Además, se ve que me enamoro ruidosamente: creo que escucharon mis chillidos emocionados desde la entrada del jardín botánico).

Lotos. En flor.

Preciosos, magníficos lotos. Que han inspirado la cerámica más mala que he hecho en mi vida (pero, para compensar, también un apoya-bolsitas de té que tiene su encanto…).

teabag-rest-lotus
Por los que duden, este es el apoya-bolsitas con encanto. El otro, mejor dejarlo estar…

Fue hace seis años, y no he logrado volverlos a ver en flor… aún. Este año espero repetir. Y, aunque estoy segura de que había leído sobre ellos, no recuerdo absolutamente nada de lo que sabía sobre lotos antes del día en que los vi. Es como si el momento cero de mi historia lotofílica, el instante en que el cronómetro le puso fecha de inicio a este enamoramiento vegetófilo, fuese aquel segundo en que atisbé el estanque de lotos en flor.

(Ya puede intuirse que, de todas las plantas que menciono en La Invención del Reino Vegetal, puede que esta sea una de mis preferidas…) Seguir leyendo

¿En qué idioma hablan las flores cuando charlan?

Al son de: Biagio Antonacci, Iris [tra le tue poesie]

Llevo la última semana (… ¿o dos?) preparando el regalo vegetófilo que prometí, al final del Libro, a mis lector*s. Tras darle muchas vueltas, me decidí por el Lenguage de las Flores (o lenguajeS, en plural…) que tanto se asocia últimamente a la Inglaterra victoriana.

Así, he preparado un ensayo-aventura que escarba un poquito en el Lenguaje de las Flores en textos publicados en español durante el s. XIX: Breve manual para traductores florales (… o no).

Ya, ya sé que dicho así no parece precisamente la cosa más divertida del mundo, peeero de verdad que sí tiene su intríngulis.

Está en un PDF de 46 paginillas a todo color, con imágenes y todo (las fotos no serán gran cosa, pero como son mías no hay que pagar derechos de autor, ni pedir permisos, ni ná…), y con un breve diccionario con algunos significados florales particulares.

Algunas de las flores/plantas que aparecenSeguir leyendo

Say it with narcissi: Aspectos florales del Año Nuevo Chino, &etc.

[~ 8 minutos de lectura]

Al son de: Sa Ding Ding, Alive

Dicen que el sentido del olfato está íntimamente conectado con la memoria, afirmación que Proust y sus madeleines parecen haber convertido en axioma irrefutable

Personalmente no suelo venir asaltada por recuerdos irrefrenables al oler nada en particular; de hecho, hay quien pone en duda las magdalenas de Proust… pero uno de los pocos aromas que sí evocan una asociación curiosa en mí es, precisamente, el de una flor que se presenta en el jardín de mis padres cada invierno: el narciso de manojo o narciso común (Narcissus tazetta L.).

El género de los narcisos (que se denomina, ¡sorpresa!, Narcissus) es uno de esos casos en los que podríamos presumir, peninsularmente hablando, de nuestra riqueza floral, pues la península ibérica es el centro principal de diversidad de los narcisos: los tenemos de todo tipo, tamaño, y color. Los que conozco y reconozco yo pertenecen a una de las pocas divisiones de narcisos que producen manojos de flores por tallo, y no una sola, la Tazettae.

Y su perfume es embriagador; hay quien lo encuentra demasiado fuerte, rayando incluso en la vulgaridad, pero a mí me fascina (… qué dirá eso de mis gustos en perfumería, je je). Al parecer, el absoluto de narciso es una de las sustancias más caras en el mundo de la perfumería, llegando a costar 30.000$ el kg (aunque se extrae, al parecer, de una especie distinta, el muy lírico N. poeticus L.).

Pero mi propósito hoy no es hablar de perfumes o de recuerdos, sino de flores mediterráneas que cruzaron el continente asiático hace siglos para instalarse en el corazón de China, como hadas acuáticas convertidas en uno de los símbolos por excelencia del Año Nuevo chino.

Sí, aún estoy hablando de él. Narcissus tazetta. Seguir leyendo