Una granada para unirlos a todos…

… y en la diversidad desafiarlos

[~ 12 minutos de lectura]

Al son de: Loreena McKennitt, Kecharitomene

Mil años antes de que Pitágoras soñase la música de las esferas, la esencia de todas las plantas del mundo latía en una rama de granado.

Situémonos: nos hallamos en las tierras del actual Irán, donde se cuenta que, hace mucho tiempo, vivió un profeta que cantó la forma de distinguir el orden y la confusión, el bien y el mal.

Cantó al fuego sagrado, que se convirtió en el signo identificador más importante de sus seguidores con el paso del tiempo.

Cantó al agua, protagonista de los ritos más importantes del culto, para purificarla y vivificarla.

Este profeta de leyenda era Zoroastro (o Zarathustra), y si no llega a ser por el granado, lo cierto es que no te lo habría presentado, ni habría mencionado la religión que lo erige como “padre fundador”: el zoroastrismo.

Y es que hace tiempo que le doy vueltas a la idea de la granada.

Punica granatum, especie casi única en su género y, hasta hace poco, también en su familia (las Punicaceae, hoy desaparecidas; la granada y su hermana, Punica protopunica, han pasado a la familia de las Litráceas, la misma a la que pertenece la alheña).

Punica granatum, cuya fruta está experimentando un renacer de popularidad en el mundo (sobre todo) anglosajón, alabada como superfruta, superantioxidante, supersana, supertodo.

Flor de granada (Punica granatum)Hace años que investigué sobre ella, porque me cae bien. Es un arbolillo con tendencias arbustivas, humilde; nadie parece hacerle mucho caso —incluida mi familia, que tiene un granado renqueante junto al gallinero, olvidado desde… bueno, desde siempre.

Ni siquiera yo era especialmente fan de las granadas, que nunca me habían llamado mucho la atención hasta que empecé a investigar su cuarta dimensión.

Fue entonces cuando las descubrí cósmicas, paradójicas, fascinantes.

Y empecé a pensar en el granado como en la planta total, capaz de abrazar al mundo entero. Seguir leyendo

Anuncios

A la sombra de los lotos se piensa mejor

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Above & Beyond, Miracle

La primera vez que los vi, me enamoré.

(Además, se ve que me enamoro ruidosamente: creo que escucharon mis chillidos emocionados desde la entrada del jardín botánico).

Lotos. En flor.

Preciosos, magníficos lotos. Que han inspirado la cerámica más mala que he hecho en mi vida (pero, para compensar, también un apoya-bolsitas de té que tiene su encanto…).

teabag-rest-lotus
Por los que duden, este es el apoya-bolsitas con encanto. El otro, mejor dejarlo estar…

Fue hace seis años, y no he logrado volverlos a ver en flor… aún. Este año espero repetir. Y, aunque estoy segura de que había leído sobre ellos, no recuerdo absolutamente nada de lo que sabía sobre lotos antes del día en que los vi. Es como si el momento cero de mi historia lotofílica, el instante en que el cronómetro le puso fecha de inicio a este enamoramiento vegetófilo, fuese aquel segundo en que atisbé el estanque de lotos en flor.

(Ya puede intuirse que, de todas las plantas que menciono en La Invención del Reino Vegetal, puede que esta sea una de mis preferidas…) Seguir leyendo

¿En qué idioma hablan las flores cuando charlan?

Al son de: Biagio Antonacci, Iris [tra le tue poesie]

Llevo la última semana (… ¿o dos?) preparando el regalo vegetófilo que prometí, al final del Libro, a mis lector*s. Tras darle muchas vueltas, me decidí por el Lenguage de las Flores (o lenguajeS, en plural…) que tanto se asocia últimamente a la Inglaterra victoriana.

Así, he preparado un ensayo-aventura que escarba un poquito en el Lenguaje de las Flores en textos publicados en español durante el s. XIX: Breve manual para traductores florales (… o no).

Ya, ya sé que dicho así no parece precisamente la cosa más divertida del mundo, peeero de verdad que sí tiene su intríngulis.

Está en un PDF de 46 paginillas a todo color, con imágenes y todo (las fotos no serán gran cosa, pero como son mías no hay que pagar derechos de autor, ni pedir permisos, ni ná…), y con un breve diccionario con algunos significados florales particulares.

Algunas de las flores/plantas que aparecenSeguir leyendo

Say it with narcissi: Aspectos florales del Año Nuevo Chino, &etc.

[~ 8 minutos de lectura]

Al son de: Sa Ding Ding, Alive

Dicen que el sentido del olfato está íntimamente conectado con la memoria, afirmación que Proust y sus madeleines parecen haber convertido en axioma irrefutable

Personalmente no suelo venir asaltada por recuerdos irrefrenables al oler nada en particular; de hecho, hay quien pone en duda las magdalenas de Proust… pero uno de los pocos aromas que sí evocan una asociación curiosa en mí es, precisamente, el de una flor que se presenta en el jardín de mis padres cada invierno: el narciso de manojo o narciso común (Narcissus tazetta L.).

El género de los narcisos (que se denomina, ¡sorpresa!, Narcissus) es uno de esos casos en los que podríamos presumir, peninsularmente hablando, de nuestra riqueza floral, pues la península ibérica es el centro principal de diversidad de los narcisos: los tenemos de todo tipo, tamaño, y color. Los que conozco y reconozco yo pertenecen a una de las pocas divisiones de narcisos que producen manojos de flores por tallo, y no una sola, la Tazettae.

Y su perfume es embriagador; hay quien lo encuentra demasiado fuerte, rayando incluso en la vulgaridad, pero a mí me fascina (… qué dirá eso de mis gustos en perfumería, je je). Al parecer, el absoluto de narciso es una de las sustancias más caras en el mundo de la perfumería, llegando a costar 30.000$ el kg (aunque se extrae, al parecer, de una especie distinta, el muy lírico N. poeticus L.).

Pero mi propósito hoy no es hablar de perfumes o de recuerdos, sino de flores mediterráneas que cruzaron el continente asiático hace siglos para instalarse en el corazón de China, como hadas acuáticas convertidas en uno de los símbolos por excelencia del Año Nuevo chino.

Sí, aún estoy hablando de él. Narcissus tazetta. Seguir leyendo

Etnobotánica navideña: un libro, una crítica

[~ 9 minutos de lectura]

Al son de: Loreena McKennitt, The Holly and the Ivy

Para Reyes (atrasados), ¡una crítica etnobotánica de regalo!

(no era lo que tenía pensado al principio; tenía intención de escribir algo sobre el componente vegetal en los villancicos… pero como terminé aburriéndome incluso yo mientras lo escribía, aborté el intento. He tenido que rescatar esta crítica que escribí a mediados de diciembre, y que ahora comparto con vosotros)

La preparación navideña del año ha sido ponerme a leer un libro sobre etnobotánica de Navidad: Rätsch, C. y Müller-Ebeling, C. (trans. Lueders, K. y Lorenzo, R.) 2006. Pagan Christmas: the plants, spirits, and rituals at the origins of yuletide. 1ª ed, Inner Traditions International: Rochester, Vermont.

Del título ya podía yo esperarme algo de lo que iba a encontrar entre cubiertas, pero lo cierto es que no lo sospeché; supongo que me hacía ilusión haber encontrado un libro con el tema exacto que me interesaba tocar: plantas y Navidad. Sin embargo, no ha sido una experiencia de lectura tranquila, ni exactamente agradable.

Después he caído en la cuenta de porqué, al reparar en el nombre de uno de sus autores: Christian Rätsch. Es un etnobotánico* de los que apodo cariñosamente “los chamanófilos”, centrado en estudios de botánica enteogénica—es decir, centrada en los enteógenos: plantas (y hongos) que “despiertan al dios que llevamos dentro”, también llamadas alucinógenos, psicotrópicos, y demás.

*etnobotánico/a: dícese de la persona que se dedica a estudios de etnobotánica, rama que se dedica a investigar los usos, entendidos en sentido amplio, que la humanidad ha dado a las plantas.

(¿Ejemplos de enteógenos? El Cannabis (marihuana, hachís), la ayahuasca, el peyote, o la iboga, por mencionar unos cuantos de los más conocidos.)

Dentro de este grupo de etnobotánicos, he encontrado algunos que me parecen muy buenos y rigurosos en su aproximación a la cuestión; suelen moderarse en sus afirmaciones, presentan sus hipótesis sin disfrazarlas de verdad, y proponen ideas interesantísimas para la reflexión.

Otros (los “chamanófilos” en sentido estricto según el diccionario de Aina), en cambio, ven enteógenos y chamanes por todas partes. La sombra del chamán* es tan alargada en sus mentes, que me da la sensación de que no ven otra cosa, parecen haber perdido la capacidad por fijarse en otros aspectos de la realidad. A veces, algunos me dan la impresión de ser más fumetas que investigadores, la verdad, como si se hubiesen metido a buscar explicaciones científicas a sus inclinaciones religioso-espirituales.

(admito que puedo estar equivocada eh, esto es sólo mi impresión personal). Seguir leyendo