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Al son de: Jami Sieber, The Moon Inside

{Tercera y última entrega sobre el olíbano; las dos primeras pueden leerse aquí (I. Olíbano en frasco), y aquí (II. Olíbano en cuchara)}

He encendido un bastoncillo de incienso hace un minuto; no tiene ni gota de olíbano* en su composición.

*Franquincienso, Boswellia sacra Flueck.

(No sé si lo habréis buscado alguna vez, pero en mi experiencia suele encontrarse más fácilmente jazmín y pachulí, que los perfumes que los antiguos usaban como incienso en el área mediterránea).

Contemplo los velos de humo que se derraman en el aire. Se retuercen, se agitan, tan elegantes y gráciles como bailarinas de ballet. Juego con el bastoncillo, agitándolo por la habitación como si fuese una batuta, o una varita mágica de cuya punta no brotan hechizos ni patronus, sino ondas de perfume.

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Ya puedes intentar detenerlas —con los dedos, con una cucharilla—, que de poco sirve: te abrazan con su caricia de río impalpable, y te dejan a un lado. Tienen otros planes.

No me extraña que alguien creyese ver escritos los renglones del futuro entre volutas de humo; no me sorprende leer que los griegos interrogaban al incienso sobre el porvenir. Y no a cualquier incienso, si nos atenemos a su nombre: libanomancia, que hace referencia a nuestro olíbano (libanos), el franquincienso llegado de desiertos lejanos.

Se me antoja sugerente que la otra civilización en la que se usaba incienso para las artes adivinatorias se desarrollase en el área cultural mesopotámica, al menos desde el 3er milenio aC. Las instrucciones de lectura que nos han llegado, esculpidas sobre tablillas cuneiformes, nos hablan del tipo de preguntas que podían dirigirse al incienso ardiendo —¡y de las respuestas que éste “daba”! Algunos ejemplos…

“Si cuando esparces el incienso, su llama arde echando mucho humo, tu ejército vencerá al enemigo.”

“Si cuando esparces el incienso, se detiene un instante, y luego su llama arde echando mucho humo, un enemigo vencerá a tu ejército.”

Muy belicistas, estas consultas libanománticas…

Ciudades mesopotámicas con relaciones comerciales con Arabia...
Situación aproximada de las ciudades de Ur, Eridu y Uruk, que tenían tratos comerciales con áreas orientales de la península arábiga desde milenios. El desierto de Rub’ al-Jali (“El Cuartel Vacío”) quizás complicase un poco las cosas…

Con todo, no estoy segura de que fuese olíbano la sustancia empleada para estos rituales…

Posible, es posible: los datos arqueológicos nos dicen que ciudades mesopotámicas como Ur, Eridu o Uruk ya tenían relaciones comerciales con las regiones orientales de Arabia desde el 5000 aC, ¿y por qué no podría haber transitado el olíbano por esas rutas de sol, mar y desierto?

Pero de ahí, a afirmar con rotundidad que hace 4000 años ya se quemaba franquincienso en Mesopotamia… sería un salto arriesgado.

Sin embargo, si fuese libre de inventar una historia para el olíbano en Arabia, Oriente medio y el Mediterráneo, esto sería lo que me sacaría de la manga:

Hace miles de años, los habitantes del sur de la península arábiga descubrieron el maravilloso perfume que emana la resina de olíbano al ser quemada. Lo emplearon para fumigar sus casas, para protegerlas de los espíritus malvados y para propiciar a aquellos benignos.

Tras establecerse rutas comerciales con las grandes civilizaciones del período, sobre todo del área mesopotámica, se despertó el interés por esa resina perfumada, y empezó la era de los viajes olibanísticos hacia los imperios en los grandes valles fluviales: Tigris y Éufrates, así como hacia la tierra de los faraones…

(Tenemos, de hecho, pruebas fehacientes de que el olíbano se usaba en Egipto como mínimo desde la XII Dinastía, aprox. 1800 aC: han aparecido restos de resina en una vasija hallada en una tumba real).

¿Fue a través de estas conexiones orientales que el pueblo hebreo terminó conociendo y apreciando el olíbano (en hebreo, levonah) como sustancia sacrificial agradable a Yahwé?

Lo desconozco, pero lo cierto es que es bastante probable que el libro del Éxodo, en el que se prescribe el olíbano como uno de los ingredientes del incienso sagrado que sólo puede ofrecerse a la divinidad (Ex 30:34), fuese escrito tras el exilio en Babilonia.

Aun en el supuesto de que la reina de Saba (que la tradición sitúa precisamente en las áreas estratégicas de la Arabia Felix cargada de resinas perfumadas) visitase al rey Salomón cargadita de olíbano, mirra, y bálsamos varios; y aun suponiendo que el olíbano fuese apreciado y empleado en Israel antes del exilio… la conexión mesopotámica se me antoja sugerente.

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Durante el s. VIII aC, el Mediterráneo oriental es una fiesta caótica de pueblos que van, vienen, comercian, conquistan, avanzan y se retiran, se influencian entre ellos.

Timiaterio (griego, s. VI aC aprox.)
Un timiaterio de Trebeništa (Macedonia), encontrado en una tumba (masculina) anterior al final del s. VI aC.

Una de estas influencias se detecta en el sistema religioso griego, que se “orientaliza”… y justamente coincidiendo con este fenómeno, aparecen unos objetos curiosos en el culto religioso (y, sobre todo en la esfera femenina): los timiaterios, incensarios o quemaperfumes. Los granos de resina que en ellos arden son llamados, recordemos, líbanos, o libanotos: ¿no os suena parecido a la palabra hebrea para el franquincienso, levonah, o al árabe lubān?

Pues sí; ahí tenemos de nuevo esa raíz semítica LBN*, con asociaciones de blancura y pureza.

*Por cierto que es la misma raíz que da nombre al Líbano; y, si bien hay quien dice que así se llama por sus montes nevados (‘blancos’), otros dicen que quizás fuese porque del Líbano llegaban muchos cargamentos de líbanos

Pero no sólo los griegos tienen timiaterios: también los etruscos en la península itálica emplean contenedores e incensarios (en los que se han detectado, al parecer, restos de “incienso”… pero no logro consultar la fuente directa. ‘Cachis).

¿Cómo se les ocurre emplear estas resinas preciosas para sacrificarlas en el fuego a los dioses, o enterrarlas junto a sus muertos? No crecen detrás de la esquina, y no son baratas; hay que importarlas desde lejos, y hay que pagarlas caras.

Se me ocurren varias posibilidades, y de nuevo entramos en el campo de la invención-especulación más o menos plausible…

1 | Es posible que fuesen los fenicios, ese pueblo viajero que desde las ciudades de Tiro y Byblos se echaron a la mar y fundaron colonias comerciales por allá donde pasaron, quienes sembrasen el deseo por las resinas perfumadas en las regiones con las que estrecharon relaciones comerciales más íntimas.

Si tenemos en cuenta que los fenicios se consideran responsables de la difusión vegetófila de sustancias hoy tan importantes como la vid y la vinicultura, no me sorprendería que estuviesen involucrados en la difusión del olíbano (o/y otras resinas perfumadas de quemar) en el mundo mediterráneo antiguo. El hecho de que se conozcan incensarios fenicios en varios puntos del Mediterráneo (incluida la península ibérica), y que divinidades griegas como Afrodita (cuyo culto parece estar asociado al uso de incienso) tengan una posible conexión fenicia, son otros puntos a favor.

2 | Otra posibilidad, que no está exactamente reñida con la fenicia, es que fuese por influencia directa del área mesopotámica.

En aquellos tiempos el imperio neo-asirio se expandió hacia occidente, y desde sus valles fluviales llegó a la costa mediterránea hasta chapotear en el mar, literalmente: el soberano asirio Tilglath-Pileser III tomó el control de las ciudades de Tiro y Biblos (hoy en el Líbano) a mediados del s. VIII aC.

Los contactos entre la esfera cultural griega y la mesopotámica podrían haberse producido gracias a sacerdotes, videntes y artesanos itinerantes de Oriente Medio que se habrían paseado por aquellos lares como especialistas en sus tradiciones mágico-medico-sagradas. Parece existir un cierto consenso sobre la ‘importación’ desde Oriente de prácticas mesopotámicas como la adivinación a través de arúspices (que leían las entrañas de animales sacrificados), auspicios (augurios ligados a las aves), prácticas lecanománticas (lectura del futuro en el comportamiento del aceite vertido sobre el agua), etc. Por eso… ¿por qué no la libanomancia, y el olíbano con ella?

influencia-mesopotamica... ¿y fenicia?
La flecha marrón indica la posible influencia directa a partir del área mesopotámica; en rosa están indicadas algunas de las ciudades más importantes de influencia fenicia. Aunque para simplificar la cosa me centre en influencias orientales sobre las civilizaciones del Egeo y más allá, en realidad sabemos que los habitantes del área griega se movían, y mucho: algunos se establecieron en Medio Oriente, así que ese es otro posible canal de entrada…

3 | Una tercera posibilidad es la unión de las dos anteriores, dado que el imperio neo-asirio conquistó varias ciudades fenicias (precisamente, Tiro y Biblos…). De hecho, sabemos que en tiempos neo-asirios y persas, los fenicios bajo dominio de estos imperios orientales se encargaban de buena parte del comercio de los mismos, así que no es descabellado pensar que los unos absorbieron y extendieron prácticas que venían de más al este.

4 | Una cuarta posibilidad es la conexión egipcia. Por una parte, sabemos por los restos arqueológicos que había olíbano en el Egipto del 1800 aC; sin embargo, no he encontrado pruebas fehacientes de que sepamos cómo distinguirlo de otras resinas aromáticas en las inscripciones y papiros jeroglíficos.

Vamos, que no parecemos estar del todo seguros de cómo se decía “olíbano” en egipcio (y no os aburriré aquí sobre los detalles; iba a escribir una nota, pero va a ser que no… apenas llego a terminar las referencias, uff). Lo cual complica un poco la tarea de desentrañar si se menciona o no al franquincienso en papiros y fórmulas antiguas.

*en los llamados Papiros Mágicos Griegos, compuestos esencialmente entre los siglos I aC y VII dC.

Estar por aquellos lares, estaba. Consta en varias recetas mágico-religiosas de época grecorromana*, en las que las fumigaciones con sustancias perfumadas abundan. Ahora bien: ¿fue Egipto quien inspiró a los griegos para su uso del olíbano? Eso ya no lo tengo tan claro…

He leído sobre cómo el kohl egipcio empleado para ennegrecer la mirada (y protegerse del sol, etc.) podía contener olíbano, además de galena en polvo (¡reino mineral al poder!). Sin embargo, sucede algo curioso: y es que he encontrado poquísimas referencias antiguas que hablen de usos ‘profanos’ del olíbano.

Lo cual podría llevar a preguntarnos:

¿Hay algo especial en la resina de Boswellia sacra (y algunos parientes) que la convierte en particularmente idónea para arder y humear divinamente?

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No es ningún secreto que la idea de la botánica enteogénica me parece un campo de estudio fascinante.

¿Plantas que “despiertan a la divinidad que hay en ti”?

Muy, muy interesante.

Los inciensos, como era de esperar, han caído en el punto de mira de este tipo de estudios. Lo que sucede es que, a veces, la terminología es un poco liosa. Pues hemos establecido que los enteógenos son “plantas* de los dioses”, pero, ¿es exactamente lo mismo llamarlas “plantas psicoactivas”? ¿Y psicodélicas, o alucinógenas?

*y también algún que otro animal que se nos descuelga, vale.

El matiz es crucial para entender bien la literatura, y no armarnos un lío monumental.

Y la respuesta, por cierto, es No:

no es lo mismo hablar de enteógenos, y de plantas psicoactivas.

(En cambio, sí es prácticamente igual hablar de enteógenos, alucinógenos y sustancias psicodélicas, o psicodislépticas.)

Una sustancia psicoactiva se define como aquella con actividad sobre el SNC (Sistema Nervioso Central). Los enteógenos son un tipo de sustancia psicoactiva, pero hay otros muchos vegetales que, sin provocar visiones de ningún tipo, actúan sobre el SNC en varios modos.

¿Ejemplos? Estimulantes como el café, el té, el guaraná, o el qat; depresores del SNC como el alcohol, el tabaco o el opio; o tranquilizantes/ansiolíticos como ¡la valeriana!

Afirmar que una sustancia es psicoactiva equivale a decir que posee algún efecto sobre nuestro cerebro, pero sin especificar cuál.

En cambio, hablar de enteógenos ya es una categoría más reducida dentro de este enorme grupo: pues todos los enteógenos son psicoactivos, pero no todos los vegetales psicoactivos son enteógenos (alucinógenos).

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¿Y por qué os cuento yo todo esto?

Pues pooorque ya he comentado antes, los inciensos han estado (y están) en el punto de mira enteogénico por motivos evidentes: su conexión con la esfera sagrada podría hacernos pensar que, si los antiguos los quemaban, respiraban sus humos perfumados, y/o consideraban su aroma como algo divino… era porque veían a los dioses a través del humo.

Y si hubo culturas para quienes el olíbano era el súmmum sagrado perfumado, ¿acaso no sería porque tenía efectos sobre las mentes de quienes lo respiraban?

Lo cual es una hipótesis curiosa, pero… ¿alguien ha estado alguna vez en una iglesia en la que quemaban incienso? ¿Alguien recuerda haber tenido visiones respirando su perfume?

Yo, eh, no.

Hace un año leí un libro sobre los vegetales ‘paganos’ en las fiestas navideñas y, cómo no, salía el olíbano a colación. Ahora que lo reviso, me doy cuenta de que sus afirmaciones no son tan extremas como las recordaba, pero sí cita a otros investigadores que quieren otorgar al olíbano propiedades alucinógenas, o afrodisíacas… sin convencerme.

No he logrado descubrir un solo artículo en el que se demuestre que el olíbano posee propiedades alucinógenas. En su momento, parece haberse barajado la hipótesis de que contuviese THC*, o que fuese posible su síntesis en el cuerpo tras su ingesta. Los estudios que he consultado me dicen que esta hipótesis ha sido descartada.

*El THC es el tetrahidrocannabinol, molécula con propiedades psicodélicas presente en la marihuana)

Tampoco he encontrado datos sobre sus propiedades afrodisíacas; de hecho, hay poquísimos datos fiables que demuestren, más allá de toda duda razonable, el efecto afrodisíaco de algún vegetal. Ni siquiera está en la lista de “los más probables”.

(Lo siento, investigadores que creíais haber encontrado ahí la razón de la asistencia a misa de muchas señoras… No parece sostenerse demasiado bien como explicación convincente.)

Lo que sí es cierto es que tiene propiedades psicoactivas. Bueno, o al menos uno de sus componentes, el incensol acetato, las tiene (… sobre ratas. No es en absoluto descabellado extrapolar que las tiene también sobre humanos, pero no he leído ningún estudio que lo haya estudiado en personas).

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¿Y cuáles serían?

Pues más parecidos a la valeriana, que a la marihuana: los resultados se interpretan como prueba de efectos ansiolíticos y antidepresivos del incensol acetato.

Lo cual llevaría a pensar que la gente se sentía un poco (¿o un mucho?) más animada y tranquila tras respirar los humos del olíbano (y eso tampoco lo tengo del todo claro, puesto que no es lo mismo analizar los componentes de un incienso antes de quemarlo, que en humo…).

Y ya está.

El resto, al menos de momento, es pura especulación. Más o menos razonable, más o menos probable, pero, por lo que he podido leer, sin pruebas científicas que lo demuestren.

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Calentar olíbano en una cuchara está bien como apaño provisional. Sin embargo, tenía curiosidad por saber a qué huele el olíbano ‘a la brasa’: una experiencia de inmersión total, con fuego y humo incluidos.

Así que por fin me hice con una pastilla de carbón, un cuenco de terracota, arena, y ceniza.

(La pastilla de carbón huele fatal, por cierto, cuando la enciendes. Es de esas que tienen auto-encendido, y no me ha gustado nada. Pero hay que admitir que es práctica.)

El embrujo de la brasa es potente.

brasaEntiendo a quien cree que el primer humano que se puso a reflexionar sobre la esencia interior de las cosas lo hizo junto al fuego, junto a las brasas, que invitan a la ensoñación absorta en el corazón de la oscuridad.

Cuando echo las lágrimas de olíbano sobre el tizón encendido, medio escondido entre las cenizas, no sé qué espero. Quizás un cambio cualitativo respecto a mi cuchara caliente que resuena aroma. Algo que mis sentidos acogiesen como más auténtico.

Y… no.

Lo único que noto es una aceleración ahumada de la liberación del perfume. El olíbano empieza a emanar velos de humo pálido casi al instante, y al minuto ya acaricia las esquinas del salón.

La resina crepita y chisporrotea muy quedamente sobre su lecho de ceniza. Quizás se esté riendo de mí, de mis grandes expectativas (y de mi frustración al ser incapaz de sacar una sola foto decente del proceso).

Boswellia sacra burnt on charcoal

Huelga decir que, ni visiones, ni calentón, ni siquiera un estado de ánimo más relajado, ay.

Sólo perfume antiguo, penetrante.

Al cabo de una hora más o menos, el pedacito de carbón encendido ha expirado. Lo único que queda es el sabor a humo aferrado a mi garganta.

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Pasando por la cocina, escucho a mi madre hablar con María mientras lavan los platos.

“¿Tenéis comunidad ortodoxa por aquí, entonces?”

“¡Sí, claro!”

Hace poco he leído un artículo sobre el incienso en la Iglesia ortodoxa, y me lanzo como un kamikaze en plena conversación.

“Ahh, oye María, y usáis incienso en las celebraciones siempre, ¿no?”

María es búlgara; habla castellano estupendamente, pero hay palabras que se le escapan; ‘incienso’ es una de ellas… pero basta mencionar ‘humo perfumado’, y se enciende la bombilla.

Sí, desde luego, me comenta. Y no sólo en la celebración, sino también en casa: tiene un incensario doméstico en el que quema incienso a menudo, para fumigar el hogar. “Vosotros tenéis uno aquí, lo he visto…”

Se refiere a una miniatura del botafumeiro del año catapún, adornando una estantería. Un recuerdo de Santiago de Compostela que, me atrevería a decir, prácticamente a nadie que lo compre se le ocurre emplear como incensario en su casa.

Le pregunto si usa carbones para quemarlo, dónde compra la resina… querría averiguar si es olíbano puro, o si es una mezcla; si lo ha comprado donde yo, o si hay más lugares en los que se abastecen personas que lo usan con frecuencia para sus prácticas religiosas.

Su respuesta me resulta sorprendente y entrañable a la vez. “Oh, lo compramos en la iglesia misma. A veces lo hago con carbón, se puede, pero si no, uso cáscaras de nuez, o cualquier cosa que tenga a mano… ¡basta que se queme!”

Me doy cuenta de que, para ella, es la cosa más natural del mundo.

Lo que para mí ha sido un acontecimiento extraordinario buscado a propósito para sentir en mis narices la historia olfativa de una sustancia fascinante (con las preocupaciones asociadas por conseguir el attrezzo ‘adecuado’, por si convenía más ese carbón u ese otro…), para ella es una experiencia teñida de cotidianidad. No hace falta un carbón pijo, ni buscar bolsitas de resina en tiendas esotéricas: bastan cáscaras de nuez, lo más humilde que pueda prender llama, y la resina de su comunidad. Para ella, un incensario no es un adorno inútil, sino un elemento familiar y bien-usado en su hogar. Como una cafetera*.

*Curiosamente, he leído que en Yemen a veces añaden franquincienso al café; y en Etiopía, lo queman durante la ‘Ceremonia del café’.

Imagino que esa familiaridad cariñosa y algo despistada, cargada de recuerdos y connotaciones, tanto en los espacios ‘sagrados’ como en los domésticos, podría ser parecida a la que tenían los habitantes de las civilizaciones olibanómanas de tiempos pasados. La vivencia de esa nota aromática que evoca lo divino, incluso en lo cotidiano.

María sonríe mientras escurre los platos. “Es un olor un poco fuerte, pero a mí me gusta… Si quieres, te traigo un poco la próxima vez.”

Acepto encantada.

Y me prometo a mí misma que bien, vale, lo del incienso en bastoncito está muy bien, pero la experiencia con resinas trascendidas al fuego tiene una poesía… especial.

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Esta modalidad de relación vegetófila no ha hecho más que empezar.

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Referencias&Recursos

Esto va a ser largo, así que será mejor que os sentéis tranquilamente…

~ Olíbano en la(s) historia(s) ~

No he logrado aclararme tanto como hubiese querido con la libanomancia; las referencias que me alertaron de su existencia son las siguientes:

De su existencia en la civilización mesopotámica, puede leerse una breve referencia en Maul, S. M. ‘Chapter 25: Divination culture and the handling of the future’, en G. Leick (ed.). 2007. The Babylonian World, New York/London: 361-372.

El artículo que todo quisqui cita, en el que se transcriben los contenidos de una tablilla libanomántica (y de donde he sacado las ‘predicciones’ bélicas) es el de Finkel, I. L. 1983/1984. A New Piece of Libanomancy. Archiv für Orientforschung 29/30: 50-55.

La existencia de la libanomancia griega no parece estar en discusión, pero he hallado pocas referencias que la estudien en profundidad(… ni en superficialidad tampoco, por desgracia). Se menciona p. ej. en Beerden, K. 2013. Worlds Full of Signs: Ancient Greek Divination in Context. BRILL: 33-34 (vista previa en Google Books), referenciando a otra obra disponible libremente en línea: Bouché-Leclercq, A. 1879. Historie de la Divination dans l’antiquité vol 1 (E. Leroux, Éditeur, Paris) pero éste prácticamente ni nombra al olíbano… Aquí mi traducción del pasaje en cuestión (las negritas son mías):

“El pitagorismo, al proscribir los sacrificios sangrientos, creó lo que podría llamarse la empiromancia vegetal, o bien le dió un nuevo impulso. Se atribuye al mismo Pitágoras la importación de la libanomancia, o adivinación a través del humo del incienso. Se probaron distintos vegetales, entre los que destacan los que tenían un carácter sagrado como el laurel o el olivo. Pero este uso no llegó a convertirse en práctica corriente, pues oscilaba entre dos sistemas contrarios, ambos igualmente plausibles y ya aplicados de forma concurrente al escoger las víctimas. Del mismo modo en que se sacrificaba un caballo a Poseidón por ser su animal bienamado, y un macho cabrío a Baco (…), uno podría sostener igualmente que la combustión del laurel y del olivo eran agradables a Apolo y a Atena —o que, al contrario, era un sacrilegio (…)”. (p. 181)

Nada. Que del olíbano, ni mú.

Las menciones de Pitágoras como introductor de la olibanomancia(con incienso, contra vegetales quemados antes como el laurel o el olivo mismos) en Grecia que he localizado (p. ej. aquí) parecen provenir de autores romanos como Porfirio, quien escribió en el s. III dC la Vita Pithagorae. Teniendo en cuenta que el legendario filósofo vivió en el s. VI aC, y que las únicas gestas que de él conocemos nos han llegado a partir de discípulos más o menos cercanos a él en el tiempo y en el espacio… no sé hasta qué punto esta conexión olíbano-Pitágoras es cierta. Sin duda era percibida como tal, y he leído en alguna parte que existiría la posibilidad de que en sus años mozos Pitágoras hubiese viajado como mercenario a sueldo en tierras mesopotámicas. Ahí lo dejo, por si a alguien le intriga el tema…

Sobre el comercio entre Arabia y el área mesopotámica desde el 5000 aC, cito el interesantísimo capítulo de Zarins, J. ‘Mesopotamia and frankincense: the early evidence’, en Avanzini, A. (ed). 1997. Profumi d’Arabia: atti del convegno. L’Erma di Bretschneider: 251-272.

De usos fumigatorios de Boswellia en la actualidad (sobre los que me he inspirado para mi ‘versión imaginada’ de la historia inicial olibanística en su región de origen), junto con muchísima información sobre la resina: Ben-Yehoshua, S. y Ondřej Hanuš, L. ‘Apharsemon, Myrrh and Olibanum: Ancient Medical Plants’, en Yaniv, Z. y Dudai, N. (eds.). 2014. Medicinal and Aromatic Plants of the Middle-East, Medicinal and Aromatic Plants of the World 2. Springer: 67-150.

(También es de donde sale la referencia al franquincienso añadido al café en Yemen, por cierto).

Para los hallazgos en Egipto(a partir de material recogido durante excavaciones en Dahshour, correspondientes a la época de la XII dinastía): Mathe, C.; Culioli, G.; Archier, P. y Vieillescazes, C. 2004. Characterization of archaeological frankincense by gas chromatography–mass spectrometry. Journal of Chromatography A, 1023: 277–285. La tumba en cuestión es de la princesa Sat-mer-Hour, hermana del faraón Amenemhat I.

La datación de la composición del Libro del Éxodo es un lío —y, si no lo es, al menos a mí me lo parece—. Como no es mi especialidad, voy a dejarlo en que no hay un consenso aceptado por todos, salvo la existencia de varias ‘manos’ que jugaron un papel en la redacción de los libros del Pentateuco en general, y del Éxodo en particular. Y que varias de estas ‘manos’ se supone que estuviesen pegadas a señores que vivieron en tiempos del exilio, o post-exilio (véase p. Ej. Meyers, C. 2005. Exodus. Cambridge University Press, vistable en línea a cachitos en Google Books).

Un excelente resumen sobre la influencia de Oriente sobre la religión y las prácticas griegas que disfruté leyendo fue Noegel, S. B. ‘Chapter One: Greek Religion and the Ancient Near East’, en Ogden, D. (Ed). 2007. A Companion to Greek Religion. Blackwell Publishing: 21-37.

Sobre los thymiatèria griegos: Massar, N. ‘Les thymiatèria dans le monde grec: état des lieux’, en Verbanck-Piérard, A.; Massar, N. Y Frère, D. (Eds). Parfums de l’antiquité: La rose et l’encens en Méditerranée. Musée Royal de Mariemont, 2008.

Para quienes entiendan francés, el museo que hospedó la muestra de perfumes antiguos (Parfums de l’antiquité, que dio pie al libro apenas mencionado) tiene aún la información (en plan audioguía) colgada en su página web.

De los timiaterios etruscos, véase Ambrosini, L. ‘’Profumare gli ambienti: L’incenso e gli incensieri”, en Rafanelli, S. y Spaziani, P. (Eds). 2010. Etruschi. Il privilegio della bellezza. Aboca Edizioni: 73-99.

La referencia sobre el contenedor de incienso etrusco cuyo análisis da positivo en “incienso” (¿olíbano?) está mencionada en Camporeale, G. 2009 [2007]. Da Vetulonia verso la Renania e la Costa d’Oro nel VII secolo a.C. Studi Etruschi 73: 3-16. Y la fuente que menciona es la que no logro consultar, grr…

De posibles civilizaciones de las que llega el incienso a griegos, etruscos, romanos, y toda la tropa:

Sabía del papel de los fenicios como dispersores de la vid y la vinicultura en el Mediterráneo, gracias al artículo de Dietler, M. 2006. Alcohol: Anthropological/ Archaeological Perspectives. Annu. Rev. Anthropol. 35:229–49.

De los incensarios fenicios, aunque no he escarbado en profundidad un artículo que sí arrojaba un poco de luz sobre el tema era el de Orsingher, A. 2007. Bruciaprofumi lotiformi: una produzione fenicia. Vicino Oriente 13: 115-140.

La posible Conexión Afrodita fenicia, en Larson, J. 2007. Ancient Greek Cults: a guide. Routledge (en el capítulo 9,  ‘The Persuasive Goddess: Aphrodite’, p. ej. menciones en p. 114-115).

El posible papel mesopotámico en la dispersión ‘directa’ de la libanomancia es elucubración propia tras haber leído el ya citado capítulo de Noegel (‘Greek Religion and the Ancient Near East’), en el tomo editado por Ogden (2007).

Respecto a los fenicios y su papel como comerciantes para el imperio neo-asirio y persa, leí al respecto en: Monroe, C. M. ‘Chapter Eleven: Money and Trade’, en Snell, D. C. (Ed). 2005. A Companion to the Ancient Near East. Blackwell Publishing:  164.

La Conexión Egipcia es un zarzal espinoso. En el centro de este berenjenal, tenemos al término egipcio sntr, que históricamente se ha interpretado como franquincienso sin tener datos arqueobotánicos que despejen toda duda (si alguien cree que podemos fiarnos de los relieves en Deir el Bahari como retratos fiables de arbolitos de mirra e incienso traídos a Egipto desde la misteriosa tierra de Punt… echad un vistazo a las fotos, y cambiad de idea).

En el 2000, se publicó un estudio arqueológico en el que restos de una vasija ‘etiquetada’ sntr dieron positivo en resina de… Pistacia. No Boswellia, no franquincienso. Con lo cual, resulta que el término que hasta hace poco se había interpretado como señal de que se usaba olíbano en el antiguo Egipto, pues no se refiere al olíbano. O, al menos, sabemos que no siempre ha sido así. Por eso, la bibliografía relativa al franquincienso en Egipto es un campo de minas: hay que ir con mucho cuidado al mirar fechas, y sobre qué datos lingüísticos se basan los autores para realizar sus inferencias olibanísticas.

(Ya avisé que era un caos complicado…)

El resumen más sintético (aunque escriba mal los nombres botánicos…) que he encontrado, y que es libremente accesible en línea, es la tesis de Sheila A. Byl de 2012 por la University of South Africa, ‘The essence and use of perfume in ancient Egypt’.

De los Papiros Mágicos Grecorromanos, y la aparición del franquincienso en ellos, el texto más útil en mis pesquisas ha sido el de Zougrafou, A. ‘Prescriptions sacrificielles dans les papyri magiques, en Mehl, V. y Brulé, P. (éds.). 2008. Le sacrifice antique. Vestiges, procédures et stratégies. Rennes: 187-203, libremente accesible en Academia.edu.

La referencia sobre la mezcla de franquincienso con la galena pulverizada en la preparación del kohl egipcio, en Tucker, A. O. ; el comentario sobre lo poco que se usaba, en general, para cuestiones mundanas (perfumes, cosméticos), en Van Bek, G. W. 1960. Frankincense and Myrrh. The Biblical Archaeologist 23 (3): 69-95, quien tiene por cierto un buen resumen sobre el uso del franquincienso en la Biblia.

~ Visiones olibanísticamente divinas… o no ~

De enteógenos, el texto clásico que me introdujo en el mundillo es el de Schultes, R. E.; Hofmann, A. y Rätsch, C. 2001. Plants of the Gods: Their Sacred, Healing, and Hallucinogenic Powers (Revised and Extended Edition). Healing Arts Press.

Para un resumen rápido de plantas psicoactivas, véase Carlini, E. A. 2003. Review article: Plants and the central nervous system. Pharmacology, Biochemistry and Behavior 75: 501–512.

Las alegres afirmaciones de propiedades enteogénicas y adictivas de Boswellia, que en vano he intentado verificar siguiendo las fuentes que cita (y buceando en el profundo mar de internet), pueden leerse p. ej. en el artículo de Brumer, M. 2014. The Mystery of Drugs and Perfumed Olive Oil: ‘samim’ and ‘besamim’ in Incense and Holy Anointment Oil. Journal of Intercultural and Interdisciplinary Archaeology,  Num. 01: 89-102. Está libremente accesible aquí.

De la falta de confirmación de la relación entre THC y Boswellia, véase p. ej. Skopp, G. y Schmitt, G. 2012. [Does a positive finding of tetrahydrocannabinol in the blood result from ingestion of Indian frankincense (Boswellia serrata)?]. Archiv fur Kriminologie 229 (5-6):154-162, que puede consultarse a medias aquí.

En cambio, el efecto psicoactivo de la resina está en Moussaieff et al. 2008. Incensole acetate, an incense component, elicits psychoactivity by activating TRPV3 channels in the brain. FASEB J. 22(8): 3024–3034.

Y yo creo que, de momento, ya vale, ¿no? Ahora voy a descansar un poco, que esta lista me ha dejado K.O. Si alguien necesita alguna referencia en concreto más, ay, estoy tentada de decirte que te compadezco. Escríbeme, y te cuento lo que sepa y/o buenamente pueda recordar.

Ilustraciones

El timiaterio de Trebeništa, sacado de este artículo en línea tan majo.

Todo el resto, todito, de cosecha propia. Y se nota, ay.

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6 comentarios en “De Perfumes&Dioses (III): Olíbano en arena

    1. ¡Gracias por tu comentario, Boswellia! Como no la he empleado nunca con propósitos medicinales, la verdad es que no me he metido a fondo en ese aspecto, sino más bien en los aspectos botánico-culturales de su historia… sí he leído algún que otro artículo sobre las propiedades de su aceite esencial, p. ej. aquí: https://aromaterapiafamiliar.wordpress.com/2011/12/12/incienso/

      Me he paseado rápidamente por tu web, ya que evidentemente el tema me interesa : D si me indicas un correo electrónico al que poder escribirte, te comento un par de detalles que creo ya pondrían el broche de oro en lo que has escrito.

      Un saludo y feliz jueves,

      A

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